<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearch/1.1/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0' version='2.0'><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-1669054804984248350</atom:id><lastBuildDate>Fri, 17 Jun 2011 22:39:31 +0000</lastBuildDate><title>La lotería llegará en miércoles.</title><description></description><link>http://libelulablu.blogspot.com/</link><managingEditor>maruluarca@gmail.com (Maru Luarca)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>22</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1669054804984248350.post-2902247796711253456</guid><pubDate>Sun, 12 Jun 2011 03:28:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-06-11T20:28:45.846-07:00</atom:updated><title>Fisuras.</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Eternamente somos fragmentos jugando a la inútil ilusión de un todo. Fisuras. Retazos de bordes imperfectos, gruesas puntadas entretejiendo una red de agujeros negros. Como ciegos sin tacto, abrimos la boca dejando escapar el asombro. Insistente la mirada en el espejo, no refleja los fragmentos.&amp;nbsp; Pero es así. Nacimos fragmentados.&amp;nbsp; Y aún así, cuándo ya lo descubrimos. Cuando nos reconocemos rotos, seguimos con la mirada fija -insistente- en el reflejo. Esperando que las grietas se desvanezcan.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1669054804984248350-2902247796711253456?l=libelulablu.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://libelulablu.blogspot.com/2011/06/fisuras.html</link><author>maruluarca@gmail.com (Maru Luarca)</author><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1669054804984248350.post-17992204391572365</guid><pubDate>Wed, 08 Jun 2011 15:09:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-06-08T08:11:25.921-07:00</atom:updated><title>Sin viento bajo las alas.</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Viajo por obligación. A falta de un espacio para acurrucarme, camino. Un paso detrás del otro. Sin equipaje y sin piedritas de ruta. Sin viento bajo las alas. Solo buen aceite en los engranajes. En cada puerta de atrás que cierro, quedan mis ruinas. Pequeños templos a los que vuelvo de vez en vez. Nómada incansable en la búsqueda de otro espacio para dejar atrás.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1669054804984248350-17992204391572365?l=libelulablu.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://libelulablu.blogspot.com/2011/06/sin-viento-bajo-las-alas.html</link><author>maruluarca@gmail.com (Maru Luarca)</author><thr:total>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1669054804984248350.post-3065288867660544145</guid><pubDate>Fri, 03 Jun 2011 10:38:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-06-03T03:38:12.565-07:00</atom:updated><title>Duerme y calla.</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Impertinente e intermitente, la barrita del cursor me recalca que hace mucho que divago. Encima de mi cabeza, muchas ideas sin cola, revolotean con sus débiles alitas. Apenas sé que no son luciérnagas, porque por largos lapsos se les apaga la luz. Saco mi red tejida con hilos de constancia e intento inutilmente pescar alguna. "Solo se escribe, escribiendo" me repito. Y el sonido del teclado hace música para ver si la insipiración se anima y baila. Pero la muy presumida me dice amodorrada: "Calla, tonta. ¿No ves qué tengo sueño? Vuelve a la cama y duerme, que mañana tienes que trabajar".&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1669054804984248350-3065288867660544145?l=libelulablu.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://libelulablu.blogspot.com/2011/06/duerme-y-calla.html</link><author>maruluarca@gmail.com (Maru Luarca)</author><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1669054804984248350.post-3613840336107608920</guid><pubDate>Wed, 13 Apr 2011 21:15:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-13T14:32:53.482-07:00</atom:updated><title>Estatua de sal.</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al portón de la entrada mudé mi infierno. Y el infierno de los otros. La angustia se convierte en aire. La luz se ausenta y las sombras acampan en las planicies. Nadie quiere sentirse así, pero todos caminamos ese pasillo más de una vez.&amp;nbsp; Como en ciclos, la oscuridad vuelve y aún en el más denso de los negros, se reconocen las curvas de la deformidad. Nombrar cada temor en orden ascendente. El horror, la ira y la impotencia nos miran a los ojos y fulminan el alma. El pensamiento denso, como bruma. Y los pies anclados en lo profundo del suelo. Un bulto bellamente tallado en sal. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1669054804984248350-3613840336107608920?l=libelulablu.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://libelulablu.blogspot.com/2011/04/estatua-de-sal.html</link><author>maruluarca@gmail.com (Maru Luarca)</author><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1669054804984248350.post-5224349167640232190</guid><pubDate>Tue, 12 Apr 2011 06:02:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-06-03T09:54:20.090-07:00</atom:updated><title>El Castigo.