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	<title>Revista Replicante</title>
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		<title>Corresponsal de lo imposible</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rogelio Villarreal]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 24 May 2026 21:28:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros y autores]]></category>
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					<description><![CDATA[Hace poco más de cuarenta años Óscar de la Borbolla entró en lides periodísticas, en las que, dice, “fui corresponsal de lo imposible y reportero de mi mundo interior”. Así, una parte de su obra la ha dedicado a la escritura de las subversiones de la realidad que ha denominado “ucronías”. Esas piezas, presentadas en [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Hace poco más de cuarenta años Óscar de la Borbolla entró en lides periodísticas, en las que, dice, “fui corresponsal de lo imposible y reportero de mi mundo interior”. Así, una parte de su obra la ha dedicado a la escritura de las subversiones de la realidad que ha denominado “ucronías”.</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img data-recalc-dims="1" fetchpriority="high" decoding="async" width="688" height="645" src="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-24-a-las-3.26.45-p.m.png?resize=688%2C645&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-65169" srcset="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-24-a-las-3.26.45-p.m.png?w=2176&amp;ssl=1 2176w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-24-a-las-3.26.45-p.m.png?resize=213%2C200&amp;ssl=1 213w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-24-a-las-3.26.45-p.m.png?resize=768%2C720&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-24-a-las-3.26.45-p.m.png?resize=1536%2C1440&amp;ssl=1 1536w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-24-a-las-3.26.45-p.m.png?resize=2048%2C1920&amp;ssl=1 2048w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-24-a-las-3.26.45-p.m.png?w=1376&amp;ssl=1 1376w" sizes="(max-width: 688px) 100vw, 688px" /><figcaption class="wp-element-caption">Óscar de la Borbolla. Foto de <em><a href="https://www.vocesdemiregion.com/2020/10/29/presenta-feria-del-libro-de-chihuahua-al-escritor-oscar-de-la-borbolla-en-el-espacio-virtual-noches-con-la-literatura/">Voces de mi Región</a></em>. </figcaption></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">Esas piezas, presentadas en formato periodístico, son historias que tergiversan la realidad hasta lo absurdo, pero con un tono de verosimilitud, con lo que lograron que muchos lectores quedaran embaucadas por ellas pese —o gracias— a su notoria extravagancia. Ese ejercicio, por demás divertido, nos revela muchas otras situaciones problemáticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, como escribe De la Borbolla, la ucronía, “al exagerar la mentira, al volverla demencial, introducía la sana suspicacia: engañaba como una medida de escarmiento, falseaba para denunciar, para enseñar la desconfianza y promover la crítica”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De la Borbolla ha publicado algunas antologías de sus ucronías, dos de las cuales ahora publica el Fondo de Cultura Económica en un volumen: <em>Asalto al infierno y otras aventuras ucrónicas / Instrucciones para destruir la realidad</em> (2025), en las que se reúnen 63 de esos textos en los que hay desde un andrológico —un zoológico de hombres— hasta las inconveniencias de que los muertos vuelvan a vivir, pasando por el nacimiento de centillizos y el trasplante de cerebros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Acerca de ese libro conversamos con De la Borbolla (Ciudad de México, 1949), quien es doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y ha sido profesor en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, de la UNAM, y en la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México. Es autor de una treintena de libros y ha colaborado en publicaciones como la <em>Revista de la Universidad de México,</em> <em>Siempre!,</em> <em>Excélsior,</em> <em>El Nacional,</em> <em>Plural,</em> <em>Sábado</em> y <em>Sin Embargo,</em> así como en medios como Radio Educación, Radio Trece y Proyecto 40. Ha obtenido premios como el Internacional de Cuento Plural y el Nacional de Humor La Sonrisa, además de una mención honorífica en el Concurso Internacional de Cuento Esperante.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—¿Por qué publicar un libro como este, cuando hace 43 años que empezaron sus ucronías, cuando </em>Asalto al infierno<em> e </em>Instrucciones para destruir la realidad<em> ya habían aparecido por separado?<br></em>—Porque las ucronías no han caducado. Es un trabajo que hice hace como cuarenta años, por un periodo de diez en muchos medios, principalmente en <em>Excélsior</em>. Luego me fui y estuve simultáneamente en la revista <em>Siempre!,</em> en <em>Playboy</em> y en <em>Plural,</em> e incluso algunas de las que recogí en estos libros estuvieron alguna vez en ondas hertzianas y en la televisión, en un segmento del noticiario del mediodía del canal 40, donde también hice crónica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue un trabajo muy largo, y resulta que las ucronías se han vuelto a poner de moda, sobre todo con el nombre de <em>fake news</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al ver el estrago que ha creado el internet en la credulidad de la gente porque estas noticias falsas ahora se publican diariamente y nos están invadiendo, quise relanzar las ucronías porque no son simplemente una tergiversación de lo que está pasando. No armo con lenguaje multimedia, con imágenes, con inteligencia artificial o escenarios que le dan más respaldo a las mentiras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quise republicarlas porque sus contenidos son muy delirantes y, sin embargo, la gente se las creyó en su momento. Entonces, las quise poner para contribuir a algo que está haciendo falta de manera urgente: tener criterio, a lo que también llaman “pensamiento crítico”.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Creo que el primero que hizo ucronías fue Orson Welles con aquella transmisión radiofónica en la que avisaba que la ciudad estaba siendo invadida por los marcianos, apoyado en el libro <em>La guerra de los mundos,</em> de H. G. Wells, con lo que provocó un caos porque hubo intentos de escapar de la ciudad.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Hay cosas tan raras como que exista una estación de radio en la frecuencia de las ondas telepáticas y no hertzianas, o que resuciten muertos después de treinta días. Son contenidos muy delirantes, y busco que la gente pueda verlos ahora para entender el antecedente de lo que está pasando hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto tiene fuentes muy antiguas; creo que el primero que hizo ucronías fue Orson Welles con aquella transmisión radiofónica en la que avisaba que la ciudad estaba siendo invadida por los marcianos, apoyado en el libro <em>La guerra de los mundos,</em> de H. G. Wells, con lo que provocó un caos porque hubo intentos de escapar de la ciudad. Ése es un antiquísimo antecedente, aunque a mí no me inspiró porque hasta después me vine a enterar de su existencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Éste es un modo de que la gente se pueda dar cuenta del poder que tienen los medios, y sobre todo ahora que los medios son el internet, donde la mayor parte de los jóvenes se pasan, mínimo, ocho horas diarias, y se han encerrado en una burbuja informativa, por lo que tienen una forma tan tergiversada de apreciar la realidad que viven en una realidad de ficción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La reaparición de mis ucronías va con esta intención: para que vean que uno es tan crédulo que no solamente cree en tergiversaciones de lo que está pasando. Por ejemplo, he estado <em>scrolleando</em> en X o Instagram, y me he quedado con la impresión de que ya no existen Tel Aviv o Teherán por los trucos que se hacen con inteligencia artificial para mostrar que ya arrasaron con el enemigo. Eso hace que toda la gente quede confundida, y la verdad es que yo, a estas horas, no sé si es una guerra de ficción o una real; así, a ese nivel. Si yo contara el número de bombas que han caído según algunos medios de comunicación, pues estaría convencido de que ya arrasaron no solamente con esa zona de Medio Oriente, sino con todo el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el libro el lector puede ver una noticia que parece verdadera: que se inauguró un parque zoológico, pero que se llama “andrológico”, donde los seres humanos viven en jaulas. Allí, por ejemplo, hay una sección llamada “Matrimonio”, en la que se puede ver a parejas que llevan casadas uno, dos, tres y hasta treinta años, y el público puede ver en ese recorrido cómo se va deteriorando la relación. Decía que cualquiera que visitara esa zona del andrológico muy difícilmente se atrevería a entrar en esa relación. Entonces, el recorrido era bastante educativo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eran historias muy locas, y siguen siendo muy imaginativas, aunque tenían de fondo que eran tomadas en serio. Creo que están completamente vigentes, y por eso me animé a proponérselas a los del Fondo, a quienes les gustó. Es la recuperación de una etapa de entre diez y doce años de estar trabajando intensamente, con dos o tres entregas por semana, incluso a veces más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se hizo una selección, la pulí para que tuviera la dignidad de un libro y no solamente la de un artículo periodístico, que siempre se entrega con premura, por lo que va con algunos vicios de redacción y demás. Pulí los textos, los seleccioné y dejé un compendio a mi gusto y muy limpio de lo que fue mi trabajo durante tantísimos años.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—Es una compilación muy completa y muy variada&#8230;<br></em>—Es que me metí con todas las ramas del conocimiento, del arte. Así, puedes encontrar la rebelión de los entes de ficción: por ejemplo, el Pedro Páramo de un ejemplar de la biblioteca central de Ciudad Universitaria, harto ya de todos los días vivir la misma historia, decide tergiversarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así se van sublevando los personajes de ficción dentro de los escenarios imaginativos de la pintura o de la literatura, y en lugar de comportarse de acuerdo con el guion que el escritor o el pintor diseñó, se insubordinan y hay un caos: uno lee un ejemplar de un libro, y luego lee otro, y las historias son distintas.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Ocurre en las ucronías que los muertos resucitan y las familias, al principio, están contentas porque ha vuelto su ser querido. Pero cuando el abuelito regresaba y quería imponer sus leyes nuevamente sus familiares empezaron a hartarse de él, por lo que unos empresarios abrieron un asilo para muertos&#8230;</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Imagínate una exposición de un grupo de pintores ígneos que habían diseñado un marco con un tubo en forma de cuadrado, con pequeños pivotes a cada centímetro y que conectaban detrás unas mangueras con distinto tipo de gas inflamable. Entonces, al encender el cuadro los fuegos se calibraban con unos pivotes y se conseguía crear una pintura incluso hiperrealista. Era la pintura con fuego. En este tipo de locuras me metí también con los astrónomos, con los físicos, con todas las disciplinas habidas y por haber.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También ocurre en las ucronías que los muertos resucitan y las familias, al principio, están contentas porque ha vuelto su ser querido. Pero cuando el abuelito regresaba y quería imponer sus leyes nuevamente sus familiares empezaron a hartarse de él, por lo que unos empresarios abrieron un asilo para muertos, un lugar al cual mandarlos para poder olvidarnos de ellos definitivamente y que no estuvieran ahí dando lata.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Había de todo, un repertorio en el que estuve metiéndome por todos los hoyos de la imaginación y hacia todos los ramos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—¿De dónde proviene esta necesidad y hasta la utilidad de subvertir la realidad, de sembrar la confusión, de tomarle el pelo a los lectores, de exagerar la mentira?<br></em>—Al principio fue estrictamente una casualidad. Yo quería publicar cuentos, pero nadie quería publicar lo que yo escribía; en el único lugar donde encontré cabida fue en la prensa impresa, y allí tenía que disfrazarme de periodista. Entonces, adopté los géneros del periodismo: el reportaje, la entrevista, el artículo de fondo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el asunto fue que el contenido era falso porque eran las elucubraciones o las locuras de un escritor. Lo que conseguí fue una especie de hibridación de literatura y periodismo. Pero fue una casualidad; si me hubieran publicado mis cuentos, habría estado contento y en paz. Pero como tenía que fingirme periodista, pues lo asumí hasta sus últimas consecuencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como fue un trabajo de muchos años, poco a poco fui cobrando conciencia del impacto que tienen la letra impresa y, en general, los medios informativos para ir moldeando la conciencia al dar una imagen de lo que supuestamente es el mundo. En el fondo, es cómo los medios construyen la realidad en la que vivimos, porque la realidad es un constructo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando me di cuenta del efecto que proponían, al reunirlas en alguna antología que hice de estas ucronías se me ocurrió el título de <em>Instrucciones para destruir la realidad</em>. Con este mismo sentido, ya ahora sí consciente del efecto que provocaban, despertar en los lectores la suspicacia, la desconfianza ante los medios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue un trabajo que me hizo evolucionar y cobrar una conciencia distinta de lo que al principio era y en lo que se había convertido y, sobre todo, descubrir una cosa tremenda: que todos los seres humanos son muy crédulos. Así, después de describir en un texto una especie de parvada de buitres degollados que iban vertiendo su sangre sobre la zona de Tepepan, Xochimilco, la gente fue y congestionó el Periférico porque quería ver los coágulos que colgaban de los árboles como melones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando sentí así el pulso de la gente cobré conciencia del poder que tenían la palabra impresa y los medios para hacernos creer en una determinada realidad.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">De los ejercicios profesionales, el de periodista es el que te da facilidad de acceso a todas las clases sociales, a todas las profesiones, a todos los lugares donde está sucediendo lo realmente interesante del mundo.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy que hay un México muy distinto, si lees <em>La Jornada</em> o <em>Reforma</em> son dos México completamente irreconciliables. Así, dependiendo de dónde te informes, vives en una realidad. Creo que lo que hay que destruir es precisamente esa representación y tratar de recuperar el sentido común, el sano juicio, el sentido crítico frente a la realidad para no ser manipulado de forma tan fácil. Ahí está el sentido de esto.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—Para hacer estos textos usted adopta el papel de periodista que hace entrevistas, organiza concursos y en muchas ocasiones es prácticamente un periodista </em>gonzo,<em> y en una ocasión llega a mencionar el término “fantasía periodística”. ¿Qué posibilidades de expresión y de creación le dio asumir ese papel de reportero?<br></em>—Es una cosa interesantísima. Si eres abogado, te metes en el mundo del derecho y conoces jueces y a personas que están en algún conflicto que te van a buscar, y te quedas encerrado en el mundo de la abogacía. Si eres médico, todos los días ves pacientes, estás en hospitales, con fármacos y hasta con gente que va de propagandista médico a tu consultorio. Ése es tu mundo, en el que te quedas encerrado. En cambio, el periodista tiene una credencial que le permite entrar en cualquier lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que, de los ejercicios profesionales, el de periodista es el que te da facilidad de acceso a todas las clases sociales, a todas las profesiones, a todos los lugares donde está sucediendo lo realmente interesante del mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una profesión, insisto, que te permite moverte con un pasaporte universal para poderte colar en todas partes. Es la propia naturaleza de ese oficio la que me permitió meterme en cuantas cosas se me ocurrían.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Claro, me tuve que ir documentando y entrenando para poder manejar los diferentes vocabularios que se emplean en cada uno de los casos. Entonces, imagínate lo que tuve que estudiar de filología cuando hice, por ejemplo, la ucronía en la que hablo de los males del castellano. Allí entrevisto a un médico que ha descubierto que, por cómo debía pronunciarse, a los primeros nativos americanos que hablaron el español les daba cáncer en la lengua. Pero la anatomía del nativo de estos lugares, que era tan sabia, había suavizado la pronunciación de ciertas palabras, de ciertas letras que son fricativas: si dices “Zaragoza”, “cielo” y “zanahoria” tienes que rozarte los dientes superiores con la lengua, lo que produce a la larga cáncer en la boca, como le pasa a los fumadores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para poder respaldar todas las locuras que se iban ocurriendo me tuve que ir metiendo en un montón de zonas del conocimiento que para mí no eran del todo familiares y que, al haberlas recorrido, me dieron una formación maravillosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La especialidad que yo tenía, la filosofía, de pronto se vio enriquecida, por lo que terminé teniendo, por razones laborales, una formación como la que daban en la época del Renacimiento. Parece que me metí en una universidad donde enseñaban el <em>trivium</em> y el <em>cuadrivium,</em> o sea, todas las disciplinas, una verdadera formación integral, lo que me ha dado una visión maravillosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al menos yo ya no me siento ajeno en ninguno de los campos, sin ser especialista en nada. Ahora sí que, como decía por ahí Salomón, nada humano me es ajeno.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—¿Cuál es la relación de la ucronía con la utopía? Lo comento porque usted escribe que la primera es su manera de hacer la revolución, “aunque sea metafísica”. En el “Manifiesto ucrónico” afirma que es una solución fantástica, “trasladarnos en bloque a la ucronía para fundar una civilización distinta”.<br></em>—Separo tu pregunta en dos. ¿Qué significa la palabra “ucronía”? Me la encontré en un filósofo francés, Charles Renouvier, quien escribió un libro que se llama <em>Ucronía,</em> no sobre la historia como fue, sino como debía de haber sido. Inventó la palabra, formada con raíces griegas, al igual que “utopía”, lo que no tiene lugar, mientras que ucronía es lo que no tiene tiempo. Tome la palabra de allí porque me pareció hermosísima.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mis propias filias, en mis inclinaciones —las que uno tiene medio raras—, a mí me gustaban mucho todas las literaturas de vanguardia; me refiero al futurismo, al dadaísmo, al surrealismo, con esa cantidad de locos que hubo a principios del siglo XX y que lanzaban manifiestos, como Tristan Tzara, André Breton y Marinetti. Yo leía eso y me sentía como en un tiempo desangelado. Cuando yo entré en este mundo no había una corriente como la que vivieron los artistas de principios del siglo XX, cuando inventaron los <em>happenings</em> y la literatura estaba viva.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Esa integración entre el arte y la vida yo no la notaba en México, en donde, cuando mucho, los escritores se emborrachaban en las presentaciones de libros, aplaudía la gente y hasta allí. Eran situaciones muy convencionales.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando apresaron a Marinetti por decir algunas cosas en contra de la moral, los jóvenes de Milán salieron a la calle y sitiaron el lugar donde estaba siendo juzgado. Fue tal la presión social que el jurado lo tuvo que declarar inocente. Él salió triunfante y las multitudes se lo llevaron, como si fuera un torero, a recorrer las calles de la ciudad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También está el caso de los disturbios preciosos que se armaban con los dadaístas alrededor del cabaret Voltaire. Esa integración entre el arte y la vida yo no la notaba en México, en donde, cuando mucho, los escritores se emborrachaban en las presentaciones de libros, aplaudía la gente y hasta allí. Eran situaciones muy convencionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tenía una especie de nostalgia por lo no vivido, y quise hacer una corriente literaria que fuera este híbrido de literatura y periodismo en el que se han lanzado un montón de manifiestos. Así, también tengo un “Manifiesto ontofóbico” que está en otro libro mío que se llama <em>Filosofía para inconformes,</em> y hay otros, como un manifiesto a quien corresponda y que es el esquema de una protesta, no importa contra qué. Yo armaba la articulación para que le metieran los contenidos y protestarán. Había un espíritu de subversión del que no me ha apartado nunca y que me hacía sentir enfebrecido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Intenté hacer un grupo como el que existió en Puebla hace algunos años: el de los estridentistas, con Manuel Maples Arce, Germán List Arzubide. Yo quería armar una corriente literaria así, pero pues nadie me secundó, aunque hubo muchos copiones, porque cuando esta columna tuvo éxito en el periódico inmediatamente empezaron a imitarme en otros medios. Pero nunca entramos en un conjunto para armar orquestadamente una revuelta literaria. Me quedé gritando solo y cada vez delirando más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Voy a confesar algo verdaderamente satisfactorio en mi vida: cuando un escritor publica, rara vez se encuentra después con un interlocutor. Tienen que pasar meses, a veces años, para encontrarse en la calle con alguien que te reconoce y te dice: “Oiga, yo leí su libro”. Pero cuando yo publicaba una nota de éstas al día siguiente empezaba a sonar el teléfono y había gente que protestaba, que preguntaba, y hasta se quejaba en el periódico porque se había sentido víctima de un mentiroso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Era maravilloso experimentar de manera instantánea la reacción de la gente frente a las locuras que a mí se me ocurría inventar. Por eso prolongué tanto esa etapa: quedé enviciado de ver el impacto que producía la imaginación en la realidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fueron épocas muy gozosas. Mi esposa me decía: “¿Vas a publicar eso?” En las ucronías recogidas en <em>Asalto al infierno</em> de plano me atreví a que el personaje se llamara Óscar de la Borbolla y a que aparecieran mi esposa, mi hijo y mis amigos, y fue para meterlos en el mundo de la fantasía.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—En sentido contrario a la utopía, y si podemos compararla con la ucronía, observo que varios textos son discrónicos, por decirlo así, como los dedicados a la tecnología: apagar la tele, la literatura cuántica —hoy más vigente que nunca—, la domesticación genética y la publicidad telepática.<br></em>—En mi tiempo fui un gran lector de utopías; leí con gustísimo la primera de todas, que fue <em>La República,</em> de Platón, que ahí se inventa un mundo donde las cosas son tan raras que hasta el gobernante es un filósofo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego hubo una etapa importantísima, entre el siglo XVI y XVII, en que nace la palabra “utopía” en un texto de Tomás Moro. Después vinieron las de Campanella, Francis Bacon y un montón más en aquel tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Posteriormente, a mediados del siglo pasado aparecieron unas distopías maravillosas, como <em>1984,</em> de Orwell, y <em>El mundo feliz</em> y <em>Mono y esencia,</em> de Huxley. Hubo incluso una escritora muy reaccionaria, Ayn Rand, que escribió un montón de distopías contra el comunismo, como <em>Los que vivimos</em> y <em>La rebelión de Atlas</em>.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Aquí es el único lugar donde hay pintores que pintan con fuego, donde se resucita a los muertos, donde hay un teléfono que permite que los sueños no sean exclusivamente íntimos, sino que te puedes comunicar con el de otro, y hasta hay pistolas que lanzan alfileres de hielo que no dejan rastro a la hora de la autopsia.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Fui un lector asiduo de utopías, y cuando encontré el libro de Renouvier, en el que lo que hacía no era un lugar, sino un tiempo nuevo que corría paralelo al nuestro, me dediqué a hacer estos artículos breves, que son como mosaicos que van armando un mundo paralelo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro asunto es que todos los científicos que menciono en el libro son mexicanos: hay una cantidad de inteligencia potente en el país en todas las áreas, y las cosas que pasan en México son maravillosas, mejores que las que pasan en Nueva York, Tokio o París. Aquí es el único lugar donde hay pintores que pintan con fuego, donde se resucita a los muertos, donde hay un teléfono que permite que los sueños no sean exclusivamente íntimos, sino que te puedes comunicar con el de otro, y hasta hay pistolas que lanzan alfileres de hielo que no dejan rastro a la hora de la autopsia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Imagínate qué talento de este México que yo adultero, que muevo un poco de la línea temporal, tanto que a mí me dieron ganas de cambiarme a vivir allá. Además, quería que me acompañaran y que todos nos mudáramos al mundo de los sueños. Nosotros nos pasamos un tercio de la vida en el sueño, dormidos, y dime si no es una verdadera necedad haber decidido que la vigilia, este momento en el que estamos despiertos, donde hay policías y gobernantes, ricos y pobres, sea la realidad que hemos elegido. Deberíamos habernos instalado en el sueño y venir aquí a comer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si nosotros pensáramos que el sueño es la verdadera realidad y viviéramos allá, pues haríamos lo que se nos diera la gana. Además, los sueños se pueden entrenar: no tienes que estar ahí soñando lo que tu imaginación te produce en la noche, sino que, con un poco de entrenamiento, puedes hacer los sueños seriados, y ahí se te cumplen todos tus deseos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—En una de las ucronías más divertidas, “Asalto al infierno”, el demonio ubica al periodista, al escritor, y hace una severa opinión: “Tú no eres más que un mentiroso, un fabulador al que nadie cree. Ni tú mismo te crees, en este momento piensas que eres tú quien está inventando esta historia”. ¿Usted qué le respondería?<br></em>—Entrevisté al diablo y me criticó, pero yo también lo critico. Hice esta convocatoria para que bajáramos al infierno y rescatáramos a los difuntos del castigo eterno, pero llegamos hasta el final apenas unos pocos, los más necios. Descubrí entonces que los muertos no estaban sufriendo, sino que andaban todos borrachos y armando parrandas en el averno, en el pandemónium. Le dije al demonio: “Oye, ¿por qué no metes en orden a tus diablos, que cumplan con su deber?” Cínicamente me contestó: “Ni que fueran ángeles para estar cumpliendo con su trabajo. Ya me desorganizaron todo esto”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mira, sobre eso que dice el diablo de que soy un mentiroso que ni yo me las creo, le dije: “No te creas: sé más por tantos años de ucrónico que tú. La gente sí me cree”.</p>


