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	<title>Lecturas &#8211; ArtepolÃ­tica</title>
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	<description>ArtepolÃ­tica es un blog colectivo. Los que lo hacemos estamos interesados en la polÃ­tica, la economÃ­a, el periodismo y toda aquella disciplina que opere, constituya y modifique la esfera pÃºblica. Deseamos que sea un espacio de intercambio y debate crÃ­tico para pensar nuestra Argentina y nuestro mundo. EstÃ¡s invitad@, &#60;a href=&#34;http://artepolitica.com/wp-login.php?action=register&#34;&#62;participÃ¡&#60;/a&#62;.</description>
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		<title>Hasta el empate siempre</title>
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		<dc:creator><![CDATA[NicolÃ¡s Tereschuk (Escriba)]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Sep 2019 18:23:56 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Hasta el empate siempre, por MartÃ­n Wallach (Publicada originalmente en Perfil)]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://www.perfil.com/noticias/ideas/hasta-el-empate-siempre.phtml">Hasta el empate siempre</a>, por MartÃ­n Wallach (Publicada originalmente en Perfil)</p>
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		<title>Para entender la brutalidad de capitalismo americano, tienes que comenzar en la plantaciÃ³n</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ArtepolÃ­tica]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 Aug 2019 12:27:26 +0000</pubDate>
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		<title>Tavosnaska: â€œEntre la OMC, el FMI y la UE se formÃ³ una troika de la desindustrializaciÃ³nâ€</title>
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		<dc:creator><![CDATA[NicolÃ¡s Tereschuk (Escriba)]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Jul 2019 13:08:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Lecturas]]></category>
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					<description><![CDATA[Entrevista a AndrÃ©s Tavosnanska Economista del Centro Periferia Por Alejandro Radonjic En diÃ¡logo con El Economista, AndrÃ©s Tavosnanska ofrece su mirada aguda y crÃ­tica sobre el acuerdo alcanzado entre el &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="content-lecturas">Entrevista a AndrÃ©s Tavosnanska Economista del Centro Periferia Por Alejandro Radonjic<br />
En diÃ¡logo con El Economista, AndrÃ©s Tavosnanska ofrece su mirada aguda y crÃ­tica sobre el acuerdo alcanzado entre el Mercosur y la UniÃ³n Europea.<br />
Uno de los varios motivos y justificaciones detrÃ¡s de la bÃºsqueda del acuerdo con la UE es que Argentina tiene una economÃ­a cerrada (en tÃ©rminos relativos) y que, ademÃ¡s, tiene pocos acuerdos comerciales mÃ¡s allÃ¡ del Mercosur mientras algunos vecinos tienen accesos preferenciales a mayores porciones del PIB global. Â¿Usted coincide con esa apreciaciÃ³n y, en tal caso, lo analiza como algo negativo que se debe revertir?<br />
Sin dudas Argentina es un paÃ­s que exporta e importa poco en relaciÃ³n al tamaÃ±o de su economÃ­a. Hay pocas economÃ­as menos abiertas que la de Argentina, entre las cuales se encuentran Brasil y PakistÃ¡n y todos acordamos en que es necesario exportar e importar mÃ¡s. El tema que se debate es cÃ³mo lograrlo. Los economistas ortodoxos suelen atribuir esto a las barreras a la importaciÃ³n que el paÃ­s ha utilizado. Simplificando, plantean que levantando estas barreras se importarÃ¡ mÃ¡s, eso generarÃ¡ mayor competitividad al abaratar costos de insumos y maquinaria, y automÃ¡ticamente eso permitirÃ¡ exportar mÃ¡s. Sin embargo, la evidencia ha refutado esa idea numerosas veces. Por ejemplo, entre 2016 y 2019 se bajaron aranceles y eliminaron barreras paraarancelarias (como las Licencias No AutomÃ¡ticas y las DJAI), pero el crecimiento de las exportaciones fue muy bajo. Durante estos cuatro aÃ±os crecieron tan sÃ³lo 2,5% anual (2,7% en 2019), muy lejos de las expectativas creadas por el oficialismo. Por otra parte, en 2018 se importaron US$ 65.400 millones, menos que en 2014, cuando habÃ­a restricciones a la compra de dÃ³lares, DJAI y aranceles mÃ¡s altos. En 2019, las importaciones estÃ¡n cayendo otro 29%, lo cual podrÃ­a llevarlas al nivel mÃ¡s bajo desde 2009. Esto muestra que el lÃ­mite para las importaciones argentinas no lo ponen las barreras arancelarias y paraarancelarias, sino la restricciÃ³n externa y, especÃ­ficamente, el estancamiento de las exportaciones. MÃ¡s allÃ¡ de los vaivenes polÃ­ticos, el paÃ­s tiene un problema estructural: este aÃ±o las exportaciones serÃ¡n mÃ¡s bajas que en 2008, lo cual es un reflejo de que no hemos encontrado quÃ© venderle al mundo ni a quien. En ese sentido, considero que el paÃ­s tiene que exportar mÃ¡s productos agrarios, hidrocarburos, minerales y servicios, pero que con eso no alcanza para ofrecer un buen nivel de vida para 44 millones de habitantes. Por lo tanto, se necesita sumar a esto una base industrial considerable, que exporte al mundo, genere trabajo de calidad, invierta en investigaciÃ³n y desarrollo y sea un canal de transmisiÃ³n de conocimiento hacia el resto de los sectores. Para lograrlo seguramente sea necesario, entre muchas otras cosas, hacer acuerdos comerciales con otros bloques y paÃ­ses. El tema es con quien se acuerda y en quÃ© condiciones.<br />
Entrando, ahora sÃ­, un poco mÃ¡s en el acuerdo, y aun considerando que hay detalles varios por definir, Â¿quÃ© piensa de Ã©l y lo que lograron Argentina y el Mercosur? Nunca se sabrÃ¡ si fue por mÃ¡s y no pudo o consiguiÃ³ lo que querÃ­a, Â¿pero es un buen acuerdo como puntapiÃ© de la negociaciÃ³n? Â¿Se podrÃ­a haber aspirado a mÃ¡s?<br />
Primero que nada, cabe aclarar que la informaciÃ³n con la que se cuenta para evaluar el acuerdo es muy poca, por lo que sÃ³lo se puede analizar los resÃºmenes que han difundido Argentina y, especialmente, la UE. Ese anÃ¡lisis deja la impresiÃ³n de que es un acuerdo muy desfavorable para el paÃ­s. Ha realizado incontables concesiones y obtenido muy poco a cambio. El Mercosur ha negociado durante dÃ©cadas para conseguir otros resultados, como una cuota de exportaciÃ³n de carnes mÃ¡s alta, pero la UE se mostrÃ³ inflexible y paciente. Con estas condiciones, hubiera sido mejor no firmar y buscar acuerdos con otros paÃ­ses o bloques comerciales que estÃ©n dispuestos a hacer una apertura mÃ¡s equilibrada. Los estudios de impacto que se difundieron muestran que Argentina pasarÃ­a a importar mÃ¡s y exportar menos. Este Ãºltimo resultado se da porque el incremento en la exportaciÃ³n de alimentos a la UE se verÃ­a compensada por la pÃ©rdida de participaciÃ³n de mercado en Brasil en manos de empresas europeas. Hasta ahora, el Gobierno no ha difundido nuevos estudios de impacto con resultados distintos que justifiquen haber firmado.<br />
Hay algunas ideas circundantes, por ejemplo, que los europeos nos van a llenar de importaciones y desarticular el tejido industrial que no es enorme, pero tampoco es despreciable. Â¿Es mÃ¡s un mito o una realidad posible si el acuerdo llega a prosperar en las complejas fases legislativas?<br />
La industria es el sector que mÃ¡s ha perdido en el acuerdo, especialmente los rubros de mayor contenido tecnolÃ³gico como quÃ­micos, metalmecÃ¡nica, farmacÃ©utica o automotriz. La industria recibirÃ¡ de la UniÃ³n Europea una baja de aranceles en promedio de 4,2 puntos porcentuales. El impacto de esto es muy pobre y no llega a compensar el daÃ±o a la competitividad industrial que generÃ³ el Gobierno con la suba de retenciones, la baja de reintegros, el incremento de la tasa de interÃ©s o la suba de tarifas. A cambio, entrega reducciones de aranceles mucho mayores (de hasta 35 puntos porcentuales) y gran parte de las herramientas de polÃ­tica industrial que estaban a salvo de las mÃºltiples prohibiciones de la OrganizaciÃ³n Mundial de Comercio (OMC). AsÃ­, se quedarÃ¡ sin polÃ­tica arancelaria, se compromete a no levantar barreras tÃ©cnicas o sanitarias, no puede usar Licencias No AutomÃ¡ticas, valores criterio, ni retenciones para desincentivar la exportaciÃ³n de materias primas sin valor agregado. Tampoco podrÃ¡ dar trato diferencial en las compras pÃºblicas a empresas argentinas, ni desde el Estado ni las empresas pÃºblicas. AdemÃ¡s, el paÃ­s se compromete a acceder al Patent Cooperation Treaty, lo cual puede complicar la producciÃ³n nacional de medicamentos y elevar su precio. A la industria nacional, que en la OMC le patearon la escalera, como dice Ha Joon Chang, ahora la encontraron en el suelo y le estÃ¡n acomodando las costillas con mÃ¡s patadas. Este acuerdo se complementa con el ajuste fiscal acordado con el FMI que estÃ¡ destruyendo el sistema nacional de innovaciÃ³n y dejando nulo espacio fiscal para las polÃ­ticas de promociÃ³n productiva. Entre la OMC, el FMI y el acuerdo con la UE han logrado conformar una troika de la desindustrializaciÃ³n muy potente. No hay paÃ­s del mundo que haya logrado desarrollar su industria en un entorno como este. Por otra parte, por mÃ¡s que la apertura sea gradual, resulta inverosÃ­mil pensar que la industria logre encarar un proceso de reconversiÃ³n virtuoso cuando tiene casi 40% de capacidad ociosa, no hay crÃ©dito productivo, la inflaciÃ³n es la mÃ¡s alta en tres dÃ©cadas, la presiÃ³n impositiva es asfixiante y se reduce el gasto en investigaciÃ³n y desarrollo. Las empresas argentinas tendrÃ­an que incrementar la productividad a una velocidad inÃ©dita para competir con empresas que tienen niveles de ventas centenas o incluso miles de veces mÃ¡s grande, todo en el contexto mÃ¡s hostil posible. Es mÃ¡s probable que en lugar de reconversiÃ³n, ocurra lo que dijo Gustavo Grobocopatel, es decir, que desaparezcan algunos sectores y se achiquen otros tantos. Esto no serÃ­a un problema si no fuera porque tanta destrucciÃ³n viene acompaÃ±ada por una muy baja creaciÃ³n de nuevos sectores. Los trabajadores asÃ­ serÃ¡n expulsados a sectores de menor productividad y remuneraciones, como ha venido ocurriendo en estos cuatro aÃ±os.<br />
Â¿QuÃ© sectores de Argentina, en cambio, podrÃ­an llegar a verse beneficiados?<br />
Los mÃ¡s beneficiados son la producciÃ³n de carnes y granos, el complejo frutihortÃ­cola y la industria de alimentos y bebidas. El Gobierno agrega que los servicios tambiÃ©n saldrÃ­an ganando. El problema es que los beneficios son muy pocos. El mejor ejemplo es en carnes, donde se consiguieron apenas 99.000 toneladas extras de cuota, lo cual, aÃºn si nos correspondiera la mitad, permitirÃ­a subir apenas 9% las exportaciones. Es increÃ­ble desproteger la industria por esto cuando, en 2018, las exportaciones de carne ya subieron 78% sin necesidad de ningÃºn acuerdo. Por otra parte, el acuerdo no dice una palabra sobre reducir los mÃ¡s de 400.000 millones de euros que la UE vuelca en subsidios mediante la PolÃ­tica Agropecuaria ComÃºn y ya avisaron que mantendrÃ¡n una muy estricta polÃ­tica sanitaria y fitosanitaria, rubro en el que son lÃ­deres a nivel mundial. Aun dentro del modelo agroexportador o de supermercado del mundo que pregona el Gobierno no se justifica el acuerdo con la UE. Si condenar a la industria no se consideraba un problema, hubiera sido mÃ¡s razonable acordar con China y el resto de Asia, donde se encuentra el mercado de alimentos mÃ¡s dinÃ¡mico del mundo y donde no adoptan las violentas prÃ¡cticas proteccionistas que paÃ­ses como Francia usan para defender a sus productores agrarios.</div>
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		<title>El giro equivocado de la globalizaciÃ³n</title>
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		<dc:creator><![CDATA[NicolÃ¡s Tereschuk (Escriba)]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Jun 2019 15:08:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Lecturas]]></category>
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					<description><![CDATA[Y como lastima a los EE.UU. Autor: Dani Rodrik TraducciÃ³n de Alejandro Garvie. La globalizaciÃ³n estÃ¡ en problemas. Una reacciÃ³n populista, personificada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="content-lecturas">Y como lastima a los EE.UU.<br />
Autor: Dani Rodrik<br />
TraducciÃ³n de Alejandro Garvie.<br />
La globalizaciÃ³n estÃ¡ en problemas. Una reacciÃ³n populista, personificada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, estÃ¡ en plena marcha. Una guerra comercial a fuego lento entre China y Estados Unidos podrÃ­a desbordarse fÃ¡cilmente. PaÃ­ses de toda Europa estÃ¡n cerrando sus fronteras a los inmigrantes. Incluso los mayores impulsores de la globalizaciÃ³n reconocen que la misma ha producido beneficios desproporcionados y que algo tendrÃ¡ que cambiar.<br />
Los problemas de hoy tienen sus raÃ­ces en la dÃ©cada de 1990, cuando los responsables de la formulaciÃ³n de polÃ­ticas pusieron al mundo en su camino hiperglobalista actual, que exige que las economÃ­as domÃ©sticas se pongan al servicio de la economÃ­a mundial en lugar de al revÃ©s. En el comercio, la transformaciÃ³n fue iniciada por la creaciÃ³n de la OrganizaciÃ³n Mundial del Comercio, en 1995. La OMC no solo hizo mÃ¡s difÃ­cil que los paÃ­ses se protegieran de la competencia internacional, sino que tambiÃ©n llegÃ³ a Ã¡reas polÃ­ticas que las normas de comercio internacional no habÃ­an tocado anteriormente: la agricultura, servicios, propiedad intelectual, polÃ­tica industrial, y regulaciÃ³n sanitaria. Incluso los acuerdos comerciales regionales mÃ¡s ambiciosos, como el Tratado de Libre Comercio de AmÃ©rica del Norte, despegaron casi al mismo tiempo.<br />
En finanzas, el cambio estuvo marcado por un cambio fundamental en las actitudes de los gobiernos que se alejaron de la gestiÃ³n de los flujos de capital y fueron hacia la liberalizaciÃ³n. Presionados por Estados Unidos y organizaciones globales como el Fondo Monetario Internacional y la OrganizaciÃ³n para la CooperaciÃ³n y el Desarrollo EconÃ³micos, los paÃ­ses liberaron grandes cantidades de financiamiento a corto plazo para cruzar las fronteras en busca de mayores rendimientos.<br />
En ese momento, estos cambios parecÃ­an estar basados ??en una economÃ­a sÃ³lida. La apertura al comercio llevarÃ­a a las economÃ­as a asignar sus recursos allÃ­ donde serÃ­an mÃ¡s productivos. El capital fluirÃ­a de los paÃ­ses donde abundaba a los paÃ­ses en donde se necesitaba. Un mayor comercio y una financiaciÃ³n mÃ¡s libre desencadenarÃ­a la inversiÃ³n privada y alimentarÃ­a el crecimiento econÃ³mico mundial. Pero estos nuevos acuerdos tenÃ­an riesgos que los hiperglobalistas no previeron, aunque la teorÃ­a econÃ³mica podrÃ­a haber predicho los inconvenientes de la globalizaciÃ³n tan bien como lo hizo los positivos.<br />
El aumento del comercio con China y otros paÃ­ses de bajos salarios acelerÃ³ el declive del empleo manufacturero en el mundo desarrollado, dejando atrÃ¡s a muchas comunidades en dificultades. La financiarizaciÃ³n de la economÃ­a global produjo la peor crisis financiera desde la Gran DepresiÃ³n. Y despuÃ©s del choque, las instituciones internacionales promovieron polÃ­ticas de austeridad que empeoraron el daÃ±o. Cada vez mÃ¡s lo que le pasÃ³ a la gente comÃºn parecÃ­a ser el resultado de fuerzas anÃ³nimas del mercado o causadas por personas que toman decisiones en paÃ­ses extranjeros.<br />
Los polÃ­ticos y los formuladores de polÃ­ticas minimizaron estos problemas, negando que los nuevos tÃ©rminos de la economÃ­a global implicaran el sacrificio de la soberanÃ­a. Sin embargo, parecÃ­an inmovilizados por estas mismas fuerzas. El centro-derecha y el centro-izquierda no estaban en desacuerdo sobre las reglas de la nueva economÃ­a mundial, sino sobre cÃ³mo deberÃ­an acomodarlas a sus economÃ­as nacionales. La derecha querÃ­a recortar impuestos y recortar regulaciones; la izquierda pidiÃ³ mÃ¡s gasto en educaciÃ³n e infraestructura pÃºblica. Ambas partes acordaron que las economÃ­as debÃ­an ser reformadas en nombre de la competitividad global. La globalizaciÃ³n, exclamÃ³ el presidente estadounidense Bill Clinton, â€œes el equivalente econÃ³mico de una fuerza de la naturaleza, como el viento o el aguaâ€. El primer ministro britÃ¡nico, Tony Blair, se burlÃ³ de aquellos que querÃ­an â€œdebatir la globalizaciÃ³nâ€, y dijo: â€œtambiÃ©n podrÃ­a debatir si el otoÃ±o deberÃ­a seguir el veranoâ€.<br />
Sin embargo, no habÃ­a nada inevitable en el camino que siguiÃ³ el mundo a partir de los aÃ±os noventa. Las instituciones internacionales desempeÃ±aron su papel, pero la hiperglobalizaciÃ³n era mÃ¡s un estado de Ã¡nimo que una restricciÃ³n genuina e inmutable en la polÃ­tica interna. Antes de que llegara, los paÃ­ses habÃ­an experimentado con dos modelos muy diferentes de globalizaciÃ³n: el patrÃ³n oro y el sistema de Bretton Woods. La nueva hiperglobalizaciÃ³n estaba mÃ¡s cercana en espÃ­ritu al patrÃ³n de oro, histÃ³ricamente mÃ¡s distante y mÃ¡s intrusivo. Esa es la fuente de muchos de los problemas de hoy. Los responsables de la formulaciÃ³n de polÃ­ticas de hoy deberÃ­an mirar hacia los principios mÃ¡s flexibles de Bretton Woods para crear una economÃ­a global mÃ¡s justa y sostenible.<br />
EL STRAITJACKET DE ORO<br />
Durante aproximadamente 50 aÃ±os antes de la Primera Guerra Mundial, mÃ¡s un breve resurgimiento durante el perÃ­odo de entreguerras, el estÃ¡ndar de oro estableciÃ³ las reglas de la gestiÃ³n econÃ³mica. Un gobierno en el patrÃ³n oro tenÃ­a que fijar el valor de su moneda nacional al precio del oro y mantener las fronteras abiertas para financiar y pagar sus deudas externas en cualquier circunstancia. Si esas reglas significaban que el gobierno tenÃ­a que imponer lo que los economistas hoy llamarÃ­an austeridad, asÃ­ sea, por muy grande que sea el daÃ±o a los ingresos domÃ©sticos y al empleo.<br />