</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;"Si vas a seguir con eso, tendré que castigarte" repetía muy serio. "Esto que sueles hacer ya no tiene gracia. Si te pido algo, lo mínimo que espero es que lo hagas" repetía constantemente y con esa perenne mueca de enfado, Antonio salía&amp;nbsp; arrastrando el peso de la decepción, sin volver la vista atrás.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ese domingo, como hacía casi 55 años, se levantó al alba. La empleada que lo vió crecer, le preparó el baño como siempre. Dos toallas tibias de sol, una rebanada nueva de jabón de lavanda y pantuflas de toalla blanca, tiesas de lejía y luz. Antonio se cruzó con ella, en la puerta del baño. "Buenos días, Matilde" le dijo mientras adornaba la frente de la vieja empleada con un suave beso. La anciana sonrió, sin responder. Hacía mucho que acostumbraba atesorar en silencio los cada vez más frecuentes gestos de cariño del único hijo de la Señora María.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Matilde recuerda todo con nitidez. Llegó a la casa de Doña María cuando recién se estrenaba mujer. Dos pequeños limones en vez de pechos. Negra la trenza. Y la cabeza vacía de conocimientos útiles en la ciudad. Solo entendía del río, las flores en la ribera y las gallinas. Nada de lo que debe saberse en este lugar. Nadie se interesa en ríos o gallinas en la capital. La Señora María era muy buena, recuerda Matilde. Tan alta como paciente. Le enseñó lo que debía saber y hasta un poco más. La recuerda llevándola de compras. Y siente ese mariposeo en la boca del estómago al recordar la&amp;nbsp; primera vez que vió esa calle llena de bonitas tiendas, con vitrinas cuajadas de vajillas, cajas de té y coloridas sedas para vestidos. La gente elegante y todas esas cosas finas eran capaces de provocarle aquellos ridículos ataques de ansiedad. Y las calles, recuerda Matilde. Sonríe un poco avergonzada cuando se ve a sí misma, en la memoria, intentando encontrar un agujero en medio del tráfico,&amp;nbsp; que prometiera dejarla pasar sin arrollarla. La gente alrededor sonriendo y murmurando, mientras ella hacía el gesto de cruzar una y otra vez, sin lograrlo. Y ella -la Señora-&amp;nbsp; desde la elegancia de sus gestos, resbalando suavemente su delgado brazo debajo del suyo, en el momento justo para empujarla y pasar a salvo en medio de los autos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es así como la recuerda Matilde. Alta, delgada y de gesto amable. Jamás necesitó alzar la voz para conseguir que algo se hiciera. Y eso que siempre quería las cosas a su modo particular: las sábanas muy blancas, con exactamente dos gotas de vainilla en el agua del enjuague. Los cubiertos de plata, siempre pulidos, en la funda de lino bordada por su abuela con esa bella escena de aves y flores amarillas. Los horarios inamovibles. El desayuno a las 7, el almuerzo a la una y la cena a las 7. Dos tostadas con jalea de fresa y la taza blanca con té de yerbabuena. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Recuerda a Antonio tan pequeñito. Quieto en la canastita adornada con tira bordada blanca, justo al lado de su mamá. La Señora María nunca le pidió cuidar de él. Lo hizo siempre ella misma. Bastaba que el niño gimiera un poco, para que ella se colocara de un salto junto a él. A ese pequeño jamás le faltó atención. "Todo lo contrario" se dice a sí misma Matilde "talvez tuvo más de la necesaria". Inmediatamente, sacude la cabeza, intentando espantar cualquier pensamiento que pueda ofender la memoria de Doña María.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;"Matilde" escucha la voz grave de Antonio, llamándola. "Iré a la Iglesia. Hoy es la novena del Señor José. Me quedaré luego de misa para ayudar al Padre Fernando" le dijo, en un tono que parece que pide permiso.&amp;nbsp; "Como usted prefiera, Antonio" responde ella, maternal. "Al volver, le tendré listo un hígado encebollado y puré de papas". Antonio asiente con un gesto y la besa con dulzura nuevamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Antes de salir, pasa siempre por el pequeño altar que hizo en la habitación de la Señora María. Cuando la vida se ausentó de su grácil y anciano cuerpo, hace casi 14 años, Antonio le pidió a Matilde conservar el dormitorio como si ella aún estuviera ahí. Flores frescas todos los días y un mantel de lino enyuquillado cada semana. Matilde entra todas las mañanas a correr las cortinas, para dejar que el sol caliente las frías baldosas de ladrillo en el piso.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En una esquina, sobre esa pequeña mesita de té inglesa, colocó el Sagrado Corazón de Jesús del tamaño de un niño de 12 años que&amp;nbsp; heredó de su madre. De encarnado perfecto, el Sagrado Corazón parece que lo observa todo desde sus oscuros ojos de vidrio. Con una imponente túnica rojo oscuro, a Antonio siempre le pareció como un impasivo juez con toga sanguínea y un corazón de yeso, expuesto en el medio del pecho. A falta de hermanos, se acostumbró a confiarle sus juegos y preocupaciones en medio de murmullos. Y siempre le pareció que podía responderle.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando su madre enfermó, Antonio le suplicó entre lágrimas, que no se la llevara.