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<figure class="alignleft size-full is-resized"><img data-recalc-dims="1" decoding="async" width="324" height="500" src="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/FM12148.jpg?resize=324%2C500&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-65168" style="width:460px;height:auto" srcset="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/FM12148.jpg?w=324&amp;ssl=1 324w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/FM12148.jpg?resize=130%2C200&amp;ssl=1 130w" sizes="(max-width: 324px) 100vw, 324px" /><figcaption class="wp-element-caption">Instrucciones para destruir la realidad&#8230;</figcaption></figure>
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<p class="wp-block-paragraph"><em>—Hay un tema recurrente: la muerte. Están el viaje al infierno para rescatar a los finados o el regreso de los muertos a la vida. ¿Qué nos dicen sus ucronías de la muerte?<br></em>—La muerte es un asunto filosófico que a mí me ha preocupado siempre. Es la razón por la que me metí a estudiar filosofía, un poco entender qué pasaba. En sentido estricto, cuando te mueres no hay más allá y no hay más que esto: se te funde el cerebro, que es lo que permite las percepciones subjetivas, la conciencia, la sensación de que tienes un yo. Te mueres e, igual que cuando te anestesian profundamente, se borra absolutamente todo. Eso es lo que yo sé.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde hace milenios la muerte se ha convertido en un sitio donde cada quien se imagina lo que se le pega la gana y, si te pones a ver las versiones que las religiones dan acerca del más allá, es un repertorio de ofertas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces, a mí me han dado ganas, por ejemplo, de convertirme a la religión azteca, a la visión agua del más allá del inframundo, porque el más allá de Tláloc está lleno de albercas, de cascadas y de agua. Además, el Mictlán es para toda la chusma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay muchísimos más allá, pero yo creo que es una especie de pantalla en la que cada quien proyecta los sueños que le da la gana. Y como no hay manera de comprobar ninguno, pues puedes creer lo que quieras. <mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-luminous-vivid-orange-color">®</mark></p>
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		<title>El péndulo del hechizado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rogelio Villarreal]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 24 May 2026 20:39:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Política y sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[Se plantea aquí una discusión historiográfica sobre Carlos II de España entre la tradicional “leyenda negra”, que lo retrata como un rey débil y un imperio en decadencia, y corrientes modernas que destacan la entereza, el buen gobierno y la integridad territorial de la monarquía hispánica. ¿Un monarca necesitado de exorcismos? En el siglo XVIII [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Se plantea aquí una discusión historiográfica sobre Carlos II de España entre la tradicional “leyenda negra”, que lo retrata como un rey débil y un imperio en decadencia, y corrientes modernas que destacan la entereza, el buen gobierno y la integridad territorial de la monarquía hispánica.</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img data-recalc-dims="1" decoding="async" width="688" height="859" src="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Carlos_II_a_caballo_Giordano_Prado.jpg?resize=688%2C859&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-65164" srcset="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Carlos_II_a_caballo_Giordano_Prado.jpg?w=1537&amp;ssl=1 1537w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Carlos_II_a_caballo_Giordano_Prado.jpg?resize=160%2C200&amp;ssl=1 160w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Carlos_II_a_caballo_Giordano_Prado.jpg?resize=768%2C959&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Carlos_II_a_caballo_Giordano_Prado.jpg?resize=1230%2C1536&amp;ssl=1 1230w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Carlos_II_a_caballo_Giordano_Prado.jpg?w=1376&amp;ssl=1 1376w" sizes="(max-width: 688px) 100vw, 688px" /><figcaption class="wp-element-caption">Retrato ecuestre de Carlos II, obra de Luca Giordano, 1650.</figcaption></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">¿Un monarca necesitado de exorcismos? En el siglo XVIII a los Borbones y sus partidarios les interesaba cargar las tintas en la época de Carlos II. Cuanto peor estuviera España, más mérito tenía la dinastía reinante como reconstructora del país. Más tarde, en el siglo XIX, se tomaron estos argumentos. Cánovas del Castillo, sin ir más lejos, da una imagen profundamente negativa del último de los Austrias. Su gobierno habría consistido en una etapa “infeliz”, con España cada vez más débil frente a la pujante Francia de Luis XIV. En el plano interno, el país habría sufrido una total anarquía en medio de continuas pugnas por el poder. El monarca se distinguía “por su falta de vigor y frescura”. Carecía de virtudes elevadas, aunque también de vicios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Precisamente porque su visión de Carlos II es tan crítica, el líder decimonónico llama nuestra atención cuando le dedica algunos elogios. Dice, por ejemplo, que su ausencia de formación resulta “tanto más sensible cuanto que poseía claras luces”. Nos encontramos, por tanto, en un retrato que se aparta del tópico rey tonto. Por otro lado, aunque Cánovas nos habla de un hombre débil y poco trabajador, también apunta que era “incapaz de consentir nada injusto”.<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a> En cuanto al reinado, presenta una España que sufría males que venían de mucho antes, incluso desde el tiempo de Felipe II. No obstante, en cuanto al tema de la despoblación, cree que la situación bajo Carlos II, con ser grave, resultaba algo menos dramática que con su bisabuelo.<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a> De esta forma, Cánovas parece anticiparse a los historiadores que hablan del inicio de una recuperación en los últimos años del siglo XVII. De todas formas, su opinión respecto a la Casa de Austria en general sigue siendo tajante: sólo habría dejado a España superstición y miseria. Pero el verdadero problema, en su opinión, no era ése: los malos reyes sólo constituían el reflejo de una nación que no era mejor que ellos. El país, en definitiva, habría recibido lo que merecía.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">También suena muy moderna su defensa de una historia que vaya más allá de la figura del monarca: quiere tener en cuenta a los ministros, a los Consejos, a los militares y a los diplomáticos. Tampoco olvida al pueblo, “galería que aplaudió muchos dislates y estorbó no pocos aciertos”.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Gabriel Maura Gamazo, hijo del líder conservador Antonio Maura, también se muestra muy crítico en <em>Carlos II y su corte</em>. El primer volumen de esta obra hercúlea, que debía abarcar cuatro volúmenes pero acabó limitada a dos, apareció en 1911 y suscitó elogios unánimes por su asombrosa erudición. En este caso, se demuestra el aserto de Croce sobre el carácter contemporáneo de toda reconstrucción del pasado. El autor tiene muy presente a la España de su época, aún traumatizada por la pérdida de las colonias en 1898. Convencido de que la historia ha de ser maestra de la vida, vuelve sus ojos a la decadencia del siglo XVII para hallar las enseñanzas que permitan llevar a cabo la tan ansiada regeneración en el presente. Parte del supuesto de que, tanto en el tiempo de Carlos II como en el de Alfonso XIII, los políticos son culpables de las desgracias que afligen a la patria. Trata, en definitiva, de aprender de los errores. En cambio, desconfía de la historia que se complace en los relatos épicos por juzgar que puede dar pie a “peligrosos optimismos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Maura es un historiador positivista tradicional. Sin embargo, como señala Luis Ribot, adelanta a su tiempo al señalar la Corte como objeto de estudio historiográfico. También suena muy moderna su defensa de una historia que vaya más allá de la figura del monarca: quiere tener en cuenta a los ministros, a los Consejos, a los militares y a los diplomáticos. Tampoco olvida al pueblo, “galería que aplaudió muchos dislates y estorbó no pocos aciertos”.<a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a> En esta desconfianza hacia lo popular se refleja el conservador partidario, como su padre, de la revolución desde arriba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Parecido enfoque regeneracionista lo encontramos en Julián Juderías, que un año después publica <em>España en tiempos de Carlos II el Hechizado</em>. El autor prescinde de los hechos militares propios de la historia tradicional para centrarse en la sociedad de la época. Es su funcionamiento deficiente, más que los errores de los estadistas, lo que explica la decadencia hispana: “Los planes mejor concebidos y los propósitos más loables en materia de Gobierno fracasan irremisiblemente desde el punto y hora que la masa del país no responde a ellos”. Juderías afirma que bajo el reinado de Carlos II no hubo, de todas formas, planes capaces de levantar a la nación. Si alguien los hubiera trazado, no habrían servido de nada porque el pueblo, sumido en la indiferencia y la desmoralización, tampoco los habría secundado. Esta visión de la desidia popular se inspira, obviamente, en el trauma del 98. De ahí el interés en mostrar los devastadores efectos que tiene para una comunidad el dejarse arrastrar por el pesimismo. No obstante, también apunta que la situación a finales del siglo XVII también era mala en términos objetivos, no sólo subjetivos. El país, en medio de la pobreza, ofrecía un aspecto poco agradable para los visitantes extranjeros.<a href="#_ftn4" id="_ftnref4">[4]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta visión negativa del reinado carolino ya no puede defenderse en idénticos términos. La era carolina, en efecto, ha sido objeto de numerosas investigaciones que la han sometido a una fértil revisión. La historiografía ya no acepta sin más que Carlos II fuera un deficiente mental ni que su reinado fuera el punto más bajo de la decadencia española. Su etapa, por el contrario, asistió a una recuperación a partir de 1680. Lo primero que llama la atención, en efecto, es cómo una potencia en declive consiste resistir las acometidas de Luis XIV y llegar a 1700 razonablemente intacta. De hecho, como señaló Cristopher Storss, pese a pérdidas territoriales tan graves como la de Portugal, la monarquía hispana llega al siglo XVIII con la incorporación de nuevos dominios. La clave está en contemplar el imperio no sólo en su dimensión europea sino desde una perspectiva global. Pensemos, sin ir más lejos, en la incorporación de las islas Marianas y Carolinas en el Pacífico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, Storrs también advertía que no debemos exagerar en la revalorización del periodo: “El afán revisionista exige mesura, de modo que es preciso tener cuidado para no pintar la realidad de España y de la monarquía en tiempos de Carlos II con colores excesivamente brillantes”.<a href="#_ftn5" id="_ftnref5">[5]</a> En una importante monografía, <em>La resistencia de la monarquía hispánica, 1665–1700</em>, el historiador británico, al mismo tiempo que destacaba el éxito hispano en la tarea de sobrevivir, también ponía de manifiesto las limitaciones de ese esfuerzo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En cuanto a la actuación de Carlos II, Storrs señala que el monarca podía tener un gran protagonismo político. La mayoría de las veces, sin embargo, se limitaba a ordenar que se aplicaran las propuestas de sus consejeros. No podemos estar seguros, por desgracia, de hasta dónde llegaba su voluntad en el proceso de gobierno: “Desafortunadamente, no siempre están claras las influencias del monarca, los motivos por los que tomó ciertas decisiones o cuándo una decisión era verdaderamente suya”.<a href="#_ftn6" id="_ftnref6">[6]</a></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">La monarquía ya no poseía el inmenso poder de otros tiempos, pero, aun así, exhibió una tenaz voluntad para sobrevivir y adaptarse a unos tiempos difíciles. </p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">¿Se puede hablar entonces de decadencia? Aunque Storrs relativiza mucho este concepto, reconoce que la España del último Austria “ya no ostentaba la hegemonía en Europa” y “sufrió grandes reveses y pérdidas territoriales en el marco europeo —sobre todo en los Países Bajos— así como en las Indias”.<a href="#_ftn7" id="_ftnref7">[7]</a> Desde la óptica de este especialista, no exagerar las derrotas es una cosa y no reconocerlas es otra distinta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una línea similar, Davide Maffi, al estudiar los tercios de la época de Carlos II, ha destacado su contribución a la hora de frenar el expansionismo de Luis XIV en colaboración con los ejércitos de otras potencias. La monarquía ya no poseía el inmenso poder de otros tiempos, pero, aun así, exhibió una tenaz voluntad para sobrevivir y adaptarse a unos tiempos difíciles. Eso implicó ejercer “las más fuertes capacidades logísticas”, de forma que pudieran ser atendidos a la vez diversos frentes. Este esfuerzo no dejó de afectar a una España que atravesaba una grave crisis demográfica. De ahí que los poderes locales intentaran resistir las peticiones de hombres de la monarquía. La Corona, sumida en continuos problemas económicos, tenía cada vez más difícil el reclutamiento de nuevos soldados.<a href="#_ftn8" id="_ftnref8">[8]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Maffi también cuestiona la idea de que los generales al servicio de España, lo mismo que el conjunto de la oficialidad, fueran incompetentes, cobardes y corruptos. Si no se arriesgaban a una batalla campal no era por falta de resolución sino por una prudencia común en todos los ejércitos contemporáneos: un ejército era algo demasiado valioso como para arriesgarlo a tontas y a locas. Respecto a la nobleza, Maffi encuentra que se ha exagerado su desinterés por la carrera de las armas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta historiografía favorable a Carlos II no dejó de suscitar críticas. Para Antonio Espino López, los revisionistas defendían lo indefendible contra el parecer de los protagonistas de la época: tanto españoles como extranjeros estaban de acuerdo en mostrar un país en una situación penosa. Sin embargo, esta objeción pasa por alto la subjetividad de las fuentes. Cuando existe una crisis, los protagonistas no siempre perciben un cambio desde Guatemala a Guatepeor. Si en la actualidad encontramos a gente que no percibe gran diferencia entre el franquismo y la democracia actual, ¿qué nos autoriza a pensar que nuestros antepasados fueran más objetivos?</p>



<p class="wp-block-paragraph">No era la primera vez, por otro lado, que se escuchaban voces lastimeras. En 1598, a la muerte de Felipe II, ya se decía que “si el rey no muere, el reino muere”. Pocos años después, en 1605, el embajador inglés, Cornwallis, presentaba un cuadro tenebroso de la vida bajo Felipe III. El gobierno era débil y ni siquiera poseía fuerzas militares con las que asegurar la defensa de la península y de América. El tesoro se hallaba exhausto. Las gentes sufrían un estado de “necesidad extrema”. Si obedecían a las autoridades lo hacían por miedo, no por respeto. España no era sino un “valle de miseria” y un “lugar de tribulaciones y peligros”.<a href="#_ftn9" id="_ftnref9">[9]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cornwallis carga las tintas. ¿Era objetivo? Sabemos que España conservó aun su posición hegemónica varias décadas e incluso tuvo momentos de resurgimiento bajo Felipe IV, como muestra el <em>annus mirabilis</em> de 1625, en el que se sucedieron las victorias militares. El pesimismo, contra lo que pretende un mito persistente, no siempre equivale a lucidez ni objetividad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al igual que Cornwallis, Espino López vuelve al tópico de la España desarmada y se pregunta, retóricamente, por qué España perdió la guerra contra Francia en 1659. Pasa por alto que las cesiones territoriales fueron mínimas y que la derrota militar no implica la completa ausencia de cualquier capacidad bélica. Cita, en apoyo de su tesis, un informe del embajador inglés, Stanhope, de 1694, en el que el diplomático afirma que los franceses podían invadir Castilla y llegar hasta Madrid sin oposición. El hecho es que esto nunca sucedió y los historiadores deben explicar cómo es que una monarquía supuestamente tan débil no se derrumbó ante Luis XIV. Según nuestro autor, España aguantó gracias a sus aliados, interesados en que ninguna potencia absorbiera sus inmensos territorios. Pero el caso es que no había ningún ejército extranjero en la península que pudiera impedir el paso a los franceses. En otra ocasión, Espino López sostiene que la monarquía resistió sólo porque tenía muchos territorios de los que extraer hombres y dinero. Pero, si extraía esos recursos, es que algún poder le quedaba. Un Estado fallido, como supuestamente sería la España de Carlos II, ni siquiera puede hacer eso.<a href="#_ftn10" id="_ftnref10">[10]</a></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo es que el decadente reinado de Carlos II se logró lo que se pudo conseguir en periodos más afortunados? La crítica hispanófoba es a menudo tan exagerada que el lector puede preguntarse si detrás no hay una agenda favorable a las tesis del soberanismo catalán. </p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">El tono de Espino López hacia Storrs es con frecuencia irrespetuoso. Por ejemplo, cuando se refiere irónicamente a una de sus “perlas”. A su parecer, la tesis del británico sobre la expansión hispana en América no puede tomarse en serio. Para minusvalorar la conquista de la última ciudad maya aún libre nos invita a preguntarnos por qué se tardó casi ciento cincuenta años en anexionarla desde el inicio de las operaciones en Yucatán. Éste es un argumento al que se le puede dar la vuelta con facilidad: ¿Cómo es que el decadente reinado de Carlos II se logró lo que se pudo conseguir en periodos más afortunados? La crítica hispanófoba es a menudo tan exagerada que el lector puede preguntarse si detrás no hay una agenda favorable a las tesis del soberanismo catalán. No en vano, el “proceso” estaba en auge cuando se publicó <em>Fronteras de la Monarquía</em>. España, por definición, lo hace todo mal. &nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pese a éstas y otras críticas, como las de I. A. A. Thompson, la corriente revisionista prosiguió su desarrollo. Otra de sus aportaciones importantes es <em>Bifronte imperio de dos mundos,</em> un hercúleo trabajo colectivo que reúne estudios sobre el mandato del último de los Austrias en cada uno de sus dominios, con lo que tenemos una amplísima panorámica que introduce elementos de complejidad en una historia que se ha tendido a identificar, simplistamente, con la de Castilla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En contra de la costumbre de ver todos los acontecimientos desde Madrid, aquí se nos recuerda que la monarquía de Carlos II poseía diversos corazones, indispensables para la movilización de recursos a gran escala. Uno era el reino de Nápoles, de donde salía el dinero para costear los gastos en otros territorios italianos. A su vez, los impuestos de los milaneses permitieron sufragar a los ejércitos del rey en distintos puntos de Europa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La fiscalidad resultaba cada vez más onerosa. Las élites locales aceptaban contribuir con dinero y hombres a las necesidades bélicas de la monarquía porque, a cambio, esperaban ser recompensadas con honores. Títulos nobiliarios, por ejemplo. Existía, por tanto, una lógica de dar para recibir. Todo en el marco de una permanente negociación con la autoridad real. La Corona fue muy hábil para alternar la coacción y el pacto en su trato con los representantes de las periferias. De esta forma, aunque Carlos II fuera, personalmente, un soberano débil, el poder de la monarquía como institución se vio paradójicamente reforzado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En medio de los continuos conflictos, el soberano se planteó modificar los sistemas de gobierno en algunos territorios que se habían rebelado. Eso sucedió, por ejemplo, en Mesina, Sicilia. El que se aplicaba a partir de entonces, según la terminología de la época, era una “Nueva Planta”. Como el lector ya habrá adivinado, encontramos aquí el precedente de lo que se haría en Cataluña tras el 11 de septiembre de 1714 con el fin de la Guerra de Sucesión. En Mesina, como más tarde en Barcelona, se construiría una fortaleza militar para desincentivar posibles sublevaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sería una tentación imaginar que existió una política común desde Madrid para sus amplísimos dominios. No fue así. El gobierno imperial actuaba en cada uno de sus territorios en función de las circunstancias, con criterios más o menos centralizadores. En el caso de Cataluña, está claro que las autoridades reales desconfiaban de las élites del Principado. Otro asunto es que supieran exactamente lo que tenían que hacer. El conde de Chinchón comentó en 1689, a propósito de la revuelta de los barretines, un alzamiento campesino, que ningún camino ofrecía garantías plenas: “el castigar y el no castigar todo tiene inconveniente”.<a href="#_ftn11" id="_ftnref11">[11]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">El vínculo centro–periferia hay que pensarlo a distintos niveles, no sólo dentro de un marco europeo. Uno de los muchos méritos de <em>Bifronte imperio</em> es la forma en que pone en relación dos campos que con frecuencia viven de espaldas: la historia moderna y la historia de América. El lector profano averigua así que en las Indias era normal que los obispos ejercieran de virreyes, al contrario de lo que sucedía en Italia, donde no necesitaban al monarca para su promoción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otra cuestión interesante es la del idioma. En tiempos de Carlos II se intentó promocionar el uso del castellano entre las comunidades indígenas, a través de la enseñanza. Con escaso éxito, por lo que parece, a juzgar por las repeticiones de la misma disposición. En la práctica, el multilingüismo pervivió, aunque es cierto que el castellano ganó posiciones. No tanto porque fuera impulsado desde el poder como por el pragmatismo de ciertos sectores sociales que encontraban ventajosa su utilización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por desgracia, la reivindicación, si se lleva al extremo, puede degenerar en hagiografía. Comparemos dos estudios muy diferentes, el primero con matices y el segundo con incienso. En 2025, Luis Ribot publicó <em>Carlos II.</em> <em>El final de la España de los Austrias (1665–1700)</em>, un libro muy detallado que culmina muchos años de dedicación al último Habsburgo hispano. Su libro reacciona contra lo que él denomina “modelo historiográfico de la decadencia”, entendiendo por tal una visión sumamente catastrofista. Rechaza, por tanto, que el país estuviera sumido en el más profundo de los abismos. Pero especifica que eso no implica negar la existencia de una decadencia, una realidad obvia, papable si comparamos el papel internacional de la monarquía carolina con el que desempeñaba, un siglo antes, Felipe II. Un exagerado optimismo historiográfico se opondría así a la vivencia de los contemporáneos, tanto españoles como extranjeros.<a href="#_ftn12" id="_ftnref12">[12]</a></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Carlos “tuvo una difícil primera infancia a causa de diversos problemas de salud y un lento desarrollo”. En otra ocasión, afirma que los “años previos a su mayoría de edad estuvieron plagados de enfermedades”.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Ribot matiza la historiografía crítica con Carlos II sin irse al otro extremo. En cambio, en el libro de Alberto Bravo, <em>Yo, el Rey,</em> sí encontramos una reacción de péndulo. El autor afirma que no se propone caer en la leyenda negra pero tampoco en la rosa. En la práctica, lo que propone es un contramito blanqueador. Reacciona contra las exageraciones críticas de la historiografía tradicional con una versión de Carlos II que, por movimiento de péndulo, cae en lo apologético. Lleva así demasiado lejos la idea, en principio positiva, de rescatar su reinado de los viejos tópicos caricaturescos y tremendistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bravo cuestiona, por ejemplo, algo tan palmario como la escasa fortaleza del monarca. Sin embargo, él mismo admite que Carlos “tuvo una difícil primera infancia a causa de diversos problemas de salud y un lento desarrollo”. En otra ocasión, afirma que los “años previos a su mayoría de edad estuvieron plagados de enfermedades”.<a href="#_ftn13" id="_ftnref13">[13]</a> En cuanto a sus últimos años de vida, indica, correctamente, que resultaron muy problemáticos desde un punto de vista médico. Las evidencias son, por tanto, claras. Como indica Alain Bègue, los españoles de la época “debieron tener la extraña y angustiosa sensación de que la Corona española descansaba sobre la cabeza de un rey en constante peligro de muerte”.<a href="#_ftn14" id="_ftnref14">[14]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Otra cosa es que nuestro historiador prefiera minusvalorarlas. Para justificar su teoría, argumenta que el último Austria vivió más que algunos personajes cuya vitalidad nunca se puso en duda. El razonamiento no es, en realidad, demasiado bueno: una persona puede sentirse siempre bien y morir a la primera enfermedad mientras que otra, en medio de continuos achaques, puede ver cómo su vida se alarga.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bravo tampoco está de acuerdo en que la educación del último Austria fuera descuidada. Sabemos, por la documentación de la época, que se previó que estudiara historia, geografía, lenguas y otras materias. Ahora bien: ¿se deduce de eso que el joven rey fue un buen alumno? Respecto de los elogios que le prodigó su preceptor, Ramos del Manzano, en una obra que publicó, sólo cabe interpretarlos como alabanzas cortesanas. ¿Qué otra cosa podía decir el maestro en público? Según Ribot, diversos testimonios acreditan la defectuosa formación de un monarca que a los nueve años aún no habría aprendido a leer y escribir.<a href="#_ftn15" id="_ftnref15">[15]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Carlos II habría sabido ser un buen rey. Lo curioso es que Bravo, al mismo tiempo que hace esta afirmación, reconoce que no le tenía demasiado amor al trabajo y trataba de evitar el despacho siempre que podía. ¿Cómo podía ser un buen monarca si no cumplía con la principal de sus obligaciones, la de ocuparse de los asuntos de Estado?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo, al parecer, iba tan bien que Carlos II habría conseguido “mantener unos ejércitos de un tamaño similar al de sus antecesores”.<a href="#_ftn16" id="_ftnref16">[16]</a> Esto no es lo que dice Storrs, que señala, de modo mucho más razonable, que los ejércitos del monarca hispano “eran, desde luego, menos dignos de admiración en muchos aspectos que los de algunos de sus predecesores”. Uno de esos aspectos era, precisamente, el numérico: “Los ejércitos de Carlos II eran más pequeños que los de algunos monarcas españoles anteriores y que algunos de los de sus contemporáneos”.<a href="#_ftn17" id="_ftnref17">[17]</a> Reparemos, pues, en la diferencia entre ambos historiadores. Storrs cuestiona el mito de la España desarmada sin perder el sentido de la proporción. Bravo, por el contrario, da la espalda a la realidad.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Carlos II no se anticipó a su época en ningún sentido. Si eligió a un francés como sucesor, simplemente fue porque deseaba que sus dominios permanecieran intactos. Se limitó así a actuar como un aristócrata cualquiera, obsesionado con que sus tierras no se dividieran a su muerte.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Por otra parte, nuestro autor no parece haber comprendido bien en qué consistía la monarquía hispánica. Niega, por un lado, la pertinencia de la expresión “imperio español” porque “imperio”, en propiedad, sólo había uno, el Sacro Imperio. Eso es olvidar que el término también puede utilizarse para cualquier potencia que ejerza un dominio sobre otros territorios, aunque sea una república. Por otra parte, se nos dice que no existía una relación jerárquica de dependencia entre España y los otros dominios del soberano. Eso implica pasar por alto que los territorios italianos o americanos tenían virreyes españoles, nombrados en Madrid y al servicio de los intereses hispanos. Bravo rechaza tajantemente la existencia de colonias, aunque las riquezas iban de América a España y no en dirección opuesta, hecho que por sí solo ya denota la subordinación del Nuevo Mundo al Viejo. La condición jurídica era una cosa, otra muy distinta la realidad del poder. De ahí que un gobernador de Milán dijera, en 1570, que los italianos, aunque no eran indios, debían ser tratados tales. Tenían que aprender que eran los españoles los que les mandaban a ellos y no ellos a los españoles.<a href="#_ftn18" id="_ftnref18">[18]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no habría “imperio español”, según Bravo, porque el imperio, a quien de verdad pertenecía, era al rey, no a España. El problema de esta tesis es que no tiene en cuenta la evidencia documental, en la que el país aparece como sujeto. Francisco de Quevedo escribió, dirigiéndose a España, que lo que ésta le había quitado a todos sola, todos a ella sola se lo podían quitar. Si cierta historiografía tuviera razón, el sujeto de esa frase sería el rey. Consideremos otro ejemplo: en 1682 Antonio de Santa María publica un libro, <em>España triunfante y la Iglesia laureada</em>. Aquí se afirma que la posesión de Jerusalén, la Ciudad Santa, “le pertenece a España”.<a href="#_ftn19" id="_ftnref19">[19]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">No deja de ser curioso que, después de insistir una y otra vez en que el mundo de los Austrias era dinástico, no nacional, Bravo alabe a Carlos II por anteponer, en su testamento, “el bien de la patria” a los intereses de su dinastía. Eso convertiría su testamento, a su parecer, en un documento “adelantado a su tiempo”.<a href="#_ftn20" id="_ftnref20">[20]</a> Es una conclusión, en cierto sentido, lógica: puesto que el autor se ha enamorado de su personaje, ha de acabar diciendo que era un pionero, un visionario. Pero no. Carlos II no se anticipó a su época en ningún sentido. Si eligió a un francés como sucesor, simplemente fue porque deseaba que sus dominios permanecieran intactos. Se limitó así a actuar como un aristócrata cualquiera, obsesionado con que sus tierras no se dividieran a su muerte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Carlos vivió en un periodo en el que la palabra “patria”, de claro carácter polisémico, lo mismo se utilizaba para la ciudad de nacimiento que para el conjunto de España. Cosa, en realidad, abrumadoramente lógica. Si los reinos fueran solamente las fincas privadas del monarca, la noción de “cosa pública” nunca hubiera existido. En el Antiguo Régimen, lo público y lo privado se mezclaban de una manera que resultará difícil de entender a partir de 1789. No hay contraposición entre los intereses de la dinastía reinante y los de la nación. De ahí que un poema de Somoza y Quiroga hable de un aristócrata que “a servir a su rey y patria aspira”.<a href="#_ftn21" id="_ftnref21">[21]</a> El soberano se justifica en la medida en que es capaz de procurar el bien de sus súbditos, tal y como manifestaban unos versos de 1696: Y tú, Carlos, dueño mío, vivas muy largas edades para socorro de España y de sus necesidades”.<a href="#_ftn22" id="_ftnref22">[22]</a> España, por tanto, no es un simple concepto geográfico. Es una entidad que requiere que velen por ella y con la que sus gentes se identifican en términos identitarios. Veamos un poema de la época: “El amor hace valientes España diciendo está y más cuando de la patria llama el amor natural”.<a href="#_ftn23" id="_ftnref23">[23]</a> Como acabamos de ver, España y patria son términos intercambiables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con respecto a la cuestión sucesoria, Bravo llega al extremo de sostener que Carlos II sí tuvo un heredero antes de 1700. Veamos: en caso de necesidad, cualquier monarquía puede nombrar rey a un pariente más o menos remoto del soberano difunto. Pero no se trataba de eso. En la España de la época se deseaba que el monarca engendra un hijo y se vivía por angustia la falta de ese príncipe. Esta inquietud queda patente en un poema de la época, en el que el autor reclama la ayuda divina: “Vuelve los ojos a esta Monarquía sin sucesión, Señor, desconsolada”.<a href="#_ftn24" id="_ftnref24">[24]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Yo, el Rey,</em> concluye con otra tesis discutible: Felipe V sería, en realidad, un Austria. Si Bravo hubiera dicho que era un Borbón con sangre austríaca, su formulación habría sido impecable. Pero no. Tenía que buscar la novedad a toda costa. Si el propio interesado se presentó a sí mismo como un Habsburgo, fue por una necesidad propagandística frente a su rival por la Corona de España, el archiduque Carlos. Eso fue todo. Sin embargo, en X, el antiguo twitter, el autor ha insistido en que el primer Borbón español descendía de los Austrias por vía matrilineal. Aunque su abuela María Teresa y su bisabuela Ana fueran antepasadas de su padre, no de su madre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pese a su utilización de archivos,<em> Yo, el Rey,</em> no aporta, en la práctica, nada nuevo. Lo válido que pueda decir lo han dicho ya otros antes. Lo que hace el autor es exagerar e idealizar a Carlos II y perderse en pequeños detalles, como cuando concede un espacio desmesurado a los viajes que hizo prácticamente a la vuelta de la esquina. Es cierto que su libro ha tenido un impacto mediático superior al de estudios más equilibrados, pero, aparte de eso, no hay nada más. Bravo se presenta como el restaurador de la verdad frente a una persistente mitología, frente a una leyenda negra que haría necesario un estudio como el suyo. Pero las leyendas negras no se combaten con la creación de una leyenda rosa. Si España iba tan bien, no se comprende la razón de tantos fracasos. De igual manera, si España iba tan mal, lo lógico es que se hubiera desmoronado. Un optimismo moderado, sin exageraciones, que reconozca las limitaciones del periodo, es la teoría que mejor contribuye a explicar lo que sucedió. ®</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Cánovas del Castillo, Antonio. <em>Bosquejo histórico de la Casa de Austria en España</em>. Pamplona, Urgoiti Editores, 2004, pp. 212–213.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> Cánovas del Castillo, <em>Bosquejo histórico de la Casa de Austria en España</em>, p.245.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> Maura Gamazo, Gabriel. <em>Carlos II y su corte</em>, vol. I. Madrid, Boletín Oficial del Estado/Real Academia de la Historia, 2018, p.7.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a> Juderías, Julián. <em>España en tiempos de Carlos II el Hechizado</em>.&nbsp; Madrid, 1912, pp. 5–6, 12.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a> Storrs, Cristopher. “Nuevas perspectivas sobre el reinado de Carlos II (1665–1700), dentro de Saavedra, Mª del Carmen (Ed.). <em>La decadencia de la monarquía hispánica en el siglo XVII. Viejas imágenes y nuevas aportaciones</em>. Madrid, Biblioteca Nueva, 2016, pp. 20–21.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref6" id="_ftn6">[6]</a> Storrs, Cristopher. <em>La resistencia de la monarquía hispánica</em>, 1665–1700. Madrid, Actas, 2013, pp. 49, 277.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref7" id="_ftn7">[7]</a> Storrs, <em>La resistencia de la monarquía hispánica</em>, p.380.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref8" id="_ftn8">[8]</a> Maffi, Davide. <em>Los últimos tercios. El ejército de Carlos II</em>. Madrid, Desperta Ferro, 2020, pp. VII–VIII, 197–199, 230.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref9" id="_ftn9">[9]</a> Thompson, I. A. A. “Sir Charles Cornwallis y su <em>Discurso sobre el Estado de España</em> (1608), dentro de Sanz Camañes, Porfirio (Coord.). <em>La monarquía hispánica en tiempos del Quijote</em>. Madrid, Sílex, 2005, pp. 68, 69, 72, 74.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref10" id="_ftn10">[10]</a> Espino López, Antonio. <em>Fronteras de la Monarquía. Guerra y decadencia en tiempos de Carlos II, 1665–1700</em>. Lleida, Milenio, 2019, pp. 11–38.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref11" id="_ftn11">[11]</a> Véase la contribución de Eduard Martí–Fraga sobre el neoforalismo en Álvarez–Ossorio Alvariño, Antonio; Bravo Lozano, Cristina y Quirós Rosado, Roberto (eds.). <em>Bifronte imperio de dos mundos. La monarquía de Carlos II en Europa y América</em>. Madrid, Iberoamericana, 2025, pp. 301–325.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref12" id="_ftn12">[12]</a> Ribot, Luis. <em>Carlos II. El final de la España de los Austrias (1665–1700)</em>. Madrid, Marcial Pons, 2025, pp. 17, 455–456.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref13" id="_ftn13">[13]</a> Bravo, Alberto. <em>Yo, el Rey</em>. Barcelona, Ático de los Libros, 2026, pp. 68, 101.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref14" id="_ftn14">[14]</a> Bègue, Alain. <em>Monarquía y Parnaso. La invención literaria de Carlos II</em>. Madrid, CSIC, 2025, p.71.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref15" id="_ftn15">[15]</a> Ribot, <em>Carlos III</em>, p.53.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref16" id="_ftn16">[16]</a> Bravo, <em>Yo, el Rey</em>, p.592.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref17" id="_ftn17">[17]</a> Storrs, <em>La resistencia de la monarquía hispánica</em>, pp. 47, 49.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref18" id="_ftn18">[18]</a> Elliott, John H. <em>El Viejo Mundo y el Nuevo, 1492–1650</em>. Madrid, Alianza, 2011, p.113.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref19" id="_ftn19">[19]</a> Santa María, Antonio de. <em>España triunfante y la Iglesia laureada</em>. Madrid, 1682, p.547.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref20" id="_ftn20">[20]</a> Bravo, <em>Yo, el Rey</em>. p.582.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref21" id="_ftn21">[21]</a> Bègue, <em>Monarquía y Parnaso</em>, p.15.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref22" id="_ftn22">[22]</a> Bègue, <em>Monarquía y Parnaso</em>, p.347.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref23" id="_ftn23">[23]</a> Arellano, Ignacio (Ed.). <em>Poesía clandestina y de protesta del Siglo de Oro</em>. Madrid, Cátedra, 2025, p.270.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref24" id="_ftn24">[24]</a> Bègue, <em>Monarquía y Parnaso</em>, p.347.</p>
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		<title>El desgaste del sistema educativo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rogelio Villarreal]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 24 May 2026 19:40:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Política y sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[Cuando una sociedad deja de exigir una educación sólida las consecuencias no aparecen de inmediato, pero terminan alcanzando a todos. Ahí está el verdadero problema, no en el ajuste de un calendario escolar, sino en habernos acostumbrado a que la educación deje de ocupar un lugar prioritario. No es con quién estudias, sino quién dirige [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>C</strong><strong>uando una sociedad deja de exigir una educación sólida las consecuencias no aparecen de inmediato, pero terminan alcanzando a todos. Ahí está el verdadero problema, no en el ajuste de un calendario escolar, sino en habernos acostumbrado a que la educación deje de ocupar un lugar prioritario.</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="688" height="677" src="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/197942198_190294826432861_4167008191566623961_n.jpg?resize=688%2C677&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-65160" srcset="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/197942198_190294826432861_4167008191566623961_n.jpg?w=720&amp;ssl=1 720w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/197942198_190294826432861_4167008191566623961_n.jpg?resize=203%2C200&amp;ssl=1 203w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/197942198_190294826432861_4167008191566623961_n.jpg?resize=80%2C80&amp;ssl=1 80w" sizes="auto, (max-width: 688px) 100vw, 688px" /><figcaption class="wp-element-caption">Escuela rural en Oaxaca. Foto de Facebook: Dirección General de Educación de los Pueblos Originarios de Oaxaca.</figcaption></figure>
</div>