Esa disposiciÃ³n a imponer un dolor econÃ³mico significaba que no era una coincidencia que el primer movimiento populista consciente surgiera bajo el patrÃ³n oro. A finales del siglo XIX, el Partido Popular dio voz a los agricultores estadounidenses en dificultades, que sufrÃ­an altas tasas de interÃ©s sobre su deuda y la disminuciÃ³n de los precios de sus cultivos. La soluciÃ³n era clara: crÃ©dito mÃ¡s fÃ¡cil, habilitado al posibilitar que la moneda se canjeara en plata y en oro. Si el gobierno posibilitando a cualquier persona con lingotes de plata convertirlo en moneda a una tasa establecida, la oferta de dinero aumentarÃ­a, lo que harÃ­a subir los precios y aliviarÃ­a la carga de las deudas de los agricultores. Pero el establishment del noreste y su respaldo al patrÃ³n oro se interponÃ­an en el camino. Las frustraciones crecieron, y en la ConvenciÃ³n Nacional DemÃ³crata de 1896, William Jennings Bryan, un candidato a presidente, declarÃ³ cÃ©lebremente: â€œNo sacrificarÃ¡n a la humanidad sobre una cruz de oroâ€.<br />
El patrÃ³n oro sobreviviÃ³ al asalto populista en los Estados Unidos gracias, en parte, a descubrimientos fortuitos de mineral de oro que facilitaron las condiciones crediticias despuÃ©s de la dÃ©cada de 1890. Casi cuatro dÃ©cadas mÃ¡s tarde, el patrÃ³n oro se reducirÃ­a definitivamente, esta vez en el Reino Unido, bajo la presiÃ³n de reclamos similares. DespuÃ©s de suspender efectivamente el patrÃ³n oro durante la Primera Guerra Mundial, el Reino Unido regresÃ³ a Ã©l en 1925 a su tasa anterior a la guerra. Pero la economÃ­a britÃ¡nica era solo una sombra de su yo anterior a la guerra, y cuatro aÃ±os mÃ¡s tarde, el desplome de 1929 empujÃ³ al paÃ­s al lÃ­mite. Las empresas y la mano de obra exigieron tasas de interÃ©s mÃ¡s bajas, lo que, segÃºn el estÃ¡ndar de oro, habrÃ­a hecho que el capital huyera al extranjero. Esta vez, sin embargo, el gobierno britÃ¡nico eligiÃ³ la economÃ­a domÃ©stica sobre las reglas globales y abandonÃ³ el patrÃ³n oro en 1931. Dos aÃ±os mÃ¡s tarde, Franklin Roosevelt, el reciÃ©n elegido presidente de los Estados Unidos, hizo lo mismo sabiamente. Como saben ahora los economistas, cuanto antes un paÃ­s dejara el patrÃ³n oro, mÃ¡s pronto saldrÃ­a de la Gran DepresiÃ³n.<br />
La experiencia del patrÃ³n oro enseÃ±Ã³ a los arquitectos del sistema econÃ³mico internacional de la posguerra, entre ellos el economista John Maynard Keynes, que mantener a las economÃ­as domÃ©sticas atadas para promover el comercio internacional y la inversiÃ³n hizo que el sistema fuera mÃ¡s frÃ¡gil y no menos frÃ¡gil. En consecuencia, el rÃ©gimen internacional que los paÃ­ses aliados diseÃ±aron en la conferencia de Bretton Woods, en 1944, dio a los gobiernos mucho espacio para establecer una polÃ­tica monetaria y fiscal. En el centro de este sistema estaban los controles que aplicaba a la movilidad internacional del capital. Como enfatizÃ³ Keynes, los controles de capital no fueron meramente un recurso temporal hasta que los mercados financieros se estabilizaron despuÃ©s de la guerra; eran un â€œacuerdo permanenteâ€. Cada gobierno fijaba el valor de su moneda, pero podrÃ­a ajustar ese valor cuando la economÃ­a se enfrentara a la restricciÃ³n de las finanzas internacionales. El sistema de Bretton Woods se basaba en la creencia de que la mejor manera de fomentar el comercio internacional y la inversiÃ³n a largo plazo era permitir a los gobiernos nacionales administrar sus economÃ­as.<br />
Bretton Woods cubrÃ­a solo acuerdos monetarios y financieros internacionales. Las reglas para el comercio se desarrollaron de manera mÃ¡s ad hoc, bajo los auspicios del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT). Pero podemos aplicar la misma filosofÃ­a. Los paÃ­ses debÃ­an abrir sus economÃ­as solo en la medida en que esto no alterara las negociaciones sociales y polÃ­ticas internas. La liberalizaciÃ³n comercial se limitÃ³ a reducir las restricciones fronterizas (cuotas de importaciÃ³n y aranceles) a los productos manufacturados y se aplicÃ³ solo a los paÃ­ses desarrollados. Los paÃ­ses en desarrollo eran esencialmente libres de hacer lo que querÃ­an. E incluso los paÃ­ses desarrollados tenÃ­an mucha flexibilidad para proteger a los sectores sensibles. Cuando, a principios de la dÃ©cada de 1970, un rÃ¡pido aumento de las importaciones de prendas de vestir de los paÃ­ses en desarrollo amenazÃ³ el empleo en el mundo desarrollado, las naciones desarrolladas y en desarrollo negociaron un rÃ©gimen especial que permitÃ­a a las primeras reimponer cuotas de importaciÃ³n.<br />
En comparaciÃ³n con el estÃ¡ndar de oro y la ultralegulizaciÃ³n posterior, las reglas de Bretton Woods y del GATT dieron a los paÃ­ses una gran libertad para elegir los tÃ©rminos en los que participarÃ­an en la economÃ­a mundial. Las economÃ­as avanzadas usaron esa libertad para regular e imponer tributos a sus economÃ­as como lo deseaban y para construir estados de bienestar generosos, sin obstÃ¡culos por las preocupaciones de la competitividad global o la fuga de capitales. Las naciones en desarrollo diversificaron sus economÃ­as a travÃ©s de restricciones comerciales y polÃ­ticas industriales.<br />
La autonomÃ­a domÃ©stica a las presiones econÃ³micas globales puede sonar como una receta para una menor globalizaciÃ³n. Pero durante la era de Bretton Woods, las economÃ­as desarrolladas y en desarrollo crecieron por igual a tasas sin precedentes. El comercio y la inversiÃ³n extranjera directa se expandieron aÃºn mÃ¡s rÃ¡pido, superando el crecimiento del PIB mundial. La participaciÃ³n de las exportaciones en la producciÃ³n mundial se triplicÃ³ con creces, de menos del cinco por ciento en 1945 al 16 por ciento en 1981. Este Ã©xito fue una validaciÃ³n notable de la idea de Keynes de que la economÃ­a global funciona mejor cuando cada gobierno se ocupa de su propia economÃ­a y sociedad.<br />
VOLVER AL ESPÃRITU DEL ESTÃNDAR DE ORO<br />
IrÃ³nicamente, los hiperglobalistas utilizaron el Ã©xito del sistema de Bretton Woods para legitimar su propio proyecto para desplazarlo. Si los acuerdos superficiales de Bretton Woods hubieran hecho tanto para elevar el comercio mundial, la inversiÃ³n y los estÃ¡ndares de vida, argumentaron, imagÃ­nense lo que podrÃ­a lograr una integraciÃ³n mÃ¡s profunda.<br />
Pero en el proceso de construir el nuevo rÃ©gimen, la lecciÃ³n central del anterior fue olvidada. La globalizaciÃ³n se convirtiÃ³ en el fin, las economÃ­as nacionales en los medios. Los economistas y los formuladores de polÃ­ticas llegaron a ver cada caracterÃ­stica concebible de las economÃ­as domÃ©sticas a travÃ©s de la lente de los mercados globales. Las regulaciones nacionales eran barreras comerciales ocultas, que se negociarÃ­an a travÃ©s de acuerdos comerciales, o fuentes potenciales de competitividad comercial. La confianza de los mercados financieros se convirtiÃ³ en la medida primordial del Ã©xito o fracaso de la polÃ­tica monetaria y fiscal.<br />
La premisa del rÃ©gimen de Bretton Woods habÃ­a sido que el GATT y otros acuerdos internacionales actuarÃ­an como un contrapeso para los proteccionistas poderosos en el paÃ­s: sindicatos y empresas que atienden principalmente al mercado interno. Sin embargo, para la dÃ©cada de 1990, el equilibrio del poder polÃ­tico en los paÃ­ses ricos se habÃ­a alejado de los proteccionistas hacia los lobbies de los exportadores e inversores.<br />
Los acuerdos comerciales que surgieron en la dÃ©cada de 1990 reflejaron la fuerza de esos grupos de presiÃ³n. La ilustraciÃ³n mÃ¡s clara de ese poder se produjo cuando los acuerdos comerciales internacionales incorporaron protecciones domÃ©sticas para los derechos de propiedad intelectual, resultado del lobby agresivo de las empresas farmacÃ©uticas deseosas de capturar ganancias al extender su poder de monopolio a los mercados extranjeros. Hasta el dÃ­a de hoy, Big Pharma es el mayor lobby detrÃ¡s de los acuerdos comerciales. Los inversionistas internacionales tambiÃ©n obtuvieron privilegios especiales en los acuerdos comerciales, permitiÃ©ndoles (y solo a ellos) demandar directamente a los gobiernos en tribunales internacionales por presuntas violaciones de sus derechos de propiedad. Los grandes bancos, con el poder del Tesoro de los Estados Unidos detrÃ¡s de ellos, empujaron a los paÃ­ses a abrirse a las finanzas internacionales.<br />
Los que perdieron con la hiperglobalizaciÃ³n recibieron poco apoyo. Muchas comunidades dependientes de la manufactura en los Estados Unidos vieron cÃ³mo se despachaban sus empleos a China y MÃ©xico y sufrieron graves consecuencias econÃ³micas y sociales, desde el desempleo hasta las epidemias de adicciÃ³n a las drogas. En principio, los trabajadores perjudicados por el comercio deberÃ­an haber sido compensados ??a travÃ©s del programa federal de Asistencia de Ajuste de Comercio, pero los polÃ­ticos no tenÃ­an incentivos para financiarlo adecuadamente o para asegurarse de que funcionara bien.<br />
Los economistas rebosaban confianza en la dÃ©cada de 1990 sobre la globalizaciÃ³n como motor del crecimiento. El juego consistÃ­a en incentivar las exportaciones y atraer la inversiÃ³n extranjera. Haga eso, y las ganancias serÃ­an tan grandes que eventualmente todos ganarÃ­an. Este consenso tecnocrÃ¡tico sirviÃ³ para legitimar y reforzar aÃºn mÃ¡s el poder de globalizar los intereses corporativos y financieros especiales.<br />
Un elemento importante del triunfalismo hiperglobalista fue la creencia de que los paÃ­ses con diferentes modelos econÃ³micos y sociales en Ãºltima instancia convergerÃ­an, si no en modelos idÃ©nticos, al menos en modelos de economÃ­a de mercado suficientemente similares. La admisiÃ³n de China a la OMC, en particular, se basaba en la expectativa en Occidente de que el Estado dejarÃ­a de dirigir la actividad econÃ³mica. El gobierno chino, sin embargo, tenÃ­a ideas diferentes. Vio pocas razones para alejarse del tipo de economÃ­a administrada que habÃ­a producido resultados tan milagrosos en los Ãºltimos 40 aÃ±os. Las quejas de los inversionistas occidentales de que China estaba violando sus compromisos con la OMC y de participar en prÃ¡cticas econÃ³micas injustas cayeron en oÃ­dos sordos. Independientemente de los mÃ©ritos legales del caso de cada parte, el problema mÃ¡s profundo estÃ¡ en otra parte: el nuevo rÃ©gimen de comercio no podrÃ­a acomodar la gama completa de diversidad institucional entre las economÃ­as mÃ¡s grandes del mundo.<br />
UNA GLOBALIZACIÃ“N MAS SANA<br />
Los formuladores de polÃ­ticas ya no pueden resucitar el sistema de Bretton Woods en todos sus detalles; el mundo no puede (y no debe) volver a los tipos de cambio fijos, los controles de capital generalizados y los altos niveles de protecciÃ³n comercial. Pero los formuladores de polÃ­ticas pueden aprovechar sus lecciones para crear una globalizaciÃ³n nueva y mÃ¡s saludable.<br />
El unilateralismo en cabeza de Trump es el camino equivocado hacia adelante. Los polÃ­ticos deberÃ­an trabajar para revivir la legitimidad del rÃ©gimen de comercio multilateral en lugar de reprimirlo. Sin embargo, la forma de lograrlo es no abrir mÃ¡s los mercados y reforzar las reglas globales sobre comercio e inversiÃ³n. Las barreras al comercio de bienes y muchos servicios ya son bastante bajas. La tarea es asegurar un mayor apoyo popular para una economÃ­a mundial abierta en aspectos esenciales, incluso si no alcanza el ideal hiperglobalista.<br />
Construir ese apoyo requerirÃ¡ nuevas normas internacionales que amplÃ­en el espacio para que los gobiernos persigan objetivos nacionales. Para los paÃ­ses ricos, esto significarÃ¡ un sistema que les permita reconstituir sus contratos sociales nacionales. El conjunto de reglas que permiten a los paÃ­ses proteger temporalmente a los sectores sensibles de la competencia necesita reformas. Por ejemplo, la OMC permite a los paÃ­ses imponer aranceles temporales, conocidos como derechos antidumping, sobre las importaciones que vende una empresa extranjera por debajo del costo que amenaza daÃ±ar a una industria nacional. La OMC tambiÃ©n deberÃ­a permitir que los gobiernos respondan al llamado dumping social, la prÃ¡ctica de los paÃ­ses que violan los derechos de los trabajadores para mantener bajos los salarios y atraer la producciÃ³n. Un rÃ©gimen anti dumping social permitirÃ­a a los paÃ­ses proteger no solo las ganancias de la industria sino tambiÃ©n las normas laborales. Para los paÃ­ses en desarrollo, las reglas internacionales deben acomodar la necesidad de los gobiernos de reestructurar sus economÃ­as para acelerar el crecimiento. La OMC tambiÃ©n debe aflojar las reglas sobre subsidios, inversiones y derechos de propiedad intelectual que restringen la capacidad de los paÃ­ses en desarrollo para impulsar industrias particulares.<br />
Si China y Estados Unidos han de resolver su conflicto comercial, deben reconocer que las diferencias entre sus economÃ­as no desaparecerÃ¡n. El milagro econÃ³mico chino se basÃ³ en polÃ­ticas industriales y financieras que violaban los principios clave del nuevo rÃ©gimen hiperglobalista: subsidios para industrias selectas, requisitos para que las empresas extranjeras transfieren tecnologÃ­a a empresas nacionales si querÃ­an operar en China, propiedad estatal generalizada y controles de moneda. El gobierno chino no va a abandonar tales polÃ­ticas ahora. Lo que las empresas estadounidenses ven como el robo de propiedad intelectual es una prÃ¡ctica consagrada por el tiempo, en la que un joven de los Estados Unidos se involucrÃ³ cuando se estaba poniendo al dÃ­a con la industrializaciÃ³n de Inglaterra en el siglo XIX. Por su parte, China debe darse cuenta de que los Estados Unidos y los paÃ­ses europeos tienen razones legÃ­timas para proteger sus contratos sociales y tecnologÃ­as propias de las prÃ¡cticas chinas. Tomando una pÃ¡gina de la relaciÃ³n entre Estados Unidos y la UniÃ³n SoviÃ©tica durante la Guerra FrÃ­a, China y los Estados Unidos deberÃ­an aspirar a la coexistencia pacÃ­fica en vez de ir a la convergencia.<br />
En las finanzas internacionales, los paÃ­ses deberÃ­an restablecer la norma de que los gobiernos nacionales pueden controlar la movilidad transfronteriza de capital, especialmente del capital a corto plazo. Las reglas deben priorizar la integridad de las polÃ­ticas macroeconÃ³micas nacionales, los sistemas fiscales y las regulaciones financieras sobre los flujos de capital libre. El Fondo Monetario Internacional ya ha revertido su oposiciÃ³n categÃ³rica a los controles de capital, pero los gobiernos y las instituciones internacionales deberÃ­an hacer mÃ¡s para legitimar su uso. Por ejemplo, los gobiernos pueden hacer que sus economÃ­as domÃ©sticas sean mÃ¡s estables mediante el uso de la «regulaciÃ³n de capital anticÃ­clica», es decir, restringir las entradas de capital cuando la economÃ­a se estÃ¡ calentando y gravar las salidas durante una recesiÃ³n.<br />
Abandonado a sus propios dispositivos, la globalizaciÃ³n siempre crea ganadores y perdedores. Un principio clave para una nueva globalizaciÃ³n debe ser que los cambios en sus reglas deben producir beneficios para todos en lugar de unos pocos. La teorÃ­a econÃ³mica aporta una idea importante aquÃ­. Sugiere que, para empezar, el margen para compensar a los perdedores es mucho mayor cuando la barrera que se reduce es alta. Desde esta perspectiva, no tiene mucho sentido reducir las restricciones restantes, en su mayorÃ­a menores, al comercio de bienes o activos financieros. Los paÃ­ses deberÃ­an centrarse, en cambio, en liberar la movilidad laboral transfronteriza, donde las barreras son mucho mayores. De hecho, los mercados laborales son el Ã¡rea que ofrece el caso econÃ³mico mÃ¡s sÃ³lido para profundizar la globalizaciÃ³n. La expansiÃ³n de los programas de visas de trabajo temporal, especialmente para los trabajadores poco calificados, en las economÃ­as avanzadas, serÃ­a un camino a seguir.<br />
Proponer una mayor globalizaciÃ³n de los mercados laborales podrÃ­a parecer que se enfrenta a la preocupaciÃ³n habitual de que la mayor competencia de los trabajadores extranjeros perjudicarÃ¡ a los trabajadores poco calificados en las economÃ­as avanzadas. Y bien puede ser un punto de partida polÃ­tico negativo en los Estados Unidos y Europa occidental en este momento. Si los gobiernos no proponen compensar a quienes pierden, deberÃ­an tomar en serio esta preocupaciÃ³n. Pero los beneficios econÃ³micos potenciales son enormes: incluso un pequeÃ±o aumento en la movilidad laboral transfronteriza producirÃ­a beneficios econÃ³micos globales que empaÃ±arÃ­an a aquellos que completan toda la actual ronda de negociaciones comerciales multilaterales, estancada desde hace mucho tiempo. Eso significa que hay un amplio margen para compensar a los perdedores, por ejemplo, imponiendo impuestos al aumento de los flujos laborales transfronterizos y gastando los ingresos directamente en programas de asistencia en el mercado laboral.<br />
En general, la gobernanza global debe ser ligera y flexible, permitiendo a los gobiernos elegir sus propios mÃ©todos de regulaciÃ³n. Los paÃ­ses no comercian para otorgar beneficios a otros, sino porque el comercio genera ganancias en el hogar. Cuando esas ganancias se distribuyen de manera justa en la economÃ­a domÃ©stica, los paÃ­ses no necesitan reglas externas para hacer cumplir la apertura; ellos las elegirÃ¡n por su propia cuenta.<br />