&amp;nbsp; Durante unos meses, pareció mejorar. Incluso podían desayunar juntos a las 7 en punto, en la pequeña mesita del jardín. Matilde recuerda con cariño el rostro pacífico de la Señora María, escuchando atentamente las muchas historias de la Iglesia y los feligreses que Antonio traía de sus excursiones diarias a la casa de Dios. También recuerda como, poco a poco, su voz&amp;nbsp; fue adelgazando en un hilo casi imperceptible. Y la piel se tornó de un níveo tono papel. Hasta que una mañana, no se levantó más. Antonio la encontró así, dormida, entre las sábanas de rosas.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dos semanas completas, Matilde lo perdió. Estaba en la habitación de su madre, encerrado. En silencio total. Aquel hombre mayor, sin amigos, sin hermanos, sin esposa y ahora, sin madre, no lloraba. No emitía sonidos. Y tampoco salía de la habitación. Ella podía adivinarlo ahí, enfadado con Dios. Haciendo reclamos silenciosos al Sagrado Corazón, como lo había observado desde que era un niño. Una noche, sin escándalo, salió de la habitación. Pidió las rebanadas de pan tostado y el té de yerbabuena a las 7 de la noche. Y la vida siguió.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta mañana, pasó por el altar del Sagrado Corazón antes de salir. Matilde lo escuchó, como todas las mañana, mientras le pedía por él mismo, por el Padre Fernando, la feligresía y por supuesto, por "su Matilde". Sonrió. Siempre pedía por ella. Era como su madre, cuando su madre se fue. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Antonio salió, prometiendo volver para el almuerzo. Matilde volvió sobre sus pasos y enfiló a la cocina. Sacó el hígado y lo remojó en un plato con leche. Espolvoreó sal y lo tapó con un paño limpio de algodón. Se fue hacia la terraza, con una canasta de ropa sucia en el costado. Remojó y restregó los calcetines y los cuellos de las blancas camisas de Antonio. Se sentía agotada por el esfuerzo de tallar la ropa, pero no estaba bien nada más meterla así en la lavadora. "Eso no es blanco" se repetía a sí misma. "Un buen blanco se logra restregándo", pensaba mientras se recriminaba a sí misma por aceptar el gasto inútil que hizo Antonio cuando quiso regalarle la lavadora. Tuvo que detenerse un momento y respirar. A veces, frotaba con tanta fuerza, que sentía que el oxígeno no llenaba sus pulmones. Se sentía más mareada que en otras ocasiones. Se sentó un momento, bajo la sombra, hasta que se sintió mejor. Vió la hora. "Ay Dios" exclamó "se me hace tarde y aún no he puesto a cocer las papas". Apresuradamente, caminó hasta el&amp;nbsp; cable en donde tiende la ropa. Empezó a colgar las camisas, en perfecto orden, en serchas plásticas. Cerrando los pequeños botones del cuello, para que no pierdan la forma. Sintió nuevamente que el aire no era suficiente. "Es este sol tan fuerte" pensó. Caminó buscando la sombra y sintió como sus piernas no aguantaban con su peso. Con una lentitud que horroriza, vió como el abismo de las escaleras se abría debajo de ella.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A la 1 en punto, Antonio metió la llave en la cerradura. Siempre llevaba consigo la llave de la entrada. No le gustaba interrumpir. Matilde está ya muy grande para cruzar la casa cada vez que él llama con el timbre. Por lo regular está siempre en la cocina o en el patio, recogiendo la ropa recién asoleada. "Es la una" pensó "estará en la cocina, con mi almuerzo recién hecho". Y caminó hacia allá. El hígado seguía en el plato, el trapo de algodón húmedo de un líquido rosáceo, mezcla de leche y sangre. Las papas, sin pelar, encima de la mesa. "Que extraño" pensó Antonio. Sabía que Matilde jamás llegaría a la una sin el almuerzo listo y razón de fuerza mayor.&amp;nbsp; Su corazón se aceleró. Una sombra de angustia cruzó sus ojos. "Sagrado Corazón de Jesús, no me abandones. Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío" repetía aceleradamente, mientras casi corría hacia la terraza.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ahí, al pie de las escaleras, estaba su nana. Dos blancas trenzas, como serpientes, se enroscaban sobre la espalda del negro vestido. Parecía dormir boca abajo, con un pequeño hilo de sangre escapando por su oreja. Los ojos cerrados, con dos lágrimas brillando sobre las oscuras ojeras. Antonio cayó de rodillas, las manos en la cara. No pudo emitir sonido. Solo una mueca desesperada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al cabo de un rato, se levantó despacio. Matilde seguía boca abajo. La tez violácea. Las serpientes canadas, aún sobre el vestido negro. Las lágrimas eran ahora un fino polvillo blanco sobre las ojeras. Intentó limpiar el hilo de sangre en la oreja. No pudo. Estaba seca. Las piernas le hormigueaban cuando se puso de pie. Se las frotó un poco y sin dudar, enfiló hacia el cuarto de su madre. Cerró la puerta tras de sí.