<h5 class="wp-block-heading epigrafe">No es con quién estudias, sino quién dirige la escuela.<br>—Nick Giovanni.</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Cada cierto tiempo surge una discusión pública sobre la educación en México. A veces es por los libros de texto, otras por los resultados académicos, por los paros magisteriales o por los cambios en los modelos educativos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta vez la polémica aparece por la posibilidad de modificar el calendario escolar y reducir el tiempo efectivo de clases bajo argumentos relacionados con las altas temperaturas y ajustes administrativos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La reacción fue inmediata, padres inconformes, críticas en redes sociales y reclamos a las autoridades educativas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, detrás de toda esa discusión quedó expuesta una realidad mucho más profunda: la escuela en México dejó hace mucho de ser solamente un lugar para aprender matemáticas, historia o ciencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La escuela también sostiene la vida cotidiana de millones de familias, aunque desde el discurso oficial se insista en que las escuelas no son guarderías, la realidad social del país demuestra otra cosa.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">La Suprema Corte de la Nación avaló disposiciones que impiden que las inasistencias sean motivo automático de reprobación en educación básica.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Para millones de madres y padres trabajadores el horario escolar representa la posibilidad de salir a trabajar con cierta tranquilidad, sabiendo que sus hijos permanecen durante varias horas en un espacio relativamente seguro, acompañados por adultos y alejados de muchos de los riesgos que existen fuera de las aulas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso no significa reducir la función educativa de las escuelas. Al contrario. Significa reconocer la enorme responsabilidad social que históricamente han asumido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En México la escuela cumple muchas funciones al mismo tiempo. Enseña contenidos académicos pero también socializa, forma hábitos, transmite valores, forma ciudadanos y genera convivencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para muchos niños representa incluso el único espacio estable de disciplina, atención y acompañamiento cotidiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso resulta preocupante que, mientras se minimiza públicamente esa función social, al mismo tiempo se hayan ido debilitando distintos componentes del sistema educativo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los últimos años desaparecieron las escuelas de tiempo completo, se flexibilizaron mecanismos de evaluación, se eliminaron criterios estrictos de asistencia y se redujeron diversas herramientas disciplinarias dentro de los planteles; más recientemente, la Suprema Corte de la Nación avaló disposiciones que impiden que las inasistencias sean motivo automático de reprobación en educación básica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El argumento detrás de estas medidas suele centrarse en evitar la deserción escolar y garantizar el acceso a la educación; el problema es que muchas veces la discusión parece enfocarse más en mantener estadísticas de permanencia que en fortalecer realmente el aprendizaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí aparece una contradicción difícil de ignorar: durante años, muchos cambios importantes dentro del sistema educativo generaron poca reacción social entre los que destacan:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Pérdida de exigencia académica</li>



<li>Desaparición de evaluaciones</li>



<li>Reducción de herramientas disciplinarias</li>



<li>Debilitamiento de la autoridad escolar</li>



<li>Carencias materiales que enfrentan miles de planteles públicos</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Pero cuando se habló de reducir días efectivos de clases la inconformidad explotó casi de inmediato.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso obliga a hacer una pregunta incómoda: ¿qué es lo que más preocupa realmente como sociedad? ¿La calidad educativa o el papel de la escuela como espacio de cuidado mientras los adultos trabajan?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pregunta no pretende juzgar a las familias, sería injusto hacerlo en un país donde millones de personas enfrentan jornadas laborales extensas, bajos salarios y pocas alternativas de cuidado infantil.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Durante décadas, la figura del maestro ocupó un lugar central en la vida comunitaria y familiar, existía respeto, reconocimiento y respaldo social.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">De hecho, precisamente por esas condiciones económicas la escuela pública se volvió una pieza indispensable para la estabilidad familiar y social, el problema es que pareciera que poco a poco se normalizó el deterioro educativo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy se habla menos de excelencia académica y más de permanencia, menos de aprendizaje y más de estadísticas, menos de formación y más de administración escolar. Mientras tanto, los docentes también enfrentan una realidad cada vez más complicada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchos trabajan con grupos saturados, falta de materiales, exceso de carga administrativa y una creciente pérdida de autoridad dentro de las aulas. Durante décadas, la figura del maestro ocupó un lugar central en la vida comunitaria y familiar, existía respeto, reconocimiento y respaldo social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, en muchos casos el docente enfrenta cuestionamientos constantes, desconfianza y responsabilidades que van mucho más allá de enseñar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se espera que la escuela resuelva problemas de conducta, violencia, desintegración familiar, salud emocional y rezago académico, aun cuando el propio sistema cada vez ofrece menos herramientas para hacerlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso el debate educativo no debería agotarse en la discusión sobre si el ciclo escolar termina unos días antes o después.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La discusión de fondo tendría que centrarse en cómo recuperar la calidad educativa, fortalecer a las escuelas públicas, devolver condiciones dignas a los docentes y reconocer que la educación sigue siendo uno de los pocos mecanismos reales de movilidad social que existen en México.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando una sociedad deja de exigir una educación sólida las consecuencias no aparecen de inmediato, pero terminan alcanzando a todos. Quizá ahí está el verdadero problema, no en el ajuste de un calendario escolar, sino en habernos acostumbrado poco a poco a que la educación deje de ocupar el lugar prioritario que alguna vez tuvo dentro de la vida pública del país. <mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-luminous-vivid-orange-color">®</mark></p>
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		<title>Manual para fabricar historias a la carta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rogelio Villarreal]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 24 May 2026 19:15:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Apuntes y crónicas]]></category>
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					<description><![CDATA[La vida de fray Servando Teresa de Mier está inseparablemente ligada a su sermón guadalupano del 12 de diciembre de 1794. Más allá de las frases hechas y genéricas, en el caso de Mier ésta es válida en un sentido sumamente específico y difícilmente superable: sin el sermón, fray Servando no existiría como el personaje [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>La vida de fray Servando Teresa de Mier está inseparablemente ligada a su sermón guadalupano del 12 de diciembre de 1794. Más allá de las frases hechas y genéricas, en el caso de Mier ésta es válida en un sentido sumamente específico y difícilmente superable: sin el sermón, fray Servando no existiría como el personaje histórico que conocemos.</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="688" height="945" src="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/img_6802.png?resize=688%2C945&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-65156" srcset="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/img_6802.png?w=1263&amp;ssl=1 1263w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/img_6802.png?resize=146%2C200&amp;ssl=1 146w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/img_6802.png?resize=768%2C1054&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/img_6802.png?resize=1119%2C1536&amp;ssl=1 1119w" sizes="auto, (max-width: 688px) 100vw, 688px" /><figcaption class="wp-element-caption">Fray Servando.</figcaption></figure>
</div>


<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Prólogo</strong></p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">&#8230; y dieron por aciertos de la perspicacia lo que era descarrío de la imaginación.<br>—José María González de Mendoza</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Curiosamente con esa pieza oratoria ha ocurrido lo mismo que con su autor. Al menos así lo indica el tratamiento que de uno y de otro ha hecho la mayoría de quienes se han ocupado de ello, conformada por una pintoresca legión de historiadores, cronistas, titulados en letras y esa variopinta e indefinida gama autoidentificada como “escritores”.(1)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras unos estiran, recortan o modifican la historia para construirse un relato que encaje en sus conclusiones preconcebidas o tomadas en préstamo, otros simplemente hacen caso omiso de la historia y con actitud inmisericorde someten, en este caso a fray Servando, a los cartabones vulgarizados de la intertextualidad y al anchuroso recurso de las “representaciones simbólicas”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esos que no sólo hacen “análisis intertextuales” sino que leen entre líneas y descubren textos debajo de los textos. Juzgan y bordan sobre las intenciones del autor —pues ellos las conocen mejor que él— y nos informan de lo que “quiso decir”, e incluso de lo que dijo sin ser consciente de ello y de lo cual nadie se dio cuenta hasta que estos sus arúspices vinieron para develarlo al mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este camino ha estado empedrado no de buenas intenciones pero sí de enormes lagunas, desconocimiento de textos, interpretaciones libérrimas, simplificaciones, producción de fábulas, lecturas tartamudas y, en fin, de conclusiones y “descubrimientos” basados no en los textos del padre Mier ni en los contextos históricos sino en lo que otros han dicho acerca de ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El propio sermón, para empezar: su texto como tal no existe. De lo que disponemos, gracias a la titánica y muy meritoria labor de J. E. Hernández y Dávalos, (2) es de unos apuntes y unos borradores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 13 de diciembre de 1794 el arzobispo Alonso Núñez de Haro ordena al provincial de los dominicos, fray Domingo Gandarias, que le sea remitido el texto del sermón predicado por fray Servando. Al día siguiente el enviado para ese propósito, el secretario de Cámara y Gobierno del arzobispo, certifica que el propio padre Mier le informó “que no lo tení­a escrito a la letra según lo predicó, sino sólo los apuntes que habí­a formado” y de los cuales le hizo entrega.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 30 de diciembre regresa un notario a preguntar a fray Servando “si por sí escribió, o dictó, otro sermón, apuntes, o papeles, acerca del sermón”, y asienta que éste le contestó</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">que a estilo de todos los oradores, hizo por sí mismo varios apuntes y borradores sin pies, ni cabeza, que ahora&nbsp;<em>entrega,</em>&nbsp;y que el más formado, y el mismo que llevó al púlpito fue el que entregó días pasados a su reverendísimo provincial; pero, como no lo predicó así al pie de la letra, ha hecho después otro sacándolo de su memoria, fielmente, y al tenor preciso en que lo dijo,&nbsp;<em>el cual entrega ahora</em>&nbsp;al presente notario.</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Los apuntes están formados por 7,999 palabras y los borradores, más deshilvanados y con múltiples repeticiones, por 36,192; es decir, son cuatro y media veces más extensos que los primeros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La otra pieza fundamental para dibujar los contornos iniciales del escenario es el dictamen sobre el sermón, extenso y de fina prosa, encargado por Haro a José Patricio Fernández de Uribe y Casarejo (evidentemente el autor principalísimo) y Manuel de Omaña y Sotomayor, fechado el 21 de febrero de 1795. Si el sermón ha sido negligido, esta pieza permanece prácticamente ignota a juzgar por las muy escasas ocasiones en que se le cita.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que todos estos datos —elementales para cualquier mediano investigador que pretenda discurrir sobre el sermón— no sean tenidos en cuenta y en muchos casos ni siquiera se les conozca, no ha impedido que sobre él se fabriquen deducciones y juicios disparatados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ellos van desde afirmar que fray Servando negó en él las apariciones de la Virgen (3) —cuando todo el sermón está montado precisamente sobre ellas— hasta el “descubrimiento” más exitoso de toda esta panoplia de despropósitos: el de un padre Mier ya para entonces un adelantado revolucionario e independentista porque —dicen— en el sermón habría deliberadamente atacado y vulnerado la primicia española de la evangelización, que a su vez sustentaría la legitimidad de la conquista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todas estas interpretaciones estrambóticas y estas afirmaciones desatinadas, nunca estará de más repetirlo, se asientan sobre una ignorancia elemental y sobre lecturas no hechas, dejan de lado la documentación disponible y toman como datos históricos las elucubraciones producidas previamente por otros. <em>Beati qui non viderunt et crediderunt</em>. (4)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el mismo origen de todo este amplio vuelo de la imaginación —el propio sermón y su contexto histórico concurrente— se ha puesto en marcha una mirada que bien podría servir para una novela “histórica”, pero jamás para la labor historiográfica. Veámoslo brevemente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tengo la fundada sospecha de que estos cultores de la interpretación<em> a lo Orbaneja</em> —por aquel pintor de Úbeda que aparece en el Quijote; le preguntaban qué era lo que pintaba y respondía: “lo que saliere”— ni siquiera saben que ocurrieron, pero hubo tres eventos previos al sermón de la Colegiata, el tercero de ellos cercanísimo: el primero de enero de 1792 fray Servando predica en la iglesia conventual de Santo Domingo para impugnar la <em>Declaración sobre los derechos del hombre y del ciudadano</em>, recientemente proclamada por la Asamblea Nacional francesa. El 19 de mayo de 1793 diserta en la catedral condenando la decapitación de Luis XVI, amparado en la antigua y venerable norma que reputaba como esencialmente cristiana la obediencia a los reyes. Y en vísperas del célebre sermón, el 8 de noviembre de 1794, pronuncia la oración fúnebre de Hernán Cortés en la iglesia del Hospital de Jesús; una oración que fue, en propias palabras de Mier, “un panegírico de los reyes de España, especialmente los reinantes, con ocasión de la fidelidad de don Hernando”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estos tres discursos, si las fantasías de los <em>interpretadores</em> fuesen certezas verificadas, demostrarían algo insólito: que fray Servando pasó de ser conservador —en los términos actuales— y fiel súbdito de la Corona española a ser revolucionario independentista de la noche a la mañana.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Pasma, abruma, asombra y anonada el que académicos de diversas calidades reproduzcan estos juicios sin sustento histórico alguno, y más aún cuando el respaldo documental disponible indica precisamente las conclusiones contrarias.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí donde la mayoría de los exégetas —mayores, medianos y menores— han querido ver a un Mier republicano, antimonárquico y descreído del milagro guadalupano casi desde la cuna, o por lo menos a partir de 1794, sería saludable volver de las nubes de la imaginación como método y de las “representaciones simbólicas” como herramienta buena para todo al firme suelo de la sensatez, y recordar y asumir como gnoseológicamente natural que ningún cuerpo de ideas nace completo y armado, como Minerva de la cabeza de Júpiter, sino que transita siempre a través de un proceso más o menos largo en cuyas sinuosidades se va construyendo, decantando, corrigiendo, precisando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que diputados en tribuna aseveren que el sermón de Mier apuntaba “directo a la yugular del imperio” e imaginen que ya entonces fray Servando era un “ideólogo revolucionario” desprendido del grillete de la dependencia (5) es algo que no deja de solicitarnos una indulgente comprensión. Pero pasma, abruma, asombra y anonada el que académicos de diversas calidades reproduzcan estos juicios sin sustento histórico alguno, y más aún cuando el respaldo documental disponible indica precisamente las conclusiones contrarias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre muchos otros es el caso de Margarita Peña, doctora en Letras, quien al hablar de la oración fúnebre en honor de Cortés, sin hacer más cala y cata izquierdea: “podemos suponer que el radicalismo antimonárquico de fray Servando debe haber hecho de tal oración, más que un elogio fúnebre, una diatriba”. (6)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este “podemos suponer” es maravilloso, pues desnuda por completo en sólo dos palabras el “método” fundamental de estos sedicentes novatores. Y el grado de libertad que se autoconceden es absoluto: por un lado los exime de la necesidad de conocer eventos y textos, y por el otro les permite incluso contradecir y enmendar al propio interpretado, como en este caso a Mier, atribuyéndole alegremente un “radicalismo antimonárquico” que genera “una diatriba”, por más que explícita y textualmente él califique a su discurso como lo que fue: un <em>panegírico</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero en cuestiones de fe, así como en este modo tan desternillante de historiar, nadie sabe lo que nos depara el futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este cuadro aquí apenas esbozado, como podrá apreciar cualquier lector informado y atento, parecería hecho a propósito para ilustrar las peores —y por desgracia muy extendidas— maneras de escribir la historia. Una historia que si así como algunos creen que está habilitada para juzgar también fuera capaz de quejarse, lo haría a voz en cuello.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>El esoterismo y la fantasía como <em>Deux ex machina</em></strong></p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">Esto sí que se llama ser inventor y autor original de un desvarío; y es tanto más fácil serlo, cuanto es difícil y casi imposible que ninguno se haya atrevido a decirlo de palabra ni por escrito, por no ser notado de botarate.<br>—Tomás Antonio de Sancha</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Felipe Ávila, director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, en un artículo de <em>La Jornada</em> del 26 de octubre de 2025 afirma —entonando por enésima ocasión la misma letanía— que el sermón provocó un escándalo en la Iglesia pues “se infería que la evangelización de los frailes en la Nueva España en el siglo XVI, la principal justificación de la conquista, no era la primera, sino la segunda”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Quién lo infería? No lo sabemos, y sospecho que quienes lo repiten ahora en el siglo XXI tampoco. Desde luego no lo “infirieron” las autoridades virreinales ni las eclesiásticas de entonces, y nada de ello puede encontrarse —ni como “inferencias” y mucho menos textualmente— en el dictamen de Uribe, ni en las conclusiones de Larragoiti, promotor fiscal de la causa incoada contra Mier, ni en el edicto con la condena avalada por el arzobispo Haro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si algo es tenido como primero y después se descubre otro algo similar anterior, es de lógica elemental que el primer algo pase a ser el segundo. Pero “inferir” que aquello fue “el verdadero motivo” de la punición de fray Servando no es algo que encuentre asidero alguno en la documentación disponible de la época, ni siquiera en los testimonios del personaje principal. Se trata, simplemente, de un ejemplo más de la aplicación forzada y con carácter retroactivo de juicios e “interpretaciones” a un pasado que ha de ser como se cree que fue. (7)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pertinaces, y como no encuentran argumentos verificables, otros acuden espada en mano a cortar el nudo gordiano. Si los datos y documentos dicen todo menos lo que queremos que digan, acudamos entonces al recurso esotérico del “sentido oculto” y “las verdaderas causas”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rodolfo Javier González, en un texto salpicado de supuestos y falsedades además de deficientemente escrito, (8) transitando caminos ya muy pisoteados repite que la relación entre la evangelización y la deslegitimación de la conquista fue “la verdadera causa por la cual [Mier] fue reprimido, encarcelado, juzgado y perseguido”. Señala ahí mismo que tal argumento “no salió a la luz durante el juicio como el hecho subversivo mediante el cual se había atentado contra la religión y contra el rey”, pero eso no sólo no lo arredra sino que, saltando convenientemente a otro asunto en lugar de incursionar, como debiera, en las derivaciones de lo que él mismo acaba de decir, a continuación reprocha a los historiadores por no haber estudiado “este hecho” a pesar de que “fue el principal argumento que esgrimió fray Servando como la causa de su persecución”, lo cual tampoco es verdad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ya puesto en la edificante labor de lanzar aseveraciones históricas basándose nada más que en la imaginación, nos relata que el arzobispo Núñez de Haro acusó a Mier de “sedicioso y de pérfida maldad contra los soberanos” y que “mandó recoger sus apuntes y los elementos que le habían servido para elaborarlos, para romperlos y quemarlos”.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Hasta ahora, que yo sepa, no se ha perpetrado contra el padre Mier lo que sí se hizo con Cervantes a propósito del <em>Quijote</em> para desvelar su supuesto sentido oculto: leer los textos provistos con las gafas anagramáticas, mezclando y recolocando letras y palabras.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Como digno colofón de un texto tal, el autor no apela como algunos otros (9) al “sentido oculto” del sermón, pero a cambio encuentra “objetivos encubiertos” en la condena emitida por Haro. Sucesos imaginados, sentidos ocultos y objetivos encubiertos en los textos. Menuda manera de novelizar la investigación histórica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta ahora, que yo sepa, no se ha perpetrado contra el padre Mier lo que sí se hizo con Cervantes a propósito del <em>Quijote</em> para desvelar su supuesto sentido oculto: leer los textos provistos con las gafas anagramáticas, mezclando y recolocando letras y palabras. En el fondo es un procedimiento de objetivos similares a lo que hasta aquí hemos esbozado, si bien recurrir al anagrama es algo muy laborioso y lo otro un monumento a lo expedito. Por distintas vías ambos son antojadizos sistemas que, como dice José María González de Mendoza sobre el barajeo de letras, permiten “descubrir cuanto se busque, en no importa qué texto”. (10)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre el uso y abuso de los anagramas como método heurístico, el mismo González de Mendoza informa que el cervantista Francisco Rodríguez Marín contaba este chascarrillo: que “cierto devoto de San Antonio de Padua ponderaba como prodigio el hecho de que, barajando las letras de aquellas cuatro palabras, quitando algunas y poniendo otras, clarito se leía: ‘La Santísima Trinidad’”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con fray Servando, digo, no se ha intentado aún este delito. Pero no podemos cantar victoria.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>De la tradición modificada al descreimiento. Mier y los dislates de sus <em>intérpretes</em></strong></p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">Era como entregarle una obra de Shakespeare a una gallina. Con las hojas se construiría el nido.<br>—Frederik Pohl y C. M. Kornbluth</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Si bien en el sermón fray Servando había sostenido en su cuarta proposición que</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe es pintura de los primeros años del siglo 1º de la Iglesia; pero así como su conservación su pincel es superior a toda humana industria manejado por los ángeles o por Santo Tomás, o más bien por la misma Virgen María estampada naturalmente en el lienzo viviendo todavía en carne mortal,</h5>



<p class="wp-block-paragraph">en sus <em>Memorias</em>, ya descreído del milagro guadalupano y con ese estilo duro y despiadado que es también otro de sus rasgos característicos, argüía:</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">Si yo dijera que la Virgen del Rosario se apareció a fulano, nadie entendería que la imagen del Rosario era aparecida, sino que la Virgen se apareció a fulano en su figura, y el no decir los apuntes y testamentos, sino que se apareció a Juan Diego Nuestra Señora de Guadalupe, es prueba de no haber habido más que el haber dicho el indio que se le apareció la Virgen en figura de imagen de Guadalupe y lo sanó. Esa es la fama a que se refirieron los testigos indios de 1666, sucediéndola lo que siempre sucede a la fama: que adquiere cuerpo y fuerzas con el progreso del tiempo, y se añaden circunstancias, y si los poetas intervienen con sus cantares, a que los indios eran muy dados, o ponen la cosa en solfa de comedia, se erige sin disputa la patraña toda en una tradición popular, que si es piadosa no se puede atacar sin riesgo, especialmente si la ha logrado canonizar algún devoto imbécil con la imprenta y las licencias necesarias para ella. (11)</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Entre estos dos extremos existe una larga ruta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La figura, la personalidad y las ideas del padre Mier se forjaron en el exilio, en el contacto, el acuerdo o la oposición con personajes, actores y autores y en la experiencia cercana con los eventos de la Europa actuante entre 1795 y 1816. Aunque se lo pudiese adivinar <em>in statu nascendi</em>, el fraile dominico que abandonó forzado el país en 1795 no es el mismo Servando Teresa de Mier independentista, republicano y autor de una obra mayor que regresó con Mina en 1817. Fue en la pira del exilio donde el fraile rebelde se transmutó en personaje histórico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">He dicho que sin la mariofanía específicamente guadalupana no habría existido el sermón, y por tanto tampoco el exilio. El padre Mier, tal como lo conocemos, tampoco habría existido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No poseo indicios de que el padre Mier fuese consciente de esta relación causa-efecto que lo tuvo a él como <em>producto</em>. En cualquier caso algo es evidente: si se considera globalmente y con algún detenimiento su obra y su trayectoria, el tema guadalupano no sólo estuvo en el origen, sino que aparece constante y reiteradamente en las preocupaciones y los textos del fray Servando posterior al sermón a lo largo de prácticamente toda su vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El propio fray Servando pretende que su opinión crítica de las apariciones data de su estancia en Burgos en 1797 y que la plasmó en las <em>Cartas</em><em> a Juan Bautista Muñoz</em>. No fue así, si bien muchos se lo creyeron y se lo siguen creyendo. O’Gorman fue el primero en demostrar que la redacción original de las cartas es contemporánea a la de las <em>Memorias</em>. En mi edición de estas últimas me ocupé del tema, particularmente en el capítulo “La <em>infidencia literaria</em> de fray Servando: las cartas apócrifas a Muñoz”, y señalé a algunos de los numerosos que han aceptado la fecha proporcionada por Mier mucho después del razonamiento y las pruebas aportadas en contra por O’Gorman.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 2009 un investigador de la Universidad Católica Argentina continuaba retomando aquella fecha de 1797. Se trata de un ensayo que, por lo demás y desde el título mismo, sigue explotando esa veta insostenible según la cual Mier con su sermón pretendió, “veladamente”, despojar a España de “uno de los títulos de dominio sobre América”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El autor se refiere a “las seis cartas que escribiera en 1797 al cronista español Juan Bautista Muñoz”. Y no sólo eso: afirma que en ellas “fray Servando expone, por vez primera antes de 1822, lo que le aconteció en torno a su Sermón Guadalupano en 1794, la reacción adversa de las autoridades españolas, y las penas con que se le castigó”, como si no existiese la <em>Historia de la Revolución de Nueva España</em>. (12)</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Lo cual prueba algo sabido desde hace siglos: que citar no equivale a haber leído lo citado, o que se lo lee a trozos, o que se cita sólo <em>de oídas,</em> del mismo modo en que Don Quijote decía estar enamorado de Dulcinea.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Pocos años antes, en la bisagra entre el siglo XX y el actual y en una selección de textos de fray Servando, Héctor Perea no sólo recoge como válida la especie de las cartas escritas en 1797, sino que además las llama “una interesante correspondencia” entre ambos, Mier y Muñoz, cuando en realidad —además de la fecha falsa— las cartas del segundo no existen. (13) Lo asombroso, más que curioso, es que Perea cita en varios pasajes a Edmundo O’Gorman (si bien en un determinado momento lo transfigura en “Juan”) justamente en la obra en la que este demuestra que las cartas no pudieron haber sido escritas en aquel año.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo cual prueba algo sabido desde hace siglos: que citar no equivale a haber leído lo citado, o que se lo lee a trozos, o que se cita sólo <em>de oídas,</em> del mismo modo en que Don Quijote decía estar enamorado de Dulcinea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este <em>totum revolutum,</em> en esta abundante y desenvuelta producción de citas, obras y fechas fallidas, importan poco el lugar y los grados académicos de quienes las echan de sí como buñuelos. Además de varios otros ejemplos que expuse en mi edición de las <em>Memorias,</em> para terminar este embarazoso recuento añado solamente dos más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un ejercicio escolar —por su estructura y su redacción—, Uriel Iglesias Colón y Cecilia Colón (14) hablan de ciertas propuestas de fray Servando que, dicen, fueron compartidas por él “con gente tan importante como el cronista de Indias de aquel momento, don Juan Bautista Muñoz”. Además retoman como válidas las extravagancias fonético–semánticas en las que Mier se prodiga en sus <em>Memorias</em> y reproducen otro de los tópicos recurrentes en las visiones más simplistas del dominico: “Cuando Haro lo deportó a Caldas —dicen— advirtió que era una persona ‘propensa a la fuga’, calificativo que no tenía nada de falso y que, al contrario, posteriormente Mier se encargaría de hacer válido”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es decir, un calificativo que nada tiene de falso pero que a la vez y “al contrario” posteriormente se hace válido. Si esto no es un perspicuo ejemplo de una <em>contradictio in adjecto</em> (la existencia de dos afirmaciones contradictorias en un solo enunciado), entonces nada lo es.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fray Servando no podía ser en esos momentos propenso a la fuga por la simple y contundente razón de que jamás había estado preso. Por cierto que Christopher Domínguez dio un paso más, poniendo en la pluma de su biografiado precisamente lo contrario de lo que él escribió; así en la página 129 de su <em>Vida de fray Servando:</em> “Francisco Antonio León, el agente del arzobispo Núñez de Haro, [dio] orden de ponerlo preso, pues es público y notorio, <em>admite Servando</em>, que ‘yo era propenso a la fuga’”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para todos ellos la respuesta del propio Mier yace ahí, en sus <em>Memorias,</em> a la espera de que esta clase de intérpretes se dignen leerla: “Decía, pues, el arzobispo, lo primero, que yo era propenso a la fuga. Y ¿en qué cárceles había estado antes de su persecución, para saber esa propensión?”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por último Mariana Rosetti, otra doctora en Letras, también recoge y acepta las cartas a Muñoz inventadas por fray Servando y habla del “diálogo editorial” entre ambos y del “estilo más intimista e informal que le había proferido a Muñoz en cartas anteriores”. Yerros historiográficos elementales que contrastan violentamente con ese estilo ampuloso y un tanto hueco, propio de esta corriente del simbolismo y los intertextos que se inventa concepciones y propósitos, los envuelve en ropajes abigarrados y los atribuye sin más a sus víctimas:</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">Nos interesa indagar en las continuidades y nuevas propuestas de lectura de Mier sobre la tradición guadalupana, como la vía que posee este letrado para repensarse dentro de una red institucional de poder que deja de ser homogénea y que plantea fisuras que habilitan las alianzas intelectuales trasatlánticas. (15)</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Tales equívocos, requilorios y aseveraciones infundadas continúan apareciendo en artículos, ensayos y libros sobre diversos temas y distintos autores. Y de este modo la historia, víctima de los propios historiadores y de quienes pretenden serlo, es la única damnificada. Aparece como una tierra de nadie en la que igual se afirma una cosa que la contraria, sin importar investigaciones que no se conocen y ni siquiera los propios textos del personaje estudiado, comentado o compilado, que tampoco se han leído, o no se los toma en cuenta o se afirma de ellos lo que ellos no dicen.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Mier, el sermón y las <em>Memorias</em></strong></p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">¿Quién no dirá que las glosas aumentan las dudas y la ignorancia, pues que no se ve ningún libro, humano o divino, en que la interpretación extinga la dificultad?<br>—Montaigne</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Es incuestionable, como indiqué más arriba, que fray Servando habló y arguyó, siempre que tuvo ocasión, sobre el sermón y sus consecuencias desde los primeros años del exilio hasta los últimos de su vida, ya de regreso en México. Así en el recurso que presentó ante el Consejo de Indias para la revisión de su sentencia, que tuvo lugar en las sesiones de la Real Academia de la Historia entre octubre de 1799 y marzo de 1800. En 1813 vuelve sobre ello en un lugar insospechado, una obra en la que no trataba de cuestiones teológicas ni de sus propias vicisitudes sino del proceso independentista en la Nueva España. (16)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de su largo, azaroso y formativo periplo europeo, Mier regresa a México con la expedición de Mina en 1817. Durante 1818-1819, en las cárceles de la Inquisición, dedica al tema guadalupano la extensa <em>Apología</em> que vendría a ser conocida como el primer tomo de sus <em>Memorias</em>. En 1821 regresa sobre el mismo asunto, particularmente sobre la vertiente de la predicación apostólica, en el <em>Manifiesto apologético</em> y contemporáneamente a éste, en unos cuantos trazos, también en su “Carta de despedida a los mexicanos”. Finalmente vuelve a hablar del sermón, de la Virgen de Guadalupe y de la predicación apostólica. Lo hace, con brevedad, al hablar como diputado en el Primer Congreso Constituyente el 15 de julio de 1822.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre esta última ocasión es conveniente decir alguna cosa, aunque sólo sea para completar el cuadro y de paso atajar la idea de fray Servando como un personaje de una sola pieza. Esta figura no existe en la historia, aunque abunde en las novelas, en las películas, en la imaginación y en la nesciencia de los sempiternos entusiastas cuyos empeños no son historiográficos sino apologéticos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1822, ya como diputado, Mier da medio paso atrás aunque en un asunto que no es de menor entidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A poco que se piense en ello, en su sermón el discurso de fray Servando sobre las apariciones no es tanto un alegato en torno a la Virgen de Guadalupe cuanto una disquisición acerca de la predicación apostólica. En las <em>Memorias,</em> ya descreído y alejado de los términos de 1794, desmonta el mito guadalupano, hace escarnio de él y lo critica no sólo histórica sino también políticamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por razones de este segundo orden, precisamente, el Mier ya diputado por Nuevo León en 1822 recula. Una vez consolidada la leyenda guadalupana y convertida en símbolo nacional, con el texto de las <em>Memorias</em> entonces aún desconocido pues no sería publicado parcialmente sino hasta 1865 por Manuel Payno, el diputado Mier no se atreve a repetir en el Congreso sus devastadoras críticas del milagro expuestas en aquellas. Tampoco, hay que decirlo, a hacer una abjuración completa ni detallada. De ese modo es que pasa, casi al trote y en unas cuantas líneas, sobre el tema:</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">Los mexicanos en el año de 1794 me llenaron de imprecaciones creyendo que en un sermón había negado la tradición de Nuestra Señora de Guadalupe. Los engañaron: tal no me había pasado por la imaginación: expresamente protesto que predicaba para defenderla y realzarla. (17)</h5>