Un toque mÃ¡s ligero puede incluso ayudar a la globalizaciÃ³n. DespuÃ©s de todo, el comercio se expandiÃ³ mÃ¡s rÃ¡pido en relaciÃ³n con la producciÃ³n mundial durante las tres dÃ©cadas y media del rÃ©gimen de Bretton Woods que desde 1990, incluso excluyendo la desaceleraciÃ³n posterior a la crisis financiera mundial de 2008. Los paÃ­ses deben buscar acuerdos internacionales para restringir la polÃ­tica nacional solo cuando sean necesarios para abordar problemas genuinos de â€œempobrecimiento del vecinoâ€, como los paraÃ­sos fiscales corporativos, los cÃ¡rteles econÃ³micos y las polÃ­ticas que hacen que la moneda sea artificialmente barata.<br />
El sistema actual de reglas internacionales trata de frenar muchas polÃ­ticas econÃ³micas que no representan verdaderos problemas de â€œempobrecimiento del vecinoâ€. Considere la posibilidad de prohibir los organismos modificados genÃ©ticamente, los subsidios agrÃ­colas, las polÃ­ticas industriales y las regulaciones financieras excesivamente laxas. Cada una de estas polÃ­ticas podrÃ­a daÃ±ar a otros paÃ­ses, pero la economÃ­a domÃ©stica en cuestiÃ³n pagarÃ¡ la mayor parte del costo econÃ³mico. Los gobiernos adoptan tales polÃ­ticas presumiblemente porque piensan que los beneficios sociales y polÃ­ticos valen la pena. En cualquier caso individual, un gobierno bien podrÃ­a estar equivocado. Pero es poco probable que las instituciones internacionales sean mejores jueces de las compensaciones, e incluso cuando tienen la razÃ³n, sus decisiones carecerÃ­an de legitimidad democrÃ¡tica.<br />
El empuje hacia la hiperglobalizaciÃ³n desde la dÃ©cada de 1990 ha conducido a niveles mucho mayores de integraciÃ³n econÃ³mica internacional. Al mismo tiempo, ha producido desintegraciÃ³n domÃ©stica. Como las elites profesionales, corporativas y financieras se han conectado con sus pares en todo el mundo, se han distanciado mÃ¡s de sus compatriotas en casa. La reacciÃ³n populista de hoy es un sÃ­ntoma de esa fragmentaciÃ³n.<br />
La mayor parte del trabajo necesario para reparar los sistemas econÃ³micos y polÃ­ticos nacionales debe hacerse en casa. Cerrar las brechas econÃ³micas y sociales que se amplÃ­an con la hiperglobalizaciÃ³n requerirÃ¡ restaurar la primacÃ­a de la esfera domÃ©stica en la jerarquÃ­a de polÃ­ticas y degradar lo internacional. La mayor contribuciÃ³n que la economÃ­a mundial puede hacer a este proyecto es permitir, en lugar de gravar, esa correcciÃ³n.<br />
Link https://www.foreignaffairs.com/articles/united-states/2019-06-11/globalizations-wrong-turn?utm_medium=newsletters&#038;utm_source=twofa&#038;utm_content=20190621&#038;utm_campaign=TWOFA%20Globalization%E2%80%99s%20Wrong%20Turn&#038;utm_term=FA%20This%20Week%20-%20112017</div>
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		<title>Alexandra Kohan. PsicoanÃ¡lisis: por una erÃ³tica contra natura</title>
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		<dc:creator><![CDATA[TomÃ¡s TrapÃ©]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 01 Jun 2019 22:48:23 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[â€œEl psicoanÃ¡lisis ofrece un espacio en el que alguien puede acallar un poco el ruido ensordecedor de los sentidos que se vociferan, para empezar a pensar algo que, muchas veces &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><i><span style="font-weight: 400">â€œEl psicoanÃ¡lisis ofrece un espacio en el que alguien puede acallar un poco el ruido ensordecedor de los sentidos que se vociferan, para empezar a pensar algo que, muchas veces contradice lo que creemos que somos, para extraÃ±arnos, para desconocernos uno poco a nosotros mismos. AllÃ¡ afuera todos gritan su verdad, ya nadie calla ni por un instante lo que tiene para decir, aunque no necesariamente sea siempre un decir con consecuencias. Mientras tanto un analista y un analizante se encuentran en el consultorio de alguna ciudad, con ese bullicio de fondo, e intentan recuperar un silencio que dÃ¨ lugar a una palabra y permita escindir una experienciaâ€</span></i><b> Alexandra Kohan</b><b> &#8211; </b><b><i>PsicoanÃ¡lisis: por una erÃ³tica contra natura</i></b></p></blockquote>
<blockquote><p><i><span style="font-weight: 400">«La mala conciencia es una forma de narcisismo negativo, como Freud y Nietzche nos dijeron de diferentes maneras. Y al ser una forma de narcisismo, rehÃºye del otro, de la impresionabilidad, la vulnerabilidad y la fragilidad. La multitud de formas de mala conciencia que Freud y Nietzche analizan con tanta destreza nos muestra que las formas moralizantes de la subjetividad aprovechan y explotan los mismos impulsos que procuran doblegar» .</span></i> <b>J.Butler &#8211; Dar cuenta de sÃ­ mismo. </b></p>
<p>&nbsp;</p></blockquote>
<h6></h6>
<h6><b>En tiempos en que las redes sociales configuran la arena de nuestros debates, los hashtags ordenan nuestras indignaciones y donde cualquier titubeo es sospecha de traiciÃ³n, Alexandra Kohan <em>(1)</em> nos hace una invitaciÃ³n incomoda. A travÃ©s del psicoanÃ¡lisis como forma de lectura nos insta a despojarnos de dogmas y certezas, para leer los discursos imperantes que, aunque se pretenden emancipatorios, terminan siendo disciplinadores, en la ilusiÃ³n de que existe una libertad sin dolor.</b><span style="font-weight: 400"> â€œLa lectura que pone a funcionar el psicoanÃ¡lisis se ubica en las antÃ­podas de la repeticiÃ³n mÃ¡ntrica de fÃ³rmulas y jergas vacÃ­as (&#8230;) el psicoanÃ¡lisis es, entonces, antes que nada, un modo de leer, y ese modo conlleva, en sÃ­ mismo, la resistencia al saber dogmÃ¡ticoâ€. </span><b>El aporte crÃ­tico de Kohan resulta ilusionante en un mar de opinÃ³logos que creen que la adulaciÃ³n es el motor del pensamiento y en el que las palabras de estos â€˜influencersâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> aparecen como verdades reveladas que son repetidas por doquier.</b><span style="font-weight: 400"> â€œHay garantÃ­a de felicidad, hay promesa, hay esperanza. Todas cuestiones que van configurando un estar </span><i><span style="font-weight: 400">new age</span></i><span style="font-weight: 400"> en el mundo, que nos hace a todos dueÃ±os de nosotros mismos, accesibles para nosotros mismos, asequibles para nosotros mismos, y llena de sentido, desborda de sentido todo aquello que se manifiesta enigmÃ¡tico e inasible. Esos sentidos colman cualquier posibilidad de interrogar algo. Hay respuestas para todo y no hay ni lugar ni tiempo para las preguntas. Son discursos religiosos y moralistas que nos conminan a hacer lo que dicen y lo que dicen siempre lo dicen en modo imperativoâ€.</span><b> La autora discute la afirmaciÃ³n de cualquier identidad como algo liberador sabiendo que todo movimiento por liberador que se pretenda termina destilando una moral y toda moral, su patÃ­bulo.</b><span style="font-weight: 400"> â€œEl moralismo que estos discursos hace circular pretende una vida â€œtranquilaâ€, â€œarmÃ³nicaâ€, sin </span><i><span style="font-weight: 400">pathos. </span></i><span style="font-weight: 400">Discurre una pretensiÃ³n de cuerpos anestesiados en estas certezas; el moralismo actual nos ordena a vivir sin dolor, un poco muertos. Por suerte como dice Freud, â€œcontra las pasiones de poco valen unos sublimes discursosâ€. Para peor, estos discursos de sublimes no tienen nada. Ahora bien, la paradoja es que, promoviendo la no pasiÃ³n, se vuelven absolutamente pasionales allÃ­ donde se esfervorizan y son iracundos cuando alguien no se adapta a ellosâ€. â€œ</span><span style="font-weight: 400">Si, â€œel horror progresista a la violencia trae sus paradojasâ€, sugiere Marcelo Barros en </span><i><span style="font-weight: 400">El horror a la paternidad</span></i><span style="font-weight: 400">. Esa erÃ³tica pretende erigir una moral de los cuerpos todos, hacer de todos ellos un cuerpo universal; una moral que no para de prescribir las formas de disfrutar y si alguien no disfruta es porque no quiereâ€Â </span></h6>
<figure id="attachment_102007" aria-describedby="caption-attachment-102007" style="width: 1139px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-full wp-image-102007" src="https://artepolitica.com/wp-content/uploads/2019/05/unnamed.jpg" alt="" width="1139" height="1516" /><figcaption id="caption-attachment-102007" class="wp-caption-text">Alexandra Kohan por Mariana Kozodij</figcaption></figure>
<ul>
<li style="font-weight: 400"><span style="font-weight: 400">Alexandra Kohan gracias por la comunicaciÃ³n, ayer estuviste presentando tu libro </span><b style="font-weight: 400"><i>PsicoanÃ¡lisis: por una erÃ³tica contra natura </i></b><i style="font-weight: 400"><span style="font-weight: 400">de la editorial Indie Libros. En la semana tuve la posibilidad de leerlo, y recordÃ© algo que compartiÃ³ Julio Canosa (al que no tengo el gusto de conocer personalmente) que es esa suerte de advertencia que hace </span></i><b style="font-weight: 400"><i>Lacan en la Ã‰tica del PsicoanÃ¡lisisÂ </i></b><i style="font-weight: 400"><span style="font-weight: 400">(2) donde seÃ±ala lo problemÃ¡tico que resulta muchas veces nuestros deseos de hacer el bien o de curar y como estos nos ofrecen â€œ</span></i><b style="font-weight: 400">vÃ­as vulgares</b><i><span style="font-weight: 400">â€ que son proclives a extraviarnos. SabiÃ©ndoteÂ feminista y por su puesto a favor de la despenalizaciÃ³n del aborto, te pregunto </span></i><b style="font-weight: 400"><i>Â¿Este libro es una advertencia contra esas vÃ­as vulgares?</i></b></li>
</ul>
<p><span style="font-weight: 400">Gracias por la convocatoria y por la lectura. </span><b>Julio Canosa</b><span style="font-weight: 400"> es un colega que respeto mucho y tambiÃ©n un gran interlocutor. Esa referencia al Seminario de la Ã‰tica es una referencia a la que volvemos una y otra vez porque, efectivamente, la idea del bien es tentadora. CabrÃ­a preguntarse Â¿QuÃ¨ es el bien ? Pero en todo caso lo que estÃ¡ cuestionado es la idea de apuntar hacia ahÃ­, de orientar un anÃ¡lisis por la idea del bien. Si despuÃ©s el â€˜bienâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> es un efecto, uno no es que se vaya a oponer a ese â€˜bienâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> </span><i><span style="font-weight: 400">per se</span></i><span style="font-weight: 400">. El libro, en principio, cuando me convoca </span><b>Patricia Kolesnicov</b><span style="font-weight: 400"> para este proyecto de libros digitales, lo hace en esta colecciÃ³n </span><span style="font-weight: 400">#</span><span style="font-weight: 400">MiraComoNosLeemos el 8 de marzo y lo que a ella le interesa es mi modo de cuestionar ciertos discursos que, efectivamente, estÃ¡n organizados alrededor de ese â€˜bienâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> como una moral bienpensante o ciertos discursos coaguladas llenos de sentidos comÃºn que muchas veces son contrarios a lo que pretenden. No sÃ³lo no pudiendo tener esas consecuencias polÃ­ticas que estamos buscando, es decir, la emancipaciÃ³n de ciertos mandatos, sino que refuerzan la dependencia en relaciÃ³n a otros mandatos. AsÃ­ que no dirÃ­a que el libro es una advertencia, sino una lectura, que es la mÃ­a, donde intentÃ³ leer esos discursos llenos de coagulaciones de sentidos que terminan siendo doxas incluso dentro del feminismo o de los feminismos. </span></p>
<ul>
<li><b>VeÃ­a una entrevista que te hacian y me gustarÃ­a volver a preguntarte sobre esto. La propuesta del enfoque psicoanalÃ­tico como forma de leer despojado de certidumbres y verdades pero Â¿CÃ³mo se piensan aquellas paradojas sin caer justamente en las certidumbres?</b></li>
</ul>
<p><span style="font-weight: 400">Si es una entrevista que me hizo </span><a href="https://www.youtube.com/watch?v=KIlSxIqmMAA&amp;t=421s"><b>Patricio Zunini</b></a><span style="font-weight: 400"> a propÃ³sito de la salida del libro. El libro originariamente iba a llamarse</span><i><span style="font-weight: 400"> â€œEl psicoanÃ¡lisis no promete la felicidadâ€</span></i><span style="font-weight: 400">. DespuÃ©s a la editora le pareciÃ³ que el libro era algo mÃ¡s que eso y decidÃ¬ entonces estÃ¨ tÃ­tulo. Que tenga la palabra â€˜contraâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> para cuestionar ese paradigma que llamo â€˜de lo naturalâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />. El mÃ©todo del psicoanÃ¡lisis es ese. No pensar como una certeza porque en el momento en que la hay, esa certeza funciona como un obturador para poder escuchar ciertas singularidades de cada persona que nos consulta. AsÃ­ que uno estÃ¡ muy acostumbrado a resistirse a esas certezas porque serÃ­an un problema. Sobre cÃ³mo trabajar las paradojas creo que en principio, sin anularlas. Es un ejercicio permanente, no tengo la respuesta a cÃ³mo â€œno caerâ€ porque uno bien podrÃ­a decir que el ejercicio de practicar esa resistencia a las certezas podrÃ­a ser en sÃ¬ mismo una certeza. Yo lo pienso en tÃ©rminos de mi trabajo. De resistirse cada dia a lo que uno supone que ya sabeâ€¦ a la certeza del saber. Porque el saber teÃ³rico que uno tiene, Freud es muy claro con respecto a esto, no sirve para escuchar. El saber que uno tiene de un caso no sirve para el otro y a la vez, siendo mÃ¡s radical, dirÃ­a que el saber que uno tiene de un paciente tampoco nos sirve para seguir escuchando a ese paciente. Porque uno conoce a sus pacientes y cree saber cÃ³mo piensan (aunque saber y conocer no sean lo mismo, estrictamente). Pero respecto a ese saber uno tiene que ser cauto, si no, uno termina dirigiendo al paciente hacia determinados lugares. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Â¿CÃ³mo hacer? Es un ejercicio permanente y por eso es que es tan difÃ­cil esta </span><i><span style="font-weight: 400">praxis</span></i><span style="font-weight: 400"> porque el terreno es movedizo en ese punto. Alguna vez se me ocurriÃ³ la metÃ¡fora de â€œNo sentarse demasiado cÃ³modamente en el sillÃ³n del analistaâ€ uno pasa mucho tiempo allÃ­, por lo que el cuerpo se le va acostumbrado a la comodidad de ese sillÃ³n. Hay que buscar siempre estar un poquito incÃ³modo. Como cuando uno mira una pelÃ­cula en un sillÃ³n demasiado cÃ³modo uno se queda dormido por mÃ¡s que la pelÃ­cula sea interesante. Esa resistencia a la certeza tiene que funcionar como una inquietud que lo mantenga a uno despierto porque si no, uno efectivamente se duerme en lo que sabe. Uno descansa en lo que sabe, se adormece, inyecta ese saber al paciente y ya.</span><b> Del mismo modo, en el movimiento feminista, si uno se agarra demasiado a ese saber es un problema</b><span style="font-weight: 400">. Como esta idea de que </span><b>la proclamaciÃ³n de ser feminista ya lo convierte a uno en feminista</b><span style="font-weight: 400">. Porque muchas veces son esas cuestiones las que nos impiden pensar algunas contradicciones que nos habitan a todos. Porque uno </span><b>no</b><span style="font-weight: 400"> siempre es el mismo, </span><b>no</b><span style="font-weight: 400"> siempre es del mismo modo, uno tiene dobleces y pliegues que hay que interrogar.</span><b> Ir por la vida tan seguro de lo que uno es muchas veces nos impide pensar. Porque â€œpensar es separarâ€ como dirÃ­a Juan Ritvo. Mientras que la supuesta certeza en la identidad es pura continuidad. </b></p>
<ul>
<li style="font-weight: 400"><span style="font-weight: 400">En el debate pÃºblico, o al menos ese que sucede en las redes sociales, hubo a mi entender </span><b>dos frases </b><span style="font-weight: 400">que dejaron mucha repercusiÃ³n. No porque no se habÃ­an dicho antes, sino por provenir de dos referentes de ese calibre. La primera de </span><b>Rita Segato</b><span style="font-weight: 400"> que advertÃ­a en aquella entrevista en </span><a href="https://www.pagina12.com.ar/162518-el-problema-de-la-violencia-sexual-es-politico-no-moral"><b>PÃ¡gina 12 </b></a><span style="font-weight: 400">Â «Que la mujer del futuro no sea el hombre que estamos dejando atrÃ¡s». Y la segunda que pronunciÃ³ </span><a href="https://www.youtube.com/watch?v=6DznfWekF3M"><b>Cristina FernÃ¡ndez de Kirchner</b></a><span style="font-weight: 400"> cuando dijo â€œEn nuestro espacio hay paÃ±uelos verdes y celestesâ€. Esas declaraciones visibilizaron en gran medida las grietas de un discurso que hasta ese momento se pretendÃ­a homogÃ©neo y macizo </span><b>Â¿Que crees de estas frases? y Â¿QuÃ© evalÃºas que estas generaron?</b></li>
</ul>
<p><span style="font-weight: 400">Me parece muy interesante ese corte que vos mencionas porque efectivamente esa nota en </span><b>PÃ¡gina 12</b><span style="font-weight: 400"> produjo la viralizaciÃ³n de un discurso como el de </span><b>Rita Segato</b><span style="font-weight: 400"> al que no todo el mundo habÃ­a accedido hasta ese momento. Es muy importante esa entrevista tambiÃ©n porque ella incluso, en ese discurso, se dirige a algo que para mÃ­ es preocupante que estÃ¡ sucediendo en los mÃ¡s jÃ³venes, los adolescentes de colegios secundarios. Donde efectivamente estos discursos calan mucho mÃ¡s porque es esa juventud que necesita aferrarse a cosas en un momento de mucha ebulliciÃ³n como lo es la adolescencia. En ese momento de incertidumbre estos discursos funcionan como â€œtablas de salvaciÃ³nâ€ -y no me parece mal que los adolescentes se agarren a eso-. Ahora</span><b> cuando la cuestiÃ³n es que empieza a producirse una especie de vigilancia de los cuerpos entre los pares y una vigilancia que muchas veces produce efectos nocivos a mÃ­ me empieza a preocupar</b><span style="font-weight: 400">. Lo que </span><b>Segato</b><span style="font-weight: 400"> ubica ahÃ­ es que</span><b> no se trata de â€œahora nos toca a nosotrasâ€ como escucho en muchas feministas, algo asÃ¬ como â€œtantos siglos de opresiÃ³n, ahora es nuestro momento, ahora se la tienen que bancar los hombres â€¦â€</b><b><br />