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El Sagrado Corazón de Jesús lo veía como si lo esperara. La luz de la vela bailando con las sombras en su rostro. Los oscuros ojos de vidrio parecían expresar algún temor. Al menos a Antonio le pareció así. Las manos, siempre en un gesto extendido, estaban ahora sobre su pecho. Como si presintiera. Antonio lo vió con frialdad. "Te lo advertí tanto" dijo con voz delgada "no me dejaste opción". La luz de la vela tembló en ondas largas. El brillo en los ojos de vidrio parecía una lágrima. Antonio fue al cajón del escritorio de la Señora María. Del fondo, sacó un abrecartas de plata pulida. Lo observó detenidamente a la luz de la vela. Lanzó una mirada fría al Sagrado Corazón y sin mediar palabra, se abalanzó sobre él. Con un movimiento limpio, le arrancó el corazón de yeso. Contrario a lo que esperaba, no hubo sangre. Ninguna. Pero no mostró sorpresa. Tomó un pequeño pañuelo con sus iniciales bordadas, regalo de cumpleaños de Matilde y envolvió el corazón. Se lo metió en el bolsillo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con el dorso de la mano, limpió una pequeña lágrima que corrió, mejilla abajo. De reojo, vió el rostro de la imagen, su compañero de niñez y vida adulta. Los ojos de vidrio estaban opacos. La luz de la vela se había apagado y solo veía el reflejo de la calle, sobre el rostro grisáceo del Jesús sin el Corazón Sagrado. "Te lo advertí tanto" repitió "no me dejaste opción". Y salió de la habitación, decidido a buscar absolución en la Iglesia. El Padre Fernando lo atendería a esta hora, sin duda. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1669054804984248350-5224349167640232190?l=libelulablu.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://libelulablu.blogspot.com/2011/04/el-castigo.html</link><author>maruluarca@gmail.com (Maru Luarca)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1669054804984248350.post-5501037767396577942</guid><pubDate>Thu, 07 Apr 2011 18:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-07T14:27:32.296-07:00</atom:updated><title>Sí se puede.</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Anoche, la selección de fútbol soccer en la categoría sub-20 se clasificó al Mundial en Colombia. Me alegré y no poquito. Hasta las lágrimas. Con euforia. Pero no sin razón. Resulta que el triunfo es modesto y no lo es. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Guatemala es un país de autoestima muy bajita. Estamos acostumbrados a ser siempre los perdedores, a la mediocridad de acciones y como es obvio, de resultados. En el fútbol, específicamente, se replican los patrones más dañinos de nuestra sociedad: una asociación que beneficia a unos pocos, movida únicamente por intereses personales. La selección mayor de fútbol, conformada por los mismos desde hace mucho -salvo honrosas excepciones- pretende competir con jugadores de selecciones mayores internacionales, cuyos jugadores reciben, además de alimentación adecuada; un entrenamiento que exuda disciplina y mentalidad ganadora.&amp;nbsp; No es de extrañar que lo que mejor define nuestro fútbol mayor es aquello de "jugaron como nunca, perdieron como siempre" y que se usa precisamente por la manía de desmoronarse cuando el rival mete un gol o aprieta un poco más.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El sábado fui al estadio a ver a la Sub-20 en el juego contra Honduras. Después de su triunfo frente a Jamaica. La gran mayoría de la afición llega pensando: "que no la caguen y pierdan como siempre". Y pasó. Los jovencitos se desmoronaron cuando entró el primer gol hondureño antes de 10 minutos de juego. &lt;b&gt;No perdieron por condiciones, perdieron por mentalidad&lt;/b&gt;. Y esos fracasos duelen más.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Anoche, 11 muchachitos, más la banca,&amp;nbsp; menores de 20 años -representantes de una generación "sin aspiraciones, cínica, desinteresada" y otra serie de apelativos que he leído salpicados por ahí- se sobrepusieron a un fracaso previo. Dejaron fuera de una competencia mundial al equipo que, junto a México unicamente, ha asistido a todos los mundiales de esta categoría (acá los expertos en deporte pueden darme el número). Los pequeñitos chapines, se alzaron con el triunfo frente al equipo más fuerte de la contienda. Se olvidaron del tatuaje cerebral de losers con el que nos adornan al nacer en esta tierra y además de corazón, le metieron cabeza al juego. Y ganaron el encuentro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero no me alegré nada más por el pase al Mundial. &lt;b&gt;Fue mucho más satisfactorio notar que anoche fue la gala de valores como constancia, disciplina y pasión. Valores que nos urgen para salir por fin del círculo vicioso de la mediocridad. &lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La experiencia de crear un semillero deportivo para aficionados al soccer y llevarlo con constancia -no imperfecto, pero si regular- desde el 2001, dió sus frutos anoche. Podría ser hora de aprender a transpolar esa experiencia a otras áreas. De comenzar a aplicar responsabilidad y pasión en nuestras acciones, para recoger los frutos en un plazo no lejano. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hice un tuit que dice: "Prometo celebrar igual cuando nos den otro Nobel de literatura". Y comparé el Nobel, con el triunfo de anoche, por un hecho puramente circunstancial. Resulta que en fútbol, somos chiquitos mentalmente. En literatura, no. Ya tenemos un Nobel de Literatura en nuestra historia que nos recuerda que sí se puede. Y nuestros escritores están muy lejos de sufrir problemas de autoestima. Los que tenemos, ya podrían ir por premios mayores con el bagaje de talento y la confianza en sí mismos intacta.