<p class="wp-block-paragraph">En realidad, fray Servando no miente: en el sermón no negó la tradición de Guadalupe. Pero en las <em>Memorias</em> sí, y es eso lo que se guarda <em>in pectore</em>. Ni en las <em>Memorias</em> ni en ese discurso de 1822, sin embargo, el padre Mier se desdice de la predicación apostólica.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Un texto —en gran medida escrito <em>calamo currente,</em> téngase en cuenta— en el que fray Servando pareciera rechazar en algún pasaje que haya negado la tradición y en otro dinamitarla.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">La extensa y prolija empresa del padre Mier contra los argumentos de sus acusadores a raíz del sermón de 1794, al entreverarse en las <em>Memorias</em> con su postura ahora ya definitivamente contraria a las apariciones de 1531, arroja un discurso en ocasiones confuso y en otras incluso aparentemente contradictorio. Un texto —en gran medida escrito <em>calamo currente,</em> téngase en cuenta— en el que fray Servando pareciera rechazar en algún pasaje que haya negado la tradición y en otro dinamitarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No estoy seguro de que este tema específico haya sido tratado alguna vez; ante mis fuertes dudas no estará de más dejar aquí una condensada constancia de ello.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En aquel extenso alegato tanto sobre el sermón como acerca de sus repercusiones, fray Servando afirma en un pasaje que el arzobispo Haro “nos prohíbe que hablemos del antiguo cristianismo de nuestra patria y la predicación en ella de Santo Tomé. Y no me mienta a mí, <em>aunque esta fue la base de todo mi sermón,</em> para que el pueblo no se apercibiese que yo lo prediqué…”. (18)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto, dicho sea de paso, es otro categórico y casi estrepitoso mentís del propio Mier a quienes lo ensalzan como “vulnerador de la conquista” por haber postulado una predicación previa de muchos siglos, pues aquí fray Servando se queja de que el arzobispo Haro no lo mencionó para que el pueblo no se enterase de que lo había sustentado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Claro que esa queja carece de sustento, pero el estridente contraste persiste: por un lado sus augures sostienen que las perspicaces autoridades coloniales supieron ver que la predicación apostólica, soltada como bomba por fray Servando en el sermón, deslegitimaba a la Conquista y al poder regio y que por eso fue castigado; por el otro, Mier se queja de que Haro no le haya otorgado el crédito. ¿A quién creerle? ¿Al Mier de carne y hueso o al Mier corregido y aumentado?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero volvamos al punto. No muchas páginas atrás, sin embargo, fray Servando había dicho que</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">No deja de causar admiración que habiendo hecho el arzobispo meter tanto ruido en los púlpitos con la capa de Santo Tomás, <em>y recalcando en eso ahora como si fuese el punto principal del sermón,</em> Uribe no se dé por entendido en su censura. Vio, sin duda, que <em>era una chirinola impertinentísima a la substancia del sermón, y puramente conjetural</em>. Pero el arzobispo la pendoleaba porque era el punto más flaco; me hacía ridículo suprimiendo los términos de debilísima conjetura [&#8230;]. (19)</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque ha de aceptarse que, en rigor, la predicación de Santo Tomás en el siglo I y la estampación de la imagen de la Virgen en su capa y no en la tilma de Juan Diego son asuntos no necesariamente inseparables, ambos extremos son una y la misma cosa en el sermón del padre Mier, y de la lectura de éste se desprende la imposibilidad de que una cosa sea “fundamental” y la otra solo “una chirinola impertinentísima”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tan no son asertos distintos y menos aún conjeturales, que en el sermón Mier lo adelanta como su primera proposición: “La imagen de nuestra Señora de Guadalupe no está pintada en la tilma de Juan Diego, sino en la capa de Santo Tomás, apóstol de este reino”. Aquí, en la capa —como en la segunda y tercera proposiciones en la adoración antiquísima de la Virgen y el ocultamiento de la imagen por Santo Tomás, respectivamente—, la predicación apostólica evidentemente se da por sentada. Y obviamente toda dificultad y el problema mismo desaparecen cuando se llega a la negación de las apariciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En cuanto a las aparentes contradicciones internas de su discurso, al defender los términos de su sermón ya en las primeras páginas de la <em>Apología</em> fray Servando es tan explícito que elimina cualquier posibilidad de duda en cuanto a su respeto y creencia en la tradición:</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">Consta de los autos y juro <em>in verbo sacerdotis</em> que desde el principio del sermón hice esta protesta: “Advierto que no niego las apariciones de María Santísima a Juan Diego y Juan Bernardino; antes, negarlas me parece reprensible. Tampoco niego la pintura milagrosa de nuestra imagen, antes he de probarla de una manera plausible”. Advertí luego que nada negaba de cuanto creía ser la tradición genuina y legítima. (20)</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, y con toda la razón, Mier solamente niega aquí (en 1818-1819) que hubiese rechazado las apariciones en su sermón de 1794, lo mismo que sostendría pocos años después en su discurso en el Congreso de 1822. En las <em>Memorias</em> sí que demuele esa tradición, pero esto se lo calla en ese discurso:</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">[&#8230;] yo haré ver que efectivamente no existió [la tradición de Guadalupe] en 117 años, hasta que en 1648 comenzó a nacer de los autores impresos; que estos no tuvieron otro fundamento que un manuscrito mexicano del indio Don Antonio Valeriano, natural de Azcapotzalco, escrito unos 80 años después de la época asignada a la aparición, y lleno de anacronismos, falsedades, contradicciones, errores mitológicos e idolátricos; en una palabra, que es una comedia, novela o auto sacramental [&#8230;].</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Esta idea, expuesta en la supuesta Carta II a Juan Bautista Muñoz, es repetida por Mier casi en idénticos términos en las cartas III, IV y V. Todas ellas, las seis —un largo alegato contra los fundamentos de la tradición—, fueron vertidas de nuevo en la <em>Apología</em>, en particular la sexta, que fue trasladada casi tal cual por fray Servando a esta parte de las <em>Memorias</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no sólo ello. En cuanto al carácter divino o humano de la imagen, así como también de la Virgen de los Remedios, Mier apunta que</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">En orden al origen de ambas imágenes, creo que ambas salieron del taller de pintura que puso para los indios a espaldas de San Francisco Fr. Pedro de Gante, pues allí se hicieron —dice Torquemada— cuantas imágenes había hasta su tiempo en los retablos de Nueva España, y así como la de Guadalupe tiene los defectos anexos al pincel de los indios, la de los Remedios es tan parecida a las de mala talla que ellos tienen en su santocallis, que se conoce ser de la misma mano. (21)</h5>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>La carga de los franciscanos, precursores de Mier</strong></p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">Y que hagora dezirles que una ymagen pintada por un yndio hazia milagros, que seria gran confusión y deshacer lo bueno que estaba plantado.</h5>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">De las <em>Informaciones</em> de 1556</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fray Servando no posee la primicia ni en el asunto de la predicación apostólica ni en el de la atribución a las apariciones del carácter de mera leyenda. En ambos casos fue precedido en lapsos que se miden por siglos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La primera atribución de la imagen de Guadalupe a un pincel movido por mano humana y no a un milagro —ocurrida cuando la pintura del culto a las apariciones estaba aún fresca— sucede nada más y nada menos que 263 años antes que las <em>Memorias</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 8 de septiembre de 1556, apenas veinticinco años después de la fecha asignada a las apariciones, el entonces Comisario General de los franciscanos, fray Francisco de Bustamante, predicó un sermón en la capilla de San José de los Naturales en el Convento de San Francisco. Entre las personalidades que acudieron a escucharlo se encontraba el virrey Luis de Velasco, además de presidentes y oidores de la Real Audiencia.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Lo que dijo en esa ocasión fray Francisco acerca del naciente culto de Guadalupe suscitó al día siguiente unas indagaciones, en las que nueve testigos fueron sometidos a un interrogatorio compuesto de catorce preguntas.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">La ocasión era la fiesta de la Natividad de María, en la cual se celebraba también a la Virgen de Guadalupe y las demás advocaciones marianas que no contaban entonces con fiesta propia. Lo que dijo en esa ocasión fray Francisco acerca del naciente culto de Guadalupe suscitó al día siguiente unas indagaciones, en las que nueve testigos fueron sometidos a un interrogatorio compuesto de catorce preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El promotor de este proceso fue el segundo arzobispo de la Nueva España, Alonso de Montúfar, uno de los principales impulsores y animadores de aquella devoción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De los testimonios de los declarantes se desprenden los demoledores juicios siguientes de Bustamante:</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">Lo primero dijo que una de las cosas más perniciosas para la buena cristiandad de los naturales que se podían sustentar era la devoción de n(uest)ra Sra. de Guadalupe, porque desde su conversión se les avia predicado que no creyesen en imágenes; sino solamente en Dios y en n(uestr)a Sra. y que solamente serbian para provocarlos a deboción. <em>Y que hagora dezirles que una ymagen pintada por un yndio hazia milagros, que seria gran confusión y deshacer lo bueno que estaba plantado</em> (&#8230;).<br><br>También dixo que publicarse milagros como se avian publicado, eran gran confusión, <em>porque si va un yndio coxo con esperanza que avia de volver sano, y después volver más coxo que avia ydo, sera darles ocasión a que no creyesen en dios ni en Sta Maria y que la C(hirst)iandad dellos fuese cada dia a menos</em> (…) Que si esta deboción yva adelante prometía de jamas predicar a yndios, porque seria tornar a deshacer lo hecho.<br><br><em>Dixo que sup(lic)a al sr. Vissorrey e oydores mandasen remediar tan gran mal, y que sobre ello hiciesen información y castigasen a los ynventores, dándoles cada dos(ciento)s azotes a su quenta</em> y que no ostante que V(uestra) S(eñori)a es prelado de la ig(les)ia, el rrey es patrón della y puede en lo uno y en lo otro hacer lo que le pareciere, y que al Sr. virrey y oidores competía el remediar esto, en lo qual cargó bien la mano.<br><br>También dijo que <em>mejor se serviría Nu(est)ra Sra con que el tomín y candela que allí le ofrecen, se diesen a pobres necesitados, y no ofrecerle donde sabe dios en que se gasta</em>.</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Alonso Sánchez de Cisneros, otro de los testigos, informaba</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">que le oyó decir al dicho provincial que él y todos los demas religiosos habian procurado con muy grande instancia de evitar que los naturales de esta tierra tuviesen su devoción y oración en pintura y en piedras, por quitarles la ocasión de sus ritos y ceremonias antiguas de adorar en sus idolos; <em>y con esta devoción nueva de Nuestra Señora de Guadalupe, parecia que era ocasión de tornar a caer en lo que antes habian tenido</em>; <em>porque era una pintura que habia hecho Marcos, indio pintor, y que para aquella devoción aprobarla y tenerla por buena, era menester haber verificado los milagros y comprobádolos con copia de testigos</em> (&#8230;).</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no fue sólo Francisco de Bustamante el que, entonces, atacó la devoción y los nacientes ritos. En el mismo proceso se menciona a fray Alonso de Santiago, franciscano también, presente en el sermón que dos días antes, el domingo 6 de septiembre, había predicado el arzobispo Montúfar. Gonzalo de Alarcón, preguntado sobre lo que había oído decir a fray Alonso “de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe que está en una ermita media legua de esta dicha ciudad”, relata con pormenores que, estando presentes él y otros asistentes al sermón arzobispal, entre ellos un tal bachiller Carriazo,</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">&#8230; discutieron sobre si era bien que el dicho Señor Arzobispo prosiguiese la devoción de la dicha imagen. Que el dicho Fray Alonso dijo ciertas razones, por do le parecia que no se debia hacer, porque era alterar a los naturales de la tierra y aún a españoles; porque viendo los dichos indios que se hacia tanto caudal de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, que seria escandalizarlos; <em>porque creerian que era aquella la verdadera Nuestra Señora y que la adorarian</em>; <em>porque antiguamente ellos solian adorar idolos</em> y que era gente flaca. Y asi mismo el dicho fray Alonso le dixo al dicho bachiller: Aguarde V.M. un poco y traeré un libro y vera un capitulo que habla en el mismo caso. Y fue y lo trujo y lo mostró al dicho bachiller y él tomó el dicho libro y leyó la mitad del dicho capitulo y era el terdécimo Deuteronomio. Y tratando sobre otras cosas, asimismo se dijo alli que ya que el Ilmo. Señor Arzobispo quisiese que, por devoción se fuese a aquella ermita, habia de mandar que no se nombrase de Nuestra Señora de Guadalupe, sino de Tepeaca o Tepeaquilla; porque, si en España, Nuestra Señora de Guadalupe tenia aquel nombre, era porque el mesmo pueblo se decia asi de Guadalupe.<br>Preguntado a qué fin trujo el dicho libro, el dicho fray Alonso de Santiago, dijo que a respecto de lo que alli se trató y que fue que el dicho bachiller dijo: Mira que dice aqui solamente habemos de adorar y servir a Nuestro Señor.<br>Preguntado si es verdad que tratándose alli si se habia de hacer procesión a la dicha ermita, el dicho Fray Alonso de Santiago dixo: El dia que se hiciese, se habia de ir el Virrey con los conquistadores a hacer alarde a Chapultepeque.</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Hubo aun un tercer “indiciado”, otro franciscano a quien el testigo Juan de Masseguer, barcelonés, sólo identifica como fray Luis. Según su testimonio, un domingo posterior al sermón de Bustamante se encontró con el minorita, quien</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">preguntó a este testigo que dónde iba; y este testigo le dixo que iba a Nuestra Señora de Guadalupe, porque tenia una hija mala de tose. Y el dicho fraile dixo a este testigo: <em>Déjese de esa borrachera, porque esa es una devoción que nosotros todos estamos mal con ella</em>. Y este testigo dijo: Padre, ¿quereisme vos quitar a mi, mi devoción? Y dijo: No; pero de verdad os digo que antes me parece que ofendéis a Dios que no ganáis mérito; porque dais mal ejemplo a estos naturales; <em>y si Su Señoria del Arzobispo dice lo que dice, es porque se le sigue su interesse</em> y pasa de sesenta y desvaria ya. Y que esta es la verdad. Y juró por Dios verdadero y por la señal de la cruz en que puso sus manos que es la verdad lo que dicho tiene, y más se acuerda que el dicho fray Luis dijo: <em>Calle que nosotros haremos con que el Arzobispo vaya otra vez por la mar</em>. (22)</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Es de toda evidencia que la gravedad de semejantes juicios nada tiene que ver con el carácter enaltecedor del sermón de 1794 y que rebasa por mucho la de los manifestados por el padre Mier en sus <em>Memorias</em>. Los franciscanos no hablan de Santo Tomás: niegan directamente la validez de un culto “inventado ayer”, cuestionan sin tapujos la identificación de un ídolo con “la verdadera Madre de Dios” e identifican a un autor humano de la imagen supuestamente milagrosa; conclusiones todas a las que a fray Servando le llevaría años arribar después del sermón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El arzobispo Haro se convirtió en la bestia negra de Mier a raíz del proceso que, por iniciativa de aquél, le fue incoado. Bustamante y sus compañeros atacaron al arzobispo Montúfar antes del proceso, acusándolo sin pelos en la lengua de poseer “intereses” en la promoción del culto, y cuestionaron incluso el destino de las limosnas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La advertencia contra el culto a las imágenes hecha por Bustamante y sus compañeros franciscanos, por lo demás, fue un tema decisivo durante una larga época en las discusiones teológicas del cristianismo. En los años posteriores al <em>affaire</em> Bustamante y hasta los primeros del siglo siguiente, por ejemplo, Jerónimo Bautista Lanuza (1533-1624), dominico como fray Servando, estudiante de Humanidades, Filosofía y Teología en las universidades de Zaragoza, Valencia y Salamanca, provincial de la orden de Predicadores y obispo de Barbastro para mayores señas, en más de una ocasión expresó sus opiniones adversas a la pintura, a la que consideraba sinónimo de engaño: “es el mundo un cuadro pintado, lleno de imágenes, que lo que más se procura es engañar la vista”. (23)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras que algunos opositores a esta corriente crítica apelaban, en defensa del “uso pedagógico” o “ilustrativo” de las imágenes, a una pretendida identidad analógica o metafórica que las convertiría en representaciones simbólicas —aunque usted no lo crea, existían ya en aquellos remotísimos tiempos elucubradores de esta estirpe ahora tan en boga— que, a su vez, por la vía de la intuición, llegarían más fácilmente a las personas incultas, mucho antes que estos franciscanos antiguadalupanos Alonso de Madrigal (1400-1455), escritor y eclesiástico de la orden de los Cartujos, consejero de Juan II de Castilla y obispo de Ávila conocido como “el Tostado”, tampoco se andaba por las ramas:</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">De aquesto tal se siguen grandes pecados y errores y escándalos, y el pueblo menudo se torna hereje idolatra, ca puesto que algunas imágenes por revelación de Dios fuesen falladas en peñas ó fosaduras de tierra ó en corazones de arboles, en lo cual hay muchas mentiras y muy pocas verdades; mas fue y es lo mas dello introducido por sacar el dinero de las bolsas ajenas. Empero dado que fuese así en verdad, aquella imagen no es de mas virtud que las otras, ca por manos de hombres es fecha, y no de angeles, ni menos cayó del cielo, porque allá no hay piedras ni maderas&#8230; (24)</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Digresiones aparte, lo cierto es que la investigación y el interrogatorio de testigos sobre el sermón de fray Francisco de Bustamante y el proceso seguido a fray Servando por el suyo poseen tan sólo la similitud de haber sido llevados a cabo. No hubo en 1556 condena de diez años de exilio ni enclaustramiento, tampoco privación de títulos ni prohibición de enseñanza, prédica y confesión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque los disparos hechos desde el púlpito por Bustamante provocaron, como no podía ser menos, cierto revuelo, y aunque al parecer fue necesaria la intervención del virrey, el proceso quedó sobreseído después de escasas dos semanas con un atestado autógrafo del propio Montúfar que reza: “Suspéndase y la parte es muerto”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si bien el arzobispo Montúfar no fue castigado con doscientos azotes como pedía Bustamante para todos “los inventores”, sí hubo de tragarse esa derrota. Fray Francisco al parecer fue depuesto como provincial y enviado a Cuernavaca. No he podido confirmar este extremo, pero en todo caso cuatro años después, en 1560, fue reelegido superior de los franciscanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El culto guadalupano, como no se le escapa a Mier en las <em>Memorias</em>, efectivamente aún no cobraba fuerza, ni la adquiriría hasta después de transcurridos casi cien años, con el repunte y prácticamente el inicio de la devoción desencadenados por la obra del padre Miguel Sánchez publicada en 1648. (25)</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>La predicación apostólica: ni primicia de Mier ni sinónimo de “deslegitimación de la conquista”.</strong></p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">—¿Cuánto tiempo se necesita para vulgarizar una idea falsa?<br>—Una hora, o dos, o tres; y eso si se anda muy despacio.<br>—¿Y para vulgarizar una idea verdadera?<br>—Un siglo, o dos, o tres; y eso si se anda muy de prisa.<br>—Bernard le Bovier de Fontenelle</h5>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">I. El dictamen contra fray Servando</p>



<p class="wp-block-paragraph">A los descubridores de intenciones <em>deslegitimadoras</em> en el padre Mier ni siquiera les era necesario, para morigerar sus ínfulas innovadoras, averiguar por su cuenta la existencia de multitud de autores que siglos antes que el dominico habían postulado la predicación del apóstol Tomás en estas tierras. El propio Mier —y este solo ejemplo debería bastar para demostrar que no lo leyeron más que a saltos y por fragmentos— señala en sus <em>Memorias</em> a un buen número de aquellos. Y lo hace desde las primeras páginas, sin necesidad de rebuscar en todo el extenso texto:</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">Esta predicación ha sido defendida por muchos y muy graves autores españoles, extranjeros y americanos, aun en obras a propósito, no sólo manuscritas sino impresas en España, como Diego Durán, Gregorio García, <strong>&nbsp;</strong>Alonso Ramos, Antonio Calancha, Nobrega, Mendieta, Remesal, Torquemada, Betancourt, Rivadeneira, Abraham, Justo Lipsio, el autor español de las excelencias de la Cruz; Sigüenza en su <em>Fénix del Occidente, el apóstol Santo Tomé</em>; el jesuíta autor de la <em>Historia del verdadero Quetzalcóhuatl, el apóstol Santo Tomé</em>; Becerra Tanco, Boturini, Veitia&nbsp; y otros muchos. Sin que hayan faltado santos y sabios arzobispos y obispos de América, verbigracia, Dávila Padilla, Casas y Zárate, ni cardenales de la santa romana Iglesia, como Gotti.</h5>



<p class="wp-block-paragraph">El propio fray Servando, entonces, ensarta toda esta tiramira de autores (y hay muchos más que Mier no menciona) que <em>predicaron la predicación</em> apostólica mucho antes que él. Pero esta brizna de paja no impide que sus fantasiosos intérpretes, que no lo leyeron, o lo leyeron saltando páginas o se apoyaron en fuentes secundarias y terciarias, le atribuyan la prioridad autoral.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La verdad es que la leyenda de la vocación antihispana de fray Servando, pretendidamente madura ya en 1794 y visible en un supuesto ataque contra los títulos de la metrópoli encubierto con ropajes teológicos —maquiavelismos servandianos que habrían sido avizorados por las sagaces autoridades de la Nueva España, el primero de todos el arzobispo Haro— no sobrevive a una superficial contrastación con las evidencias históricas disponibles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El edicto con el cual Núñez de Haro fulmina a Mier no ofrece asideros para esta versión que pretende que el pecado de fray Servando, por el que habría sido perseguido y condenado al exilio, fue su mención de la predicación apostólica y el haber implicado con ello el socavamiento de los títulos religiosos de la dominación española. Dado en la Ciudad de México el 25 de marzo de 1795, en el edicto se dice que fray Servando</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">[&#8230;] oponiéndose á la recibida y autorizada tradicion de dicha Santa Imagen, publicó una nueva y fingida Historia en que asentó haberse estampado en la Capa de Santo Tomás Apóstol, viviendo aun en carne mortal la Santísima Virgen, con otras muchas proposiciones impías, errores y fábulas, indignas de aquel santo lugar, hasta haber afirmado que este Santo Apóstol dexó ocultas las Imágenes del Santo Christo de Chalma, de nuestra Señora de los Remedios, y otras que se veneran en el Reyno, con lo que quedó escandalizado todo el Público.</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Haro insiste a lo largo de las quince páginas del edicto en motejar las palabras e hipótesis de Mier como “impías, falsas y temerarias”, “errores, blasfemias, milagros supuestos, delirios y ridículas fábulas”. Su conclusión está en negro sobre blanco:</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">Declaramos por falsa, apócrifa, impía é improbable la Historia de la Imágen de Nuestra Señora de Guadalupe que predicó el citado P. Mier, y que por tanto contiene su Sermon una doctrina escandalosa, agena del lugar sagrado en que se publicó, injuriosa á gravísimos Autores Españoles y Extrangeros, fomenta la inflacion y arrogancia del propio juicio contra los preceptos Apostólicos, pertuba la devocion, religion y piedad, combatiendo una tradicion constante, uniforme y universal, por lo menos en esta América, y calificada como piadosa por la Silla Apostólica. [&#8230;] y para evitar que estas fábulas y supuestos milagros, que carecen de toda calificacion y aun de verisimilitud, se propaguen con perjuicio de la piedad christiana, retuvimos la indicada Obra para que se guarde en el Secreto de nuestro Archivo con la correspondiente nota, y prohibimos á los Predicadores que en sus Sermones prediquen dichas especies, y con particularidad las que tocan á dicha Santa Imágen [&#8230;].</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Núñez de Haro, precisamente en el edicto que condena a Mier, no rebate abiertamente la predicación apostólica. Habla, rechazándola, de “una nueva y fingida Historia en <em>que asentó haberse estampado</em> [obviamente la imagen]<em> en la Capa de Santo Tomás Apóstol”,</em> y declara “por falsa, apócrifa, impía é improbable <em>la Historia de la Imágen</em> de Nuestra Señora de Guadalupe que predicó el citado P. Mier”, precisamente por oponerse “a la recibida y autorizada tradición <em>de dicha Santa Imagen”.</em> (26)</p>