</b></p>
<ul>
<li><b>O â€œel miedo cambiÃ³ de bandoâ€ como si se tratase de que alguien tuviese miedo.. </b></li>
</ul>
<p><span style="font-weight: 400">Tal cual. Es un poco eso. â€œAhora se la tienen que bancarâ€ como diciendo que va a haber excesos, va a haber injusticias, vamos a escrachar, etc. Pero hay que bancarsela porque es nuestro momento. </span><b>Yo estoy en total desacuerdo con eso. No es el feminismo que a mi me interesa, </b><span style="font-weight: 400">l</span><b>a demonizaciÃ³n del varÃ³n como se produce en muchos discursos me parece nefasta. En esto sigo a Rita Segato, como a las autoras del manifiesto que se llama </b><a href="https://www.traficantes.net/libros/manifiesto-de-un-feminismo-para-el-99"><b><i>Feminismo para un 99%</i></b></a><b> (Aruzza, Bhattacharya, Fraser) y a muchos otros; Â me parece que el hombre es parte de la lucha contra el machismo y el patriarcado</b><span style="font-weight: 400">. El hombre tambiÃ©n es vÃ­ctima del machismo, de otra forma claro estÃ¡ (siempre hace falta aclararlo). Pero insisto que tienen que ser parte de la lucha y que la genitalizaciÃ³n de las reivindicaciones no deberÃ­a producirse. </span><b>No estoy de acuerdo con esa franja del feminismo que dice que un varÃ³n no puede ni hablar de perspectiva de gÃ©nero, no estoy de acuerdo con esa esencializaciÃ³n que se producen en ese tipo de discursos con respecto a la mujer y al varÃ³n donde las mujeres somos buenas y sacras y los hombres malos. Eso no tiene nada que ver con el feminismo como yo lo entiendo y es muy limitante. Tranquiliza porque es un discurso que anestesia pero que no produce los efectos polÃ­ticos que estamos buscando.</b></p>
<p><span style="font-weight: 400">Yo celebro que la ebulliciÃ³n de estos aÃ±os nos haya puesto a todos a leer, a pensarnos y a pensar cÃ³mo pensamos. </span><b>Me parecen todos ejercicios valiosos porque para mÃ­ la ideologÃ­a es inconsciente. No es que yo digo â€œsoy de izquierda y feministaâ€ y por eso lo soy. Sino que el asunto se dirime en las prÃ¡cticas, para mÃ­ es en el ejercicio de lo que uno cree que es donde se dirime efectivamente la cuestiÃ³n</b><span style="font-weight: 400">. Yo doy clases en la Facultad y celebro el ingreso a la polÃ­tica por el lado del feminismo entre los jÃ³venes, pero me parece que todavÃ­a hay muchas cosas para seguir pensando que chocan con esa otra afirmaciÃ³n que dice</span><b> â€œ</b><b><i>no es el momento para las crÃ­ticas</i></b><b>â€</b><span style="font-weight: 400"> porque me parece, por el contrario, que este es el momento para las crÃ­ticas. Esa idea </span><b>stalinista</b><span style="font-weight: 400"> de que porque el enemigo es mÃ¡s grande, al interior hay que mostrarnos sin fisuras, cuando todos sabemos que al interior de los movimientos feministas estÃ¡ llenos de fisuras y eso es lo saludable. </span><b>Entonces Â¡Si! es el momento para intervenir, sobre todo con respecto a esos efectos nocivos en los cuerpos de los mÃ¡s jÃ³venes y no sÃ³lo en ellos</b><span style="font-weight: 400">. Â </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Respecto a la intervenciÃ³n de </span><b>Cristina FernÃ¡ndez de Kirchner</b><span style="font-weight: 400"> lo que creo es que hay algo que es estrictamente la tendencia a los binarismos, la constante de la grieta en donde </span><b>si uno no es A es porque es anti-A</b><span style="font-weight: 400">. </span><b>Entonces cualquier intervenciÃ³n te deja en el lado de los anti</b><span style="font-weight: 400">â€¦ En esa misma lÃ­nea me parece un problema enorme llamarle anti derechos a las personas que no estÃ¡n a favor de la legalizaciÃ³n del aborto. Me parece un problema enorme, de una soberbia y de una superioridad moral que si no estÃ¡s de acuerdo con lo que YO creo que son los derechos entonces sos anti-derechos.</span><b> La idea de que estar a favor de la legalizaciÃ³n del aborto nos deja a todos tranquilos de que estamos del lado del bien&#8230; Me parece un gran inconveniente pensar que las cosas se dirimen del lado del â€œbien y el malâ€. Esa es una divisiÃ³n pueril.</b><span style="font-weight: 400"> Hay que intentar discutir para la legalizaciÃ³n del aborto y por eso lo que pasÃ³ en el congreso fue muy importante, pero decirle â€œanti-derechoâ€ a los que estÃ¡n en contra es insultante, es como decirles â€œanti-yoâ€. La legalizaciÃ³n del aborto se ha transformado en el â€œ</span><b>monotema</b><span style="font-weight: 400">â€ de cierto sector del feminismo. </span><b>Ese mismo que dice que si no pensÃ s como yo</b><span style="font-weight: 400">: â€œ</span><b>canceled</b><span style="font-weight: 400">â€. Se hace pasar todo por ahÃ­, por si alguien acuerda o no con la legalizaciÃ³n del aborto. Eso me parece de una cortedad notable. Sobre todo si se estÃ¡n vaciando el ministerio de salud, las polÃ­ticas pÃºblicas. Supongamos que sale el aborto Â¿En quÃ© hospitales? La pregunta por esas cosas no estÃ¡. Es todo si aborto o no aborto y el asunto es mucho mÃ¡s complejo porque no se interroga el lugar del Estado en esto. En esa lÃ­nea, entronizar a Lospennato por votar a favor del aborto mientras vota el vaciamiento del paÃ­s es, como lo llaman las autoras del manifiesto que mencionÃ¨ anteriormente, </span><b>â€œfeminismo liberalâ€</b><span style="font-weight: 400">, ese que evita el abordaje de los obstÃ¡culos socioeconÃ³micos, un feminismo con el que no me siento para nada identificada.</span></p>
<ul>
<li><b>Hay un avance de los mundos virtuales sobre la â€œrealidadâ€ donde los hashtags que en principio sirven para convocar, construir identidad y hacer polÃ­tica pareciera ser que terminan maniatandoÂ el debate. Esta idea que mencionas de â€œno es el momento para las crÃ­ticasâ€ ya lo hemos escuchado en otra frase como â€œla crÃ­tica puertas adentrosâ€. Todas estas coartadas del discurso pareciera que solo sirven para aplazar el momento reflexivo. Entonces por un lado masificaron pero Â¿CuÃ ndo empiezan a ser una limitaciÃ³n esos hashtags?</b></li>
</ul>
<p><span style="font-weight: 400">En el texto que publiquÃ© la citÃ³ a </span><b>Ingrid Sarchman</b><span style="font-weight: 400"> que tiene un artÃ­culo que se llama </span><a href="http://revistazigurat.com.ar/benjamin-en-twitter/"><b>â€œBenjamin en Twitterâ€</b></a><span style="font-weight: 400">, que tiene unos aÃ±os, que da cuenta de la transformaciÃ³n de la consigna polÃ­tica convertida en hashtag que produce una cosa vacÃ­a que se reproduce sin consecuencias en redes sociales. Que alcanza con escribir cualquier cosa y cerrar con ese hashtag para ser parte. Por supuesto que creo que es limitante vaciar las consignas polÃ­ticas y por supuesto es un problema que sean imprecisas como por ejemplo â€œMi cuerpo es mÃ­oâ€. </span><b>Si algo que no es nuestro, es el cuerpo. Sobre todo si le vamos a pedir el Estado que intervenga en nuestro cuerpo</b><span style="font-weight: 400"> (porque se le pide aborto legal en el hospital). Entonces ahÃ­ tu cuerpo deja de ser tuyo, basta con pensar en la</span><b> biopolÃ­tica</b><span style="font-weight: 400">. Creo que esa no es la consigna con la que hay que pedir la legalizaciÃ³n del aborto, para mÃ­ ese no es el punto y de ahÃ­ podrÃ­amos agregar muchas otras consignas que se han transformado en hashtag. </span><b>El hashtag limita porque queda vaciado de consecuencias, no produce ninguna incomodidad y rÃ¡pidamente produce una uniformizaciÃ³n del asunto en el que alcanza con poner ese hashtag para ser parte</b><span style="font-weight: 400">. En â€œ</span><b>Feminismo para un 99%â€ </b><span style="font-weight: 400">tambiÃ©n abordan los riesgos de convertir al feminismo en un simple </span><i><span style="font-weight: 400">hashtag</span></i><span style="font-weight: 400"> o en un </span><i><span style="font-weight: 400">trending topic</span></i><span style="font-weight: 400">. Es un libro que saliÃ³ recientemente y que recomiendo mucho. Es de la editorial Rara Avis. Yo no harÃ­a esa separaciÃ³n entre el mundo real y las redes sociales porque en este punto el mundo de las redes sociales es el mundo real y hay que pensarlo asÃ­.</span></p>
<ul>
<li><b>Hasta quÃ© punto se pueden normalizar cuestiones como el amor, el deseo y el sexo Â¿QuÃ© potencialidades y quÃ© lÃ­mites tienen estas iniciativas?</b></li>
</ul>
<p><span style="font-weight: 400">El otro dÃ­a vi el anuncio de una mesa que decÃ­a algo asÃ­ como â€œCae el amor romÃ¡ntico y comienza el amor realâ€ Â y que ponÃ¬a a cuenta del amor romÃ¡ntico los estereotipos. </span><b>Cuando en realidad de lo que se trata es de que cada Ã©poca dicta su moral sexual, erÃ³tica&#8230; Cada Ã©poca tiene su normalizaciÃ³n en estos temas</b><span style="font-weight: 400">. De lo que hay que estar advertidos es de que no es que una vez caÃ­do el amor romÃ¡ntico, listo no hay mÃ¡s mandatos. </span><b>El problema del amor romÃ¡ntico, como de cualquier amor, no es el contenido de lo que prescribe sino la misma enunciaciÃ³n prescriptiva.</b><span style="font-weight: 400"> La prescripciÃ³n es el problema y todas las Ã©pocas tienen enunciaciones prescriptivas sobre los cuerpos, sobre cÃ³mo hay que gozar, quÃ© es lo prohibido y quÃ© es lo permitido. SerÃ­a una idea demasiado necia suponer que hay Ã©pocas, como la de ahora, que en apariencia todo estÃ¡ permitido y pensar que eso es la libertad, que no hay mandatos, prescripciones, moralismos, moral. Esto ya lo descubriÃ³ </span><b>Foucault</b><span style="font-weight: 400"> cuando dice que aunque se hable todo el tiempo de sexo, esto no implica que ahÃ­ no se cifre una represiÃ³n o una prohibiciÃ³n sino justamente al revÃ©s. La represiÃ³n estÃ¡ siempre, el asunto es tratar de detectar quÃ© formas va cobrando. </span><b>A mÃ­ me parece que el imperativo o las prescripciones de hoy en dÃ­a a pasarla bien, disfrutar, a gozar sin lÃ­mites son efectivamente complicadas y no dejan de poner en escena un tipo de represiÃ³n. Son represivas aunque su enunciado sea en nombre de la libertad.</b></p>
<p><span style="font-weight: 400">Esto es muy fÃ¡cil de advertir en los ensayos que van surgiendo, ahora estoy leyendo uno de </span><b>Sara</b> <b>Ahmed <a href="https://www.lanacion.com.ar/opinion/contra-el-imperativo-de-la-dicha-nid2226417">â€œLa promesa de la felicidad. Una crÃ­tica cultural al imperativo de la alegrÃ­aâ€</a>.</b><span style="font-weight: 400"> Creo que el nuevo ensayo de </span><b>Zizek</b><span style="font-weight: 400"> tambiÃ©n va a ir por el lado de la felicidad y hay una cantidad de ensayos que van por ese lado, a mÃ­ me dio mucha impresiÃ³n porque este librito que publiquÃ© se iba a llamar </span><i><span style="font-weight: 400">â€œEl PsicoanÃ¡lisis no Promete la Felicidadâ€</span></i><span style="font-weight: 400"> Â¡Y por suerte! Uno tendrÃ­a que agregar. Entonces ahora hay un empuje a la sexualidad permanente y cuando ves que un adolescente la pasa mal porque piensa que tiene que tener vida sexual pero no estÃ¡ pudiendo, se angustia, porque la sexualidad es traumÃ¡tica siempre.</span><b> Banalizar la sexualidad de esa manera y decir que acostarse con muchos es la salida de la represiÃ³n de otra Ã©poca, es necio. Suponer que eso es la libertad es un problema. </b></p>
<ul>
<li><b>TambiÃ©n aparece esa especie de autoayuda disfrazada de ideologÃ­a polÃ­tica que se viraliza por redes sociales. Esas recetas en forma de seminario, taller, charla TED que prometen respuestas y hasta nuevos modelos de relacionarse. </b></li>
</ul>
<p><span style="font-weight: 400">SÃ­, eso que vos ubicÃ¡s llama la atenciÃ³n porque replican discursos que podrÃ­an ser del macrismo, que es el discurso del emprendedurismo, de ser tu propio jefe, la autogestiÃ³n, el individualismo, el amor propio y efectivamente se parece mucho al relato del PRO.</span> <span style="font-weight: 400">Ese relato que nos deja librados a la soledad absoluta, que mÃ¡s que soledad es individualismo. </span><b>Estos discursos recogen el guante de la soledad a la que nos arroja el Estado en estos momentos y lo que hace de esa soledad es potenciarla como diciendo â€œmejor solo que mal acompaÃ±adoâ€.</b><span style="font-weight: 400"> Hay algo de recoger ese discurso y transformarlo en voluntarismo cuando es el Estado el que te arrojo ahÃ­. Cuando uno empieza a escuchar esto que vos ubicas de la autoayuda, o del coaching o el â€œtu puedesâ€ </span><b>mientras hay un rechazo al inconsciente,</b><span style="font-weight: 400"> que mÃ¡s allÃ¡ de que uno puede decidir analizarse o no, el inconsciente es un hecho de la cultura y negarlo, suponer que no existe como si uno fuese absolutamente dueÃ±o de sus actos y libre de elegir lo que quiere es problemÃ¡tico. A mÃ­ me llama mucho la atenciÃ³n ese voluntarismo que va a cobrando nuevas formas.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Esta idea del </span><b>â€œamor propioâ€</b><span style="font-weight: 400">, que no necesitas a nadie porque te podes autoabastecer pero </span><b>lo que hay todo el tiempo es una tendencia a evitar cualquier conflictividad que pueda suscitar la otredad como tal, porque la homogeneizaciÃ³n que produce es â€œestoy solo y no tengo que aferrarme a nadieâ€ y si eso nos afecta no es porque el otro es malo, sino porque es otro</b><span style="font-weight: 400">. </span><b>MartÃ­n Kohan</b><span style="font-weight: 400"> decÃ­a que era como la idea de </span><b>â€œcontratar seguros contra todo riesgosâ€</b><span style="font-weight: 400">, asegurarse y garantizar que el amor no te va a doler y a partir de eso una cantidad de artificios que se ponen en juego que fracasan uno atrÃ¡s del otro. Eso no tiene que ver con los ideales del amor romÃ¡ntico o los que se pongan en juego en cada Ã©poca, eso es con pretender que </span><i><span style="font-weight: 400">eso</span></i><span style="font-weight: 400"> no te toque, no te afecte. Cuando digo â€˜esoâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> es el otro, el encuentro con otro, no el amor. Yo que sÃ© quÃ© es el amor. </span></p>
<p><b>Pretender que la caÃ­da del amor romÃ¡ntico es un paso a la libertad es un error. El problema son las proscripciones y prescripciones, y ahora hay un montÃ³n. Todo el tiempo no estÃ¡n dictando cÃ³mo debe ser el amor Â¿El Estado? No Â¿Los discursos del Poder? No.</b> <b>Sino esos discursos que supuestamente nos iban a emancipar de â€˜esoâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />. Ahora son los pares, ahora la vigilancia de los cuerpos es realizada por pares. Condensaciones de sentidos que dictan todo el tiempo cÃ³mo deben ser las cosas, o sea: moralismo, moralismo y moralismo.</b></p>
<ul>
<li><b>No deja de sorprender como existe un mercado, supuestamente calificado, dispuesto a consumir estos productos. A consumir estos referentes que nos dicen que estÃ¡ bien y que estÃ¡ mal.. Que nos aseguran que estamos del lado de los â€˜buenosâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />. Esa bÃºsqueda constante de la aprobaciÃ³n del resto o ese â€œfuror declarativoâ€ del que dejas constancia en el libro. </b></li>
</ul>
<p><span style="font-weight: 400">Si, volvemos al principio. Esa certeza de uno que estÃ¡ del lado que hay que estar. O como dice ese chiste </span><b>â€œa favor de todo lo bueno y en contra de todo lo maloâ€</b><span style="font-weight: 400">. </span><b>El asunto es que se hace cuando, aÃºn aferrado a esa certeza, aparece algo que a uno lo pone en contradicciÃ³n con eso que uno mismo cree que es. El asunto es Â¿quÃ© se hace con la contradicciÃ³n cuando aparece?</b><span style="font-weight: 400"> Si se la va a rechazar, si se la va a negar o si uno estÃ¡ dispuesto a pensar estos matices porque la vida de nadie es esa divisiÃ³n entre el lado bueno y el lado malo. Una cosa es que haya interlocuciones, o sea un otro, con el que uno conversa porque es un mÃ©todo para revisar lo que uno estÃ¡ pensando</span><b>. A mÃ­ me interesa pensar por ejemplo los escraches. Para pensar aparte de las lecturas, hablo con otros, con referentes, compaÃ±eros</b><span style="font-weight: 400">. Uno se dirige a ciertos lugares en donde uno cree que puede conversar. Otra cosa es el efecto de masa que se arma en relaciÃ³n a un lÃ­der, basta leer </span><b>PsicologÃ­a de las masas y anÃ¡lisis del yo,</b><span style="font-weight: 400"> que es un ensayo de </span><b>Freud</b><span style="font-weight: 400"> al que cualquiera puede acceder, y ver el peligro del efecto de masa respecto de la segregaciÃ³n que produce la masa. Y lo que segrega es todo lo que constituye lo otro, entonces tambiÃ©n hay masas buenas. </span><b>A veces se arma un efecto de masa con ciertas posiciones del feminismo que a un montÃ³n de nosotras nos preocupa. Porque demoniza, porque no estÃ¡ dispuesto a revisar nada y ahÃ­ se van solidificando ciertas prÃ¡cticas como el escrache que en lo personal me parece bastante peligroso. </b></p>
<ul>
<li><b>El escrache no suscita ninguna novedad como herramienta pero pareciera ser que aparece en escena sin el aprendizaje de experiencias pasadas y se dan estos escraches que buscan en las redes (frente a la mirada de una turba de anÃ³nimos) el lugar donde motorizar la justicia.</b></li>
</ul>