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El fútbol llega a todos: los que no leen, los que no analizan. Los que hoy bendicen a la selección y mañana les gritan desde los graderíos "patojos mierdas". No puedo perder la fe en que, en algún punto del camino, notemos que si se acumulan éxitos, son resultado de la constancia y de la mentalidad ganadora que se ponga ante las circunstancias. &lt;b&gt;Este podría ser el primer paso para que el fútbol le dé a nuestra gente, triunfos mayores sustentados en valores reales.&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ojalá sigamos acumulando más triunfos modestos, para celebrarlos en su justa dimensión. A lo mejor eso será lo que nos convierta en triunfadores de marca mayor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1669054804984248350-5501037767396577942?l=libelulablu.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://libelulablu.blogspot.com/2011/04/si-se-puede.html</link><author>maruluarca@gmail.com (Maru Luarca)</author><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1669054804984248350.post-1043749998122749048</guid><pubDate>Wed, 06 Apr 2011 04:37:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-05T21:39:35.118-07:00</atom:updated><title>Experimento -y te culpo-</title><description>&lt;style&gt;
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&lt;/style&gt;    &lt;br /&gt;
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}p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal { margin: 0cm 0cm 0.0001pt; font-size: 12pt; font-family: "Times New Roman"; }p { margin-right: 0cm; margin-left: 0cm; font-size: 10pt; font-family: Times; }table.MsoNormalTable { font-size: 10pt; font-family: "Times New Roman"; }div.Section1 { page: Section1; }
&lt;/style&gt;    &lt;span lang="EN-US" style="font-family: Arial;"&gt;Habitantes de una ciudad, árboles.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span lang="EN-US" style="font-family: Arial;"&gt;Verdes las copas, savia (sangre) fluyendo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span lang="EN-US" style="font-family: Arial;"&gt;Viento –No. Miedo- Tiemblan las hojas.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span lang="EN-US" style="font-family: Arial;"&gt;Metal en la garganta, lágrimas carmesí surco abajo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span lang="EN-US" style="font-family: Arial;"&gt;Y a pesar del río sanguíneo –confusión- solo el verde.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span lang="EN-US" style="font-family: Arial;"&gt;Realidad, ninguna. Verde y hoja, todo lo que ves.&lt;/span&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1669054804984248350-1043749998122749048?l=libelulablu.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://libelulablu.blogspot.com/2011/04/experimento-uno-culpo-pedro.html</link><author>maruluarca@gmail.com (Maru Luarca)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1669054804984248350.post-8189305188157577824</guid><pubDate>Wed, 06 Apr 2011 00:35:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-05T19:48:01.803-07:00</atom:updated><title>Sigo viendo para otro lado.</title><description>Somos de ceguera selectiva. De un mar de luces, elegimos algunas. Las que nos convienen. Y pretendemos no ver más las que nos señalan, las que nos intimidan. Las luces que nos evidencian. Afirmamos no verlas, con certeza tal, que el resto comienza a dudar de el alcance de su propia iluminación. 'Soy yo y mi verdad, contra la verdad del mundo entero'. Así somos. Ciegos a conveniencia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1669054804984248350-8189305188157577824?l=libelulablu.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://libelulablu.blogspot.com/2011/04/no-veo.html</link><author>maruluarca@gmail.com (Maru Luarca)</author><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1669054804984248350.post-124429307834571364</guid><pubDate>Mon, 04 Apr 2011 01:55:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-04T15:36:20.837-07:00</atom:updated><title>#Babel</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Apagar la luz y centrarse en la brillante luz del monitor. Como en las muchas noches, de los muchos días que suma al hilo desde hace un tiempo. Y es que para ella ha resultado más útil el monitor cuando busca su reflejo, que el mismo espejo. Los espejos no tienen esa dinámica. Son silenciosos. Y es ahí en donde todo se vuelve caos. Los silencios no le gustan tanto, porque su voz interior, borracha de monólogos comienza a desvariar. Afirma que el blanco es bueno, que el negro es malo y luego, cuando lo repite hasta el cansancio, el gris resultante se levanta como bruma y empaña su visión. El monitor no. Está lleno de una serie de voces -silenciosas- sin rostro. Gritan sus letras a cual más. Una Babel de esta era. No es posible pescar en el río del bullicio, una sola línea de pensamiento continuo. La dinámica es más divertida. Como esa línea de patos en las ferias y tú con el rifle, intentando atinarle a algunos en el movimiento de la faja. Algunos patos te sonríen. Otros, intentan tirarle a las escopetas -siempre hay de esos-. Y otros más, silenciosos, observan con sus ojitos, ansiando que les des un tiro. Porque así notarían que los ves. Que no pasaron de largo, sin importar. Y allá está ella: apuntando a los patos. El ejercicio ayuda a no escarbar profundidades y así, pues duele menos todo. Pasan las horas, pasan los patos. Y ella, tirando aleatoriamente. Por diversión. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1669054804984248350-124429307834571364?l=libelulablu.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://libelulablu.blogspot.com/2011/04/babel.html</link><author>maruluarca@gmail.com (Maru Luarca)</author><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1669054804984248350.post-6623428327659832122</guid><pubDate>Fri, 25 Mar 2011 04:56:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-03-24T21:56:24.711-07:00</atom:updated><title>De este blog y mi filosofía cinematográfica.</title><description>Releerme me deja claro que soy una  adicta a los resbalones por el túnel del piso 7 y medio. Sí, ese mismo  por el que se deslizaba el titiritero para convertirse en John  Malkovich. Y verlo todo desde otra perspectiva. Y hablarle, porque nunca  podemos evitar decirle a los demás como actuar. O al menos lo que  pensamos sobre tal o cual situación. Anyway, era de esperarse que a John  Malkovich – o sea yo en este nuevo ejercicio del Mapa de Royce- le  diera por investigar de donde venía esa voz interna tan fastidiosita. Y  descubrió el túnel. Y lo cruzó. En un ejercicio de regresión a sí mismo,  se metió en su propia piel. Bajo una nueva perspectiva. Parafraseando a  la película: Cruzó su propio umbral y encontró su lado oscuro. Encontré  mi lado oscuro. Mi lado blú, como cariñosamente lo llamo. El ya  conocido y explorado hasta el cansancio lado blú, que a las 3 de la  mañana de hoy le dió por develar lo que todos saben – menos yo, como en  todas las pelis -: que camino en círculos. Como en Breakfast at  Tiffany´s, &lt;em&gt;“¿Sabes lo que te pasa? …te asusta la idea de que alguien  pueda meterte  en una jaula. Bueno nena, ya estás en una jaula, tu  misma la has  construido y en ella seguirás vayas a donde vayas, porque  no importa  donde huyas, siempre acabarás tropezando contigo misma…”&amp;nbsp;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;
&lt;em&gt;&amp;nbsp;&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y en los constantes tropiezos conmigo misma, dentro de esta jaula&lt;em&gt;, &lt;/em&gt;ahora sé que me gusta lo blú. Mucho más que lo &lt;em&gt;“mean red”&lt;/em&gt;.  Porque lo blú no es terrorífico. Significa que puedo llorar porque la  lluvia en mi ventana evoca nostalgia o por la persistencia de ese  rollito en mi cintura que no deja de crecer. En cambio, los estados de  ánimo rojo rabioso son mucho peores. Desatan paranoia. Un terrible temor  que no podemos explicar. &lt;em&gt;“Do you ever get that feeling?” &lt;/em&gt;Y  cómo Holly Golightly, solo encuentro la calma cuando entro en mi Tiffany  personal. Mi reino de las profundidades. Ese que de vez en vez,  comparto en este espacio. Recién leí en otro blog sobre el ejercicio de  alguien que, como en un diario, escribía la razón de su felicidad. &lt;em&gt;Felicidad hoy: un trozo de pizza/Felicidad hoy: una lámpara de pie/Felicidad hoy: la luna llena en mi ventana.&lt;/em&gt;  Algunas veces el sentido común no nos salva de estrellarnos contra el  muro de la lógica. Yo añado: felicidad hoy, mi lado oscuro, que es más  bien blú. No mean red. Y luego de ello, me siento preparada para comprar  algunos muebles y ponerle nombre al gato. En mi propio Tiffany, al  final del túnel del piso 7 y medio.&lt;em&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1669054804984248350-6623428327659832122?l=libelulablu.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://libelulablu.blogspot.com/2011/03/de-este-blog-y-mi-filosofia.html</link><author>maruluarca@gmail.com (Maru Luarca)</author><thr:total>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1669054804984248350.post-5364856548601742098</guid><pubDate>Mon, 07 Mar 2011 01:29:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-03-06T21:01:17.948-08:00</atom:updated><title>Eterna primavera.</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Vivo en esta tierra de árboles. Árboles de copas verdes, frondosas. En cuyo interior fluye&amp;nbsp; savia roja. El viento acá, no es tal. Es miedo, que sopla fuerte entre las ramas. Un país en el que el sabor metálico de la sangre se atora en la garganta y encuentra su salida por los lagrimales. Y aún así, seguimos presumiendo de ver siempre el verde de las hojas. Solo el verde de las hojas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1669054804984248350-5364856548601742098?l=libelulablu.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://libelulablu.blogspot.com/2011/03/eterna-primavera.html</link><author>maruluarca@gmail.com (Maru Luarca)</author><thr:total>7</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1669054804984248350.post-3928473766617560107</guid><pubDate>Tue, 01 Mar 2011 04:56:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-03-06T21:01:57.525-08:00</atom:updated><title>Radiografía de un último instante.