<p class="wp-block-paragraph">El matiz implícito en la diferencia entre poner el acento bien en la predicación, bien en la estampación de la imagen, es decisivo. Es muy claro que ese matiz no ha sido percibido, y muy claro también en donde colocaron el énfasis las autoridades que enjuiciaron a Mier, precisamente el alternativo al que han preferido tomar los devotos de la “deslegitimación”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El propio dictamen oficial contra Mier, elaborado por Uribe y firmado también por Omaña, tampoco ofrece siquiera un raído lienzo con el que cubrir la desnudez documental del tema de la deslegitimación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con mirada mucho más aguda que quienes antes y ahora han visto en fray Servando intenciones que nunca tuvo, Uribe descubre en Borunda (que fue quien le sopló al oído a fray Servando el asunto de la predicación del apóstol) una originalidad en cuanto a la “impresión y estampación Guadalupana, pero en todo lo demás que sirve de fundamento a esta exótica idea, es decir en la venida de Santo Tomás y su identidad con Quetzalcohuatl ha tenido autores que seguir”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vale la pena reproducir un relativamente extenso párrafo con el que el mismísimo censor principal de fray Servando deja en el aire a los <em>fans</em> de la deslegitimación:</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe"><em>No se nos oculta que aún cuando fuese cierta la venida de Santo Thomas a evangelizar a esta América, nada se concluía a favor de la aparición Guadalupana en su capa</em>. Conocemos también que <em>el arribo y predicación del apóstol a estos países es un problema histórico en el que no han faltado autores eruditos que sostengan la opinión que la afirma</em>. A vista de esto nos creeríamos excusados de tratar este asunto, si una triste experiencia no nos enseñara las perniciosas consecuencias que personas aún eruditas han deducido de aquella venida, y cómo de siglo en siglo se ha ido desfigurando, pasando de grado en grado de una opinión probable, a un delirio improbable y aun pernicioso. Esto nos obliga a tratar con alguna extensión este punto, haciendo ver que <em>el desnudo hecho de la venida de Santo Tomás a estos países, aunque no aparezca del todo falso, es poco probable</em>; que su identidad con Quetzalcohuatl es una anécdota evidentemente falsa, dimanada de un torpísimo anacronismo; y últimamente, que <em>aún cuando Santo Tomás hubiese venido a este reino y fuese el verdadero Quetzalcohuatl es un grande delirio creer que se estampó María Santísima de Guadalupe en su capa</em>. (27)</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Uribe ciertamente se muestra reacio a aceptar la venida de Santo Tomás, pero nunca la niega: “aun cuando fuese cierta”, “no aparece del todo falsa pero es poco probable”, “aun cuando hubiese venido”, “<em>Santo Tomás apóstol vino y predicó en estos reinos</em>. Esto es muy problemático, aunque no carece de probabilidad”. En una nota, la número 8 de su dictamen, la llama “incierta venida” y propone, para explicar las cruces y “semejanzas del rito cristiano” que según muchos autores antiguos habían sido encontradas en América, hipótesis alternativas tanto o más improbables que la predicación apostólica como “las transmigraciones de hunnos, de seitas, de turcos, de chinos y de otras muchas naciones que después de la venida de Jesucristo y con algunos conocimientos de su religión vinieron a esta América”.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">II. La predicación en dos pilares de la tradición guadalupana</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el propio país y mucho antes que fray Servando, existen también los textos de al menos dos autores consagrados como cimientos de la tradición guadalupana que sostuvieron lo que en realidad, y contra los ignaros devaneos de los <em>interpretadores</em> actuales, era ya un tópico establecido; esto es: la multimencionada predicación apostólica en el Nuevo Mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luis Becerra Tanco (1603-1672), sacralizado por la parafernalia guadalupana y por los mismos persecutores de fray Servando como uno de los llamados evangelistas guadalupanos, precisamente en el libro que le ganó estos blasones también habló de la estancia del apóstol Santo Tomás ya no sólo en el sur del continente sino en la Nueva España, e invocó a algunos de los mismos autores que cita Mier. En una “advertencia acerca del día en que debe celebrarse la aparición de la Virgen Santísima” dice:</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">De que se infiere, que como la Natividad de la Virgen Santissima para ser Madre de Dios, precedió necessariamente á la Natividad del Señor en tiempo: assi la nueva y nunca vista Apparicion de su Madre, en este Reyno, se anticipasse tambien á la Natividad del Hijo [&#8230;]. Avia començado á desterrar las tinieblas de la Idolatria, en que aquel demonio tenia cautivos estos miserables Indios. A que se llega ser el dia veinte y dos de Diziembre, subsequente á la festividad del Apostol Santo Thomas, <em>que sin duda fue el que predicó el santo Evangelio á las Naciones de este Reyno</em>, mucho antes de la fundacion de esta Ciudad, en la de <em>Tula</em>, ó como dizen los Naturales <em>Tollan</em>; de que ví pintura, y tradicion, que no puede aplicarse á otro del Apostolado, por averse conservado su apellido: <em>Didimus</em>. Esto es mellizo.<br>Y de que ayan quedado en las Indias Occidentales rastros deste Santo Apostol, y de su nombre, vease al señor D. Juan de Solorzano, en su Politica Indiana, lib. I, cap. 7 donde cita á Fr. Gregorio Garcia Religioso Dominico, en su libro Indiarum origine, y en otro tratado especial de la predicacion del santo Evangelio en el nuevo Orbe; y assi mismo á Fr. Alonso Ramos, en la historia de la Virgen de Copacavana, y otros Autores [&#8230;]. (28)</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700) también nutre las filas de los innúmeros que afirmaron la predicación de Santo Tomás apóstol en el Nuevo Mundo. Aunque su <em>Fénix de Occidente</em> nunca fue publicado, Eguiara y Eguren en su <em>Bibliotheca Mexicana </em>(1755) da una muy resumida cuenta de esta tesis de la temprana predicación apostólica en el siglo I. No hubiese sido necesario pues el propio Sigüenza habló de su libro en al menos dos ocasiones. En el último párrafo del prólogo al lector del <em>Paraíso Occidental</em> dice:</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">Si huviera quien costeara en la Nueva España las impressiones (como lo ha hecho aora el Convento Real de Jesus Maria) no ay duda sino que sacara Yo á luz diferentes obras, á cuya composicion me ha estimulado el sumo amor que á mi Patria tengo [&#8230;]. Cosas son estas, y otras sus semejantes que requieren mucho volumen, y assi probalmente morirán conmigo (pues jamas tendré con que poder imprimirlo por mi gran pobreza). Quiera Dios Nuestro Señor no sea assi <em>lo que tengo averiguado de la predicacion de Santo Tomas Apostol en esta tierra, y de su Christiandad primitiva</em> [&#8230;]. (29)</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Y en la <em>Libra astronómica,</em> también en un prólogo del propio Sigüenza, aunque éste lo escribe tanto en primera como en tercera persona, don Carlos habla del manuscrito con más detalle:</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">Si en mi concepto (lo mismo diran sin duda quantos lo leyeren) es sobradamente bueno este Libro, jusgo son mejores otros, que tiene ya perficionados el Autor de este. De todos ellos puedo dar razon como quien los ha leido con notable gusto [&#8230;]. <em>Feniz del Occidente S. Thomas Apostol hallado con el nombre de Quetzalcoatl entre las cenizas de antiguas tradiciones conservadas en piedras</em>, en Teoamoxtles Tultecos, y en cantares Teochichimecos y Mexicanos. <em>Demuestra en el haver predicado los Apostoles en todo el mundo, y por el consiguiente en la America</em>, que no fue absolutamente incognita á los antiguos: <em>demuestra tambien haver sido Quetzalcoatl el glorioso Apostol S. Thome</em>, probandolo con la significación de uno y otro nombre, con su vestidura, con su doctrina, con sus profecias que expresa: <em>dice los milagros que hizo, describe los lugares, y da las señas donde dexó el Santo Apostol vestigios suyos, quando ilustró estas partes donde tuvo por lo menos quatro dicipulos</em>. (30)</h5>



<p class="wp-block-paragraph">No es poca cosa. Tampoco se podría ser más explícito, enfático y taxativo en tan escasas líneas. Y además dicho por uno de los principales integrantes del <em>Panthĕon</em> guadalupano y figura descollante en el mundo intelectual del siglo XVII novohispano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un aval más para mi tesis de que el pecado de Mier (a los ojos de las autoridades que lo punieron) no fue hablar de la predicación del apóstol Tomás sino adelantar la idea de que la imagen de la virgen se estampó en su capa y no en la tilma de Juan Diego. Y un escollo adicional para aquellos que, creyendo que fue lo primero, bordan sobre ese monumental fallo sus solemnes elucubraciones acerca del fray Servando <em>deslegitimador</em> y de esa manera amoldan el pasado a las necesidades y pretensiones de <em>su</em> presente.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">En el <em>Escudo de Armas</em> publicado cuarenta y ocho años antes de que Mier pronunciara su sermón se admite explícitamente la posibilidad de la predicación apostólica, y ello no discurseado en un sermón sino afirmado y firmado por los integrantes del Ayuntamiento de la Ciudad de México en una dedicatoria al mismísimo rey.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Tenemos entonces una predicación temprana afirmada durante más de doscientos años por aquellos a quienes se solía llamar “autores graves”, en libros que fueron publicados no sólo sin que nadie tocara a rebato contra “la deslegitimación” de la conquista sino que además contaron, según el uso de la época, con la aprobación de las autoridades hispanas y coloniales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También a un “evangelista guadalupano” colmado de loas por los sostenedores de la epifanía mariana bajo esta advocación mexicana y al cual, tampoco, a nadie se le ocurrió acusar de vulnerar los títulos evangelizadores de la metrópoli por afirmar llana, textual y abiertamente que Santo Tomás predicó en estas tierras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos encontramos además con un autor guadalupano, no <em>evangelista</em> pero sí insospechable: Cayetano Cabrera y Quintero (1698-<em>c</em>.1775). En el <em>Escudo de Armas</em> publicado cuarenta y ocho años antes de que Mier pronunciara su sermón se admite explícitamente la posibilidad de la predicación apostólica, y ello no discurseado en un sermón sino afirmado y firmado por los integrantes del Ayuntamiento de la Ciudad de México en una dedicatoria al mismísimo rey:</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">No es solo de V. M. este Escudo, y Militar Copia, como su Auxiliar Conquistadora, eslo tambien como Pacificadora, y Conservadora de estos Reynos: á cuyos soberanos auspicios, y huellas (que parecieron de hombres) y estampó en el Mar Tezcucano, y cumbre del Tepeyac erguido, entre nubes, se precipitó el Cielo en Diluvios, y ondas del Sagrado Bautismo, que annegaron millones de Gentiles, en cuyas almas, al menos por catorce siglos (si en el primero tuvieron noticia de la Fee) bramaba fuego el infernal Cerbero, gimiendo en lamentable seca, y continuada esterilidad la preciosa mies del Evangelio. (31)</h5>



<p class="wp-block-paragraph">¿Por qué lo que es “deslegitimación de la conquista” en Mier no lo es en todos los anteriores y muchos más? Es un misterio insondable.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Ignorantia non est argumentum</em>, eso sí lo sabemos, y quienes han explotado, que no explorado, esa veta inexistente, bien harían en reconocer la suya.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A este muy incompleto muestrario le faltaría aún el golpe mortal asestado a los <em>deslegitimadores</em>: el propinado por un rey —y no cualquier rey, sino todo un emperador— que admitió la predicación apostólica.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">III. El rey que se deslegitimó a sí mismo</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un pasaje de las <em>Memorias</em> fray Servando, al mencionar los “monumentos y vestigios evidentes del cristianismo” que, dice, los misioneros hallaron en toda la América, afirma que entre ellos no hubo más diferencias</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">sino que algunos, temerosos de las opiniones del tiempo en que la predicación del Evangelio servía de título a la conquista de América, fingieron atribuirlos “a monerías del diablo, que tuvo, dicen, en América la extraña humorada de meterse a catequista de doctrina cristiana [&#8230;] y de meterse también sin miedo a fabricante de cruces”. (32)</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Hago notar de paso que Mier habla en tiempo pretérito de la evangelización como justificante y basamento político–moral de la conquista, sin imaginar que muchos decenios después de él —y siglos después de los tiempos de aquellos misioneros— algunos revivirían esa especie para inventarle blasones que él mismo, con su proverbial presunción y su egotismo, ni había soñado con atribuirse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En aquella tesitura incluye fray Servando a Juan de Solórzano Pereira:</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">Por los mismos motivos políticos se había opuesto el Sr. Solórzano, <em>De jure indiarum,</em> a la predicación de Santo Tomás. Pero habiendo salido a luz <em>La predicación del Evangelio en el Nuevo Mundo viviendo los Apóstoles,</em> por el dominicano fray Gregorio García, y <em>La predicación de Santo Tomás en América,</em> por el agustiniano fray Antonio Calancha, retractó su oposición en la <em>Política indiana,</em> diciendo que no se atreve a negarla, aunque no se despide todavía enteramente de los demonios, recomienda la lectura de dichas obras por la mucha diligencia que testifican haber puesto sus autores, y asegura que esto nada perjudica a los derechos de S. M.; que el mismo emperador Carlos V escribió a los indios disyuntivamente, diciéndoles “el Evangelio que nunca habíais oído, o que habéis olvidado, etc.” Los vasallos, pues, no deberían querer ser más delicados que sus soberanos. (33)</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Y sí. Tampoco los exégetas deberían querer ser más innovadores que sus <em>interpretados;</em> en este caso más mieristas que el propio Mier atribuyéndole intenciones —“ocultas” o no— que él jamás albergó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La obra original fue publicada en dos tomos; el primero, <em>De Indiarum iure sive de iusta Indiarum Occidentalium inquisitione, acquisitione et retentione,</em> dedicado a Felipe IV, estudia precisamente el descubrimiento, la conquista y retención de las Indias. Fue publicado en Madrid en 1629. El segundo tomo, <em>De Indiarum iure sive de iusta Indiarum occidentalium gubernatione,</em> apareció en 1639.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El libro tercero de este segundo tomo, “De rebus ecclesiasticis et de regio circa eas Patronatu”, fue condenado por el pleno de cardenales de la Congregación del Índice. Otras partes de la obra fueron censuradas tibiamente, pero Felipe IV ordenó retener la censura de Roma y de ese modo la obra pudo circular y ser leída en toda América.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo las condenas, censuras y reservas de la Iglesia fueron tomadas en cuenta al redactar la <em>Política Indiana,</em> que, aunque es en rigor una versión castellana, contra la difundida opinión que incluso un estudioso tan prolijo como O’Gorman retoma, (34) no es una simple traducción; es una reelaboración que no sólo modifica, sino que incluso amplía algunos puntos de la <em>Indiarum Iure</em>. (35)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo dicho por Mier sobre la postura de Solórzano encuentra su sustento en el libro primero, en los capítulos VI (“Si se tuvo alguna noticia de este Nuevo Orbe, antes que los Castellanos le descubriessen. Y si es probable, que fuesse el Ophir adonde la Sagrada Escritura dize, que Salomon solia embiar sus Armadas?”) y sobre todo el VII (“Si ay algun lugar en la Sagrada Escritura, que anuncie el descubrimiento, y conversion de este Nuevo Orbe, ó rastro, de que en el se huviesse predicado el Evangelio, antes de la entrada, y predicacion de los Castellanos”).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como el propósito fundamental de Solórzano —particularmente en el primer tomo de los dos de que consta también la <em>Política Indiana</em>— es exponer las razones y los títulos que justifiquen la conquista, ocupación y retención de las Indias, se hace cruces con el tema de la predicación apostólica. Ello no obstante, como se verá, Solórzano oscila entre una opinión y otra, argumenta y contraargumenta pero nunca niega; y lo que es más significativo: termina apelando a la propia postura real para dejar abierta la posibilidad, casi la certeza, de que la evangelización primera hubiese estado a cargo de algún apóstol y no de los misioneros españoles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al inicio del capítulo VII Solórzano dice:</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">Aunque tengo por cierto lo que dexo dicho en el Capitulo passado, de la poca, ó ninguna noticia, que en el Orbe Antiguo se tuvo de este Nuevo, hasta que lo descubrieron los Castellanos. No puedo, ni quiero negar, que la sagrada Escritura, en la qual hallamos anunciadas, ó profetizadas cosas de mucho menor importancia [&#8230;] dexasse de anunciar en alguna parte, un descubrimiento tan grande, y memorable como este, y que tanto conduce y pertenece á la razon de estado de la Iglesia, y á la historia de la predicacion, y propagacion del Santo Evangelio [&#8230;] (36)</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Y Solórzano se embarca enseguida, como tantos otros, en citas de David, Isaías, San Mateo, San Lucas, San Gerónimo, Abdías <em>et alii</em>. Pero no para dignificar y estatuir bíblica y patrísticamente la predicación apostólica en el Nuevo Orbe, sino para ubicar en ese remoto y sacratísimo pasado la profecía de los españoles como los evangelizadores de aquel: “Y he dicho, y buelvo á dezir, que esta predicacion, y conversion se reservó á nuestros tiempos, y nuestros Reyes, y sus Ministros, y vassallos”. (37)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Solórzano insiste en que el Evangelio no entró al Nuevo Mundo sino hasta la llegada de los españoles, puesto que “no aviendo sido por milagro (lo qual no es de nuestra disputa) obstan a esta entrada todas las dificultades, que para los demas de los siglos antiguos propuse en el Capitulo antecedente”, esto es, las enormes distancias del “mar océano”, la Atlántida como una fábula, etcétera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El autor arguye incluso que, si bien de las citas que acababa de hacer podía desprenderse que la predicación de los apóstoles se extendió ya en su tiempo por todo el mundo, ello se explicaría por la habitual utilización en la Sagrada Escritura de la “hyperbole, o encarecimiento” y también de “la que llaman Synedoche, que es quando el todo se toma por la parte, ó la parte por el todo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Respecto a las versiones que afirmaban la existencia de rastros entre los infieles del Nuevo Mundo que indicarían que habían tenido noticia “de Christo, y de su Evangelio”, y los hallazgos de cruces “y vestigios de que por alli huviesse andado santo Tomas”, Solórzano dice que “yo no me atrevo á negarlo, <em>especialmente viendo la gran asseveracion que dello hazen algunos modernos</em>”. (38)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo —vuelve a dar marcha atrás— “no será mucho excesso dar poco credito á tales relaciones de Indios”, y en caso de que todo ello fuese cierto (y aquí Solórzano presta carne a las burlas de Mier sobre el diablo como fabricante de cruces), “pudo el diablo sugerirlas á estos barbaros, para mas iludirlos, y hazerse adorar de ellos con mezcla de muchos errores y supersticiones”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente Solórzano cierra el capítulo, y sus ires y venires, con esta declaración:</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">Contentandome con añadir por remate de este capitulo, que caso que se conceda, que en este barbaro Gentilismo huviesse en tiempos antiguos descubierto algunos rayos de la luz Evangelica; essa, ó por sus pecados, ó por sus guerras, y mudanças de Reyes, y Reynos, estaba ya del todo olvidada, como tambien lo apuntan otros Autores, y mejor que ellos la grave y elegante carta que el señor Emperador Carlos V de gloriosa memoria, mandó escribir á los mesmos Infieles, cuyo capitulo tocante á esto dize assi: Y porque hemos entendido, que entre otras partes del mundo, que carecen de este conocimiento, en essas vuestras Provincias, y tierras, hasta aora no ay noticia de nuestro Dios verdadero, ó porque él con sus secretos é incomprehensibles juizios, no ha querido hasta aora manifestarse en essas partes: <em>ó por ventura, por la negligencia, y flaqueza de vuestros Antecessores, se ha perdido la memoria de la predicacion de su nombre y Fé, que en ellas se hizo en tiempos passados</em>. (39)</h5>



<p class="wp-block-paragraph">De ese modo Solórzano no se comprometía ni con Dios ni con el diablo, con tirios ni troyanos y quedaba bien con la Iglesia pero sobre todo con el poder regio. De paso da el tiro de gracia a los hermeneutas que quieren convertir a Mier, contra toda sensatez y mesura, a la vez en el héroe y la víctima de la “deslegitimación”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿A qué poder real hispano iba fray Servando a deslegitimar, despojándolo-de-sus-títulos-evangelizadores y anulando-la-justificación-de-la-conquista, si alrededor de 250 años antes el propio Carlos V admitía la clara posibilidad de que se les hubiesen adelantado por siglos los apóstoles o sus inmediatos discípulos?</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">IV. Apunte final. Manuel da Nóbrega, el fundador</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para seguir estando a tono, siguiendo la pauta marcada por la sentencia bíblica de Mateo según la cual los últimos serán los primeros, de entre aquellos autores citados por Mier en abono de la predicación apostólica en el Nuevo Mundo he dejado al final justo a aquel que lo inició todo, el teólogo y misionero jesuita portugués Manuel da Nóbrega (1517-1570).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Primer Provincial de la Compañía de Jesús en Brasil, llegó a tierras americanas en 1549 junto con el también primer Gobernador general Tomé de Souza. Mantuvo una permanente preocupación por la relación entre los indios y los colonizadores, manifiesta en sus cartas a los gobernadores de la colonia portuguesa y al propio rey de Portugal; por ejemplo en el <em>Diálogo da Conversão do gentio</em> y en el parecer <em>Se o pai pode vender a seu filho e se hum se pode vender a si mesmo</em>. (40)</p>



<p class="wp-block-paragraph">De Nóbrega existen sólo cartas, pareceres y anotaciones. En una de las primeras, enviada en 1549 desde San Salvador de Bahía de Todos los Santos al destacado integrante de la Escuela de Salamanca Martín de Azpilcueta, Nóbrega le informaba que en Brasil se conservaba el recuerdo de la predicación de Santo Tomás. Fray Manuel afirmaba haber descubierto huellas de los pies del apóstol grabadas en rocas y fue él quien lo bautizó como Pay Zumé.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según Marcela Pezzuto hubo dos antecedentes: el más antiguo las noticias difundidas por tripulantes de embarcaciones portuguesas sobre la visita de apóstoles a la preAmérica, y después una carta de 1538 escrita por el Comisario franciscano Bernardo de Armentía al Oidor del Consejo de Indias Juan Bernal Díaz de Lugo, en la cual le mencionaba una tradición antigua que hablaba de Santo Tomás y de un indio de nombre Etiguará. (41)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aún podrían rastrearse más atrás las referencias al apóstol en el Nuevo Mundo; algunos las asignan a un texto alemán de 1514 titulado <em>Copia der Newen Zeytung ausz Presillg Landt,</em> que otros citan como neerlandés y fechado en 1508 y unos terceros lo dan como impreso en Augsburgo hacia 1514. Según Magasich y de Beer, se trataría de la crónica de un viaje efectuado en 1514 y su autor la habría escrito a un amigo en Amberes informándole de los recuerdos del apóstol entre los indígenas, de sus huellas y de cruces tierra adentro. (42)</p>