<p><span style="font-weight: 400">SÃ­ me parece que el escrache, sobre todo en los adolescentes, viene a sustituir o a salvar a alguien de tener que vÃ©rselas con la mirada del otro, que siempre es traumÃ¡tica. Advertirse suscitando deseo es incÃ³modo y a veces no se puede tolerar. </span><b>Lo que aparece ahÃ­ es una cantidad de confusiones entre abuso, acoso, etc. Una cosa es visibilizar y otra es escrachar a mansalva.</b><span style="font-weight: 400"> Lo que hicieron las alumnas del </span><span style="font-weight: 400">Colegio Nacional de Buenos Aires</span><span style="font-weight: 400"> (perdÃ³n la referencia porteÃ±a) que visibilizaron los abusos de poder de ciertos profesores, referentes y autoridades me pareciÃ³ brillante porque lo hicieron en el marco de la entrega de diplomas. </span><b>AhÃ­ lo que quedÃ³ denunciado es el abuso de poder, porque esa es otra gran cuestiÃ³n de la que no se habla.</b> <b>El problema no es el poder, porque el poder circula en todas las relaciones sociales incluso entre pares, el asunto es quÃ¨ uso del poder se hace o quÃ¨ abuso. Hay que ver el efecto del poder en cada una de las relaciones. No es lo mismo entre pares que el abuso de un profesor o un adulto. El escrache a mansalva como herramienta que no busca visibilizar sino vehiculizar una cuestiÃ³n personal e individual no es lo mismo. No es lo mismo el modo que se denunciÃ³ o articulÃ² la denuncia a Juan DarthÃ©s, es el modo en que las alumnas del Buenos Aires denunciaron a las autoridades, de modo colectivo y articulado, que una chica de un colegio secundario escrache a un compaÃ±ero por X motivo y se configure eso que algunos nombraron como la â€œpatrulla feminista</b><span style="font-weight: 400">â€. A priori no estoy de acuerdo con el escrache entre pares y tampoco se puede sustituir visibilizaciÃ³n por escrache. </span><b>No son las mismas prÃ¡cticas ni tienen las mismas consecuencias. Las redes sociales permiten una visibilizaciÃ³n en el peor sentido de la que ya no se puede volver</b><span style="font-weight: 400">. Cuando esas prÃ¡cticas se vuelven cotidianas entre los adolescentes habrÃ¡ que intervenir y es responsabilidad nuestra intentar diferenciar esas cosas para no banalizar algunas prÃ cticas.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Es mÃ¡s preocupante cuando esas prÃ¡cticas se dan en otros espacios. Recientemente ocurriÃ³ el escrache a un editor que le valiÃ³ un trabajo. Un escrache del que me interioricÃ©, hablÃ© con mucha gente. Todos tenemos la misma informaciÃ³n. Parece que lo que hizo fue tocarle la rodilla a otra persona adulta. Ese escrache, que fue netamente un escrache virtual, le valiÃ³ el trabajo a esta persona. </span><b>Cuando el feminismo avanza haciendo que a las personas las echen de su trabajo, para mÃ­ eso no es feminismo, sino abuso de poder.</b><span style="font-weight: 400"> Si vos contratas a alguien, y te llega una carta con la firma de 400 mujeres para que eches a alguien, la presiÃ³n es enorme y mÃ¡s si el empleador es un organismo pÃºblico. </span><b>Entonces hay mucho miedo. Â¿El mismo miedo que tienen algunas mujeres? Por supuesto que no.</b><span style="font-weight: 400"> Pero muchos varones, mujeres, personas adultas que salimos, no a defender, sino a decir algo al respecto, fuimos puestos del lado de â€œlos encubridoresâ€. No estamos hablando de un pedÃ³filo, estamos hablando de dos personas grandes y que uno en un intento de seducciÃ³n -un intento de seducciÃ³n es, vos me tocÃ¡s la rodilla y yo te la sacoâ€¦ y te retirÃ¡s- le tocÃ³ la rodilla. Ahora si vos avanzas, insistÃ­s, no me dejas salir, eso es otra cosa. </span><b>Entonces yo estoy de acuerdo que una mujer puede decir que â€˜noâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> en cualquier momento. Puedo decir, si, si, si y luego decir â€˜noâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />, me arrepentÃ­. Y eso es asÃ­ y no hay que dejar de decirlo.</b></p>
<p><span style="font-weight: 400">Ahora, si se trata de tocar rodillas, sacÃ s la mano y ya. </span><b>Â No me gusta esa constituciÃ³n que se da de la mujer en esa posiciÃ³n de vÃ­ctima pasiva de que no puede hacer nada</b><span style="font-weight: 400">. No tengo miedo a decir esto, creo que hay que intervenir y me parece injusto que a alguien lo echen del trabajo por una cosa asÃ­. </span><b>Â¿QuiÃ¨n tuvo el poder en esa situaciÃ³n?</b><span style="font-weight: 400"> Yo conozco mucha gente que no firmÃ³ esa carta y fue muy presionada para firmar. Amigas mÃ­as y las denigran por no subirse a una causa que es totalmente injusta. </span><b>Yo lo estoy diciendo pÃºblicamente Â¿Por quÃ© no lo hacen otros? A mÃ­ me dejan pasar algunas cosas gracias a mis genitales. Me parece lamentable que estemos haciendo pasar por la anatomÃ­a lo que tenemos para debatir. </b></p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-102008" src="https://artepolitica.com/wp-content/uploads/2019/05/60686805_358510781465150_5586132377547046912_n.jpg" alt="" width="263" height="360" /></p>
<p>(1) Â <em><span style="font-weight: 400">Alexandra Kohan es psicoanalista y docente de la CÃ¡tedra II de PsicoanÃ¡lisis: Escuela francesa, de la Facultad de PsicologÃ­a de la Universidad de Buenos Aires. Docente y supervisora del Centro Dos donde ademÃ¡s dicta seminarios. Integra el grupo de investigaciÃ³n y lectura PsicoanÃ¡lisis Zona Franca. Curso la maestrÃ­a en Estudios Literarios de la Facultad de FilosofÃ­a y Letras de la UBA, para cuya finalizaciÃ³n escribiÃ³ la tesis Barthes y Lacan: la lectura como resistencia a la doxa. Coordina diversos grupos de lecturas .</span></em></p>
<p><em>(2)Â <span style="font-weight: 400">â€œEn nuestra experiencia todo les sugiere que la nociÃ³n y la finalidad del bien son para nosotros problemÃ¡ticas (&#8230;) Tenemos que saber en cada instante cuÃ¡l debe ser nuestra relaciÃ³n efectiva con el deseo de hacer el bien, el deseo de curar. Debemos contar con Ã©l como algo por naturaleza proclive a extraviarnos, en muchos casos instantÃ¡neamente. DirÃ© aun mÃ¡s â€“se podrÃ­a de manera paradÃ³jica, incluso tajante, designar nuestro deseo como un no-deseo de curar. El Ãºnico sentido que tiene esa expresiÃ³n es el alentarlos contra las vÃ­as vulgares del bien, que nos ofrecen con su inclinaciÃ³n a la facilidad; contra la trampa benÃ©fica del querer-el-bien-del-sujeto» <strong>El Seminario, Libro 7, La Ã‰tica del PsicoanÃ¡lisis de Lacan</strong>.</span></em></p>
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<p>Entrevista: TomÃ s TrapÃ¨</p>
<p>Fotos:Â Mariana Kozodij</p>
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]]></content:encoded>
					
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		<title>La CGT en su hora combativa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[NicolÃ¡s Tereschuk (Escriba)]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 31 May 2019 11:47:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Lecturas]]></category>
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					<description><![CDATA[La CGT se apresta a llevar adelante este 29 de mayo el sexto paro general a la administraciÃ³n Macri. La relaciÃ³n del gobierno y la CGT atraviesa su momento mÃ¡s &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="content-lecturas">La CGT se apresta a llevar adelante este 29 de mayo el sexto paro general a la administraciÃ³n Macri. La relaciÃ³n del gobierno y la CGT atraviesa su momento mÃ¡s tenso y se convirtiÃ³ en uno de los renovados focos de controversia para el Poder Ejecutivo. Si realizamos un breve repaso podremos observarlo con mayor claridad.<br />
Hugo Moyano fue uno de los pilares que sostuvo la candidatura presidencial de Mauricio Macri. Aunque hoy el lÃ­der camionero rechaza el hecho de haber colaborado con el triunfo de Cambiemos y que el perfil de los votantes oficialistas no encaja con su figura, lo cierto es que aportÃ³, desde la perspectiva de la opiniÃ³n pÃºblica, un respaldo que simbolizÃ³ la contenciÃ³n frente a una mÃ¡xima no escrita de la polÃ­tica argentina. Aquella que reza que â€œun gobierno no peronista no finaliza su mandatoâ€.<br />
El triunfo de Macri en 2015 tuvo su consecuente luna de miel con la cÃºpula sindical. Una relaciÃ³n de mutua conveniencia. Una plantita que ambos regaron: el Ejecutivo reintegrÃ³ los fondos de las obras sociales que manejan los sindicatos y Ã©stos correspondieron con un comportamiento condescendiente frente a un gobierno que en campaÃ±a prometiÃ³ que los trabajadores no pagarÃ­an el impuesto a las ganancias. Pero una vez en el poder Cambiemos no solo no cumpliÃ³ su promesa sino que ademÃ¡s provocÃ³ que aumente el nÃºmero de personas que hoy lo tributan.<br />
El extinto triunvirato que condujo la CGT hasta la renuncia de Schmid a fines de 2018 demorÃ³ mÃ¡s de 16 meses en llevar a cabo la primera medida de fuerza en contra de las polÃ­ticas econÃ³micas del gobierno.<br />
Hoy, a 42 meses de la asunciÃ³n de Mauricio Macri y cuando restan 7 meses para la finalizaciÃ³n de su (Â¿primer?) mandato, la CGT harÃ¡ el sexto paro general. La pregunta cae de maduro es Â¿quÃ© cambiÃ³ en el tablero polÃ­tico para que la relaciÃ³n no sea lo amistosa que supo ser?<br />
La respuesta es sencilla: la situaciÃ³n econÃ³mica empeorÃ³ y la reelecciÃ³n de Mauricio Macri, que hasta hace un aÃ±o era un hecho consumado, hoy es incierta. La unidad del PJ, que hasta hace pocas semanas parecÃ­a una quimera, hoy en alguna medida es un hecho y hasta podrÃ­a ampliarse aÃºn mÃ¡s. La cÃºpula de la CGT, en pleno conocimiento de esta realidad, busca reacomodarse en la escena polÃ­tica y tender un puente con el sector mayoritario de la oposiciÃ³n que representan Alberto FernÃ¡ndez y Cristina FernÃ¡ndez de Kirchner. Todos ellos participaron de la reuniÃ³n de la Mesa de AcciÃ³n PolÃ­tica del 14 de mayo pasado en la sede del PJ en la calle Matheu.<br />
Desde el gobierno intentan deslegitimar la medida de fuerza desde dos Ã¡ngulos: por un lado hacen foco en el desprestigio de la dirigencia sindical. Este argumento serÃ­a atendible si no fuera porque la legitimidad a la dirigencia sindical se la brindan sus afiliados y no la opiniÃ³n pÃºblica; y porque el gobierno pasa uno de sus peores momentos en lo que a popularidad se refiere. La mayorÃ­a de los sondeos seÃ±alan que la aprobaciÃ³n de la gestiÃ³n del gobierno nacional se ubica en torno al 30%.<br />
Por otro lado, desde la Rosada esgrimen que la medida es â€œde contenido polÃ­ticoâ€, un argumento remanido. Refutarlo es un ejercicio elemental: la CGT es una instituciÃ³n que representa a los trabajadores y cada acciÃ³n (u omisiÃ³n) es polÃ­tica. Lo era cuando tomaron una posiciÃ³n pasiva y negociaban con el gobierno, y lo es ahora que adquirieron un perfil mÃ¡s combativo. Lo indudable es que el horizonte electoral estÃ¡ presente y no quieren atar su suerte a la de un gobierno al que le cuesta enormemente mostrar indicadores que hayan mejorado la situaciÃ³n relativa de la clase trabajadora.<br />
La conducta que mostrÃ³ hasta el momento responde a un patrÃ³n repetido de la CGT: apoyo a los gobiernos durante el inicio de los mandatos -aunque sus lineamientos sean contrarios a sus intereses- y combativos con ellos cuando perciben que el clima electoral es adverso. El recuerdo del atril volador de marzo de 2017 estÃ¡ en la memoria la cÃºpula cegetista y hoy necesita mostrarse empÃ¡tica con su base y con el clima de opiniÃ³n que impera en nuestra sociedad, que demanda mayor compromiso con la situaciÃ³n de los mÃ¡s postergados.<br />
*Licenciado en Ciencia PolÃ­tica (UBA) y analista polÃ­tico.</div>
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		<title>Malas decisiones y ahora riesgo de ilegalidad respecto de un Ã³rgano del MERCOSUR</title>
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		<dc:creator><![CDATA[NicolÃ¡s Tereschuk (Escriba)]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 May 2019 12:17:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Lecturas]]></category>
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					<description><![CDATA[Autor: Lilia Puig Los procesos de integraciÃ³n entre paÃ­ses han sido siempre difÃ­ciles. AÃºn el mÃ¡s exitoso y que incluye delegaciÃ³n de las soberanÃ­as de los estados miembros, el de &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="content-lecturas">Autor: Lilia Puig<br />
Los procesos de integraciÃ³n entre paÃ­ses han sido siempre difÃ­ciles. AÃºn el mÃ¡s exitoso y que incluye delegaciÃ³n de las soberanÃ­as de los estados miembros, el de la UniÃ³n Europea, exhibe hoy problemas de legitimidad que se reconocen en la historia de ese proceso. El Brexit es clara demostraciÃ³n de ello y las elecciones prÃ³ximas no auguran buenas noticias.<br />
En el caso latinoamericano el Mercosur aparece como el intento mÃ¡s exitoso. Su origen se remonta a la intenciÃ³n de los Presidentes Alfonsin y Sarney de poner punto final a la hipÃ³tesis bÃ©lica entre la Argentina y Brasil y cimentar la paz poniendo fin a la tradiciÃ³n nacionalista militarista que separaba nuestros pueblo y les negaba la posibilidad de una alianza estratÃ©gica para lograr el desarrollo y la inserciÃ³n internacional coordinada en el nuevo escenario global en el que renacÃ­an las nuevas democracias del sur latinoamericano.<br />
La visiÃ³n estratÃ©gica de ambos estadistas garantizÃ³ la paz en la regiÃ³n y se iniciÃ³ una Ã©poca de colaboraciÃ³n transfronteriza que llevÃ³, entre otras decisiones de la sociedad civil, al aprendizaje del portuguÃ©s y del espaÃ±ol por amplios sectores de nuestras sociedades lo que permitiÃ³ una comunicaciÃ³n fluida en las profesiones, el comercio, los negocios, las universidades. De la mano de una cooperaciÃ³n inteligente ambos paÃ­ses integraron equipos de investigaciÃ³n en materia nuclear, biotecnolÃ³gica, nanotecnolÃ³gica e informÃ¡tica. Y se desplegaron redes entre las universidades y centros de investigaciÃ³n y ciudades de ambos paÃ­ses. Ese marco amplio de relaciones sociales permitiÃ³ que el acuerdo de Ouro Preto, fundador el MERCOSUR fuera tramitado sin obstÃ¡culos nacionalistas.<br />
La intenciÃ³n de la construcciÃ³n del Mercosur era para el Presidente Alfonsin claramente polÃ­tica: tenÃ­a que ver con la democracia, la paz en la regiÃ³n y el desarrollo.<br />
Sin embargo, los gobierno que siguieron al iniciado en 1983 cambiaron el enfoque. Ello llevo a que el 9 de mayo de 2005 al celebrarse los 20 aÃ±os de los acuerdos de IguazÃº el ex presidente Raul AlfonsÃ­n sostuviera:<br />
â€œ..el proceso de integraciÃ³n latinoamericano es un instrumento y un objetivo estratÃ©gico para fortalecer la democracia, afrontar el problema de la deuda y posibilitar la modernizaciÃ³n productivaâ€. Alfonsin criticaba a quienes habÃ­an reemplazado la estrategia inicial del Mercosur que estaba basada en â€œel gradualismo, la prudencia y la convergencia polÃ­tica, tras el objetivo de la integraciÃ³n productiva, por una oportunista reducciÃ³n del plazo inicial para su concreciÃ³n, el olvido de las asimetrÃ­as de la economÃ­a real y la reducciÃ³n del proceso a la esfera comercialâ€.<br />
Este es el contexto en el que se viene desenvolviendo la polÃ­tica oficial de la argentina respecto del MERCOSUR y sus Ã³rganos. Hasta ahora esta se caracteriza por cierta ambigÃ¼edad en el plano de las relaciones econÃ³micas donde por un lado, se empuja los acuerdos UniÃ³n Europea Mercosur, pero por otro lado se habla de â€œflexibilizaciÃ³n de las normas del MERCOSURâ€ sin demasiada claridad y en el marco del silencio frente a la venta de trigo que Brasil realizara a Estados Unidos violando la normativa del bloque. Por otro lado, se impulsa el reemplazo de UNASUR creando una nueva entidad PROSUR donde se destaca la ausencia de Uruguay. PaÃ­s con el cual tampoco se tiene una polÃ­tica comÃºn respecto de la situaciÃ³n venezolana. Pareciera que se profundiza la perspectiva econÃ³mico comercial del MERCOSUR sobre la visiÃ³n polÃ­tica de la integraciÃ³n que en tiempos del Presidente Alfonsin que permitiÃ³ a la Argentina liderar los procesos de integraciÃ³n del Grupo de Apoyo a Contadora y el Consenso de Cartagena.<br />
El gobierno se ha empeÃ±ado en una especial descalificaciÃ³n y negaciÃ³n del Parlamento del Mercosur. El Parlamento es un Ã³rgano creado por un Protocolo que recibiÃ³ el apoyo unÃ¡nime del Congreso Argentino y que lo incorporÃ³ a su ordenamiento jurÃ­dico y polÃ­tico. El Parlamento del MERCOSUR es el Ã³rgano que reemplaza a la Comision Legislativa Conjunta que a regaÃ±adientes se incluyera en el Ãºltimo artÃ­culo del protocolo de creaciÃ³n de la organizaciÃ³n del MERCOSUR y que desde los inicios ha tenido que lidiar con el conflicto de intereses que se generan entre las cancillerÃ­as y los congresos, entre las perspectivas tecno-burocrÃ¡ticas y las polÃ­ticas.<br />
Una mirada al Protocolo fundacional deja en claro que el Parlamento tiene una finalidad suprema que no tiene ningÃºn otro Ã³rgano del MERCOSUR, cual es velar por la democracia, la paz en la regiÃ³n, la vigencia de los derechos humanos, la ampliaciÃ³n de la integraciÃ³n, la participaciÃ³n ciudadana, y el desarrollo. La representaciÃ³n de los pueblos que se adjudica al Parlamento busca que la integraciÃ³n escape a la Ãºnica mirada interesada de los gobiernos de los paÃ­ses miembros, que se expresan a travÃ©s de las burocracias de las cancillerÃ­as, y que se pueda escapar al control gubernamental de los congresos cuando los ejecutivos los dominan. Sin embargo, la normativa contempla los vÃ­nculos institucionales de los Congresos y el Parlamento a fin de facilitar la armonizaciÃ³n legislativa. El congreso de Brasil cuenta con una normativa interna que jerarquiza su representaciÃ³n y el tratamiento de las decisiones del Ã³rgano regional. El Parlamento del Mercosur es una organizaciÃ³n en transiciÃ³n hacia una completa representaciÃ³n popular aspirÃ¡ndose a su integraciÃ³n total por la vÃ­a de la elecciÃ³n directa de la ciudadanÃ­a.<br />