</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una hora y media antes, aún lo veía respirar. Ese vaivén involuntario. Ese subir y bajar del pecho al que le dió siempre la mínima atención. Hoy, eso le parece increíble. Tanto que no piensa en otra cosa. El aliento tibio, que entra y sale de su cuerpo, llevando vida en el trayecto. Imagina vívidamente esas pequeñas partículas de polvo, girando en el vaho. Los rayos del sol le otorgan ese brillo especial, casi metálico. Veinte minutos después de que él partió, lo único que recordaba era la pelea inútil. Otra de tantas. Hoy, eso también le parece increíble. El tiempo en los recuerdos pierde velocidad. No hay prisa y en la lentitud de su paso, se reconstruyen las imágenes con más detalle. Sus labios. Los recuerda moviéndose incesantes. No sabe qué decían. Ni quiere saber. Ya no tiene importancia. Pero recuerda su lengua. Lenta. Saliendo de su guarida húmeda más de una vez. Remojando los labios que eran su puerta. Esos labios que tantas veces la besaron. Los que dejaron ese cosquilleo de ausencia en los propios. El reloj, como ese regente cruel, marca las 8. Era temprano. Se fue apresurado -recuerda- como si sintiera que podría llegar con retraso al encuentro con la muerte. Llegó a tiempo. La cita fue cumplida y ella se quedó sola. Con todos los detalles, mínimos e inútiles de esa última hora y media en que lo vió respirar.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1669054804984248350-3928473766617560107?l=libelulablu.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://libelulablu.blogspot.com/2011/02/radiografia-de-un-ultimo-instante.html</link><author>maruluarca@gmail.com (Maru Luarca)</author><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1669054804984248350.post-6556625974637288742</guid><pubDate>Thu, 24 Feb 2011 16:36:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-06-03T03:31:18.728-07:00</atom:updated><title>Pobre bota Colibrí, abandonada en el asfalto.</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lo vi, muy solito, en la mitad de la calle. Un pobre pie sin dueño. Fue muy rápido, no podría describirlo a detalle. Pero era un pie trabajador. Eso se le notaba a leguas. De hule, de esos que acompañan a otro pie igualito pero inverso y que juntos llevan a sus dueños entre surcos y milpa. Estaba ahí, en medio del asfalto. Imposible no pertenecer menos. Lo imagino asustado. Tantos carros, tanta gente. Tanta velocidad. Es fácil suponer que de donde viene, todo se mueve más lento. Eso cuentan. Acompañó al cuerpo al que pertenecía en ese mítico viaje a la Gran Ciudad. Y le gustó. Tanto que decidió no volver. O no. No le gustó nadita, pero se deslumbró. Olvidó que lo suyo es pertenecer y se desprendió. Y ahora está ahí, asustado e inerte, en pleno asfalto del Trébol. Esperando que su dueño regrese por él. O a recuperar el valor y marcharse, dando brinquitos, tras el espejismo de la Gran Ciudad.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1669054804984248350-6556625974637288742?l=libelulablu.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://libelulablu.blogspot.com/2011/02/la-bota-colibri-abandonada-en-el.html</link><author>maruluarca@gmail.com (Maru Luarca)</author><thr:total>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1669054804984248350.post-1652478537929786186</guid><pubDate>Wed, 16 Feb 2011 16:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-03-06T21:02:59.456-08:00</atom:updated><title>Hay días de piedra y días verdes.</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cúmulo de sentimientos ambiguos que me provocas, montaña. De lunes a viernes, me estorba tu quietud. Estás ahí, tan firme. En el mismo sitio y ni con la fuerza de mi furia ni con las tormentas que expulsa mi boca, te ladeas. Ni un poco. Tus pies de montaña hundidos hasta tus tobillos de montaña. ¡Cómo te odio, montaña! No vuelas como nube, no eres diáfana. Eres solo eso, montaña. Piedra y más piedra, una sobre la otra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero luego, cuando el sábado amanece, tú amaneces escalera. Verde. Cubierto de vida. Con tus pies de montaña firmemente hundidos hasta tus tobillos de montaña, pero verde. Con las copas de los árboles como despeinada melena. Con el viento jugando en tu piel de hoja. Y yo, subiendo atolondrada hacia las nubes. Sonriendo y jadeando, exahusta. Con tus ojos de montaña me sonríes. No dices nada. Sabes que cuando el domingo muera, yo amaneceré nuevamente odiando tu quietud. Y sabrás esperarme al siguiente sábado, cuando abres nuevamente tus caminos para dejarme subir a toda prisa tus laderas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1669054804984248350-1652478537929786186?l=libelulablu.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://libelulablu.blogspot.com/2011/02/hay-dias-de-piedra-y-dias-verdes.html</link><author>maruluarca@gmail.com (Maru Luarca)</author><thr:total>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1669054804984248350.post-8705749712513035023</guid><pubDate>Wed, 16 Feb 2011 04:02:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-03-06T21:10:41.089-08:00</atom:updated><title>El vacío en las palabras.