<p class="wp-block-paragraph">El texto efectivamente existe y está disponible en alemán antiguo y, naturalmente por la época, en letra gótica. Se trata de un ejemplar de apenas cuatro paginitas que alguien fechó, en una anotación manuscrita, como “¿1520?”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con todo, es Nóbrega quien ha pervivido como el precursor del tema apostólico y el que sería citado por buena parte de la multitud de autores que se ocuparon de él, y no deja de ser llamativo el que toda una corriente, que se convertiría en tradición en los siglos siguientes, haya empezado con una simple carta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y más llamativo aún resulta que los procustos contemporáneos, que le cuelgan esa presea a Mier, desconozcan toda esta luenga, abundante y añeja evidencia documental.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero es que aquel lecho mitológico, potenciado además con la ausencia de escrúpulo filológico, la abundancia de presuntuosidad y la penumbra de las escasas luces, da para esto y para mucho más.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Post scriptum</strong><strong></strong></p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">Tiene el defecto de no saber hacer versos, defecto que en sí no sería grave del todo. Pero el mal está en que no los sabe hacer y los hace.<br>—Antonio de Valbuena</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Entre mis curiosidades conservo un texto (no en papel, más quisiera yo) muy difícil de conseguir. Yo mismo no recuerdo dónde lo encontré y mis búsquedas posteriores, de esas que ahora te ahorran las antiguas peregrinaciones a bibliotecas, han sido inútiles: ni información sobre el texto, ni siquiera alguna referencia.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Un librito de apenas nueve páginas de invenciones, desatinos y desvaríos históricos, cronológicos e incluso geográficos. La monumental diferencia es que todo ello fue escrito con deliberación, para reducir al absurdo y a lo cómico la estrafalaria manera de escribir la historia que aquí nos ha entretenido.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Se trata de un librito —<em>multum in parvo,</em> si se lo sabe ver— de apenas nueve páginas de invenciones, desatinos y desvaríos históricos, cronológicos e incluso geográficos. La monumental diferencia es que todo ello fue escrito con deliberación, para reducir al absurdo y a lo cómico la estrafalaria manera de escribir la historia que aquí nos ha entretenido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De autor anónimo, miente jocosamente desde la portada: “Discurso leído en la Imperial Academia de la Historia y de Cosmogonía de Filadelfia por el P. Juan de Mariana en el acto de su recepción. Con licencia. Valladolid: Impreso en casa de Ramón Berenguillo. 1793”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo recordé al finalizar este ensayo y se me ocurrió dejar aquí una muestra de solamente tres párrafos como <em>bonus</em> para el eventual lector. Como es mi costumbre, conservo la ortografía y la puntuación de los textos originales.</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">Crónica de un hombre célebre, Celedonio Mitridates<br>Me ha cabido la inmerecida honra de ser por vosotros elegido, para formar parte de esta ilustrada corporación, y he de presentaros un estudio de la vida de Mitridates, acerca del cual con tanto error como mala fe se han escrito numerosos volúmenes. Pero fácilmente se distingue á primera vista el apasionamiento de Guizot, de Cromwell y de Homero, cuando del célebre yankee se empeñan en hacerle pasar por murciano y próximo a Pluton, insigne engaño en que, en sus <em>Anales de Aragon,</em> incurre tambien Zurita. En sentido opuesto falsean los hechos Anquetil, en su <em>Historia de Francia,</em> y Cantu en la <em>Universal,</em> al suponerlo oriundo de la Meca, y, por lo tanto, ruso, cuando á la vista se hallan los discursos de Ciceron, las inspiradas poesías de Virgilio, el libro de <em>La democracia en América,</em> de Tocqueville; <em>La Ilustracion Española y Americana,</em> las coplas de Mingo Revulgo, Prescott, con su <em>Historia de los Reyes Católicos,</em> que, convirtiéndose en eco unísono de la fama del gran Mitridates, convienen en que fue yankee, que nació en el año 213, en la ciudad de Atenas, capital por aquel entonces de los Estados-Unidos, que se halla asentada sobre las márgenes del Ganges.<br>Hay que apartar la vista con horror y el estómago con asco, como ya en su tiempo decía el guerrillero Sócrates, cuando se tropieza con hombres bastante rebajados para falsear la historia. Cíñome, pues, para narrar la del que fué guerrero, químico, político, filósofo, historiador y naturalista, y asombro de la Australia, de Europa y de las ocho partes del mundo, á fuentes que tanto crédito nos merecen, como la <em>Gaceta de Madrid</em> de aquel entonces, <em>The Times,</em> de Nueva-York, del siglo III, la <em>Historia de las alteraciones de Aragon,</em> de Pidal, la de Méjico, de Solís, y cronistas como Blancas, Castillo y otros tantos, y políticos como Gladstone, Albareda, Decazes, Temístocles, Xerjes, Atila y Faraon [&#8230;].<br>Tomadas Lucerna y Quito poblaciones importantes de Tierra Santa asistió luciendo siempre sus grandes dotes á cuantas guerras asolaron el mundo por aquel entonces, que no fueron pocas, porque en guerra se hallaban con España los cochinchinos con Roma los Mejicanos con Rusia el Hindostan y la Nueva Caledonia y con Australia en los anchurosos campos Brasileños, los Cartagineses, donde á las orillas del Danubio tuvo lugar la nunca olvidada y asoladora batalla de Pavía, en que Francisco I de Rusia entrego su Espada al gran Tamerlan de Persia, viniendo en calidad de prisionero á Madrid [&#8230;].</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Cuánta razón tenía José Francisco de Isla cuando en su <em>Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias Zotes,</em> escrita bajo el seudónimo de Francisco Lobón de Salazar, dijo:</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">(&#8230;) muchas veces, o las más, ha sido más poderoso para corregir las costumbres el medio festivo y chufletero de hacerlas ridículas, que el entonado y grave de convencerlas disonantes. (43)</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Y sí, pues además de entre ellos mismos, ¿quién puede tomar en serio a quienes invierten el aforismo y convierten a su ignorancia, precisamente, en un argumento? Eso sí: en los casos más hilarantes, un argumento pomposo, salpimentado de trivialidades y con una rimbombancia que no logra disimular su oquedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y así va el mundo&#8230; <mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-luminous-vivid-orange-color">®</mark></p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Notas</strong></p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">[1] De muchos de esa legión cabe sospechar lo que constataba Mariano Pardo de Figueroa, en su encarnación del Doctor Thebussem, no sobre Mier y su obra sino sobre Cervantes y el Quijote: “el mayor número LEYÓ en su mocedad algunos capítulos del <em>Quijote,</em>y forma coro de <em>ora pro nobis</em>en las alabanzas tributadas al libro y a su autor, dejándose llevar por la blanda y suave corriente de la opinión pública, del mismo modo que encomian el mérito de Lope, Solís y Quevedo, o de Homero, Dante y Virgilio, sin haberlos visto jamás ni por el forro”. Véase <em>Quinta (y última) ración de artículos</em>, Madrid, 1907, p.252.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">2 J. E. Hernández y Dávalos, <em>Colección de documentos para la historia de la guerra de independencia de México</em>, tomo III, 1879.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">3 Así por ejemplo, en la solapa de un libro auspiciado por la Cámara de Diputados que recoge diversos escritos de Mier, publicado en 2012, se dice de él —confundiendo por mucho, además, las fechas y los motivos— que “fue juzgado y encarcelado en el castillo de San Juan de Ulúa <em>por haber pronunciado un sermón en el que negó la aparición de la Virgen de Guadalupe</em>”. Véase <em>Fray Servando Teresa de Mier. Escritos sobre la joven nación</em>, México, Biblioteca del pensamiento legislativo y político mexicano, Cámara de Diputados, 2012. El subrayado es mío.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">4 “Bienaventurados los que creyeron sin haber visto”. Para estar a tono con el trasfondo de todo esto, frase que se supone que dijo Jesucristo al incrédulo apóstol Tomás, precisamente.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">5 Sesión del 1 de diciembre de 1992 para inscribir en letras de oro el nombre del padre Mier en el muro que representa el panteón oficial de los héroes patrios.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">6 “Fray Servando y el abate Grégoire. Dos ilustrados rebeldes”, <em>Revista de la Universidad de México</em> núm. 50, 1 de abril de 2008.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">7 Esta divergencia ya la veía con claridad Sansón Carrasco (un poco rankiano, a decir verdad, pero certero en los trazos gruesos) cuando le dice a Don Quijote: “pero uno es escribir como poeta y otro como historiador: el poeta puede contar o cantar las cosas, no como fueron, sino como debían ser; y el historiador las ha de escribir, no como debían ser, sino como fueron, sin añadir ni quitar a la verdad cosa alguna”.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">8 “El subversivo sermón guadalupano de fray Servando Teresa de Mier”, <em>Cuicuilco. Revista de la Escuela Nacional de Antropología e Historia,</em> Nueva época volumen 7, número 20, septiembre-diciembre, 2000.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">9 “El arzobispo de México, Alonso Núñez de Haro y Peralta, astuto peninsular, descubrió, al fin, el sentido oculto del sermón”, en Adolfo Arrioja Vizcaíno, <em>Fray Servando Teresa de Mier. Confesiones de un guadalupano federalista</em>, Plaza y Janés, 2003, p. 22. “El hecho crucial de su vida, podemos decir el que desencadenó su destino, fue su famoso sermón [&#8230;]. Tal vez hubiera pasado como uno de tantos pronunciados con motivo de esa festividad pero las circunstancias históricas que se vivían y el oculto sentido&nbsp; que llevaba lo convirtieron, como dice Manuel Calvillo, en un precursor de su insurgencia&#8230;”, en María Cristina Gómez del Campo, <em>Obra poética de fray Servando Teresa de Mier,</em> Facultad de Filosofía y Letras, UANL, 2002, tesis de maestría en Letras Españolas.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">10 <em>Ensayos selectos</em>, México, Fondo de Cultura Económica, 1970.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">11 Benjamín Palacios Hernández, <em>Días del futuro pasado. Las </em>Memorias<em> de fray Servando Teresa de Mier</em>, Facultad de Filosofía y Letras, UANL, 2009, volumen I, p.202. En adelante todas las referencias a esta obra de Mier corresponderán, por comodidad, a esta edición.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">12 Véase a Julio Luqui Lagleyze, “Fray Servando de Mier y su Sermón Guadalupano de 1794. La búsqueda de una justificación teológica a la independencia de América”, <em>Temas de historia argentina y americana</em>, 15 (julio-diciembre de 2009), pp. 137–158.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">13 <em>Fray Servando Teresa de Mier</em>, México, Ediciones Cal y Arena, 2001, p. XVI. La primera edición es de 1997.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">14 “La figura de Quetzalcoatl–Santo Tomás apóstol en el sermón de fray Servando Teresa de Mier”, en el número 39 de la revista de la UAM <em>Fuentes Humanísticas</em>, 2009.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">15 “La persistencia de la reflexión crítica: Fray Servando Teresa de Mier y sus polémicos abordajes de la tradición guadalupana”, en la revista argentina <em>Cuadernos del Sur-Historia</em>, número 45, 2016.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">16 Véase la <em>Historia de la Revolución de Nueva España</em>, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, tomo 2, apéndice de documentos, p.III.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">17 Discurso pronunciado en el Primer Congreso Constituyente el 15 de julio de 1822, en <em>Fray Servando. Biografía/Discursos/Cartas</em>, Edición conmemorativa, Monterrey, Gobierno del estado de Nuevo León. Universidad Autónoma de Nuevo León, 1977, p.254.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">18 <em>Memorias</em>, volumen I, p.315. Las cursivas son mías.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">19 <em>Ibid</em>., p.286. También aquí las cursivas me pertenecen. Por lo demás, no es verdad que Uribe se diese por desentendido en cuanto al asunto de la imagen en la capa; efectivamente lo califica de “delirio” y le dedica una considerable porción de su censura del sermón.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph"><sup>20</sup> <em>Ibid.</em>, p.136.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">21 <em>Memorias,</em> tomo I, p.298.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">22 <em>Información que el arzobispo de México D. Fray Alonso de Montúfar mandó practicar con motivo de un sermón que en la fiesta de la Natividad de Nuestra Señora (8 de setiembre de 1556) predicó en la capilla de S. José de Naturales del Convento de S. Francisco de Méjico, su Provincial Fray Francisco de Bustamante acera de la devoción y culto de Nuestra Señora de Guadalupe,</em> Madrid, 1888. El documento, conocido también como “Información de 1556”, es 110 años anterior a las más conocidas “Informaciones de 1666” que la Iglesia propició y organizó para documentar la verdad de las apariciones. Todas las cursivas me pertenecen.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">23 En la homilía XXXI, § 8, núm. 24 contenida en <em>Tomo tercero, de cinco que contienen las homilías sobre los Evangelios de la Cuaresma</em>, Zaragoza, 1636.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">24 Citado en Julio Caro Baroja, <em>Las formas complejas de la vida religiosa (siglos XVI y XVII),</em> SARPE, Madrid, 1985, p.132. Nacido en Madrigal de las Altas Torres e hijo de Alfonso Tostado e Isabel de Ribera, su nombre es referido también como Alonso Fernández de Madrigal y Alfonso Tostado Ribera. De obra extensa, su nombre ha quedado fijo al proverbio. Así desde el Quijote: “Pues en verdad que en sólo manifestar mis pensamientos, mis sospiros, mis lágrimas, mis buenos deseos y mis acometimientos pudiera hacer un volumen mayor, o tan grande, que el que pueden hacer todas las obras del Tostado” (en <em>Don Quijote de la Mancha,</em> II, edición, introducción y notas de Martín de Riquer, RBA Editores, Barcelona, 1994, p.651).</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">25 <em>Imagen de la Virgen María Madre de Dios de Guadalupe, milagrosamente aparecida en la ciudad de México.</em></p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">26 Todas las cursivas son mías.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">27 Todas las cursivas, también aquí, me pertenecen.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">28 <em>Felicidad de Mexico en el principio, y milagroso origen, que tubo el Santuario de la Virgen Maria N. Señora de Guadalupe, Extramuros: En la Apparicion admirable de esta Soberana Señora, y de su prodigiosa Imagen sacada á luz, y añadida por el Bachiller Luis Bezerra Tanco, Presbytero, difunto; para esta segunda impression, que ha procurado el Doctor D. Antonio de Gama</em>&#8230; segunda edición 1675, folios 26 vta.-27. Las cursivas en la frase son mías.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">29 “Prologo al letor”, sin paginación, de <em>Parayso Occidental, plantado, y cultivado por la liberal benefica mano de los muy Catholicos, y poderosos Reyes de España Nuestros Señores en su magnifico Real Convento de Jesus Maria de Mexico</em>&#8230; (México, 1684). Las cursivas en la frase también son mías.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">30 “Prologo a quien leyere”, carente tambien de paginación, en <em>Libra astronomica, y philosophica en que D. Carlos de Siguenza y Gongora Cosmographo, y Mathematico Regio en la Academia Mexicana, examina no solo lo que á su Manifiesto Philosophico contras los Cometas opuso el R. P. Eusebio Francisco Kino de la Compañia de Jesus; sino lo que el mismo R. P. opinó, y pretendio haver demostrado en su Exposicion Astronomica del Cometa del año de 1681</em>&#8230; (México, 1690). De nuevo las cursivas me pertenecen.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">31 En <em>Escudo de Armas de México: celestial proteccion de esta nobilissima ciudad, de la Nueva–España, y de casi todo el Nuevo Mundo, Maria Santissima, en su portentosa imagen del Mexicano Guadalupe, milagrosamente apparecida en el palacio arzobispal el Año de 1531, y jurada su principal patrona el pasado de 1737. En la angustia que ocasionó la Pestilencia, que cebada con mayor rigor en los Indios, mitigó sus ardores al abrigo de tanta sombra</em>&#8230; (México, 1746).</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">32 <em>Memorias</em>, volumen I, pp. 151–152.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">33 <em>Ibid</em>., pp. 152–153.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">34 <em>Servando Teresa de Mier. Obras completas III. El heterodoxo guadalupano</em>, nota 33, p.30.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">35 Útil información adicional sobre Solórzano, de la cual he tomado algunos datos, puede obtenerse en José Antonio Álvarez y Baena, <em>Hijos de Madrid, ilustres en santidad, dignidades, armas, ciencias y artes. Diccionario histórico por el orden alfabético de sus nombres&#8230;,</em> tomo tercero (Madrid, 1790), pp. 172–178, y mucho más recientemente en Carlos Baciero, “Juan de Solórzano Pereira y la defensa del indio en América”, <em>Hispania Sacra</em>, vol. 58, núm. 117, enero–junio 2006, pp. 263–327.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">36 <em>Política Indiana&#8230;,</em> edición de 1703, p.15.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">37 <em>Ibid</em>., p.16.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">38 Las cursivas son mías.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">39 <em>Ibid</em>., p.17. Aquí también las cursivas son de mi cosecha.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">40 Véase para esto <em>La fundación de Brasil. Testimonios 1500–1700</em>, Caracas, Editorial Ayacucho, 1992, p.97, con prólogo de Darcy Ribeiro y notas introductorias de Carlos de Araujo Moreira Neto.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">41 Marcela Pezzuto, “Desde el Titicaca hasta el Guayrá: el gran viaje de Santo Tomás según dos cronistas”, <em>Cuadernos de Historia</em> 44, Departamento de Ciencias Históricas, Universidad de Chile, junio de 2016, pp. 7–27.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">42 Jorge Magasich/Jean–Marc de Beer, <em>América mágica. Mitos y creencias en tiempos del descubrimiento del nuevo mundo,</em> Santiago de Chile, Editorial LOM, 2001, p.52.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">43 Punto 38 del Prólogo con morrión, tomo I, Madrid, 1758.</p>
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		<title>Llegar tarde a La Habana</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rogelio Villarreal]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 16 May 2026 18:11:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Apuntes y crónicas]]></category>
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					<description><![CDATA[¿Por qué decidí visitar Cuba en un momento como éste? Luego de tres meses de un renovado bloqueo que había impedido la llegada de buques petroleros y de amenazas cada vez más recurrentes sobre una intervención extranjera, no parecía el momento más propicio para aventurarse a la mayor de las Antillas. Sus rostros me observan [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Por qué decidí visitar Cuba en un momento como éste? Luego de tres meses de un renovado bloqueo que había impedido la llegada de buques petroleros y de amenazas cada vez más recurrentes sobre una intervención extranjera, no parecía el momento más propicio para aventurarse a la mayor de las Antillas.</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="688" height="421" src="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-16-a-las-12.08.21-p.m-scaled.png?resize=688%2C421&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-65149" srcset="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-16-a-las-12.08.21-p.m-scaled.png?w=2560&amp;ssl=1 2560w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-16-a-las-12.08.21-p.m-scaled.png?resize=240%2C147&amp;ssl=1 240w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-16-a-las-12.08.21-p.m-scaled.png?resize=768%2C470&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-16-a-las-12.08.21-p.m-scaled.png?resize=1536%2C939&amp;ssl=1 1536w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-16-a-las-12.08.21-p.m-scaled.png?resize=2048%2C1252&amp;ssl=1 2048w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-16-a-las-12.08.21-p.m-scaled.png?w=1376&amp;ssl=1 1376w" sizes="auto, (max-width: 688px) 100vw, 688px" /><figcaption class="wp-element-caption">Edificio del Ministerio del Interior, La Habana, Cuba. Foto de Wikipedia.</figcaption></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">Sus rostros me observan desde las alturas, ante la explanada vacía donde tantas veces se congregara el pueblo a escuchar las palabras del líder de la Revolución. A la derecha, con su frondosa barba, su sombrero de campesino y una mirada que transmite serenidad está Camilo Cienfuegos. En la esquina inferior derecha lo acompaña la frase: “Vas bien, Fidel”. Unos metros a su izquierda, con su boina marcada por una estrella, la mirada clavada en el horizonte y el gesto grave está el Che Guevara junto a su despedida convertida en consigna: “Hasta la victoria siempre”. Los observo desde el centro de una Plaza de la Revolución casi desierta, donde sólo de vez en vez pasa un descapotable clásico que da un recorrido a un pequeño grupo de turistas, de esos que casi no se ven en La Habana estos días. Siento, no puedo negarlo, cierta admiración por la gesta heroica, por la lucha contra la tiranía y la injusticia. Mi corazón juvenil no puede permanecer indiferente al eco de esas palabras. Sin embargo, hay algo en ellas que me resulta anacrónico, como si se tratara de un discurso dirigido a otro tiempo y a otros oídos. Llegué demasiado tarde para presenciar el paso de las leyendas, demasiado tarde para vislumbrar la utopía que esbozaron. Hoy sólo queda el mito, y los mitos no dan de comer a los pueblos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Por qué decidí visitar Cuba en un momento como éste? Luego de tres meses de un renovado bloqueo que había impedido la llegada de buques petroleros y de semanas de amenazas cada vez más recurrentes sobre una posible intervención extranjera en la isla, no parecía el momento más propicio para aventurarse a la mayor de las Antillas. En los medios internacionales se hablaba de la escasez de alimentos, de los apagones nacionales, del descontento creciente. Por momentos era como si en Washington una vez más fueran a atreverse a lo impensable, como en los días de la invasión a Playa Girón. Pensé seriamente en posponer mi visita, en esperar a que las tensiones internacionales se relajaran, pero entonces mi viaje habría perdido buena parte de su propósito. No iba a Cuba por sus playas de arena blanca ni por el mar azul celeste, en México también tenemos eso. Mi interés estaba en ver con mis propios ojos las vivencias del pueblo cubano, en conocer aquellas calles de La Habana donde el tiempo parece haberse detenido y quizá, aunque pedir eso fuera demasiado, en salir al encuentro del mito.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">No iba a Cuba por sus playas de arena blanca ni por el mar azul celeste, en México también tenemos eso. Mi interés estaba en ver con mis propios ojos las vivencias del pueblo cubano, en conocer aquellas calles de La Habana donde el tiempo parece haberse detenido y quizá, aunque pedir eso fuera demasiado, en salir al encuentro del mito.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Frente a mí no estaban solamente dos rostros. Estaban décadas de historia condensadas en concreto. Cuba había sido primero azúcar, tabaco y ron; después, casino del Caribe; más tarde, laboratorio de una Revolución que prometía cambiar el mundo. Todo comenzó con un grupo de jóvenes que, encabezados por un abogado llamado Fidel Castro, zarparon desde Tuxpan en Veracruz para refugiarse en la Sierra Maestra y desde ahí avanzar sobre la isla hasta derrocar al dictador Fulgencio Batista. Este relato, con sus resonancias épicas, despertó simpatías alrededor del mundo. En la gesta revolucionaria parecía estar la prueba de que un pueblo podía unirse para destruir la tiranía y adentrarse en la ardua tarea de construir una sociedad nueva. Para quienes nacimos décadas después, la Revolución —la mexicana, la cubana, la que sea— es menos una experiencia vivida que un mito heredado. Tal vez eso era lo que me atraía de la isla en un momento como éste, cuando el régimen cubano atraviesa una de sus crisis más profundas en décadas. Sentía la urgencia de ver, ya no un régimen revolucionario, sino los restos de un mito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso lo primero que hice tras dejar mi equipaje en el hospedaje fue caminar hacia la Plaza de la Revolución. Era tarde, pero aún restaban unas horas de luz. Sin embargo, indicios del presente me esperaban antes de encontrarme con los rostros gigantescos del Che Guevara y Camilo Cienfuegos. Para quien vive en Cuba la reverberación de los mitos queda opacada ante los problemas cotidianos que ha generado el desabasto de combustible. En las calles circulaban pocos automóviles y, en cambio, decenas de motocicletas eléctricas. Nunca faltaba, eso sí, un modelo clásico para ornamentar el paisaje habanero o un bicitaxi —con una caja con ruedas y una sombrilla para el pasajero— con un joven en el manubrio. Los camiones recolectores habían dejado de pasar con regularidad desde hace algunas semanas y montones de basura empezaban a acumularse cada cierto número de cuadras. La gente parecía haberse acostumbrado. En más de una ocasión observé a alguna persona arrojar una lata o una bolsa directamente sobre ellos, como si ya formaran parte natural del entorno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los estragos de la escasez de combustible no se limitan a la movilidad. Aunque tuve la suerte de contar con corriente eléctrica en el alojamiento durante toda mi estancia, durante los días anteriores los cubanos habían vivido varios apagones nacionales. Escuché historias de personas que apenas tenían luz unas horas al día, de otras que llevaban dos días sin electricidad y de algunas que ya se acercaban a la semana. La rapidez con la que volvía el suministro parecía depender de la zona de la ciudad, pero ni siquiera los barrios más acomodados o los pocos comercios privados estaban exentos de quedarse sin corriente. Sólo en marzo, durante tres ocasiones distintas el sistema eléctrico nacional sufrió una desconexión total. En respuesta, quienes tienen familiares en el extranjero o algún margen económico han comenzado a conseguir paneles solares o baterías recargables para enfrentar el siguiente apagón. Los demás viven a merced de la próxima interrupción. En Cuba, las horas de trabajo, los productos en el refrigerador, el suministro de agua y hasta el planchado de la ropa dependen de que haya corriente disponible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para cuando llegué a la Plaza de la Revolución, a los rostros impasibles de los héroes y rodeado por los ministerios de gobierno, lo que sentía no era exactamente admiración. Tras observar mis primeras escenas de la vida cotidiana de los cubanos, los domicilios particulares en los que se vende toda una variedad de productos de la canasta básica para hacer frente a los estantes vacíos de las bodegas estatales, a los precios altos y la moneda devaluada, o simplemente para comprar algún producto de difícil acceso traído del exterior, una pregunta comenzó a repetirse en mi cabeza: ¿qué había pasado con la promesa de la Revolución? Era una duda que me acompañaría durante el resto de mi estancia en la isla.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">A veces, al mirar por una puerta abierta, podían vislumbrarse pasillos oscuros y descuidados. No niego que en ello había cierto encanto para un observador accidental como yo, pero me pregunté por cuánto tiempo más una ciudad como ésa podría mantenerse en pie antes de convertirse en polvo. En medio de la decadencia arquitectónica encontré algo que me llamó la atención.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Al día siguiente salí con dirección a La Habana Vieja. En mi camino, acompañado por un cubano amigo de la familia, me sorprendió el estado de los edificios del centro de la ciudad: fachadas con pintura descascarada, grietas que dejan ver el interior de los muros, estructuras que apenas conservaban el polvo de lo que alguna vez fueron viviendas, hoteles o negocios. A veces, al mirar por una puerta abierta, podían vislumbrarse pasillos oscuros y descuidados. No niego que en ello había cierto encanto para un observador accidental como yo, pero me pregunté por cuánto tiempo más una ciudad como ésa podría mantenerse en pie antes de convertirse en polvo. En medio de la decadencia arquitectónica encontré algo que me llamó la atención. En La Habana todavía se ven grupos de niños jugando en la calle. Adultos mayores conversan junto a puestos de frutas mientras ven a la gente pasar. De vez en vez dos personas que hacen mandados se reconocen y se saludan con una efusión inesperada. Entre edificios derruidos encontré una vida comunitaria cuya humanidad resulta cada vez más escasa en otras partes del mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegamos al inicio del Paseo del Prado, junto al Malecón, y desde ahí caminamos hasta el Capitolio. A pesar de ser sábado por la mañana había poco movimiento en la calle. A ambos lados de la avenida me sorprendió ver hoteles lujosos que parecían casi nuevos. El Iberostar Grand Packard, el Royalton Habana y el Gran Hotel Bristol, con sus terrazas con piscina y sus bares de puros son tan sólo algunos de ellos. Y, pese a estar relucientes, la mayoría estaban vacíos. Después de caminar por los barrios del centro me resultaba evidente que pocos cubanos podían permitirse un café en esas terrazas, pero ése no era el problema, pues no habían sido construidas para ellos. El verdadero problema estaba en la falta de divisas extranjeras. Como si las amenazas de intervención no bastaran para disuadir a los visitantes, la escasez de combustible había obligado a varias aerolíneas a reducir o suspender sus vuelos a la isla, por lo cual el número de turistas se había desplomado. Algunos hoteles habían cerrado de manera indefinida por la falta de clientela. Desde afuera sólo se veía lobbies oscuros y desiertos. Mi acompañante me explicó que, aunque muchos de esos inmuebles son operados por cadenas internacionales, la mayoría pertenecen al Grupo de Administración Empresarial, S.A., un conglomerado gestionado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El corazón de La Habana Vieja, con sus edificios de colores pastel y sus calles empedradas a los que tantas veces había cantado Silvio Rodríguez, conserva una belleza tan obstinada que por momentos uno podría olvidarse de la crisis que atraviesa la isla. Pero, al caminar por la Plaza de Armas, tomar algo en el Café de Oriente o admirar la Catedral, lo que encontraba eran comercios, restaurantes y bares vacíos. Las mesas estaban listas, los altoparlantes reproducían música, los meseros estaban en sus puestos, pero nadie llegaba. Entonces tuve la impresión de que todos ahí esperaban algo. En las tiendas de souvenirs, en las puertas de los cafés, a la sombra de los portales. Esperaban. La dificultad estaba en señalar qué era aquello que todos estaban esperando. Tal vez esperaban un buque petrolero en el puerto, un acuerdo con alguna potencia, una intervención extranjera, un grupo de turistas, un boleto al exterior, un fajo de dólares, un bombazo en el malecón o un escenario en el que todas esas circunstancias se presentaran de manera simúltanea y confusa. No lo sé, pero vi a gente que esperaba, que parecía haberse acostumbrado a esperar y estaba cansada de hacerlo. Supongo que, en el fondo, simplemente esperaban un cambio.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Cuando llegamos había dos o tres mesas ocupadas por extranjeros y un pequeño grupo de música cubana que trataba de animar el ambiente. Estaban tocando “Guantanamera”. Nos sentamos en la barra y nos pusimos a platicar. A unos metros de nosotros estaba la estatua de Hemingway.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Luego de unas horas de caminar mi guía y yo fuimos a tomar un daiquirí en El Floridita, uno de los establecimientos más conocidos y, según me habían dicho, parada obligada para quien visita La Habana por primera vez. Cuando llegamos había dos o tres mesas ocupadas por extranjeros y un pequeño grupo de música cubana que trataba de animar el ambiente. Estaban tocando “Guantanamera”. Nos sentamos en la barra y nos pusimos a platicar. A unos metros de nosotros estaba la estatua de Hemingway, uno de los clientes asiduos del establecimiento durante los veinte años que vivió en la isla, junto a una foto del escritor y Fidel Castro. Tras unos minutos, mientras me hablaba sobre tabaco, me di cuenta de que nos habíamos convertido en los únicos clientes en el lugar. Mi acompañante interrumpió su explicación, miró alrededor y, volviendo sobre su vaso, me dijo con una sorpresa resignada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Nunca había visto este lugar tan solo en mi vida.<br>En los días siguientes conocí otros rincones de La Habana. Al caminar por la calle muchas personas trataban de llamar mi atención cuando notaban que era extranjero. Algunos se ofrecían como guías, otros intentaban venderme algo y casi todos me pedían una ayuda. Intenté apoyar a cuantos pudiera con un poco de dinero y algunas palabras, aun sabiendo que cualquier gesto de mi parte era insuficiente. A veces los hombres que se me acercaban caminaban conmigo unos metros mientras me contaban algunas de las dificultades que habían pasado en los últimos meses. Muchos aprovechaban para hablar del gobierno. Al caminar junto a un montón de basura uno de ellos me dijo con nostalgia: “Con Fidel estas cosas no pasaban”. Otro, al hablar de la falta de medicamentos, me comentó: “Lo que pasa es que a nosotros nos engañaron”. Sobre los establecimientos vacíos, un hombre me explicó: “Se dice que hay escasez de alimentos, ¡pero en Cuba no falta nada! En los restaurantes y en las tiendas hay productos, lo que no hay es dinero”. Pese a las palabras diferentes había una idea que se repetía: mientras quienes tienen contactos en el gobierno o en el extranjero logran sobrellevar la situación, el cubano de a pie es quien carga con el mayor peso de la crisis. Yo me limitaba a escucharlos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por aquellos días tomé un taxi del Centro a Vedado. Desde el vehículo observaba los hoteles junto al Malecón, y a la distancia no lograba distinguir cuáles estaban abiertos y cuáles no. En ese paisaje poblado de rascacielos se adivinaban tiempos distantes, mejores para algunos, pero nunca para todos, en los que La Habana tal vez fue una ciudad boyante y cosmopolita. Fue en ese mismo escenario en el que la joven Revolución prometió la llegada de un hombre nuevo que renunciaría a su beneficio individual para entregarse a la colectividad. Todo era cuestión de tiempo. En tanto que ese modelo ejemplar aparecía muchos cubanos habían dejado de esperar y se habían marchado del país. Para muchos la decisión de migrar no respondía tanto a razones ideológicas como a la necesidad de tener un horizonte de futuro. En el cielo había algunas nubes y en el mar unas manchas de azul claro rodeadas por otro azul más intenso y profundo. El conductor me dijo que esa mañana había llegado al puerto un buque ruso con petróleo. Pensé que era una buena noticia para los cubanos y se lo dije. Él respondió sin dudar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿De qué sirven esos buques que llegan con ayuda y petróleo si no hacen ninguna diferencia en la vida del pueblo?<br>A pesar de que yo mismo había defendido esos envíos en el pasado, no encontré una respuesta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de una semana en La Habana quise terminar mi viaje de la misma manera en que lo había comenzado. Regresé sobre mis pasos hasta la Plaza de la Revolución. Una vez más me coloqué en el centro de la explanada. Sus rostros seguían ahí, iguales a cuando los vi por primera vez. Sus expresiones no habían cambiado, no habían visto lo que yo había visto ni escuchado lo que yo había escuchado. Camilo Cienfuegos desapareció en el mar poco después del triunfo de la Revolución, el Che Guevara renunció a su ministerio y fue a morirse a Bolivia en 1967. Frente a ellos permanecía la misma plaza desierta que había encontrado días antes. Más tarde supe que esa misma mañana había tenido lugar una marcha juvenil contra el imperialismo en el Malecón y un anuncio de la liberación de más de dos mil presos. Durante mi estancia escuché muchas explicaciones distintas sobre lo que estaba ocurriendo en la isla. Escuché hablar del bloqueo, de la escasez de combustible, de la falta de medicamentos, de los salarios que no alcanzan. Entonces recordé la pregunta del taxista. No supe qué responderle entonces y tampoco lo supe ahora, frente los rostros de los héroes de la Revolución. Fui a Cuba con la esperanza de encontrar los ecos de un mito, pero había llegado demasiado tarde. Ninguna esperanza, ninguna promesa, ningún horizonte. Sólo una ciudad que espera. <mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-luminous-vivid-orange-color">®</mark></p>
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		<title>El pecado del neonazismo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rogelio Villarreal]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 10 May 2026 19:09:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Apuntes y crónicas]]></category>
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					<description><![CDATA[Los crímenes de odio contra personas de religión diferente a la nuestra son delitos repudiables, se trate de cristianos, budistas, judíos o musulmanes. Lo grave es que hay grupos que culpan a los judíos de odiar a los cristianos. Nada más falso. Hay una nueva moda en los rincones más oscuros del internet: falsos cristianos [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Los crímenes de odio contra personas de religión diferente a la nuestra son delitos repudiables, se trate de cristianos, budistas, judíos o musulmanes. Lo grave es que hay grupos que culpan a los judíos de odiar a los cristianos. Nada más falso.</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="688" height="475" src="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/el-progromo-de-estrasburgo-matanza-de-los-judios-de-esta-ciudad-que-tuvo-lugar-en-1349-ilustracion-de-emile-schweitzer-1894_a1ef0ad4_240527161119_1280x884.jpg?resize=688%2C475&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-65145" srcset="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/el-progromo-de-estrasburgo-matanza-de-los-judios-de-esta-ciudad-que-tuvo-lugar-en-1349-ilustracion-de-emile-schweitzer-1894_a1ef0ad4_240527161119_1280x884.jpg?w=1280&amp;ssl=1 1280w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/el-progromo-de-estrasburgo-matanza-de-los-judios-de-esta-ciudad-que-tuvo-lugar-en-1349-ilustracion-de-emile-schweitzer-1894_a1ef0ad4_240527161119_1280x884.jpg?resize=240%2C166&amp;ssl=1 240w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/el-progromo-de-estrasburgo-matanza-de-los-judios-de-esta-ciudad-que-tuvo-lugar-en-1349-ilustracion-de-emile-schweitzer-1894_a1ef0ad4_240527161119_1280x884.jpg?resize=768%2C530&amp;ssl=1 768w" sizes="auto, (max-width: 688px) 100vw, 688px" /><figcaption class="wp-element-caption">El pogromo de Estrasburgo, matanza de judíos en 1349. Pintura de Émile Schweitzer, 1894.</figcaption></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">Hay una nueva moda en los rincones más oscuros del internet: falsos cristianos que comparten citas del Talmud y versiones recicladas de los <em>Protocolos de los Sabios de Sión</em> para demostrar cuánto odian los judíos a los cristianos, y de ese modo inclinar el tradicional apoyo cristiano a Israel en Estados Unidos hacia el lado contrario, contribuyendo con ello a propiciar un nuevo Holocausto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Saben que la probabilidad de que algo así ocurra se vuelve mucho más alta si Estados Unidos retira el apoyo a Israel. Y eso es exactamente lo que desean.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo hacen con fervor evangélico, convencidos de estar revelando una conspiración milenaria. Y aquí está el primer problema: tienen una pizca de razón. Suficiente para que el argumento parezca sólido a los ojos incautos. Insuficiente para que no sea una mentira.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es decir, que la religión judía rabínica, la que sobrevivió a la destrucción del Templo y se consolidó a través del Talmud, se construyó en parte en polémica con el cristianismo naciente. El rechazo de Jesús como mesías no es un detalle periférico, sino un elemento constitutivo de esa tradición. Señalar es simple historia de las religiones, no antisemitismo. De hecho, es, también, una verdad de Perogrullo, pues una religión que no acepta las premisas de otra no es necesariamente su enemiga, sino simplemente otra religión. Lamentarse porque el judaísmo no reconoce a Jesús tiene la misma lógica, pues, que escandalizarse porque los budistas no rezan el rosario.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">El judío que pateó a una monja francesa en Jerusalén, el que destruyó una efigie cristiana en Líbano, el que profiere insultos contra Jesús en un video viral: todos reales y repudiables. Todos, también, absolutamente minoritarios dentro de una comunidad de quince millones de personas.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Digamos que, hasta ahí, el argumento neonazi tiene cierta base. El problema es lo que hace después con ella. La estrategia es sencilla y antigua: tomar lo que hacen una fracción marginal —los ultraortodoxos más radicales, una minoría dentro de la minoría— y extenderlo como caracterización de todo el grupo. El judío que pateó a una monja francesa en Jerusalén, el que destruyó una efigie cristiana en Líbano, el que profiere insultos contra Jesús en un video viral: todos reales y repudiables. Todos, también, absolutamente minoritarios dentro de una comunidad de quince millones de personas. Presentarlos como muestra representativa del judaísmo mundial es tan riguroso como definir al catolicismo por sus sacerdotes pederastas, o al protestantismo por los pastores charlatanes que estafan a sus fieles. Pero ahí sí que no les gusta. Y eso que lo que ellos hacen es estadísticamente más grave, porque los sacerdotes pederastas son, según ciertos estudios, hasta un 4% o 5% del total. ¿Y qué porcentaje de pastores “protestantes” son charlatanes? Mucho más de ese porcentaje. En cambio, los judíos que cometen actos violentos contra cristianos difícilmente creo que lleguen a uno de cada diez mil, y, además, normalmente cometen el acto una sola vez en su vida, porque de inmediato suelen ser arrestados y procesados. Por no mencionar que el acto delictivo en cuestión no llega ni de lejos a los grados de maldad de los crímenes de los sacerdotes pederastas, o de los musulmanes terroristas. Suele quedarse en lesiones menores, daños a estatuas, escupitajos, gritos, insultos. Está mal y son auténticos delitos, eso no se discute. Pero, ¿quién queda peor parado en una comparación seria? ¿Quién comete más gravemente la calumnia llamada “falacia de composición”?</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Durante los últimos dieciséis siglos, fueron las iglesias —y no las sinagogas— las que organizaron masacres, expulsiones y hogueras. Los judíos estuvieron casi dos milenios sin ejércitos o policías con los que perseguir a nadie.</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Por si esto no bastara, hay además una inversión histórica que estos “cristianos” prefieren no recordar, y es que, durante los últimos dieciséis siglos, fueron las iglesias —y no las sinagogas— las que organizaron masacres, expulsiones y hogueras. Los judíos estuvieron casi dos milenios sin ejércitos o policías con los que perseguir a nadie. Sí, en el pasado las autoridades saduceas y fariseas persiguieron física y sistemáticamente a cristianos. Sólo que la última vez fue por ahí del año 60 d.C. Desde entonces, los rarísimos casos de violencia anticristiana perpetrada por judíos son anecdóticos, documentables uno por uno, procesados por los propios tribunales israelíes con toda dureza —cuando ocurren ahí, y que yo sepa sólo ocurren ahí—. La violencia en sentido contrario tiene, en cambio, nombre de ciudades: York, Granada, Estrasburgo, Kiev, Varsovia, Auschwitz. Y tiene seis millones de muertos tan sólo en el último siglo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">San Pablo lo vio venir. La epístola a los Romanos —texto fundacional del que estos neonazis dicen nutrirse— advierte explícitamente, en el capítulo 11, contra la arrogancia de los gentiles hacia el pueblo de Israel. El versículo 18 es suficientemente claro como para no requerir ninguna aclaración: “No seas arrogante para con las ramas (el Israel no cristiano); pero si eres arrogante, recuerda que tú no eres el que sustenta la raíz, sino que la raíz es la que te sustenta a ti”.&nbsp;Que quienes invocan ese mismo texto para justificar el odio no lo hayan leído hasta esa página dice todo lo necesario sobre la calidad de su fidelidad exegética y moral.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El resultado final es una paradoja perfecta: gente que dice defender a los cristianos del odio judío reproduce, punto por punto, la misma lógica que denuncia, y multiplicándola al máximo. Generalización del grupo, uso selectivo de casos extremos, descontextualización histórica, citas manipuladas. De modo que el verdadero fariseo del siglo XXI, y el que puede causar genocidios atroces y reales, no está en ese rabino loquito y podrido, con sombrero negro y rizos, que maldice a los <em>goyim,</em> y al que le hacen caso treinta judíos alrededor del mundo. Está frente al espejo. <mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-luminous-vivid-orange-color">®</mark></p>
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		<title>Nina Mahsati: Crónicas de una antifeminista</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rogelio Villarreal]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 04 May 2026 20:17:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros y autores]]></category>
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					<description><![CDATA[La violencia en la pareja no era algo que pudiera reconocer plenamente como negativo, porque crecí violentada por mi madre pensando que ella “me quería a su manera”. Crecí creyendo que el abuso era parte del amor. Mujer resiliente, hija, madre, esposa, amiga y estudiante de la carrera de Derecho. Nina Mahsati creció en un [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>La violencia en la pareja no era algo que pudiera reconocer plenamente como negativo, porque crecí violentada por mi madre pensando que ella “me quería a su manera”. Crecí creyendo que el abuso era parte del amor</strong><strong>.</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="688" height="547" src="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-04-a-las-2.16.19-p.m.png?resize=688%2C547&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-65138" srcset="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-04-a-las-2.16.19-p.m.png?w=1686&amp;ssl=1 1686w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-04-a-las-2.16.19-p.m.png?resize=240%2C191&amp;ssl=1 240w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-04-a-las-2.16.19-p.m.png?resize=768%2C610&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-04-a-las-2.16.19-p.m.png?resize=1536%2C1221&amp;ssl=1 1536w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-04-a-las-2.16.19-p.m.png?w=1376&amp;ssl=1 1376w" sizes="auto, (max-width: 688px) 100vw, 688px" /><figcaption class="wp-element-caption">Nina Mahsati y su libro.</figcaption></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">Mujer resiliente, hija, madre, esposa, amiga y estudiante de la carrera de Derecho. Nina Mahsati creció en un hogar de clase media disfuncional del que parecía no haber salida ni oportunidades. Sus padres se divorcian cuando ella tiene nueve años, y queda a cargo de su madre, quien la lleva a vivir junto a su nueva pareja. Ese hombre cuidaría de Nina, pero también se convertiría en su acosador sexual. Situación que la conduce a abandonar el hogar al cumplir la mayoría de edad. En ese tiempo de incertidumbre y desamparo encuentra refugio en el cuarto de una azotea a cambio de trabajo no remunerado en una pollería. Nina reconoce que se involucró en relaciones afectivo–destructivas, en las que normalizó la violencia por ser lo único que había conocido hasta entonces. De aquellas relaciones turbulentas con su pareja queda embarazada. No obstante, sola y sin apoyo, jamás pensó en abortar por saberlo “producto de una violación”. Al contrario, aferrada a su hijo encuentra las garras, el empuje que necesita para romper con el entorno pernicioso que la ciñe.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta aquí todo parece un horizonte común en los casos de abuso a mujeres perpetrados por algunas “masculinidades tóxicas”. Lo más disonante en el testimonio de la fundadora de la Organización Rescate de Infancia, y que se aleja de todo discurso oficial conocido, es el intento de asesinato que vivió a manos de su propia progenitora en un arranque de furia incontenible. El testimonio atípico e invaluable de Nina Mahsati expone el lado oscuro de la figura femenina materna, de aquella destinada a ser el “lugar seguro” en el cuidado de los hijos. Años de maltratos y de obstrucción de vínculos, Nina creció convencida de que su padre biológico no la quería porque no le daba para su pensión alimenticia, como le decía su madre.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">El testimonio atípico e invaluable de Nina Mahsati expone el lado oscuro de la figura femenina materna, de aquella destinada a ser el “lugar seguro” en el cuidado de los hijos. Años de maltratos y de obstrucción de vínculos, Nina creció convencida de que su padre biológico no la quería&#8230;</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Más tarde, lo que Nina descubriría de su propia historia nos revela que no todo es como dicen y no todo es como parece. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nina Mahsati (Ciudad de México, 1990) es redactora de investigación, mentora en combate de obstrucción de vínculos familiares, fundadora de la Organización Rescate de Infancia, escritora y conferenciante. Ha escrito su primer libro: <em>Crónicas de una antifeminista, un análisis crítico del feminismo actual</em> (Casa Editorial Israel, 2025). Ésta es una conversación con ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—¿Alguna vez pensaste que lograrías superar todas las pruebas adversas que viviste después del divorcio de tus padres? ¿Te imaginabas llegar hasta dónde has llegado?<br></em>—El divorcio de mis padres marcó mi vida de formas que no pude notar hasta años después de que sucedió. Durante muchos años me sentí completamente rebasada por las consecuencias que todo esto trajo a mi vida. Reconozco que por un momento llegué a pensar que no saldría de los apuros en los que me encontraba. He trabajado muy duro durante muchos años para recuperarme completamente de todo lo que he pasado y aún sigo en el proceso. Jamás pensé llegar al punto en el que me encuentro ahora, pero ahora sé que todo lo que he vivido me ha traído hasta aquí, hasta este punto en el que estoy muy orgullosa de mí misma y de haber convertido mis dolores y pesares en el motor de una lucha por la infancia y por la justicia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—¿Cuánto tiempo pasó después del divorcio entre tus padres, para que tu madre estableciera relaciones con su nueva pareja?<br></em>—Mis padres se separaron cuando yo tenía nueve años. Después mi madre tuvo múltiples parejas durante los años que siguieron. Finalmente, cuando yo tenía quince años mi madre consiguió un novio serio con quien nos mudamos rápidamente. No le avisó a mi padre de esa mudanza, y así mi papá ya no supo dónde encontrarme.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—¿Cómo te llevaste con él cuando lo conociste?<br></em>—Siempre lo rechacé desde el inicio, pero entre más lo rechazaba más se esforzaba por ganar mi confianza. Me hacía montones de regalos y detalles para que dejara de tratarlo con hostilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—¿En qué momento decidiste que tenías que salir de tu casa?<br></em>—Yo llevaba meses siendo abusada sexualmente por mi padrastro (el abuso comenzó cuando Nina tenía dieciséis años). Decido salir de casa cuando noto que él empieza a tratar de convencer a mi mamá de que yo era mentirosa, decir que yo mentía en situaciones cotidianas irrelevantes. Eso me preocupó, porque pensé que estaba preparando “el terreno” para que nadie me creyera si yo decidía hablar de lo que me hacía. Por lo que temí que me hiciera cosas más graves, y que, al decirlas, mi mamá pensara que era mentirosa por todo lo que él le había hecho creer de mí.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—¿Cómo fue vivir fuera de tu casa y hacerte cargo de ti misma?<br></em>—Afortunadamente conocí buenas personas que, en la medida de sus posibilidades, me brindaron todo el apoyo que pudieron, cosa que agradezco enormemente, pero estar sola fue lo más difícil para mí. Soy la mayor de cuatro hermanos, y pasar de tener compañía todo el tiempo a vivir sola fue lo que más tristeza me causó. Un par de semanas después de haberme ido de casa fui a visitar a mi madre, que me presionó para decirle las razones por las que me había ido. Finalmente, se lo dije y por un momento tuve esperanza de que hiciera algo al especto, que decidiera dejar a su pareja y que yo pudiera volver a vivir con mi familia, pero en su lugar su respuesta fue “bueno, pero ya te fuiste. Ya no pasa nada”. No podía volver a casa y creía todavía que mi padre no me quería. Nunca me sentí tan sola como en ese momento<strong>.</strong><em></em></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Un par de semanas después de haberme ido de casa fui a visitar a mi madre, que me presionó para decirle las razones por las que me había ido. Finalmente, se lo dije y por un momento tuve esperanza de que hiciera algo al especto, que decidiera dejar a su pareja y que yo pudiera volver a vivir con mi familia, pero en su lugar su respuesta fue “bueno, pero ya te fuiste. Ya no pasa nada”.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—¿Cómo inicias la relación con el padre de tu hijo?<br></em>—La soledad emocional y la baja autoestima son los peores estados para conocer pareja. Elegí relaciones abusivas buscando encontrar la familia que había perdido. La violencia en la pareja no era algo que pudiera reconocer plenamente como negativo porque crecí violentada por mi madre pensando que ella “me quería a su manera”, así que crecí creyendo que el abuso era parte del amor<strong>.</strong><em></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—Has mencionado que sufriste de desórdenes alimenticios debido a un episodio traumático que viviste, fue la conclusión a la que llegaron cuando tomaste terapia. ¿Podrías compartirnos más detalles al respecto?<br></em>—Así es. Durante diferentes momentos en mi vida he buscado ayuda psicológica profesional. En estas terapias descubrí que el trastorno alimenticio por atracón que desarrollé desde mi adolescencia tenía relación directa con el intento de homicidio que sufrí a manos de mi madre. Incluso notamos en terapia la razón por la que selecciono de manera particular algunos alimentos para el atracón y que tienen relación con sentirme asfixiada nuevamente, como lo intentó hacer mi mamá conmigo, y con buscar callar lo sucedido tras veinte años de mantener oculto lo que sucedió.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—¿En qué momento decides buscar a tu padre y cómo fue ese encuentro?<br></em>—Decidí buscar a mi papá cuando me di cuenta de que no podría seguir trabajando a cambio de vivienda cuando entrara a la universidad. Pensé en pedirle ayuda a mi papá, pero yo creía todavía que no me quería por lo que pensé buscarlo para ofrecerle un plan de pagos para devolverle toda la ayuda que me diera para estudiar. Así que le envíe un correo electrónico que respondió de inmediato y quedamos de vernos al día siguiente. Yo tenía un largo discurso de reproches para darle porque yo creía que él no había pagado mi manutención y que no le había importado, pero cuando lo vi no pude reprochar nada. Verlo de nuevo fue como si no hubiera pasado el tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—Platícanos de tu libro </em>Crónicas de una antifeminista. <em>¿Qué vamos a encontrar en él?<br></em>—En mi libro el lector va a encontrar evidencia y argumentos sólidos que demuestran cómo el feminismo no busca la igualdad entre hombres y mujeres, sino que busca privilegios sexistas usando como estrategia la victimización de la mujer y la manipulación de los datos. La deshumanización del varón, la violencia contra las mujeres disidentes, la vulneración de la infancia y la destrucción de la familia. En mi libro encontrarán las pruebas de ello desde sus orígenes hasta nuestros días.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—¿Cuál es la función de una mentora en combate de obstrucción de vínculos familiares?<br></em>—Durante un par de años me dediqué a dar mentorías a padres y familias que no podían ver a sus hijos resultado de la obstrucción de vínculo. En ellas, trabajamos estrategias para identificar abogados abusivos, cómo hablar con sus hijos alienados y la contraparte obstructora, cómo sobrellevar el duelo por obstrucción y cómo recuperar la alegría de vivir aun cuando se atraviesa por estas dificultades. En febrero de este año cerré mi agenda de mentorías de forma permanente para dedicarme de lleno a la investigación de mi segundo libro.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—Nina, ¿cómo andamos en México en cuestión de la custodia compartida.<br></em>—Mal. En México existe un notable sesgo en favor de la maternidad sin consideraciones de idoneidad. En México vivimos un matriarcado social en el que la figura materna es venerada. Además, los jueces de lo familiar, de manera personal, siguen creyendo que los niños deben ser cuidados por la madre y, aunque se piense que esta creencia es por machismo, en realidad es promovida por el mismo feminismo que, con leyes como la de violencia vicaria y la perspectiva de género, siguen perpetuando la idea de que la madre debe tener la preferencia en la crianza.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—En días recientes se dio a conocer que Citlalli Hernández renunció a la Secretaría de las Mujeres. Desde tu trinchera, desde tu experiencia en materia penal, ¿qué errores cometió la funcionaria de Morena?<br></em>—Creo que la salida de esta funcionaria de la Secretaría obedece principalmente a motivos electorales. Citlalli es la imagen pública de la discriminación contra el varón en esta administración y desean enfriar un poco la opinión pública en contra del feminismo promovido por Sheinbaum para conseguir el voto masculino. Citlalli en diversas ocasiones pisoteó el Estado de derecho y presionó autoridades para garantizar la impunidad de mujeres agresoras en casos de peso mediático. Pero estoy segura de que éstos ni fueron errores, ni fueron su idea, ni son un problema para la agenda feminista de este gobierno. Se ejecutaron con toda la intención de mostrar el poder del feminismo en esta administración, y ahora apuestan al olvido de la opinión pública porque necesitan el voto masivo.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">La falsa declaración ante la autoridad lo único que te dice es que el daño se le hace a la autoridad porque la hiciste trabajar en vano, porque se ocuparon recursos y se invisibiliza por completo que, en una falsa denuncia, hay un inocente que pierde. Pierde trabajo, patrimonio, libertad, más los riegos que sufre en prisión: violación, golpes, pierde años de su vida. </p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—¿Cuáles serían tus propuestas para mejorar el sistema de justicia en México?<br></em>—Se necesita limpiar, depurar tanto la normatividad como las instituciones. En este punto, poco sería lo que podríamos agregar, se trata de quitar. Quitar protocolos con perspectiva de género. Normatividad como la violencia vicaria, la ley Alina, etc. Sacar las ideologías de nuestro cuerpo normativo. Agregar legislación en contra de las denuncias falsas, porque, lo que existe en estos momentos es insuficiente. Lo único con lo que se cuenta para castigar denuncias falsas, actualmente, es la falsa declaración ante la autoridad. Pero a mí me parece insuficiente. La falsa declaración ante la autoridad lo único que te dice es que el daño se le hace a la autoridad porque la hiciste trabajar en vano, porque se ocuparon recursos y se invisibiliza por completo que, en una falsa denuncia, hay un inocente que pierde. Pierde trabajo, patrimonio, libertad, más los riegos que sufre en prisión: violación, golpes, pierde años de su vida. Entonces, la falsa declaración ante autoridad se vuelve insuficiente. Debemos comenzar a sancionar al que miente. Leyes neutras para cualquier persona. También agregaría custodia compartida en casos de divorcio y separación en materia familiar. La figura de la pensión alimenticia es obsoleta e ineficiente, lo único que hace es generar más conflictos en los divorcios. Es inútil porque todas las mujeres te van a decir que no les alcanza. Además, en una sociedad que aspira a que todos seamos iguales, la custodia compartida es eso, generar igualdad de condiciones, tanto en la manutención y la crianza. Hasta ahora, me parece impresionante que las feministas, hoy, no se hayan posicionado en contra de la pensión alimenticia que refuerza estereotipos de género: el padre es el que tiene que pagar, la madre es la que se tiene que quedar con los hijos. El sistema de justicia y los mecanismos de prevención deben volver a la objetividad de la ciencia estadística que no sustenta las motivaciones de género.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—Nina, el ser humano no es bueno ni malo por naturaleza. Existen seres humanos falibles e imperfectos. Mi planteamiento es, si tu sufrimiento ha provenido mayormente de varones malos ¿por qué no escribir sobre ello?<br></em>—Es simple. Porque si hablara de los varones malos nadie me cuestionaría, recibiría apoyo y empatía. Un trato que jamás recibo por hablar de la violencia que también ejercen las mujeres. Cuando lo expongo recibo ataques, burlas, descalificaciones, críticas, insultos y amenazas. Es ahí cuando me doy cuenta de que estamos muy lejos de combatir la violencia en general si a las mismas víctimas les asignamos un valor diferente en razón de su sexo. Si el agresor es hombre entonces le sirve al discurso oficial y, por el contrario, si la agresora es mujer pone en peligro la narrativa. El feminismo busca ocultar la violencia que cometen las mujeres para beneficio único de las mujeres violentas. El silencio sólo beneficia a las agresoras. ¡Rompamos el silencio! Mi lucha es por un mundo en el que todas las víctimas sean importantes y que todos los agresores y agresoras sean llevados a la justicia y juzgados por sus acciones con independencia de su sexo.<strong> </strong><em></em></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">No quería considerarme víctima de nada ni de nadie porque eso implicaba entregar mi poder personal a terceros. Yo estaba dispuesta a reconocer mis errores, aunque fuera doloroso hacerlo, y asumir la completa responsabilidad de mi vida, porque entendí que ésa era la única manera de llegar a convertirme en la mujer que siempre soñé ser.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="688" height="1031" src="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/61TVEeVEXbL._SL1499_.jpg?resize=688%2C1031&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-65136" srcset="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/61TVEeVEXbL._SL1499_.jpg?w=1000&amp;ssl=1 1000w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/61TVEeVEXbL._SL1499_.jpg?resize=133%2C200&amp;ssl=1 133w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/61TVEeVEXbL._SL1499_.jpg?resize=768%2C1151&amp;ssl=1 768w" sizes="auto, (max-width: 688px) 100vw, 688px" /><figcaption class="wp-element-caption">Análisis crítico del feminismo actual.</figcaption></figure>
</div></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"><em>—Compártenos ese momento de epifanía en el que tu padre pone en tus manos ¿qué cosa? y ¿cómo contribuyó ese objeto a salvar tu existencia?<br></em>—Las experiencias que viví durante mi infancia y adolescencia me llevaron a hacer elecciones de pareja sumamente destructivas. Fui madre en condiciones de violencia y vulnerabilidad y me encontraba en una espiral decadente de malas decisiones impulsadas por los traumas y las carencias emocionales con las que crecí. Fue mi padre quien me dio las herramientas necesarias para salir de ese torbellino. Él me dio una colección de libros, todos relacionados con la dependencia emocional, el amor sano y la inteligencia emocional. Leí todos esos libros uno tras otro. Siempre fui muy afecta a la lectura porque de niña era mi refugio, y como adulta joven fue mi salvavidas. Fue una etapa de mi vida en la que me encerré en mí misma y me dediqué a conocerme, a curar mis heridas, a volver sobre mis pasos y reconocer mis errores para hacerme responsable de ellos y mejorar. Fue como tomar un curso intensivo para madurar, para sanar mi alma y para tomar de nuevo las riendas de mi vida. No quería considerarme víctima de nada ni de nadie porque eso implicaba entregar mi poder personal a terceros. Yo estaba dispuesta a reconocer mis errores, aunque fuera doloroso hacerlo, y asumir la completa responsabilidad de mi vida, porque entendí que ésa era la única manera de llegar a convertirme en la mujer que siempre soñé ser.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El feminismo nunca hubiera podido hacer eso por mí, porque la victimización eterna que lo caracteriza sólo hubiera hecho más grandes mis heridas y hubiera buscado fuera de mí a quien responsabilizar de mi desdicha. Siempre me ha parecido gracioso cuando las feministas me dicen que “agarre un libro” cuando fue justamente eso, lo que me libró de acabar como ellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La lectura me salvó y ahora le devuelvo el apoyo escribiendo mi propia historia, mi visión del mundo, mis investigaciones y mis pensamientos para que otros puedan encontrar nuevos caminos de aprendizaje como yo encontré los míos. <mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-luminous-vivid-orange-color">®</mark></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.amazon.com.mx/Cr%C3%B3nicas-una-antifeminista-Nina-Mahsati/dp/9403821280">Aquí</a> puedes comprar <em>Crónicas de una antifeminista</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nina Mahsati en <a href="https://x.com/Nina_Mahsati">X</a>.</p>
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		<title>Misha Tal, el paciente</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rogelio Villarreal]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 04 May 2026 19:23:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Apuntes y crónicas]]></category>
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					<description><![CDATA[Lo conocían como el Mago de Riga, destacó por su gran capacidad para crear combinaciones y ataques tácticos con sacrificios sorprendentes y a menudo muy arriesgados. Ganó el Campeonato Soviético seis veces. Ésta es la historia de sus últimos días. No lograron despedirme, aunque sí reubicarme; me hicieron el juntacadáveres. Así llamaban a los médicos [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lo conocían como el Mago de Riga, destacó por su gran capacidad para crear combinaciones y ataques tácticos con sacrificios sorprendentes y a menudo muy arriesgados. Ganó el Campeonato Soviético seis veces. Ésta es la historia de sus últimos días.</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="679" height="420" src="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/188556104_3962900510412215_5816105867331117832_n.jpg?resize=679%2C420&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-65130" style="width:819px;height:auto" srcset="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/188556104_3962900510412215_5816105867331117832_n.jpg?w=679&amp;ssl=1 679w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/188556104_3962900510412215_5816105867331117832_n.jpg?resize=240%2C148&amp;ssl=1 240w" sizes="auto, (max-width: 679px) 100vw, 679px" /><figcaption class="wp-element-caption">Misha Tal en 1982.</figcaption></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph"><strong>No lograron despedirme, aunque sí reubicarme</strong>; me hicieron el juntacadáveres. Así llamaban a los médicos exiliados al área de desahuciados. Mi nuevo puesto era cuidar a medios hombres, tullidos, ancianos y vegetales. Pacientes terminales que insistían en tener a alguien que los viera irse al otro lado. En mis primeros días ahí vi morir a cuatro personas, ya no me sorprendía como cuando salí de la facultad en Moscú, pero sí me pareció extraño. Un doctor que no lucha por salvar una vida es parecido a Caronte, el que guía las almas al inframundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A finales de abril del noventa y dos llegó un paciente nuevo, su archivo decía que tenía insuficiencia renal y complicaciones hepáticas. Seguro era otro ebrio. Por lo general iba acompañado de alguna enfermera a la primera revisión; esta vez no, volteaban la cara cuando notaban que me acercaba, igual que los demás doctores. Abrí la puerta del cuarto de Mikhail Tal, el paciente que no me escuchó entrar. Estaba sentado en una silla junto a la ventana con un cenicero lleno de colillas en su pierna derecha.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todos ahí tenían aspecto moribundo, pero había algo distinto en él. En lugar de mano derecha tenía un muñón partido a la mitad con un pulgar normal que resaltaba en la extremidad; el cabello que le quedaba a los costados del cráneo crecía vertical; estaba tan delgado que la piel de su cara descansaba en su cráneo desprovisto de músculo; su nariz era grande. No veía a alguien así desde que atendía campesinos en el hospital de Múrievo, sólo que había algo distinto en sus ojos, eran pícaros, casi felinos. Incluso ahí sentado con aspecto de cadáver tenía la mirada de un niño que planea una travesura, como si riera para sus adentros sobre algo ocurrido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Le pedí que pasara a la cama para revisarlo, había un tablero de ajedrez, lo moví para que pudiera acostarse y lo desacomodé. Antes de que pudiera disculparme me dijo que no había problema. Noté que la tapa de una licorera se asomaba de una esquina bajo la almohada. Leí su expediente en voz alta por si no lo habían puesto al tanto, luego lo revisé. Le dije en un lenguaje formal y médico que ya tenía un pie en la tumba. Mientras yo hablaba, él acomodó las piezas como estaban, ni una fuera de lugar. Llamó mi atención. Estaba por irme, no me apetecía confiscar la petaca de un moribundo, le recomendé no beber en su estado de salud.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Si me gana una partida le entrego mi licorera —el tono felino volvió a sus ojos cuando me propuso aquello.<br>—Tengo que ver a otros pacientes.<br>—Entiendo, seguro que si alguien muere por aquí es por culpa suya —me dijo con media sonrisa en su cara.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Al final del juego dejó que tomara su reina, en cuanto me sentí complacido por mi movimiento me ganó con un caballo, una de las dos piezas con las que terminó. Miré el tablero, no entendía del todo cómo había pasado aquello.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Acepté. Me ofreció las piezas blancas, su mirada era juguetona e intensa, tenía la vida que le faltaba en el resto del cuerpo. Era muy bueno, yo no jugaba desde que era adolescente, pero al menos sabía los principios, él los rompió todos. Parecía que cada vez que comía una de sus piezas mi posición empeoraba. Mikhail no dejaba de fumar, a la mitad de la partida comenzó a hacerlo con su mano derecha, la deforme, seguro se dio cuenta de que la observaba porque soltó una risita y me ofreció uno de sus cigarrillos, no me negué. Yo tenía el gesto de alguien que hacía un esfuerzo físico, él el de alguien que entretiene a un niño. Al final del juego dejó que tomara su reina, en cuanto me sentí complacido por mi movimiento me ganó con un caballo, una de las dos piezas con las que terminó. Miré el tablero, no entendía del todo cómo había pasado aquello.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—En el ajedrez hay dos tipos de sacrificios: los correctos y los míos —me dijo, complacido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Devolví el tablero a la mesita junto a la cama y salí del cuarto. Me topé de frente con una enfermera cuando di unos pasos fuera, creo que ya me esperaba, era joven, al menos más que yo. Señaló uno de los letreros de “prohibido fumar” que habían puesto en los pasillos hace poco tiempo. Le pregunté si era el jefe de medicina interna, la dueña del hospital o mi madre, respondió que en negativo a todo. No dijo más, se dio la vuelta y se fue. Algunas colegas suyas que presenciaron ese intercambio me miraban con odio, incluso una que tenía un cigarrillo en la boca. Escuché una risa detrás de mí, era Mikhail, me hizo un gesto de brindis con su licorera.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Volví al día siguiente para otra revisión</strong>. Antes de entrar al cuarto vi que había alguien más ahí, era un periodista, tenía una grabadora en la mesita junto a la cama y una libreta en las manos. Gracias a eso me enteré de que no había perdido la partida contra un campesino raro y agonizante, sino contra un campeón mundial. Permanecí pegado al marco de la puerta para escucharlos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—En la historia del ajedrez sólo tres campeones mundiales vivieron con sus padres durante la infancia. Los tres retuvieron el campeonato por un año. ¿Le parece una coincidencia? ¿Quizá le faltó esa fuerza que sólo tienen los pobres? —preguntó el tipejo de la revista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Hace tiempo escribieron un libro sobre mí, <em>El enigma de Tal,</em> en el que el autor tiene una hipótesis parecida. Soy el hijo de una familia sin problemas que vivió una vida relativamente tranquila. La Segunda Guerra Mundial no me afectó mucho en realidad, así que tengo un estilo de juego. La vida de Tigran Petrosian fue más difícil, complicada, eso también impactó su estilo. Me parece una hipótesis válida, pero sólo eso: una hipótesis.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No dejó de fumar ni de reírse durante toda la conversación. Casi se carcajeaba de sus mejores sacrificios y que cuando era mucho más joven era tan bueno que a las autoridades soviéticas no les importó que fuera judío. El periodista oprimió un botón de su grabadora, la guardó en su portafolio junto con su libreta. La entrevista había terminado, le agradeció antes de avisarle que su texto se publicaría unas semanas antes del Torneo de Ajedrez Rápido de Moscú. Salió.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al entrar Mikhail me preguntó qué opinaba sobre lo que había escuchado. Cuando le reproché haberme ocultado el detalle de su título mundial antes de nuestra partida replicó que de lo contrario me habría cohibido al momento de jugar o no lo habría hecho. Admití que tenía razón. Esta vez fui yo quien le dio un cigarro. Mientras lo inyectaba, él quiso saber dónde aprendí de ajedrez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Mi padre me enseñó de niño, luego me inscribió en una de las escuelas soviéticas durante un tiempo —le comenté.<br>—¿Por qué dejó de jugar?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de que pudiera explicar cualquier cosa se retorció en la cama, eran los dolores que lo habían traído al hospital. Recobró el control de sí cuando le administré morfina, tuve que usar unos miligramos más de lo necesario. Exhaló luego de unos segundos, se relajó. El campeón mundial de ajedrez tuvo el mismo espasmo en los músculos, la respiración entrecortada y los dedos contraídos de todas las personas antes de morir. En ese momento fue muy obvio lo parecidos que lucen los desahuciados, no importa si se trata de un hombre común o de alguien extraordinario, al final todos se van igual.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">El campeón mundial de ajedrez tuvo el mismo espasmo en los músculos, la respiración entrecortada y los dedos contraídos de todas las personas antes de morir. En ese momento fue muy obvio lo parecidos que lucen los desahuciados, no importa si se trata de un hombre común o de alguien extraordinario.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Lo ayudé a encender otro cigarrillo, sus manos aún temblaban. Me preguntó si le podía dar un poco más de anestesia sólo por gusto, se rio cuando me negué y le dio unos tragos a su petaca. Estaba a punto de decirle, otra vez, lo malo que era el alcohol para un paciente con insuficiencia renal, pero me interrumpió.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—No me dijo por qué dejó de jugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Le conté de cuando fui expulsado de una de las escuelas soviéticas de ajedrez por golpear a uno de mis compañeros. Mikhail frunció el ceño, parecía confundido. Una riña entre alumnos no ofendía a nadie, era algo común, el problema fue que le di el primer puñetazo antes de terminar una partida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Pero por qué lo golpeó?<br>—No jugaba, sólo forzaba empates —respondí.<br>—Entiendo. Buscar un empate, sobre todo con las blancas, es un crimen contra el ajedrez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Le agradecí por ser más comprensivo que mi padre en su momento, luego le pregunté si a él le había pasado algo así. Me dijo que sí, pero no tal cual. En el sesenta y seis, la noche antes de comenzar la olimpiada de ajedrez de Cuba, salió con unos compañeros de equipo a tomar unas copas. En el bar conoció a una mujer de La Habana, conversaron toda la noche hasta besarse recargados en la barra. Fueron interrumpidos cuando llegó el marido de la cubana y le rompió una botella de ron en la cabeza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Me hospitalizaron, me perdí de las primeras cuatro rondas del torneo. Mi esposa no podía con la preocupación —añadió.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Había perdido la noción del tiempo, me di cuenta cuando dejé caer la quinta colilla en el cenicero. Tomé mis notas y me ajusté la corbata de nuevo. Abrí la puerta, me faltaba un paso para salir, pero me detuvo. Se ofreció a enseñarme de ajedrez todos los días después de revisarlo. Por un momento pensé que no debía descuidar mi trabajo por un juego de mesa, luego vi pasar a uno de los doctores que me miraba fulminante desde hacía un tiempo, también me acordé de que los pacientes de esa ala iban a morir con o sin mi ayuda.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Volví al día siguiente</strong>. Mi paciente ya tenía las piezas listas sobre el tablero. Fui más cuidadoso con mis movimientos, me enfoqué en resguardar a mi rey, sabía que no podía ganarle, pero quería resistir un poco más que la vez anterior. En la parte final de la partida miré a Mikhail, esta vez no tenía la expresión traviesa de la otra tarde, ni siquiera cuando me acorraló en la casilla G7. Le pregunté si había hecho algo mal. Me felicitó por jugar como todo un soviético: responsable en la defensa, falto de iniciativa, precavido, insípido. Aburridísimo.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Quiso saber por qué no moví el caballo a una casilla donde hubiera sido devorado por un peón. Alegué que eso sólo me habría dejado con menos material. Sacó su petaca de bajo su almohada, le dio un trago largo y me llamó idiota.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Tomó las piezas, las devolvió a los cuadros que habían ocupado a la mitad del juego, lo hizo sin verme de reojo. Estoy seguro de que, al menos por un momento, se olvidó de que yo estaba frente a él. Tomó su cigarro con su mano de tres dedos y lo usó para señalar la posición que había recreado. Quiso saber por qué no moví el caballo a una casilla donde hubiera sido devorado por un peón. Alegué que eso sólo me habría dejado con menos material. Sacó su petaca de bajo su almohada, le dio un trago largo y me llamó idiota.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me mostró una secuencia en la que el peón se comía al caballo, como anticipé, gracias a ese sacrificio la fila E del tablero quedaba abierta para que mi torre apuntara a su reina a la distancia de seis casillas. Ni siquiera se me había ocurrido. Me enseñó más series de ataques elaborados que en un principio parecían no tener sentido, pero terminaban en victorias. Unas eran aplastantes, donde todas las piezas se coordinaban entre sí; en otras la victoria era cuestión de un movimiento de apariencia insignificante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Debes llevar a tu oponente a un bosque oscuro y profundo, donde dos más dos sea cinco y la salida sólo tenga espacio para una persona —me dijo cuando yo había dejado de asentir y sólo miraba aquellas sesenta y cuatro casillas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fui a revisarlo a diario durante el tiempo que estuvo internado. No dejaba de sorprenderme la forma en que contrastaba su aspecto deplorable con su estilo de juego. A menudo se retorcía de dolor, sus cabellos estaban más dispersos, caminaba con dificultad, temblaba cada que encendía un cigarrillo. La muerte era un accesorio que llevaba puesto. Sin embargo, tenía algo alrededor suyo al momento de jugar, destreza en las manos al mover las piezas y el ardor de mil soles en la mirada. Lucía imponente en esos momentos. Me sentí intimidado frente a él en más de una ocasión; en algún momento me hizo gracia pensar que tal vez el mismo diablo era quien me enseñaba ajedrez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El tema común de nuestras sesiones eran los sacrificios, era el estilo que él quería enseñarme. Esto no siempre llevaba a ganar todas las partidas, pero cuando funcionaba el resultado era asombroso. Una cosa bella. Usaba sus juegos por títulos mundiales y campeonatos soviéticos como ejemplo, los recordaba a la perfección. Una tarde le pregunté si podía platicarme de un error de cálculo que le hubiera costado una pieza importante. Pensó unos segundos&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">—El primero que me viene a la mente es el de mi primera esposa.</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-luminous-vivid-orange-color">* * *</mark></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>En 1964, casi treinta años antes</strong> de que fuera mi paciente, Mikhail fue en persona al comité central del Soviet de su natal Riga para repetirles a los ministros que su vida privada no era asunto de nadie más que suyo. Le respondieron que, a final de cuentas, era él quien estaba a cargo de sus decisiones. Al día siguiente su madre llegó a la cocina donde Tal desayunaba con su esposa Sally, pasó sin tocar la puerta. Tenía un sobre abierto en la mano, lo había sacado del buzón antes de entrar, leyó la carta en voz alta:</p>