La Argentina sancionÃ³ en 2015 la ley que habilitÃ³ la elecciÃ³n directa de los representantes. La ley se resolviÃ³ cumpliendo con las exigencias de la mayorÃ­a especial que establece la ConstituciÃ³n Nacional para la legislaciÃ³n electoral. No contÃ³ con el apoyo de todos los partidos polÃ­ticos que integraron la coaliciÃ³n oficialista. No obstante, se conformaron las listas nacionales y provinciales y se concurriÃ³ a las elecciones de 2015 sin realizar declaraciÃ³n pÃºblica alguna respecto de este Ã³rgano o su representaciÃ³n.<br />
Sin embargo, a partir de la elecciÃ³n se fueron sucediendo hechos que demostraron la falta de interÃ©s del Poder Ejecutivo en el Parlamento del Mercosur y de su objetivo de desconocimiento del mismo apoyado en una creencia negativa a la existencia de un MERCOSUR que trascendiera las relaciones de mercado.<br />
AsÃ­ desde 2016 se eliminaron las oficinas que vinculaban al Congreso Argentino y ese Ã³rgano, razÃ³n por la cual ni los miembros de la ComisiÃ³n de Mercosur de la CÃ¡mara de Diputados tienen relaciÃ³n alguna con el Parlamento. Todos los otros congresos de la regiÃ³n tienen vÃ­nculos con el Parlamento del Mercosur a travÃ©s de una oficina exigida por el protocolo fundacional. A ello se sumÃ³ la decisiÃ³n de no hacerse cargo de las exigencias legales respecto de la remuneraciÃ³n de los representantes y de optar porque los parlamentarios realizaran acciones judiciales para forzar el cumplimiento de la ley. La CÃ¡mara Nacional Electoral intimÃ³ al Congreso de la NaciÃ³n para que presupuestara los ingresos de los parlamentarios y que se pusieran a disposiciÃ³n del Parlamento del MERCOSUR para los pagos correspondientes, sin lograr que ello se cumpliera. Paralelamente, la Jefatura de Gabinete, temerosa del incumplimiento del Protocolo que sanciona a los gobiernos que impiden la asistencia de los parlamentarios a las sesiones, organizÃ³ un mecanismo de pagos de viÃ¡ticos similares a los de los funcionarios de la administraciÃ³n pÃºblica y de los pasajes para las sesiones plenarias que se realizan ininterrumpidamente desde diciembre de 2015 todos los meses durante el perÃ­odo ordinario. Sostengo que estas decisiones han sido malas y caras y que se han regido por una perspectiva ideolÃ³gica que niega el valor de la representaciÃ³n polÃ­tica parlamentaria bajo una lÃ³gica decisionista. Si el Poder Ejecutivo no esta de acuerdo con la existencia del Parlamento del Mercosur debiÃ³ enviar al Congreso una propuesta de denuncia del Protocolo. Si se consideraba que la dieta contemplada en la legislaciÃ³n era excesiva por ser igual a la de un diputado nacional debiÃ³ haber promovido un acuerdo polÃ­tico en el Congreso y reducir el monto y no pagar viÃ¡ticos ni pasajes. AdemÃ¡s debiÃ³ promover la remociÃ³n de algunas incompatibilidades de forma tal de permitir el trabajo en organismos pÃºblicos por parte de los parlamentarios. Estas malas decisiones le van a costar dinero a los contribuyentes si los parlamentarios que los han iniciado ganan los juicios. Costo que hoy el gobierno achaca a la elecciÃ³n directa y que en realidad lo ha generado una mala polÃ­tica.<br />
A estas malas decisiones que han ido acompaÃ±adas de acoso mediÃ¡tico contra casi todos los parlamentarios se ha sumado ahora otra que puede hacer caer al gobierno en la ilegalidad.<br />
La CancillerÃ­a Argentina, aprovechando la presidencia pro tempore de la Argentina, ha impulsado una declaraciÃ³n de los cancilleres del Mercosur buscando suspender la elecciÃ³n directa de los parlamentarios del MERCOSUR. Debe destacarse que sÃ³lo Paraguay que eligiÃ³ representantes el aÃ±o pasado y Argentina que debe hacerlo este aÃ±o, tienen elecciones directas. Esa declaraciÃ³n pretende ser presentada como una norma del Mercosur y, ademÃ¡s, se busca con ella suspender la elecciÃ³n de los parlamentarios argentinos. La lectura pormenorizada de la declaraciÃ³n nos muestra un conjunto de problemas para la pretensiÃ³n de validez de la declaraciÃ³n, a saber.1) Las declaraciones de los cancilleres no son una norma MERCOSUR ya que el Consejo del Mercado ComÃºn se expresa a travÃ©s de decisiones. 2) se fundamenta la declaraciÃ³n de los Cancilleres en un Protocolo adicional que no ha sido todavÃ­a aprobado por los Congresos de los paÃ­ses miembros y cuya validez depende del paso de 30 dÃ­as posteriores a la entrega de los mismos a la CancillerÃ­a de Paraguay. 3) se sostiene la suspensiÃ³n de las elecciones de nuestros paÃ­ses en la falta de simultaneidad de la convocatoria a elecciones de los paÃ­ses desconociendo que se han realizado tres elecciones en Paraguay y una en la Argentina sin reacciÃ³n alguna en contra por el Consejo del Mercosur. Lo que torna el argumento en una falacia. 4) Se busca escapar a la legislaciÃ³n del MERCOSUR apelando al tratado de Viena que en uno de sus artÃ­culos permite la denuncia de tratados entre los estados siendo que el propio tratado de Viena considera la aplicaciÃ³n del mismo cuando no existan normas propias de una organizaciÃ³n internacional. Obviamente, este no es el caso ya que el MERCOSUR tiene su propia normativa. Y esta es la que se estÃ¡ incumpliendo. El tratado de Viena es supletorio y no puede ser invocado para pasar por alto las obligaciones que emergen del propio organismo.<br />
La declaraciÃ³n de los Cancilleres no deberÃ­a ser utilizada para ningÃºn acto destinado a la suspensiÃ³n de la convocatoria a elecciones de parlamentarios del MERCOSUR en la Argentina. La CÃ¡mara Nacional Electoral ya las ha convocado en el pasado mes de febrero y hacerlo implicarÃ­a violar la constituciÃ³n que no sÃ³lo establece mayorÃ­as especiales para modificar tratados de integraciÃ³n como es el caso del Parlamento del MERCOSUR sino tambiÃ©n impide que el Poder Ejecutivo tenga potestades legislativas sobre cuestiones electorales. Estas, a su vez, requieren tambiÃ©n de mayorÃ­as especiales cuando son tratadas en el congreso.<br />
El Parlamento del MERCOSUR estÃ¡ estigmatizado por quienes reniegan de la orientaciÃ³n polÃ­tica de los presidentes que lo iniciaron y se le niega valor apelando a los mismos argumentos que usaban los que en Ã©pocas de crisis polÃ­tica y tutela militar se la negaban a los congresos. Fundamentalmente, se apela a los sentimientos antipolÃ­tica que existen en cualquier sociedad compleja y se argumenta en contra fundÃ¡ndose en dos cuestiones: el costo de la representaciÃ³n y que no legisla. Lamentablemente, esta visiÃ³n ideolÃ³gica ha impedido una conversaciÃ³n seria sobre el mejoramiento de ese Parlamento que tendrÃ­a que tener una agenda de integraciÃ³n y para ello se ha aprobado una recomendaciÃ³n de Convergencia Legislativa, impulsada Maria Luisa Storani y los parlamentarios radicales que es desconocida para quienes niegan la dimensiÃ³n polÃ­tica del MERCOSUR.<br />
Impulsar la suspensiÃ³n de la elecciÃ³n directa de los parlamentarios en los paÃ­ses en los que existe en vez de extender el plazo para los paÃ­ses que no existe es no entender la propuesta del Presidente Alfonsin sobre la necesidad del gradualismo en el proceso de integraciÃ³n y quedar involucrado en una perspectiva que niega el valor de la representaciÃ³n polÃ­tica y el carÃ¡cter progresivo del derecho.</div>
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		<title>Nunca seas presidente del PerÃº</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mariano Fraschini]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 30 Apr 2019 21:56:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Lecturas]]></category>
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					<description><![CDATA[por AgustÃ­n Ortiz( El suicidio de Alan GarcÃ­a es una pieza mÃ¡s del rompecabezas de la corrupciÃ³n en el que se encastran todos los presidentes del PerÃº desde el retorno &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b><a id="autor"></a>por AgustÃ­n Ortiz(</b></p>
<p><em>El suicidio de Alan GarcÃ­a es una pieza mÃ¡s del rompecabezas de la corrupciÃ³n en el que se encastran todos los presidentes del PerÃº desde el retorno de la democracia en el paÃ­s andino. Un repaso desde GarcÃ­a hasta Kuczynski.</em></p>
<p>La polÃ­tica latinoamericana post restauraciÃ³n democrÃ¡tica ha sufrido inestabilidades muy pronunciadas en las Ãºltimas dÃ©cadas. EscÃ¡ndalos de corrupciÃ³n y presidentes que debieron marcharse antes de finalizar su mandato, ya sea por fuerza popular o juicio polÃ­tico, repiten una rutina ya tradicional en el mundo polÃ­tico de la regiÃ³n, y a la que los pueblos han debido acostumbrarse en medio de tanta desesperanza, hambre y falta de oportunidades.</p>
<p>Carlos AndrÃ©s PÃ©rez, Fernando Collor de Melo, Gonzalo SÃ¡nchez de Lozada, AbdalÃ¡ Bucaram, Fernando de la RÃºa, Dilma Rousseff, diferentes, pero todos insertos dentro de la danza de nombres de los presidentes que no han logrado cumplir su mandato. TambiÃ©n son numerosos los casos de presidentes que lograron finalizar sus mandatos, pero a los que los escÃ¡ndalos de corrupciÃ³n han ensuciado tanto como a gran parte de su gabinete.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Alan GarcÃ­a</strong></p>
<p>El reciente suicidio de Alan GarcÃ­a es el reflejo de lo tenebroso que resulta el ejercicio de la polÃ­tica en este lado del continente y sobre todo en el PerÃº, un paÃ­s en el que todos los ex presidentes aÃºn con vida se encuentran envueltos en casos de corrupciÃ³n. Dos ex mandatarios, Alberto Fujimori (devuelto a la cÃ¡rcel tras la prisiÃ³n domiciliaria) y Pedro Pablo Kuczynski (presidente solo por dos aÃ±os), estÃ¡n presos: uno por crÃ­menes de lesa humanidad, y el otro por la megacausa Odebrecht, por la que tambiÃ©n estÃ¡n siendo investigados otros dos ex presidentes, Alejandro â€œCholoâ€ Toledo y Ollanta Humala. El tercero era Alan GarcÃ­a, pero prefiriÃ³ terminar con su vida antes que quedar detenido.</p>
<p>Junto a su vida, le puso fin a una extensa trayectoria polÃ­tica de mÃ¡s de 40 aÃ±os, a la que se subiÃ³ por izquierda y bajÃ³ por derecha. Fue diputado, senador, y presidente en dos oportunidades (1985-1990 y 2006-2011). Miembro del partido del Alianza Popular Revolucionaria Andina (APRA), iniciÃ³ su formaciÃ³n polÃ­tica con uno de los grandes cuadros y pensadores de izquierda latinoamericanista que tuvo la regiÃ³n, VÃ­ctor Haya de la Torre.</p>
<p>El APRA se presenta como â€œel partido del puebloâ€, forma parte de la Internacional Socialista, y lo integra un conglomerado de movimientos sociales y sectores polÃ­ticos con arraigo popular no solo en PerÃº sino tambiÃ©n en el continente por sus raÃ­ces antiimperialistas. Hoy en dÃ­a, es un partido de tercer o cuarto orden en el Ã¡mbito de representaciÃ³n polÃ­tica en PerÃº ya que ha quedado como tradicional y aÃ±ejo, incapaz de acercarse a las nuevas generaciones ni adaptarse a las nuevas coyunturas regionales.</p>
<p>Lo mismo le ocurriÃ³ a Alan GarcÃ­a, quien en las Ãºltimas elecciones a presidente obtuvo el peor resultado de todas sus participaciones: no superÃ³ el 5%. Recordemos que su mayor hito de popularidad se produjo en 1985, cuando fue electo con el 53% de los votos. Durante su primera presidencia (1985-1990), rechazÃ³ las Ã³rdenes del FMI y e intentÃ³ la nacionalizaciÃ³n de la banca. Estos hechos no solo le costaron graves crisis inflacionarias y de devaluaciÃ³n de la moneda, sino que, sumados al incremento de la violencia del grupo terrorista Sendero Luminoso, desembocaron en el avance contundente de la derecha encabezada por Mario Vargas Llosa, que fracasÃ³ en su intento de llegar a la presidencia que entonces asumiÃ³ por primera vez Alberto Fujimori.</p>
<p>El segundo mandato de GarcÃ­a (2006-2011) fue el reverso de su primer mandato: tratados de libre comercio y polÃ­tica de austeridad. PerÃº fortaleciÃ³ TLC con Estados Unidos, MÃ©xico y Chile, e ingresÃ³ al Acuerdo Trans-PacÃ­fico (TPP, por sus iniciales en inglÃ©s).</p>
<p>Desde 2013, GarcÃ­a estaba siendo investigado en la megacausa Odebrecht e incluso habÃ­a pedido asilo polÃ­tico en la embajada de Uruguay, mientras denunciaba una persecuciÃ³n polÃ­tica en su contra, pero fue rechazado por el presidente uruguayo TabarÃ© VÃ¡zquez.</p>
<p>Se suicidÃ³ de un disparo en la cabeza, el Ãºltimo 17 de abril, cuando iba a ser detenido por los casos de corrupciÃ³n. Junto a sÃ­, dejÃ³ una carta que fue leÃ­da en su funeral y en la que ofrece su cadÃ¡ver como una muestra de desprecio hacia sus adversarios.</p>
<p>Lo particular de su defensa es el alegato de haber sufrido persecuciÃ³n polÃ­tica por parte de sus adversarios, puesto que estos supuestos adversarios estÃ¡n salpicados en la misma causa.</p>
<p>La muerte de Alan GarcÃ­a es parte de una larga lista de caÃ­das en desgracia de ex presidentes peruanos, al menos, de todos los democrÃ¡ticamente elegidos despuÃ©s de la restauraciÃ³n de 1985. El que no se encuentra preso actualmente, lo ha estado o, como el caso de GarcÃ­a, muriÃ³ cuando iba a ser detenido.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Alberto Fujimori</strong></p>
<p>De raÃ­ces japonesas, Fujimori llegÃ³ al poder en 1990, como sucesor de Alan GarcÃ­a, al imponerse sobre la figura intelectual de la recalcitrante derecha latinoamericana, Mario Vargas Llosa. En 1992, llevÃ³ a cabo un autogolpe con clausura del Congreso y toma de las instituciones democrÃ¡ticas. Se preservÃ³ en el poder hasta julio del 2000, modificando la ConstituciÃ³n por su cuenta para incluir la clÃ¡usula de la reeleciÃ³n inmediata. En el aÃ±o 2000, cuando cursaba su tercer mandato, fue destituido por el Congreso por hechos de corrupciÃ³n y, abandonar su cargo al fugarse a JapÃ³n.</p>
<p>EnfrentÃ³ diez aÃ±os de prisiÃ³n debido a cuatro condenas que incluyen crÃ­menes de lesa humanidad y corrupciÃ³n. En 2017, Pedro Pablo Kuczynski le devolviÃ³ la libertad con un indulto humanitario que le costÃ³ el cargo, y en enero de 2019 se ordenÃ³ que Fujimori regresara a la cÃ¡rcel hasta finalizar su condena. Es probable que Fujimori, de 80 aÃ±os, permanezca en prisiÃ³n hasta el Ãºltimo de sus dÃ­as.</p>
<p>Su hija Keiko, tambiÃ©n estÃ¡ investigada en la megacausa Odebrecht. No es un dato menor ya que en 2016 fue derrotada por Kuczynski, tambiÃ©n involucrado en este escÃ¡ndalo.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Alejandro â€œCholoâ€ Toledo</strong></p>
<p>GobernÃ³ PerÃº del 2001 al 2006 y fue condenado a 18 meses de prisiÃ³n por lavado de activos en la causa Odebrecht. Se estima que el Cholo entregÃ³ 20 millones de dÃ³lares a la empresa brasileÃ±a para la construcciÃ³n de la ruta interoceÃ¡nica entre PerÃº y Brasil. Actualmente se encuentra prÃ³fugo de la justicia peruana en Estados Unidos, donde ha sido detenido por desmanes en la vÃ­a pÃºblica en estado de embriaguez (es conocida su debilidad por los licores porque en su gestiÃ³n utilizÃ³ fortunas del gasto pÃºblico para despuntar el vicio). Aunque tiene pedido de extradiciÃ³n, sus dÃ­as transcurren en California.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Ollanta Humala</strong></p>
<p>Mandatario entre 2011 y 2016, se presentÃ³ como un lÃ­der popular, por lo que la opiniÃ³n pÃºblica rÃ¡pidamente tratÃ³ de ponerle el mote de ChÃ¡vez peruano<em>.Â </em>No obstante, nada semejante al chavismo ocurriÃ³. FinalizÃ³ su mandato con un 23% de aprobaciÃ³n y entre acusaciones de asociaciÃ³n ilÃ­cita y lavado de activos en la causa Odebrecht. PasÃ³ unos meses en prisiÃ³n preventiva y, aunque hoy se encuentra en libertad, la causa sigue su rumbo.</p>
<p>***</p>
<p><strong>Pedro Pablo Kuczynski</strong></p>
<p>El octogenario ex presidente emergiÃ³ como el lÃ­der simpÃ¡tico que salvarÃ­a a la naciÃ³n andina tras la sucesiÃ³n de corruptos, pero terminÃ³ preso, paradÃ³jicamente acusado de corrupciÃ³n. PPK, de casi fortuita nacionalidad peruana (su padre era un alemÃ¡n que trabajÃ³ en PerÃº como mÃ©dico), cuando llegÃ³ a la presidencia en 2016, a muchos nos recordaba al ex presidente de Bolivia Gonzalo SÃ¡nchez de Lozada que hablaba el idioma castellano con dificultad porque habÃ­a vivido casi toda su vida en Estados Unidos.</p>
<p>La presidencia de Kuczynski durÃ³ apenas dos aÃ±os, debiÃ³ renunciar por la presiÃ³n popular debido al indulto de Alberto Fujimori. Actualmente atraviesa 36 meses de prisiÃ³n preventiva, mientras es investigado por la misma causa que casi todos sus antecesores: lavado de activos con la firma Odebrecht.</p>
<p>***</p>
<p>Sin lugar a dudas, PerÃº es uno de los exponentes mÃ¡ximos a la hora de hablar de corrupciÃ³n en AmÃ©rica Latina. De todos modos, es solo una pieza mÃ¡s del rompecabezas corrupto de la regiÃ³n, en el que la causa Odebrecht es transversal.</p>
<p>Solo resta esperar si en los demÃ¡s paÃ­ses latinoamericanos la justicia avanzarÃ¡ particularmente contra los ex mandatarios o presidentes en actividad. Por el momento, hemos vivido procesos judiciales montados sobre causas armadas o acusaciones selectivas que parecen mÃ¡s un intento de frenar el regreso de presidentes populares que el combate contra la corrupciÃ³n.</p>
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		<title>MarÃ­a Esperanza Casullo. «Las democracias deben recuperar representaciÃ³n y participaciÃ³n</title>