</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De esos días en que las palabras pierden su brillo. No hay reflejo. Las canciones, música sin letra. Porque las palabras de pronto no dicen nada. Manuscritos sin eco. Para ojos sordos. Como los míos. Días así. En otros soles y otras lunas, las palabras son barca y alas. Olas. Para viajar y escapar. Para escapar y llegar. En esas, me visto de palabras, con traje de gala y me voy a bailar la vida. Como se debe. Pero desde la torre sin palabras, no. No se baila. Las palabras desfilan sin voz. No contienen. Como frascos sin tapa, llenos de nada. Días así, como hoy.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1669054804984248350-8705749712513035023?l=libelulablu.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://libelulablu.blogspot.com/2011/02/el-vacio-en-las-palabras.html</link><author>maruluarca@gmail.com (Maru Luarca)</author><thr:total>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1669054804984248350.post-308691309747375704</guid><pubDate>Mon, 14 Feb 2011 21:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-03-06T21:10:58.756-08:00</atom:updated><title></title><description>Tenía una cabecera de blog y la borré cuando decidí "limpiarlo". Hoy, estreno una nueva, regalo del día de los amigos de Omer Correa (@Omer_Hassam). ¡Mil gracias Omer!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1669054804984248350-308691309747375704?l=libelulablu.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://libelulablu.blogspot.com/2011/02/tenia-una-cabecera-de-blog-y-la-borre.html</link><author>maruluarca@gmail.com (Maru Luarca)</author><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1669054804984248350.post-8580974709281014737</guid><pubDate>Mon, 14 Feb 2011 18:03:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-03-06T21:11:22.511-08:00</atom:updated><title>Del amor y otros moños.</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Te quiero y no. Me quieres y no. En tus brazos soy y luego, ahí mismo, dejo de ser. En romántica escalera de mármol, se sube al cielo y al minuto, caída libre y sin red. Golpe seco. Amor y desamor en un parpadeo. Es que el amor es así, dicen los boleros. Si hoy dejé de amarte, cabe la posibilidad de que mañana mismo te esté amando a todo motor. Y toca celebrarlo, dicen. Con moños y papeles rojos. Con globos de aire. Del mismo aire que rellena y sobredimensiona realidades. Porque nos gusta la fiesta. Lo que cuenta no es la fecha marcada en el calendario. Cuentan los días al hilo, las noches de dos. Cuenta el espejo en tu mirada. Las ganas de seguir. No cuenta más. Dicen también.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;code&gt;&lt;/code&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1669054804984248350-8580974709281014737?l=libelulablu.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://libelulablu.blogspot.com/2011/02/del-amor-y-otros-monos.html</link><author>maruluarca@gmail.com (Maru Luarca)</author><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1669054804984248350.post-5345202595324116918</guid><pubDate>Sun, 13 Feb 2011 04:35:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-03-06T21:11:41.628-08:00</atom:updated><title>El premio mayor.</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;En un día como hoy, hace cuatro años, la ternura y yo renovamos votos. El cielo bajó y con un beso, colocó un ángel nuevamente en mi vientre. Como un último chance. En extra bonus. Me gusta creer que me premió. Bien merecido lo tenía. Amé siempre tanto la que soy en mi rol de madre, que por buena cliente, me dieron más. Mi cachorrito llegó con la tarea de colgarme diariamente una gran sonrisa en el alma. Su vocecita, sus ocurrencias y sus tiernos bracitos colgando de mi cuello son la gasolina diaria que necesito. Nada más. Hoy, celebramos su cumpleaños. Yo, celebré el mío. La nueva yo. La mamá por cuarta vez. Lo mejor que siempre he hecho.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1669054804984248350-5345202595324116918?l=libelulablu.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://libelulablu.blogspot.com/2011/02/el-premio-mayor.html</link><author>maruluarca@gmail.com (Maru Luarca)</author><thr:total>5</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1669054804984248350.post-4411237247180233899</guid><pubDate>Sat, 12 Feb 2011 00:23:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-03-02T20:35:35.765-08:00</atom:updated><title>Letanía para marcarle el alto a los años.</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No tengo 40 años, a pesar de que mi cédula insista en ello. Esas canas, no son canas. El espejo ha sido un vendido mentiroso desde los tiempos de La Bella Durmiente. La piel de mi rostro sigue siendo la de un durazno. De 15 días bajo el sol, pero durazno al fin. Los embarazos no se me notan -tanto-. No tengo cuatro décadas despertando y anocheciendo en este mundito, aunque empecé a coleccionar cumpleaños desde el año en que el hombre pisó la luna por primera vez. En algún sitio del camino, perdí peso. Vacié bolsillos de pesadas piedras que nadie necesita. Y con las piedras, tiré los años. Eso, me lo repito a diario frente al espejo, cuando el infeliz insiste en señalar la nueva arruga que viene a juego con otra cana.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
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