<h5 class="wp-block-heading epigrafe">Camarada Tal, los ajedrecistas son figuras importantes para el país y la familia tradicional un pilar fundamental de una sociedad obrera. Un hombre que es un sabido adúltero no representa el estándar de valores esperados de un atleta soviético. Es por eso que no tiene permitido participar en el Torneo Interzonal de Amsterdam.</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Mikhail y Sally Landau se casaron cinco años antes de recibir esa carta, cuando él estaba a punto de convertirse en campeón mundial. Ella lo amaba, pero era como un adolescente al que tenía que cuidar. Desde entonces sufría de complicaciones renales y dolores constantes, su tratamiento para ello era beber desde temprano, borracheras que duraban días y muchos amoríos. Por lo general sus infidelidades pasaban inadvertidas, pero esa vez había mantenido una relación de más de un año con una actriz. Salían juntos a bares, cenaban en restaurantes y paseaban juntos por las calles de la capital de Latvia, se había vuelto algo tan notorio que se enteraron las autoridades soviéticas y su esposa.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Se sirvió un poco de café en su taza con brandy, se lo terminó de un trago, se acomodó el cabello con su mano de tres dedos, luego se sirvió otro igual.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Tal de por sí no hablaba mucho antes sus primeros tragos del día; esa mañana estaba mudo, al igual que las dos mujeres que lo acompañaban en la cocina de su casa. Se sirvió un poco de café en su taza con brandy, se lo terminó de un trago, se acomodó el cabello con su mano de tres dedos, luego se sirvió otro igual. La madre de Mikhail fue quien rompió el silencio, le dio la vuelta a la silla donde estaba sentado su hijo, se dirigió a su nuera, le puso una mano en el hombro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Tesoro, tienes que hacer algo que no te va a gustar —sentenció.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dos días después, el ajedrecista fue convocado por los ministros del Soviet, le pidieron ir solo. Cuando entró tenían las caras duras, miradas severas, lo llevaron a una oficina pequeña uno de ellos se sentó detrás del escritorio, los otros dos estaban de pie a su lado. Estallaron en risas cuando cerraron la puerta, cada vez que alguno intentaba decir algo se lo impedía una carcajada. Así transcurrió un minuto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El que estaba sentado fue el primero en recobrar el control de sí, se acomodó la corbata antes de abrir un cajón del escritorio, sacó un documento firmado por la esposa de Tal. Era una carta en la que Sally Landau decía ser una pareja terrible que había orillado a Mikhail Tal, “un padre y esposo maravilloso”, a buscar a alguien por fuera del matrimonio. Al final imploraba lo dejaran competir en el Torneo Interzonal de Amsterdam.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¡Lo felicito, camarada Tal! Por lo general recibimos correspondencia de esposas que piden castigos para sus maridos infieles —dijo el que estaba sentado.<br>—Me encantaría enmarcar esta carta y colgarla en mi oficina —añadió uno de los que estaba de pie.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sally y su madre lo esperaban en casa, en cuanto llegó les dijo que el plan no había funcionado, después se fue a encerrar a su habitación con un tablero de ajedrez y una botella. Se quedaron solas en la cocina en silencio durante un rato, ninguna de las dos sabía qué más hacer para ayudarlo. Salió unas horas más tarde de su cuarto con la botella vacía y una idea; rodeó la mesa la mesa para acercarse a esposa, iba a pedirle otro favor que no le iba a gustar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El acta que daba inicio al divorcio de Mikhail Tal y Sally Landau llegó a manos de los ministros del Soviet una semana antes del Torneo, no tuvieron otra opción que dejarlo ir. Llegó a Amsterdam sin más problemas. Envió un telegrama a casa cuando recién se instaló en su hotel, luego jugó las primeras rondas eliminatorias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Envió un segundo telegrama a su esposa luego de pasar al grupo de los finalistas. Ese mismo día, Sally Landau fue al Soviet a anular el trámite de divorcio. Tal ganó el torneo y siguieron casados después de eso.</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-luminous-vivid-orange-color">* * *</mark></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—Señor Tal, la verdad no entendí qué parte de ese sacrificio</strong> salió mal si llegó al torneo y no se divorció —le señalé después de que me convenciera de ponerle unos mililitros más de morfina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Se consiguió un amante después de anular nuestro divorcio, me dejó un año más tarde y se fue del país. Y, por favor, dígame Misha —me respondió en un suspiro, el medicamento hacía su efecto y consiguió relajarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mis lecciones continuaron, llegó un punto en el que ese juego dejó de ser algo entre Misha y yo. Un día que usé una de sus tácticas para mejorar mi posición él me sorprendió con un jaque mate que descompuso el resto de mi jornada, tal vez de mi vida. Ya no escuchaba en su totalidad a mis demás pacientes por pensar en la apertura que había practicado esa semana; en cómo pude mover el caballo a un mejor cuadro; en los errores que cometí al final de la partida. El tablero había dejado de ser algo indispensable, de repente podía visualizar las sesenta y cuatro casillas sin tenerlas delante mío. Poco a poco me di cuenta de lo mucho que pensaba en ajedrez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comencé a leer revistas sobre el tema y compré el libro de fundamentos de ajedrez de Capablanca. A mi paciente le salió una risa llena de humo cuando se lo conté. Sospecho que por eso dejó que desarrollara mi juego en lugar de sofocar mi estrategia como solía hacer; esa mañana de finales de mayo le gané una partida. No tengo duda de que esa victoria fue un regalo de su parte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Veo que ya contrajo el virus.<br>—¿Misha, de qué está hablando?<br>—Usted es como alguien que acaba de contraer los microbios de una gripe china, porque va por ahí sin saber que ya está enfermo. Eso es lo que pasa con el ajedrez, uno aprende a mover un caballo, que a la reina le gusta empezar en su color, pierde varias partidas hasta que alguien tiene la bondad de dejarlo ganar; luego pasan unos días y se da cuenta de que sin el ajedrez hay una pieza que falta en su vida.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Mikhail Tal se había ido de su cuarto sin llenar papeles de alta. Lo busqué por un pasillo, pero después de dar unos pasos volví a donde había dejado mi maletín. La tarde anterior compré la revista en la que se publicó la entrevista que le hicieron unas semanas atrás, en la última línea decía la hora y ubicación del Torneo de Ajedrez Rápido de Moscú.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Al día siguiente caminaba por uno de los pasillos</strong> rumbo a mi lección diaria. Una enfermera me detuvo antes de llegar al cuarto. Me preguntó si yo sabía dónde estaba, creo que leyó en mi rostro que no tenía idea de a qué o a quién se refería. Gruñó que Mikhail Tal se había ido de su cuarto sin llenar papeles de alta. Lo busqué por un pasillo, pero después de dar unos pasos volví a donde había dejado mi maletín. La tarde anterior compré la revista en la que se publicó la entrevista que le hicieron unas semanas atrás, en la última línea decía la hora y ubicación del Torneo de Ajedrez Rápido de Moscú.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fui al torneo más por curiosidad propia que por recuperar a mi paciente, yo no podía obligarlo a regresar, pero no podía quitarme la idea de que esos momentos junto con los que había pasado al lado suyo en el hospital eran los últimos de su vida. Quería saber en qué terminaba esa historia. Llegué cuando comenzaban las últimas rondas, había más gente de pie alrededor de unas pocas mesas. Cuando pasé frente a ellas vi que jugaban con relojes cuadrados que marcaban cuánto tardaban en hacer cada movimiento. Antes de recorrer toda la fila noté que de repente más gente se reunió en torno a una partida en específico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Misha tenía las piezas blancas, un saco que sospecho le quedaba más grande que hace un mes y el ardor de la vida misma en los ojos. Yo había visto a su oponente en las portadas de algunas revistas que tenía en mi portafolio, era Gary Kaspárov, el actual campeón mundial. Tal empezó el juego con e4, el peón del rey en el centro; su rival respondió con c5, la defensa siciliana. En ese momento, cuando ambos estaban recargados al borde del tablero y sólo dejaban de ver las piezas para mirarse a los ojos, supieron que ninguno de los dos estaba ahí en busca de un empate.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Éste no era un torneo tradicional, en el que los jugadores podían pensar cada movimiento por horas y está el título mundial de por medio; aquí cada uno tenía cinco minutos en su reloj. Mi paciente me había hablado muchas veces de cómo hay que ver las jugadas en lugar de calcularlas como una operación matemática, pero nunca lo había visto en acción. Le tomaba segundos poner cada pieza en un punto que atacaba el centro del tablero. Tenía el ceño fruncido, media sonrisa y un cigarro que no dejaba de humear en su mano derecha, parecía estar más sano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El campeón puso unos peones frente a su rey y quitó a su reina de una hilera que estaba bajo la amenaza de una torre blanca. Lo que hacía era correcto, pero tardaba demasiado en cada movimiento, con más tiempo habría sido una partida más cerrada. Reconocía la tensión en su mirada, era lo mismo que yo experimentaba al jugar con Misha. Kaspárov estaba sentado frente a alguien que no calculaba lo que hacía, no le importaba perder piezas, ni temía morir de insuficiencia renal frente a los demás ajedrecistas que lo miraban en su último torneo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dejaron de jugar después de diecisiete movimientos. Mi paciente parecía estar complacido, miraba el tablero como una presa que cayó en su trampa. Comprendí por qué cuando vi el reloj junto al cenicero que mi paciente había llevado consigo, decía que a Misha le quedaba poco menos de un minuto y a Kaspárov se le había terminado el tiempo. El campeón mundial había necesitado más segundos a lo largo de la partida para calcular contraataques, mientras que Tal hacía toda clase de maniobras y sacrificios sin pensar demasiado.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Misha se levantó de su silla después de darle la mano a Kaspárov, se alejó unos quince metros y se detuvo a fumar. Yo sabía qué decirle o si debía acercarme en primer lugar.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Nadie aplaudió, habría sido de mala educación hacer mucho ruido, pero escuché algunas voces bajas alrededor de mí, se preguntaban quién era el hombre, el sujeto de semblante espectral y una mano de tres dedos que acababa de vencer al mejor jugador del mundo. Misha se levantó de su silla después de darle la mano a Kaspárov, se alejó unos quince metros y se detuvo a fumar. Yo sabía qué decirle o si debía acercarme en primer lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Caminé unos pasos hacía él, antes de poder alcanzarlo otro hombre llegó a darle la mano. Se presentó como un gran admirador de Tal y le dijo que lo había visto jugar en otro torneo diez años atrás, Misha lo escuchó con atención. El sujeto se despidió y le agradeció por los minutos de conversación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Por favor, gracias a usted por reconocerme —respondió Tal sonriente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Decidí no abordarlo después de escuchar eso, no quería que nada, ni siquiera yo, le recordara su estado de salud. Ese día era para pensar en ajedrez nada más. Caminé hasta el hospital, quería perder un poco más de tiempo de esa jornada. Cuando regresé le dije a mis colegas que lo busqué por todos lados, pero que no logré dar con él. No hice nada más durante horas. Misha volvió casi al anochecer, tenía aliento alcohólico, las enfermeras que lo recibieron dijeron que se tambaleaba desde que bajó del taxi.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mikhail Tal murió el veintiocho de junio de 1992, un mes después esa victoria en su último torneo de ajedrez. <mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-luminous-vivid-orange-color">®</mark></p>
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		<title>El bluff de Diego Fusaro y la tentación rojiparda</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rogelio Villarreal]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 03 May 2026 19:57:54 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[En la vida real observamos personas de izquierdas, de derechas, religiosas, ateas&#8230; Suponer que todos compartimos, por nacer en un lugar determinado, ciertos rasgos comunes, es una forma de idealismo impropia de alguien que se reclama marxista. Ya nos lo advertía el poeta Rubén Darío: cuidado con los que sólo saben ver zodiacos funestos. Sin [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>En la vida real observamos personas de izquierdas, de derechas, religiosas, ateas&#8230; Suponer que todos compartimos, por nacer en un lugar determinado, ciertos rasgos comunes, es una forma de idealismo impropia de alguien que se reclama marxista.</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="688" height="387" src="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/defen.jpg?resize=688%2C387&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-65126" srcset="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/defen.jpg?w=880&amp;ssl=1 880w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/defen.jpg?resize=240%2C135&amp;ssl=1 240w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/defen.jpg?resize=768%2C432&amp;ssl=1 768w" sizes="auto, (max-width: 688px) 100vw, 688px" /><figcaption class="wp-element-caption">El autor y su libro. Cortesía revista <em><a href="https://posmodernia.com/diego-fusaro-en-argentina/">Posmodernia</a></em>.</figcaption></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">Ya nos lo advertía el poeta Rubén Darío: cuidado con los que sólo saben ver zodiacos funestos. Sin embargo, en el mundo de las ideas el pesimismo vende. Si quieres que te hagan caso, mejor anunciar catástrofes que cualquier mensaje lleno de matices. El filósofo italiano Diego Fusaro es uno de estos profetas de la calamidad. En su caso, la atribuye a la globalización. Coincide así con la derecha más cerrada, aunque vaya de marxista. Si hemos de hacerle caso, el mundo estaría en manos de unos capitalistas despiadados que, con tal de hacer negocio, se dedican a eliminar las diferencias entre seres humanos. Se dedicarían, supuestamente, a fabricar un mundo de clientes estándar, intercambiables entre sí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué tenemos que hacer entonces? Fusaro responde en <a href="https://www.elviejotopo.com/libro/defender-lo-que-somos/"><em>Defender lo que somos</em> </a>(El Viejo Topo, 2024), un alegato en favor de un “marxismo soberanista e identitario”, como si Marx nunca hubiera conminado a unirse a los obreros de todo el mundo. Es la identidad, no el cosmopolitismo, lo que va a salvarnos de las garras del sistema.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fusaro parece imaginar que el capitalismo es doctrinario. Pero resulta que es pragmático. Lo que hace no es aplastar la diversidad sino mercantilizarla, adaptándose con precisión a las necesidades o gustos del consumidor. Lo observamos, por ejemplo, en la cuestión lingüística. Los periódicos hacen más ediciones en distintos idiomas cuando se dirigen a unos lectores bilingües. Además, gracias al algoritmo, es posible realizar en Internet una publicidad personalizada. ¿Para qué entonces eliminar las diferencias si es posible ofrecer una gama de servicios tan amplia como para tener a todo el mundo contento?</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">La mafia, por ejemplo, se basa en una idea determinada de la familia. Es una versión tóxica pero no por ello menos comunitaria. Constituye una forma de identidad que entra a menudo en conflicto con otros grupos humanos como, sin ir más lejos, el Estado.</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Contra el globalismo supuestamente uniformista, el pensador italiano reclama el fortalecimiento de las identidades. Ellas nos salvarán del vacío. Pero identidades hay muchas y a menudo en conflicto entre sí: nacionales, religiosas, de clase&#8230; Fusaro se queja de que el capitalismo atenta contra los vínculos comunitarios, como si todos esos vínculos fueran positivos y deseables. La mafia, por ejemplo, se basa en una idea determinada de la familia. Es una versión tóxica pero no por ello menos comunitaria. Constituye una forma de identidad que entra a menudo en conflicto con otros grupos humanos como, sin ir más lejos, el Estado. ¿Recuerdan la famosa escena de la saga <em>El Padrino</em> en la que Michel Corleone recibe una gran bronca por alistarse? La patria, desde esta óptica, nunca podrá ser lo mismo que la familia. De ahí que hablar de identidades en abstracto sea tan simplificador. Nuestro filósofo no matiza, no jerarquiza, no entra en contradicciones que podrían ser dolorosas para su argumento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fusaro no parece percibir el potencial destructor de las identidades. Nos dice que seamos nosotros mismos y se olvida de advertirnos de que nuestro yo nacional puede ir en contra de nuestro yo obrero. Sucedió en la Primera Guerra Mundial, cuando los partidos antiguamente internacionalistas votaron los créditos para el esfuerzo bélico. Lo vemos también en los modernos procesos secesionistas: la clase trabajadora queda dividida entre independentistas y unionistas. En este caso, como en otros, la pasión identitaria sólo sirve para hacer el juego al capital.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es un exceso demagógico contraponer lo identitario al hombre consumista. Sucede, más bien, lo contrario. La pasión identitaria se convierte en un estímulo para el consumo. Pensemos en los partidos de fútbol a los que la gente acude para animar a su selección: todos poseen un sentimiento nacional y no por eso dejan de comprar camisetas o banderas. Más que destruir las identidades, lo que hace el capitalismo es integrarlas astutamente en su lógica del beneficio.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">No en vano, Fusaro ha declarado que la inmigración se utiliza para acabar con los derechos laborales. La izquierda, a su parecer, le hace el juego al capital al pronunciarse a favor de una acogida sin restricciones. El otro, de esta forma, se convierte en una amenaza.</p>
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<p class="wp-block-paragraph">En teoría, nuestro autor propugna una especie de vía media entre el nacionalismo excluyente y el cosmopolitismo. En la práctica, lo que hace es defender las fronteras, ese gran instrumento que impide que nos disolvamos frente al “invasor”. ¿A quién se refiere con este término desagradable y alarmista? Todo nos hace pensar en los inmigrantes que llegan a nuestros países desde el Tercer Mundo. No en vano, Fusaro ha declarado que la inmigración se utiliza para acabar con los derechos laborales. La izquierda, a su parecer, le hace el juego al capital al pronunciarse a favor de una acogida sin restricciones. El otro, de esta forma, se convierte en una amenaza. El discurso viene así a coincidir con lo que propone la extrema derecha.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-full"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="477" height="693" src="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/51LcfYCZAnL.jpg?resize=477%2C693&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-65123" srcset="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/51LcfYCZAnL.jpg?w=477&amp;ssl=1 477w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/51LcfYCZAnL.jpg?resize=138%2C200&amp;ssl=1 138w" sizes="auto, (max-width: 477px) 100vw, 477px" /><figcaption class="wp-element-caption">Lo que somos&#8230;</figcaption></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">Fusaro se mueve en un marco de ideas abstractas, con lo que muchas veces no capta la realidad palpitante de la historia. Si, como hemos dicho, la globalización se opone a las identidades, no se explica cómo es que, en la actualidad, tantos gobiernos neoliberales defienden programas nacionalistas. Pensemos, para empezar, en la Inglaterra de Margaret Thatcher o en Estados Unidos bajo Ronald Reagan. En <em>Nacionalismos</em> (Crítica, 2026), Eric Storm señala esta aparente paradoja de unos líderes que se dedican a vender menos Estado apelando a las pulsiones patrióticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La vía de la diferencia, en suma, sólo nos lleva a ir de la mano con la extrema derecha, con esos partidos radicales que exaltan pequeñas identidades mientras se postran a los pies del dios Mercado. No deberíamos, según Fusaro, renunciar a lo que somos. Aunque eso, a primera vista, parece de sentido común, hagamos una simple pregunta: ¿Y qué somos? En la vida real observamos personas de izquierdas, de derechas, religiosas, ateas&#8230; Suponer que todos compartimos, por nacer en un lugar determinado, ciertos rasgos comunes, es una forma de idealismo impropia de alguien que se reclama marxista. Su énfasis en los valores tradicionales se convierte en una forma inquietante de rojipardismo que debilita a la izquierda para el combate que le espera. Ahí está el meollo de la cuestión, la esencia misma del drama: si ofrecemos a los trabajadores una versión roja de Santiago Abascal o de Silvia Orriols, optarán por el original antes que por la copia. Si un libro como <em>Defender lo que somos</em> ha sido reseñado elogiosamente en un medio tradicionalista como <em>El Debate</em>, por algo será. <mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-luminous-vivid-orange-color">®</mark></p>
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		<title>Cambiar de capitán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rogelio Villarreal]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 May 2026 20:37:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Política y sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[En política pocas metáforas son tan potentes como la de “cambiar de capitán”. Evoca urgencia, crisis, corrección de rumbo, sugiere que el barco —el proyecto político— enfrenta tormentas que requieren nuevas manos al timón. El poder corresponde a la capacidad humana no sólo de actuar, sino de actuar en concierto.—Mario Benedetti Aunque no todo relevo [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>En política pocas metáforas son tan potentes como la de “cambiar de capitán”. Evoca urgencia, crisis, corrección de rumbo, sugiere que el barco —el proyecto político— enfrenta tormentas que requieren nuevas manos al timón.</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="688" height="462" src="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/649648407_2692879221081740_6830126738053245897_n.jpg?resize=688%2C462&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-65107" srcset="https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/649648407_2692879221081740_6830126738053245897_n.jpg?w=1488&amp;ssl=1 1488w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/649648407_2692879221081740_6830126738053245897_n.jpg?resize=240%2C161&amp;ssl=1 240w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/649648407_2692879221081740_6830126738053245897_n.jpg?resize=768%2C516&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/revistareplicante.com/wp-content/uploads/2026/05/649648407_2692879221081740_6830126738053245897_n.jpg?w=1376&amp;ssl=1 1376w" sizes="auto, (max-width: 688px) 100vw, 688px" /><figcaption class="wp-element-caption">Ivan Konstantinovich Aivazovsky, «Naufragio en la costa rocosa», 1872. Óleo sobre lienzo.</figcaption></figure>
</div>