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		<dc:creator><![CDATA[TomÃ¡s]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 28 Apr 2019 14:02:59 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[«El populismo es efectivo», dice la politÃ³loga MarÃ­a Esperanza Casullo. Sirve para ganar elecciones, sirve para mantenerse en el poder muchos aÃ±os a pesar de los embates y sirve para &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="content-lecturas">«El populismo es efectivo», dice la politÃ³loga MarÃ­a Esperanza Casullo. Sirve para ganar elecciones, sirve para mantenerse en el poder muchos aÃ±os a pesar de los embates y sirve para gobernar, aunque no para hacer «un buen gobierno». En su flamante libro Â¿Por quÃ© el populismo funciona? (Siglo XXI Editores) -y despuÃ©s de analizar cientos de discursos que encarnan este tipo de liderazgo-, Casullo explica por quÃ© el populismo sobrevive en el tiempo y goza de buena salud. La respuesta la encuentra en «el mito polÃ­tico» que amasa el lÃ­der, una narrativa que, ademÃ¡s de ofrecer mapas, repertorios y explicaciones del mundo, brinda respuestas a los miedos y ansiedades de los ciudadanos, enuncia cursos de acciÃ³n y otorga la posibilidad de participar en un proyecto de carÃ¡cter Ã©pico. Â¿Acaso no se trata de una apelaciÃ³n bÃ¡sicamente emocional que tiende a simplificar y estereotipar? «SÃ­ -admite la politÃ³loga-, pero los lÃ­deres populistas cuentan un cuento, un relato con hÃ©roes y villanos (que cambian todas las veces que sean necesarias), y convocan al ciudadano a participar de una epopeya. Y eso funciona». De hecho, el agotamiento de los populismos de izquierda no devino en el auge de las democracias liberales, sino en el surgimiento de una ola de populismos de derecha, xenÃ³fobos y excluyentes, en distintas partes del mundo. AsÃ­ describe Casullo lo que sucede en Europa, en los Estados Unidos y ahora en Brasil, con la victoria de Jair Bolsonaro. Por otra parte, aclara que no busca justificar o defender el fenÃ³meno sino comprenderlo. Egresada de Ciencias de la ComunicaciÃ³n de la Universidad de Buenos Aires y doctora en TeorÃ­a PolÃ­tica por la Universidad de Georgetown, Casullo se desempeÃ±a como docente en la Universidad de RÃ­o Negro y desde hace aÃ±os investiga y escribe sobre populismo.<br />
El tÃ©rmino «populista» suele estar asociado a una versiÃ³n economicista, al gobierno que gasta de mÃ¡s y prioriza el corto plazo al largo plazo. Usted no se aferra a esa versiÃ³n. Â¿Por quÃ©?<br />
La versiÃ³n economicista es la idea de que los populismos son simplemente gobiernos que gastan de mÃ¡s y que, sobre todo, distribuyen hacia las clases populares, entregan plata que no tienen ahora, imprimen billetes y reparten papel pintado, buscando solamente que los voten en la prÃ³xima elecciÃ³n; y que no importa si esto genera dÃ©ficit y emisiÃ³n monetaria. Esos textos, producidos en los aÃ±os 70 y 80, describieron populismos de izquierda de dÃ©cadas anteriores. Treinta aÃ±os despuÃ©s, creo que podemos ver que no todos los gobiernos que terminaron en inflaciÃ³n eran populistas y no todos los gobiernos populistas tienen mala administraciÃ³n econÃ³mica. Bolivia tiene un manejo muy ajustado de las cuentas pÃºblicas, Rafael Correa -que es economista- hizo un proyecto de renegociaciÃ³n de la deuda tambiÃ©n muy ajustado, y hoy estamos viendo un gobierno como el de Cambiemos, que no es populista y sin embargo parece no poder controlar ciertas variables econÃ³micas. No es automÃ¡tica esta relaciÃ³n.<br />
Usted define al populismo como un gÃ©nero discursivo que se construye en base a un mito polÃ­tico. Â¿PodrÃ­a explicarlo?<br />
Es un tipo de discurso que busca crear un «pueblo» y conectar un lÃ­der o una lÃ­der con un pueblo en funciÃ³n de dividir el campo polÃ­tico entre un «nosotros» y un «otro». Este tipo de discursos se da, narrativamente, de una manera especial: estÃ¡ el hÃ©roe, estÃ¡ el villano, y hay un conflicto que los vincula. Lo que descubrÃ­ haciendo anÃ¡lisis del discurso es que el hÃ©roe es dual y el villano, tambiÃ©n.<br />
Â¿CÃ³mo es eso?<br />
El hÃ©roe no es individual como en el liberalismo, y no es colectivo en tÃ©rminos de clase como en el marxismo, sino que es un pueblo al cual el o la lÃ­der se presenta como «sirviente de», no como alguien que da Ã³rdenes. El lÃ­der dice: «Yo estoy acÃ¡ para servirlos a ustedes». A diferencia del marxismo clÃ¡sico, el populismo necesita sÃ­ o sÃ­ de la figura del lÃ­der que guÃ­e, muestre el camino y repare «el daÃ±o». Pero siempre es una lucha polÃ­tica entre dos: por un lado, el lÃ­der como redentor y el pueblo; y por otro lado, el villano, que es un villano externo, que estÃ¡ lejos y fuera de las fronteras -puede ser el imperio estadounidense o la globalizaciÃ³n-, y un traidor interno, con nombre y apellido. Es una narrativa personalizada.<br />
Â¿No es habitual que todos los gobiernos tengan un discurso antagonizante -de «nosotros y ellos», «buenos y malos»- aunque tengan significados, usos y sentidos distintos?<br />
Totalmente, es muy difÃ­cil ser gobierno sin antagonizar. El discurso populista se combina y convive con otros tipos de discursos, pero me parece que vale la pena entender las diferencias. En el discurso tecnocrÃ¡tico y racionalista estÃ¡ la idea de que «vivimos en una sociedad compleja en la que surgen problemas -no por maldad de nadie sino por fenÃ³menos interpersonales-, y lo que la polÃ­tica tiene que hacer es discutir datos y encontrar soluciones». Eso, automÃ¡ticamente, genera legitimidad polÃ­tica. Pero el populismo dice «ustedes me tienen que seguir a mÃ­ en una lucha para derrotar a este adversario, y esta lucha es Ã©pica y moral». La relaciÃ³n es mucho mÃ¡s emocional. Obviamente, no hay absolutos y no existe un lÃ­der que sea completamente populista todas las horas, asÃ­ como hoy por hoy es imposible pensar en lÃ­deres totalmente tecnocrÃ¡ticos en una democracia de masas.<br />
Es interesante el modo en que el lÃ­der va identificando diversos adversarios en funciÃ³n de las distintas necesidades. El conflicto es el combustible que le sirve para antagonizar con «el otro» y cohesionar a los propios.<br />
Claro, esta es la gran «ventaja» del discurso populista. TambiÃ©n ayuda a explicar las sorprendentes resiliencias de los gobiernos populistas, porque estos gobiernos tienen dosis altas de conflicto, tienen amenazada su gobernabilidad -prÃ¡cticamente todos los gobiernos populistas tuvieron crisis muy fuertes en los primeros aÃ±os de gobierno-, y sin embargo, gobernaron ocho, diez, quince aÃ±os. Â¿CÃ³mo explicamos esta resiliencia? Para mÃ­ la clave es que este mito es un formato narrativo. Es decir, hay un hÃ©roe dual y un villano dual, pero los contenidos pueden ser casi infinitos. En el caso de los populismos latinoamericanos, «pegan para arriba» y designan como adversarios a los sectores mÃ¡s ricos y poderosos, con nombre y apellido. Pueden ser los dueÃ±os de los bancos y los sectores financieros; pueden ser los dueÃ±os de los medios de comunicaciÃ³n; pueden ser las empresas petroleras, como en el primer gobierno de Evo Morales. Esto genera la posibilidad de acciones concretas como cobrarles mÃ¡s impuestos, hacer una ley que regule los medios de comunicaciÃ³n o nacionalizar empresas.<br />
Se vio muy bien durante los gobiernos kirchneristas. Primero los enemigos eran mÃ¡s impersonales -el FMI, los fondos buitres-, y despuÃ©s, ClarÃ­n, Magnetto.<br />
Exactamente. Con la crisis del campo, el adversario pasÃ³ a ser mÃ¡s interno que externo. Para mÃ­ una buena metÃ¡fora es el boxeador que va cambiando de pie en pie. Refrescar el antagonismo tambiÃ©n permite ir refrescando tu base social. Es obvio que esta estrategia no es perfecta y tiene sus riesgos; hay sectores que van entrando y van saliendo, hay un grado alto de conflicto porque siempre te estÃ¡s peleando con alguien, y eso genera cansancio social. El lÃ­der populista divide el campo social y polÃ­tico, y su apuesta es que queden mÃ¡s de su lado que del otro. Cuando quedan mÃ¡s del otro lado que del propio, como con la crisis del campo, es una tremenda derrota.<br />
En los populismos de derecha europeos el «enemigo» son los inmigrantes. Por supuesto, los inmigrantes no son los causantes de la crisis europea sino un emergente. Â¿QuÃ© lugar ocupa la mentira en un discurso populista?<br />
Es una muy buena pregunta y es una pregunta difÃ­cil de contestar porque lo que importa en cierto sentido es la conexiÃ³n del lÃ­der y el pueblo en cada momento. En este caso, la carga de verdad no estÃ¡ dada por los inmigrantes, sino por que la gente se sienta representada en el hecho de que una persona diga «yo siento tu disconfort, me doy cuenta de que la estÃ¡s pasando mal y te voy a decir quiÃ©n es el responsable de eso». En este «te voy a decir», si las personas lo creen, hay una conexiÃ³n representativa muy profunda. El discurso populista no promete una acciÃ³n totalizante, objetiva y absolutamente coherente, sino que promete narrarte momento a momento quiÃ©n es el adversario que te estÃ¡ perjudicando. Y si el dÃ­a de maÃ±ana es otro adversario, mutarÃ¡ el discurso.<br />
Salvo los casos de Trump y Bolsonaro, Â¿por quÃ© cree que se dio esa divisiÃ³n geogrÃ¡fica entre populismos de derecha en Europa y populismos de izquierda en AmÃ©rica Latina?<br />
Creo que hay una cuestiÃ³n bastante clara que es el papel del colonialismo, el papel de la nostalgia por un pasado perdido. En Europa y Estados Unidos encontramos esta fuerte aspiraciÃ³n de sectores de la sociedad a volver a un pasado de gloria. El tema es que en AmÃ©rica Latina, por lo menos para las clases populares, no hay un pasado de gloria al cual volver, por lo cual es muy difÃ­cil legitimar esta idea. El populismo de derecha tiene la idea de que hay que proteger la autenticidad del pueblo; que el pueblo es puro, homogÃ©neo, y estÃ¡ amenazado por contaminantes externos que son los inmigrantes, el Islam, la «teorÃ­a de gÃ©nero». Proteger al pueblo implicarÃ­a volver a un momento donde «todo fue mejor y Ã©ramos mÃ¡s felices». Esa memoria histÃ³rica, ese momento teÃ³rico de gloria, no estÃ¡ en AmÃ©rica Latina. Esto lo dice muy bien un politÃ³logo, RaÃºl Madrid: en AmÃ©rica Latina es mucho mÃ¡s fuerte la imagen del mestizaje y es muy difÃ­cil entender al pueblo como algo puro en tÃ©rminos Ã©tnicos.<br />
Â¿Y Bolsonaro?<br />
Bolsonaro sÃ­ tiene esta matriz de «tenemos que volver». Â¿Pero volver adÃ³nde? Â¿A los aÃ±os 2000? No, porque gobernaba el PT. Â¿A los aÃ±os 90? No, porque gobernaba la socialdemocracia de [Fernando Henrique] Cardoso. Bueno, ahora estÃ¡ la idea de reivindicar el golpe militar, pero es muy difÃ­cil eso tambiÃ©n, no hay un mucha gente que diga «sÃ­, buenÃ­simo, quiero volver a 1964».<br />
Â¿QuÃ© condiciones son necesarias para que surja un populismo?<br />
En casi todos los paÃ­ses de AmÃ©rica Latina donde a fines de los aÃ±os 90 hubo crisis econÃ³micas, o sea implosiones del neoliberalismo, sumadas a la desintegraciÃ³n del sistema de partidos, surgiÃ³ un liderazgo populista. Â¿Por quÃ©? Porque hay alta insatisfacciÃ³n, miedo y desconcierto. Hay malestar y aparece la sensaciÃ³n de que ninguno de los partidos tradicionales estÃ¡ representando ese malestar. No hay un relato que te contenga y hay una sensaciÃ³n de orfandad polÃ­tica. Cuando eso pasa, hay mÃ¡s pregnancia a discursos que te dicen: «estamos mal por la acciÃ³n de este actor social; tenemos que ser solidarios entre nosotros y movilizarnos».<br />
El ciudadano, parte de una cruzada o de una gesta.<br />
SÃ­. Hannah Arendt, que en realidad era una filÃ³sofa liberal que detestaba este tipo de populismos, decÃ­a que participar en el Ã¡mbito de lo pÃºblico en algo que es una «epopeya», sentir que uno estÃ¡ participando activamente de un movimiento que puede cambiar la historia, es una experiencia absolutamente convocante y placentera. Me parece que la idea de que la polÃ­tica es simplemente un proceso que mira problemas y encuentra soluciones objetivas sin convocar a los ciudadanos de a pie deja a la poblaciÃ³n en una orfandad polÃ­tica. Creo que es necesario recuperar la dimensiÃ³n redentora de «la polÃ­tica de la fe», y generar mecanismos de representaciÃ³n y participaciÃ³n. Es algo que las democracias tienen que recuperar, no necesariamente a la manera populista.<br />
Â¿Por eso son frecuentes las crisis de sucesiÃ³n en los populismos?<br />
Ese es el principal talÃ³n de Aquiles de todos los movimientos populistas de la historia, porque la relaciÃ³n de identificaciÃ³n no es con la historia de un partido, con un ideario polÃ­tico o con una plataforma, sino con la figura del lÃ­der. LÃ­der a quien se acepta como el hablante con autoridad performativa suficiente para designar en cada momento quiÃ©n es el adversario. Es un liderazgo carismÃ¡tico: tiene que recrear ese lazo todo el tiempo. Es el Ãºnico que es autocreado; depende de la donaciÃ³n de afecto de los seguidores. Eso es muy poderoso. Por eso yo estudio el discurso, porque los populistas estÃ¡n condenados a hablar todo el tiempo. Como Sherezade en Las mil y una noches.</div>
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		<title>Lula: â€œO inimigo central do Bolsonaro, alÃ©m do PT, Ã© o seu vice-presidenteâ€</title>
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		<dc:creator><![CDATA[NicolÃ¡s Tereschuk (Escriba)]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Apr 2019 12:33:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Lecturas]]></category>
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					<description><![CDATA[O ex-presidente Luiz InÃ¡cio Lula da Silva, preso desde abril de 2018 em Curitiba, quebra o silÃªncio pela primeira vez com autorizaÃ§Ã£o da JustiÃ§a nesta sexta-feira em uma entrevista exclusiva &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="content-lecturas">O ex-presidente Luiz InÃ¡cio Lula da Silva, preso desde abril de 2018 em Curitiba, quebra o silÃªncio pela primeira vez com autorizaÃ§Ã£o da JustiÃ§a nesta sexta-feira em uma entrevista exclusiva ao EL PAÃS e ao jornal Folha de S.Paulo. EstÃ¡ disposto a falar. E fala muito. EnÃ©rgico, mexe as mÃ£os, faz piadas, metÃ¡foras, ironias, e aproveita suas duas horas de publicidade para devolver ferroadas. â€œImagina se os milicianos do Bolsonaro fossem amigos da minha famÃ­liaâ€. ApÃ³s ver que o Superior Tribunal de JustiÃ§a reduziu sua pena por corrupÃ§Ã£o passiva e lavagem de dinheiro no caso do triplex do GuarujÃ¡, Lula acredita que pode ser absolvido. Mas diz nÃ£o temer morrer na prisÃ£o.<br />
TrÃªs agentes policiais armados acompanham a entrevista. Um deles Ã© Jorge Chastalo Filho. De vez em quando ele olha para Lula e segue o que o ex-presidente fala. Parece prestar atenÃ§Ã£o. Logo volta seu olhar para os demais integrantes da sala: os jornalistas, advogados de Lula e Franklin Martins, ex-ministro da Secretaria de ComunicaÃ§Ã£o dos governos Lula. Chastalo Ã© o agente que mais tem contato com o ex-presidente enquanto ele estÃ¡ em sua â€œsalaâ€, onde lÃª o conteÃºdo dos pen drives que ganha das visitas que recebe semanalmente. Esta semana foi a vez do sociÃ³logo italiano Domenico Demasi.<br />
Pergunta. A prisÃ£o do senhor foi um dia histÃ³rico. O que passou pela cabeÃ§a quando estava sendo preso e conduzido?<br />
Resposta. Durante todo o processo, sempre tive certeza de que tinha um objetivo central, que ia chegar em mim. Isso foi ficando patente em todos os depoimentos, vocÃªs estÃ£o lembrados que a imprensa retratava: prenderam fulano, vai chegar no Lula. Prenderam sicrano, vai chegar no Lula: â€œvocÃª conhece o Lula, vocÃª Ã© amigo do Lula, vocÃª fez alguma coisaâ€¦ todo mundo.â€ Eu sabia disso porque a imprensa retratava, as pessoas contavam. Sabia disso porque advogado conversava com advogado. Foi ficando patÃ©tico que o objetivo era chegar em mim. Tinha companheiros no PT que nÃ£o gostavam quando eu dizia isso: eles vÃ£o chegar em mim e depois vÃ£o caminhar para criminalizar o PT. Quando ficou claro o objetivo central, muita gente achava que eu deveria sair do Brasil, que eu deveria ir para uma embaixada, que eu deveria fugir. Tomei como decisÃ£o que meu lugar Ã© aqui. Eu tenho tanta obsessÃ£o de desmascarar o [Sergio] Moro, em desmascarar o [Deltan] Dallagnol e a sua turma e aqueles que me condenaram, que eu ficarei preso cem anos, mas eu nÃ£o trocarei a minha dignidade pela minha liberdade. Eu quero provar a farsa montada. Eu quero provar. Montada aqui dentro, no departamento de JustiÃ§a dos Estados Unidos com depoimento de procuradores com filme gravado e agora mais agravado com a criaÃ§Ã£o da FundaÃ§Ã£o CrianÃ§a EsperanÃ§a do Dallagnol, pegando 2,5 bilhÃµes de reais da Petrobras para criar uma fundaÃ§Ã£o para ele. Fora 6,8 bilhÃµes da Odebrecht e fora nÃ£o sei quantas outras coisas. Eu tenho uma obsessÃ£o, vocÃª sabe que eu nÃ£o tenho Ã³dio, nÃ£o guardo mÃ¡goa, porque na minha idade quando a gente fica com Ã³dio a gente morre antes. Como eu quero viver atÃ© os 120 anos, porque acho que sou um ser humano que nasceu para ir atÃ© os 120, eu vou trabalhar muito para mostrar a minha inocÃªncia e a farsa que foi montada. Por isso eu vim pra cÃ¡ com muita tranquilidade.<br />
Havia uma briga no sindicato aquele dia entre os que queriam que eu viesse e os que nÃ£o queriam. E eu tomei a decisÃ£o. Eu falei: eu vou, eu vou lÃ¡. Eu nÃ£o vou esperar que eles venham atÃ© mim, eu vou atÃ© eles, porque eu quero ficar preso perto do Moro. O Moro saiu daqui. Mas eu quero ficar perto porque eu tenho que provar minha inocÃªncia.<br />
P. Pode ser que o senhor fique aqui para sempre. Mesmo assim, acha que tomou a decisÃ£o correta?<br />
R. Tomaria outra vez.<br />
P. JÃ¡ pensou que pode ficar aqui para sempre?<br />