<h5 class="wp-block-heading epigrafe">El poder corresponde a la capacidad humana no sólo de actuar, sino de actuar en concierto.<br>—Mario Benedetti</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque no todo relevo implica necesariamente una rectificación profunda; a veces el cambio es apenas cosmético, una maniobra para preservar el mismo rumbo bajo una apariencia distinta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El debate se vuelve especialmente relevante cuando el relevo no ocurre en el gobierno formal, sino en la estructura partidista que lo sostiene. Ahí es cuando la metáfora adquiere una doble dimensión: ¿Se trata de fortalecer al proyecto político o de consolidar un control que difumina las fronteras entre partido y Estado?</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los sistemas democráticos la distinción entre quien gobierna y quien dirige un partido no es un asunto menor, de hecho resulta una condición básica de equilibrio institucional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El gobierno representa a la totalidad de la ciudadanía; el partido, en cambio, es una organización que compite, articula intereses y busca mantener o ampliar el poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando estas dos esferas se entrelazan en exceso surge una tensión inevitable: la tentación de gobernar con lógica partidista y de operar al partido con recursos, símbolos o legitimidad del Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este contexto, cambiar de “capitán” en una estructura partidista puede responder a múltiples motivaciones. Ser una estrategia para recomponer alianzas, enviar señales de renovación o corregir errores de conducción interna, pero también puede ser una decisión orientada a alinear aún más al partido con el proyecto gubernamental, reduciendo márgenes de autonomía y deliberación.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Cambiar de “capitán” en una estructura partidista puede responder a múltiples motivaciones. Ser una estrategia para recomponer alianzas, enviar señales de renovación o corregir errores de conducción interna, pero también puede ser una decisión orientada a alinear aún más al partido con el proyecto gubernamental.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Esto plantea una pregunta de fondo: ¿el relevo fortalece la vida democrática o la debilita? La respuesta no está en el cambio en sí, sino en sus implicaciones. Si el nuevo liderazgo abre espacios, oxigena el debate interno y permite una mayor pluralidad, entonces el cambio puede interpretarse como una evolución saludable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si, por el contrario, el relevo cierra filas, concentra decisiones y convierte al partido en una extensión operativa del gobierno, el efecto puede ser el contrario: una erosión silenciosa de los contrapesos políticos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro elemento clave es el momento en que ocurre el cambio. Cuando se da al inicio de un nuevo ciclo político puede leerse como una apuesta por ordenar la casa y preparar el terreno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, cuando acontece en medio de tensiones o señales de desgaste, el relevo suele interpretarse como una reacción, incluso como una admisión implícita de que el rumbo necesita ajustes. En ambos casos lo relevante no es sólo quién toma el timón sino hacia dónde se dirige la embarcación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, hay un factor simbólico que no debe subestimarse en contextos en los que una figura presidencial concentra altos niveles de legitimidad, cualquier decisión relevante en el entorno político tiende a leerse como parte de su órbita de influencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto puede fortalecer la percepción de liderazgo, pero también abre cuestionamientos sobre la autonomía de las estructuras partidistas y la calidad de la vida democrática interna.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La metáfora del “capitán” también tiene límites, sugiere que el problema —y la solución— se concentran en una persona, cuando en realidad los desafíos políticos suelen ser estructurales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cambiar de liderazgo sin modificar prácticas, incentivos o formas de ejercer el poder rara vez produce resultados distintos. En el mejor de los casos, se logra una pausa; en el peor, una simulación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, más que celebrar o cuestionar automáticamente el cambio, conviene observar sus efectos concretos. ¿Se redefinen prioridades? ¿Se corrigen errores? ¿Se amplían los espacios de participación? ¿O simplemente se reorganiza el mando para mantener intacto el mismo esquema de poder?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final, cambiar de capitán puede ser un acto de responsabilidad política o una jugada de control. La diferencia no está en el relevo mismo, sino en la dirección que toma el barco después de la maniobra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una democracia lo verdaderamente importante no es quién sostiene el timón, sino que la ruta responda al interés público y no a la lógica de concentración del poder. <mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-luminous-vivid-orange-color">®</mark></p>
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