R. NÃ£o tem problema. Eu tenho certeza que eu durmo todo dia com a minha consciÃªncia tranquila. Tenho certeza que o Dallagnol nÃ£o dorme e que o Moro nÃ£o dorme. E aqueles juÃ­zes do TRF-4 que nem leram a sentenÃ§a. Fizeram um acordo lÃ¡, era melhor que um sÃ³ tivesse lido e falado &#8216;todo mundo aqui vota igual&#8217;. EntÃ£o eu quero, sinceramente. Quem tem 73 anos de idade, quem construiu a vida que eu construÃ­ neste paÃ­s, quem estabeleceu as relaÃ§Ãµes que eu estabeleci, quem fez o Governo que eu fiz neste paÃ­s, quem recuperou o orgulho e autoestima do povo brasileiro como eu, nÃ£o vou me entregar. Eles sabem que tem aqui um pernambucano teimoso. Eu digo sempre, quem nasceu em Pernambuco e nÃ£o morreu de fome atÃ© os cinco anos de idade nÃ£o se curva mais a nada. VocÃª pensa que eu nÃ£o gostaria de estar em casa? Eu adoraria estar em casa com a minha mulher, com meus filhos, netos, com meus companheiros. Mas nÃ£o faÃ§o nenhuma questÃ£o, porque eu quero sair daqui com a cabeÃ§a erguida como eu entrei. Inocente. E eu sÃ³ posso fazer isso se eu tiver coragem e lutar por isso.<br />
P. Recentemente, o ministro [da Economia] Paulo Guedes disse que o senhor nÃ£o cometeu nenhum crime, que nÃ£o roubou. O ministro do Bolsonaro admitiu isso. Depois, o [ministro do Supremo] Marco AurÃ©lio de Mello disse, recentemente, que nÃ£o vÃª indÃ­cios de crime no triplex do GuarujÃ¡. E o MaurÃ­cio Dieter, um dos maiores criminalistas, disse que nÃ£o hÃ¡ crime material. O senhor acredita que com a devoluÃ§Ã£o do dinheiro que foi pago pela sua esposa por esse triplex [decisÃ£o da JustiÃ§a desta quinta], o senhor pode tentar conseguir sua absolviÃ§Ã£o? Acredita nisso?<br />
R. Por incrÃ­vel que pareÃ§a, eu acredito. E continuo com a cabeÃ§a de â€˜Lulinha paz e amorâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />. Acredito na construÃ§Ã£o de um mundo melhor, num mundo de JustiÃ§a. HaverÃ¡ um dia em que as pessoas que irÃ£o me julgar estarÃ£o preocupados com os autos do processo, com as provas contidas no processo e nÃ£o com a manchete do Jornal Nacional, com as capas das revistas, nÃ£o com as mentiras do fake news. As pessoas se comportarÃ£o como juÃ­zes supremos de uma Corte, que Ã© a Ãºnica coisa que a gente nÃ£o pode recorrer. E que jÃ¡ tomou decisÃ£o muito importante. Essa Corte votou, por exemplo, cÃ©lula-tronco, contra boa parte da Igreja CatÃ³lica. Votou a questÃ£o da reserva Raposa Serra do Sol contra os poderosos do arroz no Estado de Roraima. Essa mesma Corte votou uniÃ£o civil contra todo o preconceito evangÃ©lico, cotas para que os negros pudessem entrar [na universidade]. Ela jÃ¡ demonstrou que teve coragem e se comportou. No meu caso, a Ãºnica coisa que eu quero Ã© que vote com relaÃ§Ã£o aos autos do processo. Eu nÃ£o peÃ§o favor a ninguÃ©m. SÃ³ quero, pelo amor de Deus, que as pessoas julguem em funÃ§Ãµes das provas. Eu tenho certeza, o Moro tem certeza. Se as pessoas nÃ£o confessarem agora, no dia da extrema unÃ§Ã£o vÃ£o confessar. Ele tem certeza que eu sou inocente. O Dallagnol tem certeza que Ã© mentiroso. E mentiu a meu respeito. Eu tÃ´ aqui, meu caro, para procurar justiÃ§a, pra provar a minha inocÃªncia, mas estou muito mais preocupado com o que estÃ¡ acontecendo com o povo brasileiro. Porque eu posso brigar, mas o povo nem sempre pode.<br />
P. O senhor durante este um ano passou por dois momentos de muita tristeza, que foi a morte do seu irmÃ£o e depois a morte do seu neto, Arthur. O que pro senhor, depois de viver isso, o que fica da vida do senhor?<br />
R. Esses dois momentos foram os mais graves. Eu poderia incluir a perda de um companheiro como o [ex-deputado] Sigmaringa Seixas, que foi meu companheiro de dezenas e dezenas de anos. E a morte do meu irmÃ£o VavÃ¡. O VavÃ¡ Ã© como se fosse um pai pra famÃ­lia toda. E a morte do meu neto foi uma coisa que efetivamente nÃ£o, nÃ£o, nÃ£oâ€¦ [pausa e chora]. Eu Ã s vezes penso que seria tÃ£o mais fÃ¡cil que eu tivesse morrido. Porque eu jÃ¡ vivi 73 anos, eu poderia morrer e deixar meu neto viver. Mas nÃ£o Ã©. NÃ£o sÃ£o apenas esses momentos que deixam a gente triste, sabe? Eu sou um homem que tenta ser alegre, trabalho muito pra vencer essa questÃ£o do Ã³dio, essa mÃ¡goa profunda. Quando vejo essa gente que me condenou na televisÃ£o, sabendo que eles sÃ£o mentirosos, sabendo que eles forjaram uma histÃ³ria, aquela histÃ³ria do powerpoint do Dallagnol&#8230; nem o bisneto dele vai acreditar naquilo. Esse messianismo ignorante, sabe? Tenho muitos momentos de tristeza aqui. Mas o que me mantÃ©m vivo, e Ã© isso que eles tÃªm que saber, eu tenho um compromisso com esse paÃ­s, eu tenho um compromisso com esse povo. Tenho obsessÃ£o com o que estÃ¡ acontecendo agora, [essa] obsessÃ£o de destruir a soberania nacional, de destruir empregos, de juntar um trilhÃ£o pra quÃª [o ministro Paulo Guedes disse que a reforma da PrevidÃªncia ia economizar um trilhÃ£o de reais]? Ã€s custas dos aposentados? Se eles lessem alguma coisa, se eles conversassem eles saberiam que esse cidadÃ£o aqui semianalfabeto, quarto ano primÃ¡rio, curso de torneiro mecÃ¢nico, juntou trezentos e setenta bilhÃµes de dÃ³lares de reservas [internacionais] que a 4 reais o dÃ³lar dÃ¡ mais de um trilhÃ£o e duzentos sem causar nenhum prejuÃ­zo a nenhum brasileiro. Se eles querem juntar um trilhÃ£o tem uma fÃ³rmula secreta: coloque o povo no OrÃ§amento da UniÃ£o. Segundo, gere emprego. Terceiro: gere crÃ©dito pra pessoas. â€˜Ah , mas o povo tÃ¡ devendo? TÃ¡.â€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> Tire o penduricalho da dÃ­vida do povo e ele paga apenas o principal no banco e vocÃª vai perceber que as pessoas voltam a poder comprar. Um paÃ­s que nÃ£o gera emprego, nÃ£o gera salÃ¡rio, nÃ£o gera renda, quer pegar dos aposentados, dos velhinhos, um trilhÃ£o? O Guedes precisava criar vergonha.<br />
P. Tem um grupo de militantes aÃ­ na porta que dizem bom dia, boa tarde e boa noite para o senhor todos os dias. O senhor escuta esse grito? Como Ã© para o senhor?<br />
R. Escuto todo santo dia. Quando tem atividade, que eles colocam um carro de som um pouquinho melhor, eu escuto o discurso das 9h Ã s 21h. Eu sinceramente nÃ£o sei como um dia eu vou poder agradecer essa gente. Tem gente que estÃ¡ aqui exatamente desde o dia que eu cheguei aqui.Serei eternamente grato. NÃ£o sei se isso jÃ¡ aconteceu alguma vez na histÃ³ria com alguÃ©m, mas eu nÃ£o sei o que fazer para agradecer. JÃ¡ disse para todos que certamente a polÃ­cia tem as suas regras, o meu pessoal tem as suas regras. Mas quando eu sair daqui quero sair a pÃ© e ir lÃ¡ no meio deles. A primeira cachaÃ§a eu quero tomar com eles. E brindar.<br />
P. Seu partido perdeu a eleiÃ§Ã£o no ano passado e a extrema direita chega ao poder com o voto de muitos eleitores que eram do PT. Como o senhor avalia essa guinada Ã  direita de um eleitorado que era tÃ£o grato Ã  sua administraÃ§Ã£o?<br />
R. Vamos relativizar tudo isso, porque uma das coisas que eu esqueci de falar, uma das condiÃ§Ãµes que fez com que eu tambÃ©m viesse pra cÃ¡ era porque nÃ£o havia nenhum advogado naquele instante que nÃ£o garantisse que eu disputaria as eleiÃ§Ãµes sub judice. Havia uma certeza de muitos juristas de que nÃ£o haveria como impedir minha candidatura, mesmo condenado eu poderia concorrer sub judice. E eu tinha certeza e estava com um orgulho muito grande de ganhar as eleiÃ§Ãµes de dentro da cadeia. Ã‰ importante lembrar que eu cresci 16 pontos aqui dentro [preso em Curitiba], sem poder falar. AÃ­ quando o ministro [do Supremo LuÃ­s Roberto] Barroso fez aquela loucura, que eu tive que assinar uma carta dizendo para [o Fernando] Haddad ser o candidato, aÃ­ eu senti que nÃ³s estarÃ­amos correndo risco, porque a transferÃªncia de votos nÃ£o Ã© algo simples, nÃ£o Ã© automÃ¡tica, leva tempo. Tivemos uma eleiÃ§Ã£o atÃ­pica no Brasil. Vamos ser francos. O papel das fake news na campanha, a quantidade de mentira, a robotizaÃ§Ã£o da campanha na Internet foi uma coisa maluca. E depois a falta de sensibilidade dos setores de esquerda de nÃ£o se unir. A coisa foi tÃ£o maluca que a Marina Silva, que quase foi presidenta em 2014 teve 1% dos votos. Eu nunca tinha visto o povo com tanto Ã³dio nas ruas. Eu fui muito a estÃ¡dio de futebol. Todo mundo sabe que sou corinthiano, eu ia com palmeirense, santista, sÃ£o-paulino&#8230; A gente brincava, brigava. Mas agora era uma loucura, era questÃ£o de Ã³dio. Eu tenho acompanhado, estÃ¡ no mundo inteiro assim. A polÃ­tica estÃ¡ efetivamente demonizada, e vai levar um tempo muito grande pra gente poder tratÃ¡-la com seriedade.<br />
Governo Bolsonaro<br />
Eu nÃ£o esperava que o [presidente Jair] Bolsonaro fosse resolver o problema do Brasil em quatro meses. SÃ³ propÃµe fazer anÃ¡lise de cem dias quem nunca governou, quem acha que em cem dias pode apresentar alguma coisa, ele realmente nÃ£o aprendeu a sentar a bunda na cadeira. E depois, com a famÃ­lia que ele tem, com a loucura que tem&#8230; O inimigo central dele, alÃ©m o PT, Ã© o vice. Quer dizer, Ã© uma loucura. Ele passa a agredir os deputados, depois tenta agradar os deputados, diz que estÃ¡ fazendo a nova polÃ­tica, e ele faz a mesma, porque ele Ã© um velho polÃ­tico. O paÃ­s estÃ¡ subordinado Ã  ingovernabilidade. Ele atÃ© agora nÃ£o sabe o que fazer, e quem dita regras Ã© o Guedes.<br />
P. Houve corrupÃ§Ã£o, muitas coisas foram comprovadas, que autocritica o senhor faz depois de todo esse tempo? Erros do PT, como o PT sem o senhor vai para frente?<br />
R. Obviamente que nÃ³s reconhecemos que perdemos as eleiÃ§Ãµes. Agora, Ã© importante lembrar a forÃ§a do PT. Porque, sÃ³ eu pessoalmente, deram mais de 80 capas de revista contra mim. Quando fui preso tinha 80 horas de Jornal Nacional contra mim. Mais 80 horas de Record, mais 80 horas de SBT, mais 80 da Bandeirantes. E eles nÃ£o conseguiram me destruir. Isso significa que o PT tem uma forÃ§a muito grande. O PT nÃ£o foi destruÃ­do, perdeu uma eleiÃ§Ã£o. Provou que Ã© o Ãºnico partido que existe nesse paÃ­s enquanto partido polÃ­tico. O resto Ã© sigla, de interesses eleitorais em momentos certos. Quem acabou foi o PSDB. Esse foi dizimado. EntÃ£o veja, o PT perdeu as eleiÃ§Ãµes, acho que o PT deve ter cometido erros durante nossos governos, devemos ter cometido erros&#8230;<br />
P. A parte da corrupÃ§Ã£o?<br />
R. Veja, o Ayrton Senna cometeu um erro sÃ³ e morreu&#8230; Ela [corrupÃ§Ã£o] pode ter havido, mas que se faÃ§am provas. Teve corrupÃ§Ã£o, vocÃª investiga, faz acusaÃ§Ã£o, provou e estÃ¡ condenado. Fomos nÃ³s do PT que criamos todos os mecanismos para apurar a corrupÃ§Ã£o. NÃ£o foi nenhum adversÃ¡rio, fomos nÃ³s. NÃ£o foi o Moro. Foi o PT no Governo Lula e Dilma, com Marcio Thomas Bastos, Tarso Genro e JosÃ© Eduardo Cardozo [ministros da JustiÃ§a petistas] que criou todos os mecanismos para garantir fortalecimento da PF com investimento em mais gente e mais inteligÃªncia, fortalecimento e independÃªncia do MinistÃ©rio PÃºblico, transparÃªncia que nos criamos e eles acabaram agora. Com a transparÃªncia era possÃ­vel saber o papel que a presidenta usava. Porque a gente queria transparÃªncia, e combater a corrupÃ§Ã£o Ã© uma marca do PT. Se alguÃ©m do PT cometeu um erro, tem que pagar. O que queremos Ã© que se apure, se investigue. Na hora que for investigado e for julgado, foi condenado&#8230;<br />
P. Eu queria entrar no mÃ©rito do caso do sÃ­tio, a reforma foi feita e o senhor usufruiu dessa reforma, nÃ£o houve um erro?<br />
R. Eu poderia ter aceito nunca ido Ã quele sÃ­tio. EntÃ£o eu cometi o erro de ir ao sÃ­tio. Eu disse, e estÃ¡ provado, que eu fiquei sabendo daquele maldito sÃ­tio no dia 15 de janeiro de 2011. E o sÃ­tio tinha dono, dono prÃ©-dono. Jacob Bittar era meu amigo de 40 anos, ele comprou o sÃ­tio no nome do filho dele com cheque dado pela Caixa EconÃ´mica Federal, e a polÃ­cia sabe disso. A polÃ­cia investigou. NÃ³s tivemos policiais e procuradores visitando casa de trabalhador rural, casa de pedreiro, casa de caseiro, perguntaram atÃ© para as galinhas â€˜vocÃª conhece o Lula?â€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />. â€˜VocÃª sabe se o Lula Ã© dono?â€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />. E nem as galinhas falaram. Porque eu nÃ£o era dono. Se eu quisesse eu podia comprar. Se eu cometi o erro de ir a um sÃ­tio que alguÃ©m pediu e a OAS reformou, alguÃ©m pediu e a Odebrecht reformou, entÃ£o vamos discutir a questÃ£o Ã©tica, e nÃ£o de corrupÃ§Ã£o. Ã‰ outra questÃ£o. Acontece que o impeachment, a cassaÃ§Ã£o da Dilma e o golpe nÃ£o fechariam com o Lula em liberdade. Se eu estivesse aqui preso e o salÃ¡rio mÃ­nimo tivesse dobrado [as pessoas poderiam falar] &#8216;poxa, o Lula Ã© um desgraÃ§ado, ele foi preso e o salÃ¡rio dobrou&#8217;. Mas nÃ£o: acabaram agora com o aumento real do salÃ¡rio mÃ­nimo. Se eu estivesse aqui e o povo trabalhando com carteira assinada, mas nÃ£o. Inventaram agora uma histÃ³ria de carteira verde e amarela [carteira que trarÃ¡ menos benefÃ­cios que o contrato CLT]. Nenhum empresÃ¡rio vai contratar trabalhador que nÃ£o esteja com carteira verde amarela. Essa gente pensa que o povo Ã© imbecil pra ficar mentindo o tempo inteiro para o povo.<br />
AutocrÃ­tica<br />
Quando vocÃª fala em autocrÃ­tica pra mim eu acho que&#8230; Eu, por exemplo, acho que tive um erro grave. Eu poderia ter feito a regulamentaÃ§Ã£o dos meios de comunicaÃ§Ã£o. Fizemos um Congresso em 2009, sÃ³ participou a Bandeirantes e a Rede TV se nÃ£o me falha a memÃ³ria, sabe, nenhuma outra TV participou, muitas rÃ¡dios participaram, e em junho de 2010 nÃ³s preparamos uma regulamentaÃ§Ã£o dos meios de comunicaÃ§Ã£o. Ao invÃ©s de dar entrada no Congresso porque iria ter eleiÃ§Ã£o eu pensei â€˜nÃ£o, vou deixar para o novo Governoâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />. A razÃ£o pela qual a Dilma nÃ£o entrou nÃ£o sei. EntÃ£o essa Ã© uma autocrÃ­tica que eu faÃ§o. Agora pergunte o seguinte: imagina se todo mundo nesse Brasil fizesse uma autocrÃ­tica. A elite brasileira deveria estar fazendo agora uma autocritica. â€˜Puxa vida, como Ã© que a gente ganhou tanto dinheiro no Governo do Lula? Como Ã© que o povo pobre vivia tÃ£o bem? Como Ã© que o povo pobre estava viajando pro PiauÃ­, pra Sergipe, pra Garanhuns, e agora nem de Ã´nibus pode viajar?â€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />. Vamos fazer uma autocrÃ­tica pelo que aconteceu em 2018 naquela eleiÃ§Ã£o. O que nÃ£o se pode Ã© esse paÃ­s estar governado por esse bando de maluco que governa o paÃ­s.<br />
P. A Odebrecht admitiu ter pago propina no Peru em troca de obtenÃ§Ã£o de contrato. A TransparÃªncia Internacional destaca que houve um â€˜fordismo da corrupÃ§Ã£oâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />, com milhÃµes de dÃ³lares distribuÃ­dos em vÃ¡rios paÃ­ses, e que o esquema da Odebrecht foi feito com o apoio do BNDES. Todo o esquema global contava com financiamento de campanha em paÃ­ses alinhados com o PT&#8230;<br />
R. Quem estÃ¡ falando isso?<br />
P. A TransparÃªncia Internacional&#8230;<br />
R. Com base no quÃª?<br />
P. Eles levantaram esses dados&#8230;[no acordo de Marcelo Odebrecht com a JustiÃ§a Americana]<br />
R. Devem ter lido no jornal O Globo. SÃ³ pode ser. Deixa eu lhe contar uma coisa. O presidente da RepÃºblica ele nÃ£o tem como interferir na burocracia do BNDES para emprÃ©stimo. O BNDES foi criado para financiar o desenvolvimento brasileiro. Quando o Brasil financia o desenvolvimento de um paÃ­s atravÃ©s do BNDES o Brasil estÃ¡ exportando serviÃ§os, estÃ¡ exportando engenharia, mÃ¡quinas, estÃ¡ vendendo coisas para lÃ¡. Ã‰ um ganho extraordinÃ¡rio para um paÃ­s que quer ter importÃ¢ncia no mundo. O BNDES tem uma burocracia onde o presidente da RepÃºblica nÃ£o decide. Tem uma coisa chamada COFIEX e COFIG que participam ministro das RelaÃ§Ãµes Exteriores, da Fazenda, &#8216;500&#8217; ministros participam para tomar as decisÃµes. SÃ³ quem nÃ£o participa Ã© o presidente. E eu sou favorÃ¡vel a que o BNDES empreste dinheiro para o desenvolvimento dos paÃ­ses africanos e latino americanos. Sou favorÃ¡vel.<br />
P. O senhor se sente injustiÃ§ado por esses empresÃ¡rios? Eles cresceram muito, se tornaram multinacionais e depois fazem delaÃ§Ãµes premiadas contra o PT e o senhor&#8230;<br />
R. Contra mim eu nÃ£o fico com raiva pelo seguinte. Eu tenho desafiado os empresÃ¡rios a dizer quem me deu cinco centavos. O Leo [Pinheiro] que estava preso aqui que fez a denÃºncia contra mim, ele passou trÃªs anos dizendo uma coisa, depois mudou o discurso. Meu advogado perguntou o porquÃª disso e ele disse â€˜meu advogado me orientouâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />. E o que ele falou: â€˜Lula sabiaâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />. E agora o que estÃ¡ provado? Que a OAS gastou seis milhÃµes de reais pra pagar funcionÃ¡rios da OAS [conforme reclamaÃ§Ã£o em aÃ§Ã£o trabalhista de um ex-funcionÃ¡rio do grupo], pra uniformizar as delaÃ§Ãµes. Como Ã© que eu posso levar a sÃ©rio isso? NÃ£o posso. HaverÃ¡ tempo suficiente para que a gente faÃ§a uma investigaÃ§Ã£o, ir aos EUA saber qual a intromissÃ£o do Departamento de JustiÃ§a dos EUA nessa investigaÃ§Ã£o. Qual o interesse dos americanos na Petrobras? VocÃªs sabem qual Ã©. A coisa que mais acontece no Brasil Ã© denÃºncia. Sou favorÃ¡vel a que todas sejam apuradas. Todo mundo sabe que quando eu era presidente era contra policial federal investigar e denunciar antes de ter a prova. A coisa mais fÃ¡cil do mundo Ã© a imprensa investigar. Quando o processo sair, se ficar provado que vocÃª nÃ£o cometeu nada, vocÃª jÃ¡ estÃ¡ condenado. Estou achando estranho essa tal dessa milÃ­cia do Bolsonaro. CadÃª aquele cidadÃ£o dos sete milhÃµes? Aquele cara que Ã© esperto para fazer dinheiro? Como Ã© o nome dele? [Fabricio] Queiroz. CadÃª a imprensa que nÃ£o vai atrÃ¡s dele? [Continua]</div>
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